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LA CUESTIÓN MARROQUÍ

Mapa del Rif

Monte Uixan (Marruecos)

 

El Protectorado español en Marruecos (mapa)

© Breve Atlas de Historia de España, Alianza Altas, 1999

Mapa de la Comandancia General de Melilla, con expresión de las principales posiciones ocupadas en 192

El protectorado español en Marruecos (1924)

Fuente: España y Portugal, Madrid, Enrique López, "Novísima guía", 1924

La zona de Melilla (1924)

Fuente: España y Portugal, Madrid, Enrique López, "Novísima guía", 1924

Francia y España delimitan sus derechos en Marruecos (3 octubre 1904)

Francia y España delimitan sus derechos en Marruecos


Declaración hispano-francesa
En la Gaceta de Madrid del 13 de octubre de 1904 se publicó la siguiente Real orden circular:
«El Gobierno de S. M. el Rey de España y el Gobierno de la República francesa, habiéndose puesto de acuerdo para fijar la extensión de sus derechos y la garantía de sus intereses, que resulta, para España, de sus posesiones en la costa de Marruecos, y para Francia, de sus posesiones argelinas, y habiendo el Gobierno de S. M. el Rey de España, en consecuencia, dado su adhesión a la Declaración franco-inglesa de 8 de Abril de 1904, relativa a Marruecos, bajo la soberanía del Sultán. En fe de lo cual los infrascritos, el Excmo. Sr. Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de S. M. el Rey de España cerca del Presidente de la República francesa y el Excmo. Sr. Ministro de Negocios Extranjeros, debidamente autorizados con este objeto, han extendido la presente Declaración, en la que han puesto sus sellos. Hecho por duplicado en París el 3 de Octubre de 1904.—F. de León y Castillo.— Delcassé.-»
De Real orden lo digo a V. para su conocimiento y a fin de que lo haga llegar al del Gobierno cerca del cual está acreditado.—Dios guarde a V. muchos años.—Madrid, 11 de Octubre de 1904.—San Pedro.
Convenio
Artículo 1.° España se adhiere, en los términos del presente Convenio, a la Declaración franco inglesa de 8 de Abril de 1904 relativa a Marruecos y al Egipto.
Art. 2.° La región situada al oeste y al norte de la línea que se determina a continuación, constituye la esfera de influencia que resulta para España de sus posesiones sobre la costa marroquí del Mediterráneo.
En esta zona queda reservada a España la misma acción que se reconoce a Francia por el párrafo 2.° del artículo 2.° de aquella Declaración de 8 de abril de 1904 relativa a Marruecos y al Egipto.
Sin embargo, en consideración a las dificultades actuales y a la conveniencia recíproca de allanarlas, España declara que no ejercerá esa acción sino de acuerdo con Francia, durante el primer período de aplicación del presente Convenio, cuyo período no podrá exceder de quince años, contados desde la firma de este mismo Convenio.
De su parte, durante el mismo período, deseando Francia que los derechos y los intereses reconocidos a España por el presente Convenio sean siempre respetados, dará conocimiento previo al Gobierno del Rey de su acción cerca del Sultán de Marruecos en lo que toque a la esfera de influencia española.
Terminado ese primer período, y mientras se mantenga el statu quo, la acción de Francia cerca del Gobierno marroquí, en lo que afecte a la esfera de influencia reservada a España, no se ejercerá sino de acuerdo con el Gobierno español.
Durante el referido primer período, el Gobierno de la República francesa hará cuanto le sea posible para que en dos de los puertos con Aduana de la región en este artículo determinada, el Delegado establecido por el Representante general de los portadores del empréstito marroquí de 12 de julio de 1904 sea de nacionalidad española.
La línea arriba indicada partirá de la embocadura del río Muluya, en el mar Mediterráneo, y subirá por el thalweg de este río hasta la alineación de la cresta de las alturas más cercanas de la orilla izquierda del río Defla.
De este punto, y sin que en ningún caso pueda cortar el curso del Muluya, la línea de demarcación irá lo más directamente posible a unirse con la línea superior que separa las cuencas del Muluya y del Yuanen de la del río Kert, para seguir hacia el Oeste por la cresta que separa las cuencas del río Yuanen y del Sebú de las del río Kert y del río Onesgha para ganar por la cresta más septentrional el Djetel Moulai Bon Chta.
Subirá en seguida hacia el Norte, conservándose a una distancia al menos de 25 kilómetros al Este del camino de Fez a Kzar el Kebir por Uazan, hasta el encuentro con el río Loukkos o río de Kous, del que bajará por su thalweg hasta una distancia de cinco kilómetros antes del cruce de este río con el citado camino de Kzar el Kebir por Uazan. De este punto irá lo más directamente posible a la orilla del Océano Atlántico por encima de la laguna de Ez-zerga.
Esta delimitación es de conformidad con la carta o mapa anejo al presente Convenio, marcada con el número 1.
Art. 3.º En el caso de que el estado político de Marruecos y el Gobierno xerifiano no pudieran ya subsistir o si por la debilidad de ese Gobierno y por su impotencia persistente para afirmar la seguridad y el orden públicos, o por cualquier otra causa que se haga constar de común acuerdo, el mantenimiento del statu quo fuese imposible, España podrá ejercitar libremente su acción en la región delimitada en el presente artículo, que constituye desde ahora su zona de influencia.
Art. 4.° Habiendo concedido a España el Gobierno marroquí, por el artículo 8.° del Tratado de 26 de abril de 1860, un establecimiento en Santa Cruz de Mar Pequeña (Ifni), queda entendido que el territorio de este establecimiento no se extenderá más allá del curso del río Tazeronalt, desde su nacimiento hasta su confluencia con el río Mesa y el curso del río Mesa desde su confluencia hasta el mar, según se ve en la carta o mapa número 2 anejo a este Convenio.
Art. 5.° Para completar la delimitación indicada por el artículo 1.° del Convenio de 27 de junio de 1900, queda entendido que la demarcación entre las esferas de influencia española y francesa partirá de la intersección del meridiano 14° 20' Oeste de París con el 26° de latitud Norte, que seguirá hacia el Este hasta su encuentro con el meridiano 11° Oeste de París. Subirá después este meridiano hasta su encuentro con el río Draa y en seguida el thalweg del río Draa hasta su encuentro con el meridiano 10° Oeste de París hasta la línea divisoria de las cuencas del río Draa y del río Sus, y seguirá en la dirección del Oeste la línea también divisora de las cuencas del río Draa y del río Sus, y luego entre las cuencas costeras del río Mesa y del río Num hasta el punto más cercano del nacimiento del río Tazeronalt.
Esta delimitación es la trazada en la carta o mapa número ya citado que es anejo.
Art. 6.° Los artículos 4.º y 5.° son aplicables conjuntamente con el artículo 2.° del presente Convenio.
Sin embargo, el Gobierno de la República francesa admite que España se establezca en cualquier momento en la parte definida por el artículo 4°, a condición de haberse entendido previamente con el Sultán.
Igualmente el Gobierno de la República francesa reconoce, desde luego, al Gobierno español plena libertad de acción sobre la región comprendida entre los grados 26 y 27 40' de latitud Norte y el meridiano 11° Oeste de París que están fuera del territorio marroquí.
Art. 7.° España se compromete a no enajenar ni ceder bajo ninguna forma, siquiera sea a título temporal, todo o parte de los territorios designados en los artículos 2.°, 4.° y 5.° de este Convenio.
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Art. 8.° Si en la aplicación de los artículos 2.°, 4.° y 5.° del presente Convenio se impusiera una acción militar a cualquiera de las dos partes contratantes, ella advertirá inmediatamente a la otra de su determinación. En ningún caso se apelará al concurso de una potencia extranjera.
Art. 9.° La ciudad de Tánger conservará el carácter especial que le dan la presencia del Cuerpo diplomático y sus instituciones municipales y sanitarias.
Art. 10. Mientras dure el estado político actual, las empresas de obras públicas, caminos de hierro, caminos, canales que partan de un punto cualquiera de Marruecos para llegar a la región indicada en el artículo 2.° y viceversa, serán ejecutadas por Sociedades que podrán constituir españoles y franceses.
Del mismo modo será posible a los españoles y los franceses asociarse en Marruecos para la explotación de minas, canteras y generalmente de empresas de orden económico.
Art. 11. Las escuelas y establecimientos españoles que actualmente existen en Marruecos, serán respetados. La circulación de la moneda española no será impedida ni dificultada. Los españoles continuarán disfrutando en Marruecos los derechos que les aseguran los Tratados, Convenios y usos, incluso el derecho de navegación y de pesca en las aguas y puertos de Marruecos.
Art. 13. En el caso de que el Gobierno marroquí prohibiese en su territorio la venta de armas y municiones, las dos potencias contratantes se comprometen a adoptar en sus posesiones de África las medidas necesarias para impedir que dichas armas y municiones sean introducidas por contrabando en Marruecos.
Art. 14. Queda entendido que la zona indicada en el párrafo 1.° del artículo 7.° de la Declaración franco-inglesa de 8 de abril de 1904, relativa a Marruecos y al Egipto, empieza sobre la costa a 30 kilómetros al Sudeste de Melilla.
Art. 15. En el caso de que la denuncia prevista por el párrafo 3.° del artículo 4.° de la Declaración franco-inglesa, relativa a Marruecos y al Egipto, tenga lugar, los Gobiernos español y francés procederán de concierto para el establecimiento de un régimen económico que responda particularmente a sus recíprocos intereses.
Art. 16. El presente Convenio se publicará cuando los dos Gobiernos juzguen, de común acuerdo, que esa publicación puede hacerse sin inconvenientes.
En todo caso, podrá ser publicado por cualquiera de los dos Gobiernos terminado que sea el primer período de su aplicación, que está definido por el párrafo 3.° del artículo 2.°
En fe de lo cual, los Plenipotenciarios respectivos han firmado el presente Convenio, en el que han puesto sus sellos.
Hecho por duplicado en París el 3 de octubre de 1904.—(Firmado): F de León y Castillo.—(Firmado): Delcassé.—Hay dos sellos en lacre.


(BÉCKER, Jerónimo: Tratados y convenios, págs. 170-175.)

Acuerdo sobre Marruecos entre España y Francia (13 de octubre de 1904)

Acuerdo sobre Marruecos entre España y Francia

Habiéndose llegado a un acuerdo sobre los derechos e intereses de España y Francia en relación con el Imperio Marroquí, ambos Gobiernos han convenido en hacerlo constar por medio de la siguiente declaración:
El Gobierno de S. M. El rey de España y el Gobierno de la República francesa, habiéndose puesto de acuerdo para fijar la extensión de sus derechos y la garantía de sus intereses, que resulta, para España, de sus posesiones en la costa de Marruecos, y para Francia, de sus posesiones argelinas, y habiendo el Gobierno de Su Majestad el rey de España, en consecuencia, dado su adhesión a la declaración franco-inglesa del 8 de abril de 1904, relativa a Marruecos, y al Egipto, que le fue comunicada por el Gobierno de la República francesa, declaran que permanecen firmemente adictos a la integridad del Imperio de Marruecos, bajo la soberanía del sultán. En fe de lo cual los infrascritos, el excelentísimo señor embajador extraordinario y plenipotenciario de S. M. El rey de España y el excelentísimo señor ministro de Negocios Extranjeros, debidamente autorizados con este objeto, han extendido la presente declaración, en la que han puesto sus sellos. Hecho por duplicado en París, el 3 de octubre dce 1904.- F. De León y Castillo.- Delcassé.

Gaceta de Madrid, 13 de cotubre de 1904, t. 4.º, página 165, 3.ª columna.

El problema de Marruecos en la Conferencia de Algeciras (Fernando Olivo, ABC, 9 de abril de 1906)

El problema de Marruecos en la Conferencia de Algeciras

Con la firma del protocolo ha terminado su labor la Conferencia de Algeciras; en el teatro de la diplomacia, como en el del mundo, suele acontecer que un enredo complicado que despierta los más fatídicos augurios se recuelva con un venturoso enlace. Pocas veces como en ésta ha resultado el final tan a gusto de todos. ¡Quiera el cielo que nada rompa los lazos dichosos que ahora se han formado sin que la ambición, la fatalidad o la imprudencia provoquen la discordia precursora del divorcio!

Ya han abandonado los corresponsales aquel rinconcito de España; ya los periódicos de todos los países del mundo han comentado lo que es, lo que ha sido y que representa ese triunfo de la diplomacia, dejando tan segado el campo al más humilde de los comentaristas, que apenas ha encontrado en el espigueo lo poco no manoseado que va a ofrecer a los discretísimos lectores.

Que ha sido un triunfo para la diplomacia, y un trunfo muy legítimo, no se puede dudar; franceses y alemanes declaran que no hubo ni vencedor ni vencidos; nosotros creemos más, y trataremos de demostralo; nosotros creemos más, y trataremos de demostrarlo; nosotros estimamos como caso curioso y pocas veces visto en la Historia, en el que en éste no hay más que vencedores, si por vencer se entiende persuadir con razones y conseguir lo que uno se propone en empeñada lucha, salvando todas las dificultades.

