Eduardo PUJOL

(actif en 1904)

Jean-Claude SEGUIN VERGARA

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Eduardo Pujol Marsal.

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Eduardo Pujol es un explicador conocido como el "coix del cinematógrafo" que trabaja, en 1904, en el Teatro Cervantes de Sabadell, donde actúa el cinematógrafo de Marcial Ballús:

¡Muriendo de hambre! Este cuadro conmueve los más duros corazones, y sobre todo, de Ia magistral manera con que es relatado por el Sr. D. Eduardo Pujol.»


Sabadell moderno, Sabadell, 13 de julio de 1904, p. 3.

Meses después, Eduardo Pujol tiene problemas con la justicia:

Ayer fue puesto en libertad Eduardo Pujol conocido por el “coix del cinematógrafo”, que se hallaba detenido en la cárcel de este partido.


Sabadell moderno, Sabadell, 23 de noviembre de 1904, p. 3.

De la colaboración de Eduardo Pujol con Marcial Ballús, se ha conservado el testimonio de Ramón Ribera:

Ballús contrató para su barraca los servicios de dos colaboradores importantes. El operador -pues no iba a proyectar él mismo como en las exhibiciones íntimas y hasta en las del teatro de la zarzuela- y el charlatán. Entonces las películas, además de ser mudas, no llevaban rótulo alguno y era imprescindible un explicador, precursor de la molesta voz ·en of". El charlatán de la barraca de Ballús, era un hombre alto, ligeramente cojo, con unos grandes bigotes, a quien el público conocía por "el coix del cinematógrafu". Eduardo, que así se llamaba, había también la reclame a la puerta de la barraca, bautizando al aparato con un nombre que seguramente era de su invención. He aquí el pregón de Eduardo: "¡Vayan entrando, señores; entren a presenciar el LENTIPLASTICROMOCOLISELECTORSERPENTIGRAF!" Tamaña palabreja aturdía a los curiosos que la escuchaban. A muchos de ellos, humildes obreros de blusa y alpargata, les era ya asaz penoso deletrear el vocablo "ci-ne-ma-tó-gra-fo". Como fin de fiesta actuaba "La bella Galatea". Era una artista (?), la Quimeta Morell, que según explicaba había formado parte de un cuerpo de baile en un teatro de ópera. En la barraca salía de mariposa y por ambos lados del minúsculo escenario se le irradiaba de luces de colores cambiantes.
Un incendio destruyó la barraca, pero las llamas no pudieron otra cosa que reducir a cenizas unos maderos y unos bancos.


José TORRELLA, "El hombre del Lentiplasticromocoliselectorserpentigraf o La historia frustrada", Otro cine, Barcelona, Año I, nº 1, 1952, p. 11-12.

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