Dejando aparte sutilezas, lo que en principio se debatió en Algeciras fue la conservación de la paz universal, muy amenazada, y los representantes de las potencias menos interesadas en el asunto de Marruecos han estado discretísimos; todos son dignos de loa, pero Visconti Venosta y Cassini, por circunstancias especiales, han hecho una labor de filigrana, digna de la buena época de la escuela florentina. ¿Qué mayor victoria para las potencias, que sólo anhelaban el afianzamiento de la paz, el haberla conseguido?

Les alemanes, que no tienen aspiraciones ni intereses políticos en Marruecos, pero que a toda costa quieren conservar un mercado que les es favorable, no sólo han conseguido sus propósitos, sino que han demostrado que sin contar con ellos no es posible tomar ninguna determinación que altere visiblemente la política de Europa. Rodowitck y Tattenbach han hecho verdaderos prodigios para que Guillermo II quedara airosamente, y no naufragar ellos mismos en una nave de malas condiciones marineras.

Los franceses han conseguido lo que anhelaba la mayoría de su país, lo que convenía a Francia, a esa Francia trabajadora, humana, amante del progreso y de la civilización y enemiga de inquietas aventuras. Ha predominado el acertado juicio que inició REvoil desde la plenipotencia de Tánger y después desde el Gobierno general de Argelia. ¡Qué lección para los que lograron separarle del mando de la más importante colonia francesa!

Inglaterra, autora de todo, Inglaterra, que seriamente, meditadamente, premeditadamente, viene manejando los hilos por que se mueven las figuras de Marruecos, ha obtenido un éxito colosal. En el tratado anglofrancés, por una cláusula relativa a España, se adivina todo un plan que lleva adelante con la tenacidad propia de los hijos de la Gran Bretaña; lejos de asustarse por la Conferencia, la vio con gusto, y en ella y por ellaha demostrado una vez más que tiene conciencia de su poder y que si el caso llega no dudría en emplearlo. La situación de su representante era por esa causa muy difícil, pero Nicholson ha sabido hablar a tiempo y callar mucho; callar es menos fácil que hablar en ocasiones; por eso dicen en Asia: "La palabra es plata, pero el silencio es oro", y el representante de la ¨Gran Bretaña sabe emplear a tiempo su capital.

Los moros, a quienes tanto estimo, porque entre ellos he vivido tantos años, dirán lo que quieran, pero en el fondo deben de estar muy satisfechos; han asegurado la independencia de su territorio y la soberanía del sultán por algunos años; las reformas bien implantadas les resultarán beneficioas; he ahí la verdadera dificultad. ¿Se implantarán bien? ¿Y España?

Si yo dijera lo que se agita en el fondo de mi alma, diría que no estoy ni puedo estar satisfecho; pero considerando bien la situación del país, diré que estoy maravillado de lo que se ha conseguido; nunca, nunca, nunca podía esperarse tanto.

A los entusiasmos de ayer ha remplazado en España un pesimismo tal, que no hay fe en nada ni en nadie; parece que se trata de un pueblo muerto, sin aspiraciones, y que se deja azotar resignado por las mayores adversidades; ante la vista de las gentes pasan inadvertidos hechos tan culminantes como el aumento de la industria y de la riqueza pública; todo se pinta con negros colores, exageramos lo malo, poco hacemos para conseghuirlo y la murmuración malsana remplaza a la labor constante, al bendito trabajo, a eso que forma la dicha del hogar y la grandeza de la Patria.

Dirijan una mirada los más pesimistas, y no obstantes esos chispazos de la crisis social, que es general en el mundo de pocoa importancia hasta ahora en nosotros, se verá el desarrollo de nuevas industrias, el afianzamiento del crédito, los mahyores aumentos cobrados por el erario nacional, y esto es irrebatible, porque no se saca dinero de donde no lo hay y el dinero extranjero no se casa con nadie.

Consideren las atenciones de que hemos estado rodeados en Algeciras y, ¿por qué no decirlo?, de las solicitudes de los poderosos; nadie hace caso a quien nada vale.

En esta situación no hay Gobierno que se pueda decidir a nada, aunque tuviera tiempo para ello; sin país no hay directore,s como sin directores no puede haber país. Por desdicha constituimos algo parecido a una de esas familias mal educadas que, aun teniendo huéspedes en la casa, se tiran los trastos a la cabeza y no dudan exponer al extraño todas sus miserias.

Por eso cuantos elogios se dediquen al duque de Almodóvar serán escados; mucho ha debido de sufrir, muchas amarguras habrá pasado a pesar de las cortesías de sus colegas, ante el espectáculo bizantino de nuestras discordias políticas. Ser Nichelson, y esto no quiere menguar el positivo mérito diplomático inglés, es fácil; ser Almodóvar, con el bagaje que llevaba nuestro ministro, ya no lo es tanto, y, sin embargo, todo bueno español debe de sentirse orgulloso del papel que ha hecho por España gracias a nuestros compatriotas en Algeciras.

Almodóvar y sus dignos compañeros, pues como tales considero a sus dignos subordinados, han merecido bien del país: Pérez Caballero, a quien conocían algunos, se ha hecho conocer bien por todo el mundo; por porque sea persona a quien tanto quiero voy a cometer la injusticia de no decir todo cuanto vale: joven, de gran ilustración, de espíritu moderno, desde hace tiempo era una esperanza que prometía y que se ha cumplido. De él se puede esperar mucho aún.

Moret, que es seguramente el español que más a fondo conoce los problemas marroquíes, ha dedicado a la Conferencia todo el tiempo que ha podido, y sería injusto no consignar que se le debe no poco del triunfo conseguido. Como auxiliar valioso en Madrid ha colaborado con él Ojeda, el subsecretario de Estado, nuestro antiguo ministro de Tánger. Los trabajos del presidente del Consejo y del subsecretario de Estado han sido tan valiosos como discretos, l o que hace su mejor elogio, no han sido tan brillantes, pero han contribuido grandemente a la obra de Almodóvar.

Y no han de extrañar tantos elogios; si la Conferencia hubiera fracasado, ¡cuäntas acusaciones, cuántos dicterios no se habieran dirigido a los que de cerca o de lejos han tomado parte en ella!

Ya se oye con más gusto la crítica maledicente que el elogio, por justificado que esté; pero tanto los hombres como los pueblos ingratos no tendrán más servidores amigos, sino hipócritas lacayos para su servicio. En resumen, la Conferencia de Algeciras ha servido para demostrar: que Europa no desea la guerra y que está dispuesta a muchos sacrifios (introduciéndose en Marruecos) por mantener la paz y que sostiene por algún tiempo el "statu quo" marroquí, introduciéndose en Marruecos algunas reformas que evitan sea el origen de una conflagración universal. ¿Se conseguirán tan bellos propósitos? ¿Se realizarán estas reformas y se conseguirá con ellas la paz moral y material que necesita el Imperio, o producirán un efecto contrario a lo que se proponen?

Eso dependrá de cómo, por quién y de la forma que se implanten.- Felipe Ovilo.

ABC, 9 de abril de 1906


España y Francia acuerdan una política común en Marruecos (1906)

España y Francia acuerdan una política común en Marruecos

La gran extensión de las costas francesas y de las españolas, tanto en el Mediterráneo como en la parte del Atlántico que baña el litoral de Europa y África; la importancia de las posesiones insulares de España en estas regiones y la de nuestros dominios africanos, han traído al Gobierno español a considerar la importancia de una inteligencia sobre los intereses comunes resultantes de esta situación. Ambos Gobiernos han llegado, en consecuencia, a un arreglo. Este arreglo tiene por objeto no sólo mantener un estatuto que en razón de la proximidad de las posesiones respectivas podría ser modificado sin dejar lesionados los intereses esenciales de las dos potencias, sino, sobre todo, en lo que más particularmente nos concierne: asegurar nuestras comunicaciones con nuestras posesiones africanas del Mediterráneo y del Altántico.

Fernando Almagro: Historia del Reinado de Don Alfonso XIII, págs. 106-107, nota.

Agresión a los trabajadores españoles en Melilla (ABC, 10 de julio de 1909)

Agresión a los trabajadores españoles en Melilla

El parte oficial.

«Melilla, 9. El Gobernador militar al ministro de la Guerra. Esta mañana, a eso de las ocho, cayeron grupos de moros sobre trabajadores de las vías férreas, pasando a cuchillo a varios españoles.
»Inmediatamente salí con brigada disciplinaria y ,seis compañías de África, seguidas de cerca por otras de Melilla, las baterías de Artillería, una compañía plaza, sección de Ingenieros y escuadrón, encontrando fuerzas enemigas parapetadas en los obstáculos naturales del terreno sobre las alturas que dominan el camino a las vías por el flanco derecho.
Después de convenientemente cañoneada la posición han sido desalojadas sucesivamente de tres alturas por el frente y otras más a la derecha hasta coronar la estribación del grupo designada en el croquis con el nombre del V el Sidi Ametil Hach.
»El combate ha terminado a eso de las trece, quedándome con las fuerzas en las posiciones conquistadas. Las bajas, aunque sensibles, no parecen numero,,sas; hasta ahora se conoce muerto el teniente Salcedo, de la brigada disciplinaria; heridos, capitán Riquelme, de la oficina indígena; teniente Molina, de la brigada, y unos treinta individuos de tropa entre muertos y heridos. El espíritu de la guarnición es excelente.»

Las primeras noticias.

Melilla 9 (de nuestro corresponsal por cable)- Corno ya indicaba en mis últimos despachos, ayer se reanudaron los trabajos en los ferrocarriles mineros. Los obreros moros que con un fútil pretexto habían abandonado las obras el día anterior volvieron a ellas espontáneamente. Todo hacía creer que la tranquilidad estaba restablecida.
Esta mañana, a la hora de costumbre, los obreros españoles salieron de la Plaza para dirigirse al trabajo.
Pocas horas después, a las ocho y media en punto de la mañana, llegaban a todo correr al campo militar del Hipódromo el contratista de la compañía española don Vicente Barrachina, y el intérprete de la misma don Carlos Cuevas, para dar cuenta al comandante de que en el kilómetro 7 de la línea del ferrocarril de España nuestros obreros acababan de ser víctimas de una inesperada y brutal agresión por parte de los moros.
La noticia circuló por la Plaza como un reguero de pólvora, causando enorme alarma. Los moros de Melilla, la mayoría de los hebreos y muchísimos españoles se lanzaron inmediatamente al campo exterior en busca de detalles.

La agresión.

He aquí lo ocurrido, según la versión que he recogido personalmente de labios de uno de los testigos presenciales del hecho, el capataz de los trabajos de la línea Gregorio Otero.
Preparábase esta mañana con una brigada de obreros españoles y muchísimos trabajadores moros a proseguir las obras de replanteo en el kilómetro 7, cuando recibió confidencias de que los cabileños hablan acordado anoche en una reunión intentar esta mañana un golpe de mano para apoderarse de algunos obreros españoles de la vía férrea y ofrecerlos en canje de los cabileños hechos prisioneros por la columna del general Del Real.
Aunque en todos los alrededores no se advertía el menor movimiento que justificase estas sospechas, el capataz Otero se creyó en el caso de dar cuenta de ello al ingeniero de. la compañía señor Becerra, el cual, como primera medida preventiva, ordenó que se suspendiesen los trabajos.
Mientras llegaba la contestación del ingeniero, el capataz Otero se decidió a reanudar las obras. Llamóle la atención que, al repartir como de costumbre las herramientas, la mayoría de los trabajadores indígenas se resistían a aceptarlas con pretextos fútiles y objeciones ridículas, como si temieran algo y quisieran ganar tiempo; pero como seguía sin verse en todo el campo ningún moro, el capataz logró imponerse, distribuyó las herramientas y comenzaron los trabajos.
Bruscamente sonó una descarga cerrada y tres obreros españoles cayeron al suelo. Los demás suspendieron el trabajo, alzaron la cabeza, y como a unos cien metros de distancia vieron un grupo de 400 moros de a pie y 30 jinetes que hacían fuego sobre los españoles.
Los trabajadores moros salieron a todo correr hacia el campo. Lo mismo hicieron los guardias indígenas al servicio de la compañía española, y lo mismo tuvieron que hacer también los españoles.
Los moros seguían haciendo fuego sobre los fugitivos. Uno de ellos, español también, cayó muerto de un balazo en la espalda.
Los restantes, con el capataz Gregorio Otero, consiguieron tomar una locomotora de la compañía francesa y llegar al campamento del Hipódromo.

La represión.

En cuanto el jefe del destacamento supo lo que ocurría, aconsejó al señor Barrachina que fuese a dar parte al Gobierno Militar de la Plaza, mientras él se dirigía al lugar del suceso con dos compañías de Infantería.
Al llegar a la segunda cuesta del ferrocarril, se les presentaron unos moros, suplicando a las tropas que recogiesen los ganados de ellos, que pastaban más allá del Atalayón.
Luego se supo que estos moros han sido los únicos que han favorecido a los españoles.
El señor Barrachina llegó a la Plaza e inmediatamente salieron al campo los generales Marina y Del Real y el jefe del Estado Mayor señor Larrea.
El primero con dos compañías del regimiento de África la brigada disciplinaria, una compañía de Artillería de Plaza, una sección del escuadrón de Cazadores y la batería de montaña, marchó a castigar a los culpables.
El general Del Real se quedó recorriendo el Hipódromo y colocando fuerzas en los puntos estratégicos de defensa de la Plaza, para el caso improbable de una agresión.
A las diez y quince de la mañana la batería de montaña rompió el fuego contra los caseríos de las cabilas vecinas de las agresoras. Éstos pertenecen a las tribus de Beni Buifrur y Nador y fracciones de una cabila cercana de la de Mazza.
Poco después, a petición del general Marina, el general Del Real envióle la batería rodada y el resto del escuadrón de Cazadores, dividido en secciones, mandadas por oficiales, que se colocaron en distintos límites.
El combate comenzó, como he dicho, a las diez y quince de la mañana.
Las dos compañías de infantería mandadas por el jefe del destacamento del Hipódromo, teniente coronel Baños, que salieron a recoger los muertos, encontraron la colina de Xifar coronada de fuerzas enemigas que avanzaban osadamente.
Las dos compañías rompieron el fuego.
Diez minutos después llegó el general Marina. Destacó las fuerzas disciplinarias, y las baterías emplazadas comenzaron a destruir los caseríos y chumberas tras de los cuales los moros estaban apostados.
El combate duró una hora. Nuestros soldados se batieron admirablemente.
Al sonar ¡alto el fuego! recogiéronse seis soldados muertos y varios heridos.
A las once y quince de la mañana quedó tomada la posición.
El resto de las fuerzas en las baterías de a pie se dirigieron al Atalayón para tomarlo, a la bayoneta. El combate fue muy duro, porque el enemigo se batía a la desesperada.
A las dos y media de la tarde el Atalayón quedó en poder de los españoles.
El espíritu de las tropas fue admirable y heroico. El general Marina dirigió personalmente las operaciones, sin apartarse un momento de la línea de fuego.

ABC, 10 de julio de 1909.

El Gobierno español se queja al sultán (10 de julio de 1909)

El Gobierno español se queja al sultán

El ministro de Estado al encargado de Negocios de España en Tánger. Telegrama 10 de julio de 1909.

Gobernador militar Melilla telegrafió anoche lo siguiente:

«Ocho mañana grupo moro acuchillaron varios trabajadores vías férreas. Inmediatamente salí con fuerzas cañoneando enemigo y atacando, desalojándoles sucesivamente tres alturas hasta Yebil Sidi Ahmed-El Hach. Combate terminó a eso de las trece, quedándome en posiciones conquistadas. Hasta ahora se conocen bajas un oficial muerto y dos heridos y unos treinta tropa entre muertos y heridos. Sírvase comunicarlo delegado sultán, agregando Gobierno de S, M. lamenta que por falta existencia autoridades y fuerzas Majzén, no haya podido evitarse el ataque a españoles.»

(Firmado. ALLENDESALAZAR)

Documentos presentados a las Cortes en la Legislatura de 1911 por el ministro de Estado. Madrid, 1911, página 271, n.º 643.

Nákens, revolucionario español, pone en guardia contra la guerra e invita a resistir la llamda a filas (El Motín, 15 de julio de 1909)

Nákens, revolucionario español, pone en guardia contra la guerra e invita a resistir la llamada a filas.

Fui profeta.

Sí. Por desgracia fui profeta.
Quince días después de publicada mi carta abierta, unos centenares de moros agredían a los trabajadores de las minas del Rif. Corrió la sangre española, y cuarenta hombres, jóvenes todos, murieron en la lucha o fueron conducidos a los hospitales de Melilla. Ha empezado, pues, la nueva aventura.
El general Marina ha ocupado el Atalayón y Nador, atrincherándose en ambos puntos. Y según dicen los últimos telegramas leídos por mí, apenas lleguen los refuerzos, la provincia de Kelaya será española. Es decir, que se rectificará la política prudente y sensata de estos últimos años y se limita la conducta seguida de Uxda y Casablanca por los franceses, conducta que fuera tan censurada por nosotros. ¿Y por qué?
Maura ha dicho que es preciso que nuestras plazas africanas no vivan asfixiándose. Sin duda por eso trata de ocupar Zeluán la semana próxima. Y ha dicho también, que si no obramos nosotros con energía, otros se encargarán de hacer lo que a nosotros corresponde.
Y en el ánimo del Gobierno han pesado más las indirectas de los franceses de Messenet y las influencias de los Güell, Comillas, Macherson y Romanones, que la opinión unánime de España entera.
Cuando el domingo salía la embajada marroquí de Palacio, un hombre gritó en la plaza de la Armería: "¡Viva España con paz!” Este grito responde al sentir unánime de todos los españoles que no son accionistas de minas rifeñas. Pero los que están en lo alto son sordos voluntarios y no es de esperar que lo escuchen.
¿No habría modo de impedir lo que nos amenaza? Sí, hay uno: el propuesto por mí en mi carta abierta a la Prensa española.
Pero esa Prensa, con raras excepciones, no quiere redimirse todavía de la parte de responsabilidad que alcanzara en las catástrofes coloniales. Algunos periódicos ¡parece mentir ! alientan al Gobierno a que persista en su actitud.
Hablan de patriotismo, de prestigio nacional y de otras sagradas cosas que no están en juego ahora., Pero yo creía que el patriotismo no consiste en explotar minas en territorios que no son de España. Yo entendí que, era más patriótico oponerse a que en la provincia de Huelva, una compañía inglesa, la de Ríotinto, sea dueña absoluta, y disponga de un verdadero ejército de guardiñas armados. Y a que el Gobierno no entregue por diez años a Inglaterra los arsenales de Cartagena y El Ferrol... Son maneras de concebir el patriotismo, con las que no estoy conforme.
¿ Comentarios sobre lo que ha ocurrido y ocurrirá todavía, si vamos a Zeluán, como parece indudable?
No los haré yo, los harán seguramente las mujeres y los hijos de esos reservistas aragoneses, catalanes y valencianos, que embarcaron el lunes en los buques de la Trasatlántica.
¡Trasatlántica ... ! ¡Reservistas...! ¡Guerra ...!
¡La historia se repite! ¡Los años del desastre vuelven a atormentarnos con su recuerdo!

El Motín. Madrid, 15 de julio de 1909, pág. 1.ª, 1.ª columna.

La difícil situación en Marruecos (ABC, 20 de julio de 1909)

La dificil situación en Marruecos requiere la salida de tropa de refuerzo. Pequeños incidentes en Madrid

Conócense ya detalles completos del combate de ayer.
Los elementos que componen la harka enemiga, reforzados con continentes del interior y con los rifeños que han regresado de los trabajos de Argelia, acordaron atacar la posición principal, enclavada frente al Gurugú. El ataque, según las noticias que han facilitado los moros amigos, debía tener lugar por la noche; pero algunos de los cabileños, impacientes, se anticiparon, y a las once de la mañana atacaron el flanco derecho de la posición principal del general Marina.
Inmediatamente se destacó el comandante Cos Gayón con una compañía del regimiento de África y avanzó una batería de Artillería protegida por el batallen disciplinario, al mando del teniente coronel Aizpuru y fuerzas del regimiento de Melilla mandadas por el teniente coronel don Federico Julio Ceballos.
Los moros se corrieron entonces hacia el Oeste, coronando todas las alturas del Gurugú para dominar la situación principalmente, al mismo tiempo que mil jinetes se desbordaban como un alud sobre el Atalayón.
Estos jinetes iban mandados, según se dice, por El Chaldy en persona.
De la Plaza salieron el batallón de Cazadores de Mérida, para reforzar el cuartel general; dos compañías del regimiento de Melilla al mando de don Teodoro Cuevas y don Ildefonso Infante, con los tenientes Caro, Abao y Rubio, de la primera compañía, y Deleito, Aizpuru y Reyes, de la segunda.
Uniéronse dichas fuerzas en la caseta con la segunda compañía de Melilla, mandada por el capitán Otegui y los tenientes Quintana y Suárez Labrado, para cortar el paso al torrente de enemigos que desembocaba por la cañada de Sidi Mura.
Los moros acometían formidablemente.
En su avance llegaron hasta la misma boca de los cañones, sin temor a la metralla que éstos arrojaban.
El general Marina alentaba a nuestras fuerzas.
Los moros llegaron a pretender apoderarse de nuestros cañones, cuando una compañía del regimiento de África, y a su frente el capitán señor López Ochoa y los tenientes Reyes, Monchor e Imperial, rompieron la alambrada al grito de ¡Viva España y rechazaron enérgicamente el ataque salvaje de los rifeños.
Cuantos presenciaron este acto ponderan el espíritu heroico y admirable de nuestros soldados.
En breve se generalizó el combate. De todas partes salían moros que hostilizaban nuestras tropas. El general Marina, valiente y sereno, seguía infundiéndoles ánimos y repitiendo sus vivas a España y al rey.
El fuego siguió sin interrupción hasta las siete de la +arde, en que los moros lo suspendieron para reanudarlo más furiosamente aún, sin duda con la llegada de nuevos refuerzos, a las ocho y media de la noche.
Las fuerzas de Infantería y las ametralladoras hacían una carnicería espantosa sobre las filas enemigas.
Sobre las posiciones de los moros se emplazaron cuatro cañones de tiro rápido que les acribillaron con metralla.
Mandaba las dos baterías el teniente coronel Pedreira. Su cuidado era el de arrasar la cañada, donde quedó gran número de cadáveres. Desde la segunda caseta peleaban el batallón de Cazadores de Barcelona y la mayor parte de los refuerzos enviados por el general Del Real.
A pesar del fuego mortífero que caía incesantemente sobre los moros, éstos no cejaban; seguían con tenacidad el avance, aprovechando las ondulaciones del terreno arrastrándose como reptiles.
Los moros que se habían corrido hacía el Atalayón, calcúlase que eran unos 500. Los que coronaron las estribaciones del Gurugú y llegaron hasta las alambradas se aproximaban a 4.000, entre ellos 500 jinetes.

El segundo combate

A las ocho y media de la noche, cuando por orden del general Marina se estaba organizando el servicio nocturno, los moros, que aprovechándose de la oscuridad habían llegado, sigilosamente hasta las cercanías el campamento, lanzáronse audazmente contra la posición del general Marina, tan cerca, que forzaron las alambradas y se llevaron dos tiendas de campaña, 17 mulas y el caballo del jefe de Administración Militar señor Bremón.
La bandera española que ondeaba en el campamento quedó hecha una criba.
Los moros atacaron despreciando, el fuego mortífero del cañón y sin tener para nada en cuenta los destrozos que entre ellos causaban los botes de metralla. Tan cerca llegaron de los cañones, que a menos de seis metros de distancia de ellos hallaron los nuestros dieciocho cadáveres de cabileños destrozados.
Hubo momentos en que parecía que la avalancha de los moros iba a internarse inevitablemente dentro del propio cuartel general para luchar brazo a brazo con los nuestros.
Sin las alambradas, hubieran llegado los moros, de no contar con la bravura de las fuerzas españolas, hasta el mismo campamento. Los soldados tenían que tirar desde él agazapados, por la verdadera lluvia de balas que sobre ellos caía.
El combate duró, sin interrupción, hasta las tres de la madrugada, en que los moros se retiraron, llevándose la mayoría de sus bajas.
La táctica en la caballería mora era presentarse a atacar por parejas y reunirse en un punto dado para tirotear.
Se calcula que habrán tomado parte unos 2.800 infantes y cerca de 2.000 jinetes, que se han batido con ardor extraordinario.

ABC, 20 de julio de 1909, pág. 7.

La burguesía y la guerra colonial («La Tribuna», Barcelona, 21 de julio de 1909)

La burguesía y la guerra colonial

Don Luis Muntadas, Presidente del Fomento del Trabajo Nacional He aquí las interesantes declaraciones que don Luis Muntadas nos ha hecho y que reflejan la opinión dominante en la importante entidad que representa.
-¿Cuál es su opinión sobre la intervención armada de España en Marruecos? -le preguntamos.
- Creo -nos contestó el señor Muntadas- que España se juega en este asunto su porvenir como nación. Es un problema el de Marruecos, que nosotros no podemos dignamente abandonar; esto seria una insensatez, y yo espero que el buen sentido se impondrá en todos, y los que se declaran enemigos de la intervención militar, comprenderán, que con su conducta más bien perjudican que favorecen a la nación.
España tiene un compromiso sagrado que cumplir en Marruecos: el de que cese para siempre ese estado de barbarie en que vive el pueblo marroquí, y que cese también para siempre la amenaza que para nosotros representa el tener la plaza de Melilla rodeada de tan fieros vecinos, siempre dispuestos a echar mano a los fusiles contra nuestras tropas.
La obra civilizadora en Marruecos se impone; si no lo hacemos nosotros, otra nación europea nos echará de allí; ¡y qué vergüenza entonces ver que otros hacen lo que a nosotros nos correspondía! y llegado este caso, nos veremos amenazados en nuestra propia casa al instalarse en las costas marroquíes del Mediterráneo a una poderosa nación.
Las naciones tienen siempre compromisos a cumplir; a nosotros se nos presenta el actual de Marruecos y no hay otro remedio que aceptarlo; o lo hacemos nosotros, o nos echarán de allí y otro pueblo se encargará de hacerlo, extendiendo así la papeleta de defunción de España como nación capaz de alternar con Europa.
-¿A su entender, el gobierno obra prudentemente en esta ocasión?
-Me parece digna de elogio la conducta de este gobierno. Maura ha sido siempre un hombre previsor en lo tocante a la difícil cuestión marroquí; todo el mundo sabe que mientras Francia ha estado gastando hombres y dinero en Casablanca, nosotros nos hemos abstenido prudentemente hasta el momento preciso en que ha sido materialmente imposible continuar en el estado pasivo que hasta ahora habíamos permanecido.
Sólo tengo que criticar un punto: el de que estas medidas de previsión hace tiempo que se debieron haber tomado. Las plazas de Ceuta y Melilla debieran haber estado hace tiempo preparadas con un buen ejército, y todo el material de guerra necesario; de esta forma, no se hubiese alarmado la gente con el envío de tropas.
Por lo demás, la movilización del ejército me ha parecido muy hábil y rápidamente hecha, como la hubiese podido llevar a cabo Francia o Alemania, que tienen fama de tener una buena organización para movilizar rápidamente un ejército.
-¿Podría decirnos su opinión sobre la acción mercantil que España ha de seguir en Marruecos?
-Creo -nos contestó el señor Muntadas- que si los acontecimientos nos llevan a internarnos en Marruecos, el comercio español irá detrás delas tropas, consolidando así las conquistas y afirmando completamente la soberanía española en el imperio.
España está obligada a afirmar por todos los medios su soberanía en Marruecos, y esto lo digo claramente, como hay que hablar en estos momentos, sin temor a las censuras, pues sólo debe guiarnos el amor a la nación y por ella estamos obligados a decir con claridad lo que pensamos.
Las armas deben conquistar para la patria y para la civilización; después haremos que el comercio vaya detrás haciendo su obra de aproximación entre los españoles y marroquíes, consolidando así por medio del afecto y de los intereses la soberanía de España en el Mogreb.
Esto es lo que pienso sobre el problema marroquí y esto digo a usted con claridad. y sin rodeos, porque de esta forma creo servir los intereses políticos y económicos de España.


«La Tribuna», Barcelona, 21 de julio de 1909.

La Cuestión de Marruecos (aspecto económico). Barcelona opina (La Opinión, 21 de julio de 1909)

La cuestión de Marruecos (aspecto económico). Barcelona opina

EL SR. ZULUETA
Tan larga y complicada es la historia de la cuestión marroquí, han sido tantos los políticos y escritores, que, unos por puro «dilettantismo» y otros llevados de una fe sincera o de un entusiasmo admirable por las cuestiones que afectan a los intereses de España, han disertado concienzuda y detenidamente sobre esas tierras africanas, hacia donde, desde hace mucho tiempo, se dirige la atención de Europa, que emitir una opinión particular, desarrollar un criterio exclusivamente personal, sin apartarse de la verdad y con pleno convencimiento de aquella historia larga, resulta labor ardua y en cierto modo estéril, si lo que como nuevo se emite y se propaga no tiene alguna finalidad práctica, viene a llenar algún vacío o representa para España una soñadora y risueña esperanza.
Por esto, cuando, deseosos de departir un rato sobre la cuestión marroquí con nuestro particular amigo, don José Zulueta, a quien no habíamos aún oído hablar de asunto de tan universal trascendencia, tratamos de interrogarle, tuvimos que contentarnos con sostener una conversación amistosa con él, sin que, de ningún modo, se aviniera a hacer declaraciones concretas sobre lo que, dijo, no conocía bastante.
—Si fuese joven —añadió— sería para mí la cuestión una de las que más me interesan; pero ahora, enfrascado en otras cosas de índole muy distinta, no me siento capaz de lo que muchos hombres de talento han considerado como objetivo de la mayor parte de sus investigaciones. Además, es una historia tan larga esa de Marruecos...
A pesar de lo dicho por el señor Zulueta, abordamos la cuestión clara y francamente.
—Mal parece que se están poniendo las cosas —nos dijo— pero, esto no obstante, creo que no llegaremos a la guerra.
Estoy convencido de que una guerra sería para nosotros, ahora, realmente perjudicial.
—Pero, preguntamos: ¿y si una guerra como la que parece prepararse, hiciera ver a los gobernantes grandes y decisivos resultados en favor de la dominación española?
Nuestro amigo sonrió.
—¿Grandes resultados para España? ¡Bah! Nosotros tenemos la ventaja de no sabernos aprovechar de nada. ¿Qué resultado dio para nosotros la guerra de África? ¿Y la de Melilla? Otro pueblo iría a la guerra hasta con entusiasmo y fe en el triunfo ; pero nosotros, que hemos dejado perder tan excelentes ocasiones... ¡Imposible! España no debe aventurarse a luchar imponiéndose a los demás, cuando hace falta que se imponga sobre ella misma.
—Tiene usted razón. España ha sido esencialmente espiritual en sus luchas con los otros pueblos. Se ha visto privada en casi todas las épocas, aún en las de mayor esplendor, de ese practicismo necesario, absolutamente necesario en toda nación organizada para los grandes combates del pensamiento y de las armas.
—Debiera haber tomado ejemplo de otras naciones, que bien cerca ha tenido infinidad de veces escuelas de política inimitables y arsenales de buenos consejos que no ha sabido seguir.
Basándose en el antiguo refrán, que dice: «De los escarmentados salen los avisados», sabe perfectamente el señor Zulueta que España, por mucho y muy eficazmente que hiciera valer sus derechos en Marruecos, no sabría aprovecharse de tal victoria y, lejos de engrandecerse ante el mundo civilizado, perdería en importancia, pues nada hay tan triste y perjudicial para los intereses de un pueblo como vencer y olvidarse pronto de que ha vencido.
Hay que extirpar, verdaderamente, del espíritu de raza, todo lo que represente exceso de espiritualismo. Bien está que se recuerden con alegría y orgullo glorias pasadas, pero que no sirvan tales recuerdos para engañar la voluntad nacional y conducirla por derroteros equivocados, que triunfe el buen sentido y la realidad práctica. He aquí la primera máxima del evangelio político que todos los pueblos debieran tener frente al trono de los reyes o sobre la mesa en donde pasan las horas sus gobernantes, estudiando los problemas del país.
—Sí, en verdad. Los árabes no son como los pintan. ¿Y quién mejor para saber esto que ustedes los periodistas? Llega la embajada a Madrid, y en lugar de observar estrictamente las leyes de su religión, beben vino con exceso, comen lo que se les presenta, juerguean a más y mejor y olvidan, en fin, por unos días, los rigorismos del Corán. Véase, pues, lo que representa la religión dentro del espíritu nacional. En otro tiempo, cuando privaban las corrientes románticas, podía hablarse de luchas de religión, de antagonismos de raza. Pero ahora, ¿cómo es posible hablar de estas cosas, si los representantes de un pueblo que tan fanático se supone, quiebran de un modo tan descarado las prescripciones de su religión?
Tiene razón el señor Zulueta. No existen ahora antinomias entre el pueblo árabe y el español, por razón de las ideas religiosas de ambos. Por tal motivo, es completamente absurdo creer que una de las causas del odio de los árabes a España, es la religión.
No diremos nosotros que grupos separados de mahometanos semisalvajes, sintiendo vivir en su alma la altivez y soberanía de su credo religioso, vean en los cristianos un enemigo cruel, formidable, y al luchar contra ellos lo hagan impulsados por el fanatismo. Mas, esos grupos semisalvajes no son ya tan frecuentes, y si antes se mataban unos con otros por cualquier infracción de las leyes de su moral rigorista, ahora —lo ha dicho con deliciosa ironía el señor Zulueta— se ríen de aquella moral durante unos cuantos días, para seguir creyendo luego, al volver a su país, que «la cimitarra es la llave del paraíso».
De todo lo cual, se deduce que la lucha, si la hubiera, sería puramente económica, y que los que están llamados a decir algo sobre ella son los economistas. Por esto, considerando que el señor Zulueta está entre aquéllos en primera línea, nos dirigimos a él, viéndonos atentamente complacidos.
Antes de que nos marcháramos, nos hizo una manifestación, que es lo único sobre lo que tiene —según dice él— criterio formado el señor Zulueta, con respecto a la cuestión marroquí.
—Los españoles debiéramos constituir en Marruecos —dijo— una Asociación comercial. En este sentido me habla mi amigo Repáraz, en una carta que me ha escrito. Sería un medio excelente de consolidar en aquellas tierras nuestra superioridad. Porque, desengáñense ustedes: hoy todo es comercio, y las luchas lo son todas por cuestiones económicas. Los pueblos mejor pertrechados son los más fuertes comercialmente. El esplritualismo, la antinomia de razas, la influencia del fanatismo religioso, son ya utopías más o menos bien disfrazadas.
La primera causa de la cuestión marroquí es, pues, el comercio, no la raza. El comercio, lo ha dicho varias veces el señor Zulueta, es el resorte, el incentivo y la garantía de todos los políticos de los pueblos.


EL SR. ROIG Y BERGADÁ, Presidente del Centro Hispano-Marroquí
—¿Cuál es su opinión sobre el asunto de Marruecos? —preguntamos al señor Roig y Bergadá.
—Es mi opinión —nos contestó— de que España se halla en estos momentos quizás ante el problema más grave que podía presentársele. Es indudable que España tiene derechos conquistados en África, hacia donde debe enfocar su política futura de expansión, por más que para esto hemos llegado tarde, y en lo que concierne a Marruecos, bien clara está la zona de influencia que nos ha sido reconocida por todas las naciones, quizás porque es el territorio más difícil de conquistar. Esos territorios son realmente, por derecho, de España; pero será muy difícil que los lleguemos a poseer.
—A nosotros nos han dejado lo peor de Marruecos; somos la nación más débil y nos encargan de conquistar el Riff, el verdadero hueso de Marruecos, territorios que en caso de levantarse en armas sus habitantes contra España no podremos de ninguna manera sostener; seremos dueños del territorio que pisemos, pero nada más. La política que debió seguirse desde un principio es la de atracción pacífica de los riffeños, para ir demostrándoles las ventajas que les ofrecía para su seguridad ponerse bajo la protección de España, y así hubiésemos avanzado sin grandes dificultades; pero con el fusil, que se desengañe el gobierno: no conseguirá nada más que arruinar a España y meternos en una guerra que ha abierto la herida del 98, por donde la nación empieza a manar sangre.
—La conducta del gobierno —nos siguió diciendo el señor Roig y Bergadá— demuestra claramente que vamos a Marruecos empujados por otra nación, quien está interesada en que nosotros le saquemos, como vulgarmente se dice, las castañas del fuego; y si esto es así, la responsabilidad es inmensa, porque demuestra que otros gobiernos se comprometieron a lo que era imposible de cumplir. La guerra es impopular; el país no la quiere, y el gobierno ha hecho muy mal en cerrar en estos momentos el Parlamento, que es donde, a la luz del día, debiera discutirse este grave problema. Francia e Inglaterra tratan en él sus más graves asuntos coloniales. De esta forma el gobierno carga toda la responsabilidad sobre la Corona, porque hace responsable al poder ejecutivo de la catástrofe que pueda venir, porque creo —nos dijo con firmeza y energía— que la guerra de Marruecos la parará el pueblo yendo a la revolución. El Riff es imposible de dominar, como no sea con un gran ejército de ocupación; nosotros ni lo tenemos, ni mucho menos podemos sostener ese gasto inmenso que representaría un numeroso ejército en pie de guerra, y cuando el país vea la sangre y el dinero que eso ha de costar, él parará toda esta locura apelando a todos los medios.
—España está todavía convaleciente de aquella gran catástrofe colonial y no puede, no debe arruinarse por Marruecos. Muchos y muy sagrados intereses tiene en Marruecos; pero si éstos se han de conservar a costa de la ruina de España vale más que abandonemos todo aquello y conservemos el solar de casa.
—Pero, ¿y nuestros intereses económicos? —le preguntamos.
—Todo eso no vale nada, comparado con lo que vamos a perder. Melilla es hoy una plaza comercial inglesa, guardada por soldados españoles; nosotros estamos muy lejos de poder competir con las industrias extranjeras, y antes que comprometer a España por un pequeño territorio en Marruecos, vale más que abandonemos todo aquello. Si tuviésemos al frente de nuestros destinos a un verdadero estadista, así lo haría. A Marruecos por medios pacíficos siempre; con la guerra, nunca.


DON Luis MUNTADAS, Presidente del Fomento del Trabajo Nacional
He aquí las interesantes declaraciones que don Luis Muntadas nos ha hecho y que reflejan la opinión dominante en la importante entidad que representa.
—¿Cuál es su opinión sobre la intervención armada de España en Marruecos? —le preguntamos.
—Creo —nos contestó el señor Muntadas— que España se juega en este asunto su porvenir como nación. Es un problema el de Marruecos, que nosotros no podemos dignamente abandonar; esto sería una insensatez, y yo espero que el buen sentido se impondrá en todos, y los que se declaran enemigos de la intervención militar, comprenderán, que con su conducta más bien perjudican que favorecen a la nación.
España tiene un compromiso sagrado que cumplir en Marruecos: el de que cese para siempre ese estado de barbarie en que vive el pueblo marroquí, y que cese también para siempre la amenaza que para nosotros representa el tener la plaza de Melilla rodeada de tan fieros vecinos, siempre dispuestos a echar mano a los fusiles contra nuestras tropas.
La obra civilizadora en Marruecos se impone; si no lo hacemos nosotros, otra nación europea nos echará de allí; ¡y qué vergüenza entonces ver que otros hacen lo que a nosotros nos correspondía! y llegado este caso, nos veremos amenazados en nuestra propia casa al instalarse en las costas marroquíes del Mediterráneo a una poderosa nación.
Las naciones tienen siempre compromisos a cumplir; a nosotros se nos presenta el actual de Marruecos y no hay otro remedio que aceptarlo; o lo hacemos nosotros, o nos echarán de allí y otro pueblo se encargará de hacerlo, extendiendo así la papeleta de defunción de España como nación capaz de alternar con Europa.
—¿A su entender, el gobierno obra prudentemente en esta ocasión?
—Me parece digna de elogio la conducta de este gobierno. Maura ha sido siempre un hombre previsor en lo tocante a la difícil cuestión marroquí; todo el mundo sabe que mientras Francia ha estado gastando hombres y dinero en Casablanca, nosotros nos hemos abstenido prudentemente hasta el momento preciso en que ha sido materialmente imposible continuar en el estado pasivo que hasta ahora habíamos permanecido.
Sólo tengo que criticar un punto: el de que estas medidas de previsión hace tiempo que se debieron haber tomado. Las plazas de Ceuta y Melilla debieran haber estado hace tiempo preparadas con un buen ejército, y todo el material de guerra necesario; de esta forma, no se hubiese alarmado la gente con el envío de tropas.
Por lo demás, la movilización del ejército me ha parecido muy hábil y rápidamente hecha, como la hubiese podido llevar a cabo Francia o Alemania, que tienen fama de tener una buena organización para movilizar rápidamente un ejército.
—¿Podría decirnos su opinión sobre la acción mercantil que España ha de seguir en Marruecos?
—Creo —nos contestó el señor Muntadas— que si los acontecimientos nos llevan a internarnos en Marruecos, el comercio español irá detrás de las tropas, consolidando así las conquistas y afirmando completamente la soberanía española en el imperio.
España está obligada a afirmar por todos los medios su soberanía en Marruecos, y esto lo digo claramente, como hay que hablar en estos momentos, sin temor a las censuras, pues sólo debe guiarnos el amor a la nación y por ella estamos obligados a decir con claridad lo que pensamos. Las armas deben conquistar para la patria y para la civilización; después haremos que el comercio vaya detrás haciendo su obra de aproximación entre los españoles y marroquíes, consolidando así por medio del afecto y de los intereses la soberanía de España en el Mogreb.
Esto es lo que pienso sobre el problema marroquí y esto digo a usted con claridad y sin rodeos, porque de esta forma creo servir los intereses políticos y económicos de España.

D. JOAQUÍN AGUILERA, Secretario del Fomento del Trabajo Nacional
De todos son conocidos los conocimientos económicos del señor Aguilera y el estudio que ha hecho del problema de Marruecos, en donde estuvo últimamente en un viaje de exploración, debido a lo cual hemos pedido su autorizada opinión sobre el actual problema marroquí y sus consecuencias.
He aquí su contestación:
El problema de Marruecos, ha dicho el señor Aguilera, ha llegado a su último término y está de hecho planteado en las cancillerías europeas. La solución de los asuntos marroquíes no está ya en Fez, sino en París, en Berlín y en Londres; es difícil predecir lo que sucederá, porque desconocemos los tratados secretos, y si en realidad es que se trata de una intervención directa hacia el interior del imperio o sólo de un simple refuerzo de la plaza de Melilla, cosa esta última la más probable.
Suponiendo que en realidad la cuestión de Marruecos, de acuerdo con todos los gobiernos de Europa, hubiese llegado a la hora de solucionarse, España no puede desentenderse de ese problema, porque sería sacrificar su porvenir de expansión territorial y comercial.
En Marruecos sólo hay un problema: el de ]a civilización. Esta empresa hay que hacerla forzosamente; si España demuestra que es incapaz de civilizar; si a pesar del tiempo transcurrido desde la catástrofe última, se ve que seguimos tan ineptos para esta clase de empresas y para toda obra de previsión que nos asegure el mañana, habremos fracasado definitivamente y otra nación se encargará de hacerlo; pero una vez establecida en el Estrecho de Gibraltar, vayamos pensando que quizás mañana se meterán en nuestros asuntos interiores, imponiéndonos por la fuerza lo que de buen grado no queremos hacer.
En Marruecos se juega España la última carta como nación; si la gana entraremos en el concierto de las naciones libres y civilizadas; en caso contrario, el porvenir nos pedirá estrecha cuenta de nuestras torpezas, y en ese caso habrá que decir con claridad: Hemos fracasado; como pueblo, no servimos para ninguna obra civilizadora.
—¿Cuál es su opinión sobre el conflicto de las minas?
—Yo siento estar disconforme con la mayoría de los que de estas cosas escriben. Es mi opinión que la bandera nacional debe cobijar y amparar los intereses de todos los españoles; de lo contrario, ¿de qué sirve? La patria debe defender los bienes de todos sus hijos, pues de no ser así no cumple con uno de sus más elementales deberes.
A mi entender, el gobierno ha hecho un acto político tomando las posesiones adquiridas, protegiendo el trabajo y asegurando así el campo de Melilla; de no haber procedido así hubiésemos quedado en ridículo.
Creo, al contrario de otras veces, que el gobierno ha obrado con relativa prudencia, viéndose que hay un plan, que sabe dónde va y obra con acierto.
Es imposible que el comercio se interne en Marruecos si una acción militar no lo precede.
El comercio, para trabajar y desarrollarse necesita seguridad, y ésta no la hay, por desgracia, en Marruecos.
Suponiendo que los acontecimientos nos llevasen a introducirnos en el interior del imperio, debe hacerse, a mi entender, una acción lo más pacífica posible, de tolerancia con los marroquíes, y creo que de esta forma no se dispararían muchos tiros.
Sobre el poderío y la fuerza de los marroquíes se ha fantaseado mucho, y podría darse el caso de que nos sorprendieran nuestros soldados paseándose por Marruecos sin hacer fuego; bastará para esto que se les respete sus creencias religiosas y sus intereses; y una vez que el comercio tuviese la seguridad en el tráfico, iría poco a poco consolidando la conquista, haciendo una obra de paz y de civilización, habiendo al mismo tiempo preparado el terreno para que otras generaciones que vendrán después de nosotros se encuentren preparado el terreno para llevar a España a mayores destinos.
—¿Pero no ve usted, señor Aguilera —le preguntamos—, que el país no tiene confianza en los hombres públicos?
—Es cierto, nos contestó. Toda esta labor es imposible con un centralismo como el actual. Los políticos a la madrileña no los creo aptos para una expansión por el mar, pero yo confío que esa política morirá pronto y las regiones, sobre todo las que a la orilla del mar viven, con un espíritu más amplio inaugurarán una nueva política preparando así un porvenir a España muy distinto del pasado; por eso yo vería con disgusto que dejásemos pasar la ocasión de instalarnos en unos territorios sumamente estratégicos y de una gran riqueza, como son las costas del Mediterráneo, de Marruecos; porque los creo de una gran importancia política y mercantil para la España que ha de venir en lo futuro.

D. PEDRO G. MARISTANY, Presidente de la Cámara de Comercio
El señor don Pedro G. Maristany entiende debe apoyarse la guerra en Marruecos.
He aquí sus declaraciones lacónicas, terminantes, muy lacónicas y muy terminantes, hay que confesarlo.
Ante todo ha declarado que, como presidente de la Cámara de Comercio, nada podía contestar a nuestro interrogatorio, pues era sólo representante de una junta y, poseyendo su confianza, sólo después de oír la opinión de sus compañeros podía autorizadamente hacer declaraciones.
—Pero por mi parte, ha dicho, aun cuando entiendo que la guerra siempre es un mal, por patriotismo considero que el deber de todos es estar incondicionalmente al lado del gobierno; no del gobierno conservador, ni del liberal, sino de cualquiera que ocupase el poder en estas circunstancias, por tratarse de problemas internacionales en los que está interesada nuestra patria.
No debe creársele obstáculos, ha agregado el señor Maristany,
Entiendo que cuantas más fuerzas se envíen a Melilla, más garantizada queda la vida del soldado, pues cuanto mayor sea el contingente que combata al enemigo, más ha de anonadarle.
Esto constituiría, por otra parte, una seguridad para las tropas que luchan en el Riff, pues cuanta más gente, menos víctimas.
España ha de demostrar su riqueza, su poder, no escaseando hombres ni aparatos de guerra.
Referente al problema marroquí, al de nuestra penetración comercial, nos expuso el señor Maristany varias ideas, encaminadas a favorecer nuestro mercado con el intercambio; en modo alguno soñando con recibir a cambio de nuestros productos dinero contante y sonante, por la situación misérrima del imperio marroquí.
Y nada más quiso decirnos, por cuanto se aferró a su primer tema, que repitió varias veces durante nuestra conversación.
«El deber de todos es estar incondicionalmente al lado del gobierno, sea el que sea.»


(La Tribuna» (Barcelona), 21 julio 1909.)

Salida de tropa de refuerzo. Pequeños incidentes en Madrid (ABC, 22 de julio de 1909)

Salida de tropa de refuerzo. Pequeños incidentes en Madrid

A la una y media de la madrugada llegó a la estación del Mediodía el batallón de Cazadores de las Navas, compuesto de 800 soldados, al mando del teniente coronel don Tomás Palacios y Rodríguez.
En el andén estaban el capitán general señor Villar, el gobernador militar general Bascaran y sus respectivos ayudantes: el marqués del Vadillo y las autoridades del distrito.
Al entrar en la estación las fuerzas del citado batallón, entró con ellos un numeroso gentío, constituido por sus parientes y muchos curiosos.
Como en la noche anterior, se veía en el andén gran parte de los generales, jefes y oficiales de la guarnición de Madrid, socios de los círculos aristocráticos y estudiantes y obreros.
Muchos de éstos se habían colocado en los techos de otros trenes inmediatos al que estaba dispuesto para embarcar la tropa.
Con el debido orden comenzaron a realizarse las operaciones de embarque.
Eran las dos y cuarto y el momento de la marcha se acercaba. En algunos grupos se observaban movimientos sospechosos y protestas sordas de resistencia a la marcha de los soldados. En honor a la verdad, los protestantes eran una insignificante minoría.
De improviso, un golfillo de unos doce años subió a uno de los coches en donde ya estaba instalada la tropa, y rápidamente, en menos tiempo del que se tarda en contarse, sacó sucesivamente los cuatro faroles que alumbraban el interior del vagón y los rompió uno tras otro. La hazaña fue aplaudida por un grupo de los más próximos al coche.
Los soldados, impertérritos, dando pruebas de una excelente disciplina, permanecían impasibles.
Acentuáronse las protestas de los agitadores. Hubo un momento emocionante, de duda, a ver conferenciar a las altas autoridades militares, y se oyó un toque de atención dado por el corneta a las órdenes del capitán general.
En pocos segundos, al oír el aviso, aclaráronse mucho los grupos de paisanos. Algunos intentaron acercarse a las tropas gritando: ¡Guerra a la guerra! Entonces, las fuerzas de la Guardia Civil y Seguridad se vieron obligadas a despejar y hubo algunas carreras.
El capitán Guirao, del batallón de las Navas, tuvo la feliz idea de mandar bajar a los soldados que estaban en el coche que quedó a oscuras. Los mandó formar y al frente de ellos desfiló por el largo andén de la estación, recorriéndolo de extremo a extremo. Una ovación estruendosa, atronadora, del público, dos o tres mil almas, que llenaba el andén, saludó a los soldados.
Los restantes soldados que estaban en los demás coches aplaudían a sus compañeros de armas y daban entusiastas vivas a España.
Contrastando con este espontáneo movimiento, algunos individuos tuvieron la desgraciada inoportunidad de proferir algunas frases antipatrióticas.
Muchos jefes y oficiales, justamente indignados, trataron de castigar a los que protestaban; pero no necesitaron intervenir porque de los mismos paisanos salieron contundentes y repetidas pruebas de que la inmensa mayoría de los españoles tienen aún sangre en las venas y estiman como propio el honor del Ejército.
Por los deplorables incidentes ocurridos se produjeron varias detenciones. Un guardia de Orden Público fue conducido a la enfermería de la estación con una pierna contusionada por un golpe.
De labios de padres, esposas y hermanos de los soldados que se marchaban oímos frases de dura condenación contra los que perturbaban la despedida de seres queridos con desmanes lamentables.
Un comandante de Artillería y un capitán del regimiento de León, que en los momentos de mayor confusión arengaron con. energía a las masas invocando su patriotismo, fueron ovacionados calurosamente.
A las tres de la madrugada todo estaba listo para la marcha y el último de todos subió al tren el teniente coronel Palacios.
Una salva de aplausos entusiastas, un verdadero delirio de vivas y aclamaciones se oyen al arrancar el tren.
Los vivas a España, al Ejército con el pueblo y los mueras a los cobardes llenaban el espacio produciendo un clamoreo ensordecedor.
Entre los que aplaudían Y vitoreaban con más entusiasmo vimos al agregado militar de la Legación del Japón en esta Corte.
Los bravos Cazadores de las Navas y sus jefes y oficiales correspondían, emocionadísimos, agitando los roses y pronunciando frases patrióticas a la ovación Indescriptible, cariñosísima, como no recordamos haberla presenciado hace tiempo, que les tributaba el pueblo de Madrid.
Cerca de cinco minutos que tardaron en salir de la estación las treinta unidades que formaban el tren se prolongó la manifestación de afecto y simpatía al Ejército.
A las tres y diez minutos el tren pasaba las agujas y, se perdía en lontananza.
... Poco después de las cuatro llegaba a la estación del Mediodía el batallón expedicionario de Cazadores de Arapiles.
Va mandado por el teniente coronel don José Ortega y Dores.
A las cuatro y cuarto entraban las fuerzas en el andén entre los incesantes gritos de ¡Viva el Ejército! y ¡Viva España!
Los soldados agradecían estas manifestaciones de afecto e iban revestidos del mayor entusiasmo.
En los andenes sólo se permitió la entrada a las familias de los soldados expedicionarios.
También se hallaban el capitán general señor Villar y Villate, rodeado de gran número de jefes y oficiales de la guarnición; el gobernador civil señor marqués
del Vadillo y otras autoridades.
Las tropas eran cariñosamente atendidas por sus jefes, y los soldados ocuparon los vagones con el mayor orden.
En los alrededores de la estación la Policía practicó algunas detenciones, y en un pequeño revuelo que se produjo resultó con ligeras contusiones un sujeto, que fue asistido en el Servicio Sanitario de la estación y trasladado en una camilla a la Casa de Socorro.
A las cinco de la madrugada arranca, entre aplausos y aclamaciones, el tren que conduce al batallón de Cazadores de Arapiles.
Los soldados, asomados a las ventanillas de los coches, contestaban dando gritos a España y saludando con los gorros hasta que el tren salió de agujas.

ABC, 22 de julio de 1909, pág. 8.

Semana trágica (1) (ABC, 27 de julio de 1909)

1909semanatragicaembarquedetropasBarcelona3

Embarque de tropas catalanas en Barcelona (1909)

 Semana Trágica (1)

Nuestro corresponsal en Barcelona nos comunica por correo amplios detalles de lo ocurrido anteayer y ayer en la Ciudad Condal.

Concretando esas noticias diremos que desde el sábado por la noche, comenzó a susurrarse en Barcelona que los obreros preparaban algo grave para el siguiente día, domingo.

Después se supo que la reunión convocada para el viernes por la Solidaridad Obrera, y que había suspendido el gobernador, habíase celebrado clandestinamente, acudiendo delegados de las Sociedades. de resistencia y habiéndose acordado comenzar la huelga general el lunes 26, como protesta contra la guerra de Marruecos.

 Al efecto se constituyó un comité y fueron enviados delegados a los centros fabriles de pueblos. inmediatos y, además, a Zaragoza y Valencia.

 También se practicaron gestiones cerca de los. empleados de tranvías, los cuales presentaban resistencia para ir a la huelga y no se hallaban organizados en sociedad.

 De todo esto no se apercibieron las autoridades hasta el domingo por la mañana probándolo el hecho de que el gobernador continuase en su torre del Tibidabo y que sólo viniese a Barcelona cuando le advirtieron que se preparaban manifestaciones tumultuarias.

 Ayer lunes, por la mañana,. apenas si se notaba que hubiesen sido adoptadas precauciones extraordinarias. Y, sin embargo, a la hora de comenzar el trabajo numerosos grupos, en los que predominaban las mujeres, recorrieron talleres y fábricas invitando a los obreros a declararse en huelga, y consiguiéndolo en la mayoría de los centros que visitaron, sin que apenas hubiese ni discusiones ni protestas.

 En la mayoría de esos centros entraron sólo comisiones de mujeres, demostrando éstas serenidad y resolución perfectas.

Vanos grupos de obreros exhibían lacitos blancos,, cual si éstos fuesen algún acordado distintivo.

 A las doce de ayer un grupo invitó a los industriales de la calle de San Pablo a que cerrasen sus tiendas. Intervino la Policía y se cruzaron algunos disparos, de los cuales resultaron heridos tres o cuatro sujetos, uno de ellos ciclista de la Policía.

 También hubo tumultos en el Paralelo y en la calle del Olmo, resultando en esta última herido de bala el obrero José Durán.

 Las agresiones a los tranvías fueron varias, hasta que por la tarde. dejaron de circular totalmente.

 La más grave ocurrió en la calle de Bailén, donde los revoltosos incendiaron un coche. Practicáronse muchas detenciones.

 En el Paralelo un policía disparó, según dijo involuntariamente, con dirección al cuartel de Artillería. Salieron varios oficiales que desarmaron al policía, reclamando éste perdón, pues se le había escapado el tiro. Los tumultos continuaron en diversas calles, siendo detenidos buen número de alborotadores.

 De la Barceloneta salieron tropas de caballería e infantería tomando las calles y plazas afluentes a la plaza de Palacio, donde se halla el Gobierno civil. En dicha plaza se dieron varias cargas.

 Con respecto a Sabadell y Tarrasa, súpose que también allí había huelga y tumultos y que no circulaban los trenes.

 Los rieles de tranvías que conducen a pueblos cercanos, sábese que han sido levantados en algunos sitios…

 ABC, Madrid, 27 de julio de 1909

Semana trágica (2) (ABC, 28 de julio de 1909)

 

Barricada en Barcelona (1909)

Semana trágica (2)

En Gobernación se nos facilitó ayer tarde siguiente nota oficiosa:

"En Sabadell trataron, en los días anteriores, elementos radicales y obreros de celebrar mítines para protestar contra la campaña de Melilla, y habiéndoseles prohibido, esta mañana se declararon en huelga gran número de ellos y, tumultuariamente, se dirigieron a la estación del ferrocarril, impidiendo la salida de trenes de viajeros para Barcelona, cortaron los rieles y las líneas telegráficas. La escasa Guardia Civil que había en dicha población, después de cumplir las prescripciones legales, tuvo que hacer fuego al aire para disolver los grupos.

Logrado esto, se puso en marcha un tren, que tuvo que retroceder, por encontrarse cortada la vía.

Al mismo tiempo, en Barcelona se inició huelga con carácter general, y siempre como manifestación y protesta contra la campaña de Melilla. Advertidas las autoridades de la extensión y de su evidente carácter sedicioso por las manifestaciones que los elementos anarquistas mezclados entre los obreros hicieron con respecto del carácter de dicha huelga, se reunieron para deliberar, y acordaron declarar el estado de guerra en Barcelona y su provincia, resignando el mando la autoridad civil en la militar.

El ministro da la Gobernación, que desde los primeros momentos estuvo en conferencia constante con el gobernador civil de. Barcelona, dándole instrucciones para que, sin vacilar, fuera sofocado ese movimiento, ha aprobado lo hecho por la autoridad civil y está dispuesto a proceder enérgicamente contra quienes en las presentes circunstancias no vacilan en iniciar movimientos sediciosos, incompatibles con la tranquilidad pública y los intereses nacionales."

Los corresponsales de los periódicos de Barcelona en Madrid recibieron ayer, orden de no comunicar nada telefónica ni telegráficamente, lo que parece indicar que no se publican los diarios de la Ciudad Condal.

Lo ocurrido es crimen de lesa patria, monstruosa aberración de gentes que contra la guerra en tierra extraña se alzan, promoviendo otra intestina. Para evitar pérdida de vidas españolas en África asesinan indefensos sacerdotes, agitan la tea incendiaria, provocan represiones sangrientas, comprometen más y más las vidas de nuestros soldados de Melilla, dificultando al Gobierno el envío de refuerzos, con la necesidad de combatir aquí a los forajidos, cuya sola existencia deshonra a España y ayuda a los rifeños en la tarea de matar españoles.

Harto tenemos probado, que no somos ministeriales; en diversas y repetidas ocasiones hemos criticado actos del Gobierno del señor Maura; pero ahora, ante la gravedad de las circunstancias, ante la maldad de gentes que nos avergüenza tener por compatriotas, estamos y estaremos al lado del Gobierno, como lo estaríamos aun cuando al frente de él se hallaran nuestros mayores enemigos, como lo estarán cuantas personas amen a la Patria, mediten y razonen, cuantos no sean suicidas, porque en las manos del Gobierno está hoy el honor de España, la pronta terminación del conflicto rifeño, que, por desgracia, exige como triste Y vergonzoso preámbulo aplastar a las víboras que en nuestra propia casa han levantado la cabeza…

A B C, 28 de julio de 1909.

Suspensión de garantías nacionales (ABC, 29 de julio de 1909)

Suspensión de garantías constitucionales

El decreto.
El decreto ampliando la suspensión de garantías a toda España lo firmó el rey ayer por la tarde.
Este decreto se publicó en número extraordinario en La Gaceta. Es el siguiente:
«EXPOSICIÓN. Señor: Tan excepcionales como odiosos y repulsivos son y serán siempre los actos sediciosos que dieron causa al decreto sometido ayer a la aprobación de V. M., por cuya virtud quedaron suspensas las garantías constitucionales en Barcelona, Gerona y Tarragona.
El Gobierno, firmemente decidido a mantener los derechos y salvaguardar los primordiales intereses y el honor de la nación, por los cuales heroicamente pugna en África nuestro Ejército, confía en el concurso caluroso de España entera, incluso el núcleo principal de las poblaciones mismas que han sufrido la desgracia de presenciar aquellas bochornosas incitaciones al apocamiento y la abdicación.
Mas en las horas transcurridas se han visto diseminadas por otras provincias manifestaciones análogas; y debiendo ser inmediata y vigorosa la represión a fin de tenerla expedita, aunque haya de medirse siempre por la estricta necesidad, el Consejo de Ministros acordó someter a la aprobación de V. M. el siguiente Real Decreto. Madrid, 28 de julio de 1909. Señor A. L. R. P. de V. M. el presidente del Consejo de Ministros, Antonio Maura y Montaner.»

Real Decreto.
«A propuesta de ni¡ Consejo de Ministros, y usando de las facultades que me concede el artículo 17 de la Constitución de la Monarquía, vengo en decretar lo siguiente:
Artículo 1.º La suspensión temporal de garantías constitucionales acordada ayer respecto de las provincias de Barcelona, Gerona y Tarragona se hace extensiva a las restantes provincias del reino.
Art. 2.º El. Gobierno dará en su día cuenta a las Cortes de este decreto.

Dado en Palacio, a 28 de julio de 1909. Alfonso.-El presidente del Consejo de Ministros, Antonio Maura y Montaner.»

29 de julio de 1909, pág. 12.

El desastre militar del barranco del lobo (ABC, 29 de julio de 1909)

 
Soldados españoles recogiendo cadáveres tras el desastre del Barranco del Lobo 
© http://www.geocities.com/annual_1921/index.htm

El desastre militar del Barranco del Lobo

El parte oficial.
Hemos tenido un nuevo combate, La jornada ha sido muy sangrienta de cuantas maestros soldados han sostenido desde, la dura represión del día 9. El enemigo, que intentaba una audaz sorpresa, ha sufrido un castigo tremendo, durísimo. Sus huestes han quedado destrozadas y deshechas.
Nosotros hemos tenido por nuestra parte bajas muy sensibles. Su número pasa de cuatrocientas. Han caído muchos oficiales. Ha muerto el general Pintos y dos tenientes coroneles.
Las primeras noticias, atropelladas, contradictorias y confusas, llegaron a la Plaza muy tarde, después de las once de la noche. Hubiera sido tina locura pretender transmitirlas. No lo intenté siquiera. Las órdenes que en este sentido tiene la censura son rigurosas y concretas. No habla más remedio que esperar a que el Estado Mayor nos facilitara el parte oficial.
Esta mañana nos lo dieron. Dice así:
«Cortaron los moros la vía férrea de la empresa minera francesa y se prepararon a interceptar el con. voy que se dirigía a las posiciones avanzadas. Fue preciso protegerlo y reparar la vía organizando dos fuertes columnas; una rara la protección y otra para apoderarse de las alturas inmediatas en la falda del Gurugú.
La primera brigada avanzó briosamente, sosteniéndose en sus puestos todo el día, hasta que regresó el convoy y se retiró a sus campamentos, replegándose ordenadamente toda la tropa.
El combate ha sido duro, tenaz, siendo rechazados los moros varias veces y castigados fuertemente, aunque también con bajas por nuestra parte, que en estos momentos no pueden precisarse.»
Siguiendo el sistema que vengo empleando desde que llegué a esta Plaza voy a ver si puedo ordenar y resumir todos los detalles que hasta ahora tengo en mi poder para transmitirlos en relación seguida, a manera de crónica, con objeto de que los lectores de ABC puedan darse una idea, siquiera aproximada, de las peripecias del combate de ayer.
La labor es ardua y difícil, porque los detalles vienen muy confusos; muchos no se confirman y otros, en cambio, se rectifican por completo. Además, hay que tener en cuenta la censura, que sólo deja pasar noticias comprobadas.
He aquí lo ocurrido:
A las siete de la mañana, una columna que había salido de la segunda caseta para practicar un reconocimiento se encontró con que los moros, durante la noche, habían levantado la vía férrea por tres sitios distintos en una extensión de unos 200 metros. Para lograrlo habían roto las bridas y torcido los rieles con palanquetas y vigas de madera.
Todas las posiciones elevadas del barranco central y de las faldas del Gurugú estaban coronadas de moros.
Inmediatamente se avisó por teléfono al campamento del Hipódromo. El general del Real avisó a su vez al general Marina, y éste dispuso que saliese en seguida un tren con un convoy de víveres y agua para la segunda caseta, y que una compañía de Ingenieros marchase a recomponer la vía sin pérdida de tiempo.
El convoy iba protegido por el lado derecho de la vía por una columna al mando del coronel Axó, compuesta de dos compañías de Reus; dos, de Alfonso XII; una, de África un escuadrón de Caballería de Melilla y una sección de Artillería.
La columna llevaba orden de rechazar al enemigo, parapetado en unas laderas enfrente del Hipódromo.
Otra columna, mandada por el coronel Fernández Cuerda, debía proteger a los ingenieros y otra columna, al mando del general Pintos, formada por los batallones de Las Navas y Arapiles, mandados por sus coroneles Palacio y Ortega, debía subir de frente a tomar las posiciones de los moros, parapetados en las vertientes del Gurugú.
El movimiento debía ser, además, apoyado por las baterías del Hipódromo, del Atalayón y del fuerte Camellos.

Los moros avanzan.
Los ingenieros llegaron sin gran dificultad al sitio donde la vía estaba cortada y, protegidos por la columna del coronel Fernández Cuerda, comenzaron seguidamente los trabajos de recomposición.
Los soldados, admirablemente disciplinados, llevaron a cabo su labor con tal rapidez, que a los cuarenta y cinco minutos quedaba la línea férrea arreglada y en disposición de que pudieran circular libremente los trenes.
Recompuesta la vía, el convoy llegó hasta la segunda caseta, donde se detuvo.
Entonces los moros, que coronaban los barrancos, descendieron atropelladamente en grandes masas, con la intención manifiesta de apoderarse de él.
Las fuerzas del coronel Axó rompieron briosamente el fuego secundad as por las del señor Fernández Cuerda y la compañía de Ingenieros, que, terminada ya su labor, se encontraba también libre y en disposición de entrar en combate.
Entretanto, el general Pintos, al frente de los batallones de fuerte Camellos y del Hipódromo y otra batería más que se situó en el lavadero cerca de la posada del Cabo Moreno, trataban de contener con sus fuegos el avance tremendo de la caballería mora, que, despreciando el peligro y con su tenacidad probada, continuó su movimiento combinado para caer sobre el convoy y sus defensores.
Entretanto, el general Pintos al frente de los batallones de Arapiles y de Las Navas y seguido a retaguardia por el resto de la brigada Madrid, Barbastro y Llerena, avanzó a pecho descubierto hasta el primer barranco, desalojando a los moros de una loma en la que se hallaban parapetados tras magníficas trincheras.

Combate general.
El combate, con la llegada de los nuevos refuerzos, fue tremendo. Los moros, a pesar de los estragos que en sus filas causaban los certeros disparos de nuestros soldados y de la artillería, atrincherados en sus posiciones defendíanse tenazmente de la acometida de nuestros soldados, cediendo el terreno palmo a palmo, parapetados en los obstáculos naturales, escondidos en cercas de piedra amontonadas durante la noche. El fuego era nutridísimo y terrible por ambas partes.
Los cazadores avanzaban por saltos hasta coronar las lomas, pero los moros seguían hostilizando desde otros lados del barranco.
El convoy, después de dejar los víveres y el agua en la segunda caseta, comenzó a regresar al Hipódromo, llevando algunos heridos. Las dos columnas que le custodiaban avanzaron de frente para tomar la ofensiva.
En este momento la lucha llegó a su punto culminante.
La brigada del general Pintos peleaba furiosamente, rodeada de moros por todos los lados. Los valientes cazadores, sin dudar ni vacilar, avanzaban siempre, desalojando a los moros de los barrancos, de las piteras, de las cercas, desde donde hacían un mortífero fuego.
Pero a cada momento surgían nuevos núcleos en otros refugios del terreno, que seguían haciendo fuego por descargas. El fuego por ambas partes era vivísimo, ensordecedor.
Los cañones apoyaban a nuestros decididos cazadores, que caían a montones bajo el plomo enemigo; pero los moros, enardecidos, no renunciaban a su superioridad de número y de posición, y con ferocidad y osadía increíbles seguían el ataque.

Muerte del general Pintos
El general Pintos se encontraba con sus dios batallones de vanguardia en las vertientes del Gurugú.
Se volvió hacia sus soldados, señaló con su espada la cumbre que ante ellos se erguía, gritó ¡Viva España!, y se lanzó valientemente hacia las alturas, seguido de sus bravos cazadores. El terreno era tan accidentado, que tuvo que apearse del caballo para trepar a pie.
En un momento en que se apoyaba en una roca para descansar, una bala enemiga lo alcanzo y cayo muerto.
La tropa no se arredró por la muerte de su bravo general; por el contrario, rabiosa, frenética, con empuje extraordinario, llegó a la meseta que se le había mandado tomar, y allí sostuvo dos horas un fuego vivísimo, causando al enemigo muchas bajas.
Nuestros soldados tuvieron que avanzar materialmente trepando para buscar a los moros, que, agazapados en las sinuosidades del terreno, se ocultaban a su vista. Frenéticos, no pudiendo contener el empuje de nuestras tropas, se lanzaban a morir matando, clavándose en las bayonetas.
Ha habido episodios verdaderamente heroicos, lo mismo en los jefes Y oficiales que en los soldados. 
Un soldado vio que cinco moros cargaban en un mulo dos cajas de municiones. El soldado arremetió contra ellos logrando que no se llevaran el botín.
Los compañeros se entusiasmaron con este hecho, que con admiración han referido.
Al valiente soldado se le ha nombrado cabo en seguida.
Era licenciado de la Guardia Civil.
Su salvación se considera verdaderamente milagrosa.
El batallón de Las Navas se había quedado sin jefes. Muerto su valiente coronel señor Palacios; muertos también o heridos todos sus oficiales, los soldados vacilaron un momento al encontrarse sin dirección. El capellán entonces recogió una espada, se puso al frente y gritó:
¡Adelante, hijos míos, adelante! ¡Por Dios y por la Patria!
Los soldados, enardecidos, se lanzaron como fieras sobre los cabileños.
El combate se continuó hasta que regresó el convoy a las seis de la tarde, hora en que comenzó el repliegue de fuerzas, que se hizo ordenadamente y bajo la protección del fuego de tres baterías, que hacían magníficos blancos.
La operación militar realizada, además de responder a la necesidad del día, sirvió para un nuevo escarmiento de los moros, que tuvieron muchas bajas.
Inició el repliegue el ala derecha y se hizo escalonadamente, apoyándose las fuerzas mutuamente, mientras la artillería de los fuertes, del «Numancia» y del «Pinzón» disparaban granadas con notable acierto.
Cada unidad de fuerza que descendía era apoyada por las otras, que hacían fuego rodilla en tierra.
Los moros, furiosos, se lanzaban sobre las tropas; pero fueron rechazados con las bayonetas tres veces.
El repliegue por la izquierda duró algo más, y para apoyarlo envió el general Marina más tropa de la retaguardia, incluso de Ingenieros.
El combate duró desde las diez de la mañana hasta las siete y media de la tarde.
El general Marina dirigió la acción desde los lavaderos de mineral.

ABC, 29 de julio de 1909, pág. 6.

El Barranco del Lobo (ABC, 29 de julio de 1909)

El Barranco del Lobo

Ayer tarde se nos facilitó en Gobernación el siguiente telegrama oficial:

« Ministro Gobernación a gobernadores de todas las provincias, excepto Madrid.

»Melilla, 27, a las 23,15. Gobernador militar a ministro Guerra.

»Esta mañana, nueva noticia que grupo numeroso colocado a nuestra derecha en cañada Gurugú había destrozado 200 metros vía férrea entre primera y segunda caseta. Ante imperiosa. necesidad de enviar agua a posiciones avanzadas, tuve que organizar un convoy de carros aljibes y carricubas y organizar dos fuertes columnas, una con los coroneles Fernández Cuerda y Axó, de protección, y la brigada del general Pintos, que había de apoderarse de algunas lomas en la falda del Gurugú, ocupadas por los moros amenazando nuestra línea.

»La brigada del general Pintos en su brioso avance ,se apoderó de posiciones necesarias, sosteniéndose en ellas todo el día, hasta que de vuelta del convoy dispuse el repliegue a nuestros campamentos, repliegue hecho con toda precisión y serenidad por parte de la tropa. El combate ha sido duro y tenaz por parte de los moros, rechazados varías veces por fuegos en descargas y fuego de artillería, al querer avanzar hasta nosotros. Nuestras bajas han sido numerosas y sensibles. General Pintos ha muerto gloriosamente al frente de su, brigada, y al frente de sus batallones también han caído muertos los jefes de Las Navas y Arapiles. Las bajas entre muertos y heridos, de oficiales y tropa, comprobados hasta ahora, pasan de 200. El enemigo, como antes digo, debe haberlas sufrido mayores: se le ha hecho varias veces fuego al descubierto.»

ABC, 29 de julio de 1909, pág, 9

En el barranco del lobo (canción)

EN EL BARRANCO DEL LOBO

(música)

En el Barranco del Lobo
hay una fuente que mana
sangre de los españoles
que murieron por la patria.

¡Pobrecitas madres,
cuánto llorarán,
al ver que sus hijos
en la guerra están!


Ni me lavo ni me peino
ni me pongo la mantilla,
hasta que venga mi novio
de la guerra de Melilla.


Melilla ya no es Melilla,
Melilla es un matadero
donde se matan los hombres
como si fueran corderos.

Protesta activa contra la guerra (Sergí, le Courrier Européen, Paris, 1909)

 Protesta activa contra la guerra

El alzamiento del noble país catalán contra la guerra en Marruecos, nos aparece como el fenómeno más importante que se haya manifestado en Europa y en el mundo. El pacifismo verbalista y lacrimoso, el pacifismo de protesta contra los gastos militares, el pacifismo de los congresos y de los banquetes con brindis, es inútil e ineficaz. Los armamentos desmesurado;» continúan pesando sobre las naciones y abrumando a los pueblos con impuestos crecientes; la guerra está siempre a punto de ser declarada; el porvenir continúa incierto y oscuro, porque depende de este canciller o de aquel ministro o de tal jefe del Estado el que un pueblo sea arrastrado a la matanza. Es tan fácil inventar un incidente, un despacho insolente y ofensivo para la nación, como declarar una guerra, cual lo hizo Bismarck en 1870. Y en el acto surgen fanáticos dementes que invocan el honor nacional y que arrastran a los más indiferentes a la guerra sangrienta.
Pues he aquí un primer paso dado por los heroicos catalanes contra la expedición de África, en la cual se quiere tomar las minas rifeñas y comprometer el honor nacional de España con los sacrificios del pueblo que ha de dar para ello su vida y su dinero. Sabíase que la justa revuelta había de fracasar y que la revolución sería ahogada en sangre; pero ¿qué importa? Si los héroes de la libertad de conciencia no se hubieran dejado martirizar y quemar vivos, hoy no tendríamos la libertad intelectual de que disfrutamos. Porque hacen falta muchos mártires para avanzar en el camino del progreso y el antimilitarismo y el verdadero pacifismo activo deben tener sus mártires y sus héroes: la paz entre las naciones no se podrá obtener sin los mártires heroicos que se hacen fusilar por todos los Torquemadas que no son menos raros en España que en la laica Europa.
No se debe permitir que se oscurezca el sentimiento neto de las cosas por ese sedicente honor nacional invocado por los cobardes que alborotan en las calles y en los periódicos, empujando a los demás a la guerra, sin que ellos corran peligro alguno. Estos héroes de Barcelona que se sublevaron contra la expedición de África, fueron calumniados por el Jefe del Gobierno, señor Maura, y por cuantos piensan que el mundo debe marchar de un solo modo, agotando las vidas humanas y la sustancia de la nación por el falso honor nacional, y exigiendo la obediencia ciega de las víctimas. ¿Qué ganaría España, aun cuando llegase a vencer a los territorios rifeños, los cuales después de todo, sólo quieren conservar su independencia y la posesión de su territorio? Nada: ni siquiera un metro de tierra ,ni aun el reembolso de los gastos de la guerra, no digo el valor de las vidas sacrificadas, de tantos sostenes de familias pobres...»


(De un artículo de Sergi publicado en Le Courrier Européen de París en 1909. Cf. CANALS, S.: Los sucesos de España en 1909, t. II, págs. 199-200.)

Maura ratifica su empeño marroquí (7 de agosto de 1909)

Maura ratifica su empeño marroquí

Madrid, 7 de agosto de 1909. Respecto a Melilla, no creo que persona alguna sensata y desapasionada que conozca el asunto ponga en duda que se nos había agotado ya la posibilidad de seguir difiriendo y eludiendo el actual esfuerzo, y habíamos de optar entre abandonar o consentir desde ahora el abandono de nuestra necesaria presencia en la costa de enfrente al desaparecer la soberanía del sultán de Marruecos, o proceder como hemos procedido. Lo primero, dentro de mis públicas convicciones, por nadie contradichas en algunos años de estar el problema planteado, habría sido traicionar a la Patria. Dudo que Gobierno alguno aceptase ante Dios y ante la Historia responsabilidad semejante. Espero con fundamento razonablemente sólido, que con rapidez tendrá la campaña desenlace satisfactorio, para lo cual hemos acumulado los medios de acción prontamente. Si esta esperanza no se frustra, serán bajo más de un concepto beneficiosos en grado eminente los resultados del esfuerzo.. Tengo abandonado todo lo mío...

Maura y Fernández Almagro: Por qué cayó Alfonso XIII, pág. 144

El informe oficial de la Semana Trágica (20 de agosto de 1909)

El informe oficial de la Semana Trágica

Copia de las comunicaciones del capitán general de la 4.ª Región dando cuenta de los sucesos ocurridos en Cataluña durante los días 26 al 31 de julio de 1909.

Hay un membrete que dice: Capitanía General de, la 4.1 Región E. M. Sección 3.ª. Al margen: Dando cuenta de los sucesos ocurridos en esta capital durante los días 26 al 31 del mes próximo pasado:

«Excmo Sr.: Tiempo es ya que acuda a V. E. dándole cuenta detallada de los tristes sucesos ocurridos en esta provincia, en los que como autoridad superior he intervenido, y también las tropas a mis órdenes. El asiduo trabajo que ha pesado sobre este Estado Mayor, la necesidad de reunir datos de puntos y hechos distintos, han sido, causa del retardo experimentado, que espero merezca disculpa de V. E., puesto que ya conocía al día y exactamente por mi frecuente correspondencia telegráfica la marcha de los acontecimientos. Poco después del mediodía del 26 del pasado, el gobernador civil de esta provincia resignó el mando en mi autoridad, previa la reunión prevenida, por la Ley de Orden Público, a consecuencia de haberse declarado la huelga general en esta capital y pueblos próximos, hallándose ya cortadas en varios trayectos las líneas férreas de Sabadell y Tarrasa y gran parte de las comunicaciones telegráficas. Dispuse inmediatamente el acuartelamiento de las fuerzas; ordené la venida del regimiento de infantería de Almansa y del de caballería de Treviño y publiqué el bando declarando el estado de guerra. La lenta incorporación de los licenciados hizo que de momento fueran muy contadas las fuerzas de que disponía, máxime si se relacionaban con la extensa superficie de la población y con el imponente número de su masa obrera. Los regimientos de Vergara y Alcántara apenas sumaban en conjunto 500 hombres, disponibles; la brigada de dragones, 600, el 4.º mixto de ingenieros, 200; la artillería de plaza, 100; y la Guardia Civil, montada y a pie, unos 700. No eran aún de tener en cuenta las fuerzas de Seguridad, porque no señalado a la sazón el carácter vandálico del movimiento que el rumor público estimaba como pacífico y de corta duración para el solo hecho de protestar de la guerra, desempeñaban en lo posible su peculiar cometido. Ellas y la Guardia Civil sostuvieron las primeras colisiones. Frente a esta Capitanía General, por el paseo de Colón, sobre las cuatro de la tarde, se reunió crecido número de revoltosos, que fue. disuelto a tiros por algunos guardias del Cuerpo de Seguridad, haciendo tres heridos. En el Clot, resultaron contusos un oficial y tres guardias, así como de la Guardia Civil un sargento y un guardia, haciendo entre ambas fuerzas tres muertos y varios heridos. La guarnición del castillo de Montjuitch era reducidísima. Por la importancia de la posición y circunstancias que debían prevenirse, reforcé aquélla con una sección de ingenieros y otra de artillería de plaza. Fueron armados y acuartelados los obreros del Parque de Artillería; se efectuó con protección el embarco de los rezagados de cazadores para Melilla y separadamente el de un envío de municiones. Una sección del 4.1 mixto y otra de la Guardia Civil marcharon a custodiar las fábricas de gas y de electricidad, Un escuadrón fue a Badalona, de donde se tuvo noticia, luego no confirmada, de que se quemaba el convento. A las órdenes del general Mora dos escuadrones de Santiago, uno de Montesa y cuatro compañías de Vergara, vigilaron el trayecto del paseo de Colón a la plaza de Tetuán, estableciendo un núcleo frente al Gobierno civil y otro frente a la Casa del Pueblo, que fue clausurada. A las órdenes del general Brandeis el regimiento de Numancia, dos escuadrones y una sección de infantería de la Guardia Civil, vigilaron el Paralelo, Hostafranchs, Sans, las calles de Cortes y Diagonal hasta el paseo de Gracia; colocadas las fuerzas acertada. mente mantuvieron comunicación entre sí por patrullas, que tenían, además, la misión de vigilar las calles hacia el centro. Uno de los escuadrones de la Guardia Civil sostuvo por la tarde ligero tiroteo en el Paralelo, sin consecuencias. En vista de que la situación se agravaba, ordené la venida de un batallón de Navarra y una compañía de Asla. A las 22,30 llegó el regimiento de Almansa y parte del de Treviño, que al día siguiente se completó. La noche del 28 se pasó tranquila. El colegio de padres maristas del Pueblo Nuevo fue incendiado, y a continuación el corte inevitable de toda clase de comunicaciones.
Día 27. Desde el día anterior encargué del mando de las fuerzas de Atarazanas al general Bonet. Las de ingenieros se dedicaron a quitar obstáculos para restablecer la circulación por el Paralelo, a deshacer barricadas en las calles entre Santa Madrona y Conde del Asalto, clausurar los Centros Autonomista y Radical, y sofocar un incendio en la iglesia de San Pablo y su rectoría, logrando salvar la primera, aislar la segunda y evitar la propagación. El Cuerpo de Seguridad fue agregado a las fuerzas del general Bonet; y después de dejar quince hombres de cada delegación, reunió toda la fuerza en la Rambla del Centro, cubriendo el servicio de la misma e impidiendo que en ella afluyesen o se formasen grupos, permaneciendo la fuerza sin alimentarse hasta las dos de la madrugada La comandancia de artillería estableció un servicio de patrullas de un oficial y ocho hombres, de retreta a diana, para evitar disturbios en la calle de Santa Madrona y avenidas, pues en éstas aparecieron barricadas en la madrugada anterior. De las fuerzas del general Mora, un escuadrón marchó a las 12,30 de la madrugada a Pueblo Nuevo con motivo del incendio del colegio de los padres maristas, retirándose una hora después sin haberlo podido evitar por estar ya incendiado y evacuado del personal que lo ocupaba. Vergara fue relevado por Alcántara. El escuadrón de Montesa, con una compañía a las órdenes de un comandante, recorrieron las carreteras de Mataró y San Andrés, regresando a la noche sin novedad. Con otra compañía marchó el general a las diez de la mañana a Pueblo Nuevo, que encontró tranquilo, dejando en él, no obstante, la compañía. A las tres de la tarde le ordené que con dos compañías de Almansa, tres de Vergara, tres de Alcántara y dos piezas del 9.1 montado atravesara a todo trance la población desde las Ramblas a las Rondas por tina de las vías generales, y dividiendo la fuerza en cuatro columnas, las hizo recorrer simultáneamente las calles del Carmen, Hospital, San Pablo y Conde del Asalto, reuniéndolas sin novedad en la del Marqués del Duero, donde el general pernoctó con cuatro compañías, retirándose el resto a descansar. Las compañías de Alcántara, que se encentraban en la Casa del Pueblo, fueron relevadas por otras de Vergara. En Hostafranchs, la Guardia Civil fue agredida a pedradas. Respondió con fuego, hiriendo a dos paisanos. La presencia del general Brandeis, hizo salir un escuadrón que tenia en retén restableció el orden. Para apreciar por propio criterio la situación, recorrí con pequeña escolta diferentes puntos de la capital, comenzando por el Paralelo y terminando por Pueblo Nuevo. En ambos puntos fui hostilizado con fuego, a que tuvo que responder mí escolta. En el Paralelo encontré al general Brandeis, que me acompañó durante mi paso por su zona. Después Brandeis hizo que una sección montada diese una carga por la calle de Poniente para impedir la construcción de una barricada. De momento se dispersó el público. Más tarde se construyeron varias, y al intentar el general Brandeis que las ocupara un capitán de la Guardia Civil con 25 guardias, desde ventanas y terrados fue tiroteada la fuerza, recibiendo además una lluvia de tiestos, maderos y adoquines, ordenando en consecuencia Brandeis que se hiciese fuego a todo el que se asomara. Un escuadrón de Numancia y una sección montada de la Guardia Civil tropezaron en la calle Mayor de Gracia con una enorme barricada, desde la que se les hizo frente. Echaron pie a tierra, y cubriéndose y cubriendo los caballos, sostuvieron bastante tiempo el fuego, siendo heridos un sargento y un soldado de Numancia. Ordené que fuese a aquel punto el general Brandeis, enviándole una compañía de Alcántara de las que fueron relevadas de la Casa de¡ Pueblo. Apenas llegó dicho general dispuso que los caballos fueran retirados a la Diagonal, y que con corto número de tiradores se. sostuviese el combate para dar lugar a la llegada de la infantería. Presente ésta, dispuso Que parte de ella, tomara los dos terrados más altos de la derecha e izquierda de la calle, que otra parte hiciese un movimiento envolvente por una de las bocacalles de la izquierda; y a prevención de que fuesen necesarias, me pidió dos piezas de artillería, que inmediatamente le fueron enviadas. Los revoltosos, entretanto, abandonaron la barricada. El general elogió la inteligencia. y decisión del capitán, oficiales y tropa de infantería. El general Brandeis volvió a su puesto en la plaza de la Universidad, donde dispuso se aumentase las patrullas de las calles de Muntaner y Aribau, por los avisos que se recibían de incendios en iglesias y conventos. Dos compañías de Almansa, mandadas por su teniente coronel, recorrieron diferentes calles, de las Ramblas a las Rondas y el Paralelo. Todas llega ron tarde para impedir la destrucción del convento de las Jerónimas, iglesia y convento de los Escolapios e iglesia de San Pablo. Vencieron sin resistencia los numerosos obstáculos levantados en las calles del Carmen, Hospital, San Pablo y Conde de Asalto. Los revoltosos que se tiroteaban con la Guardia Civil cesaron su fuego. Diversos escuadrones estuvieron en constante ir y venir por órdenes directas de mi autoridad durante, todo el día y especialmente durante la noche, para impedir o contener los incendios. La mayoría de ellos estuvieron en continuo servicio, sin un momento de descanso durante cuarenta y ocho horas. En la plaza de Letamendi fue herido el primer teniente de Numancia don Andrés Gutiérrez Viltre. Desde el amanecer de este día, de todas partes se pedían auxilios para garantía de vida e intereses públicos y privados. Se atendió en !,o que cupo lo más imperioso, guarneciéndose con pequeños núcleos, a, veces de cuatro hombres de infantería, Guardia Civil y. Seguridad, además de las fábricas de gas y electricidad, la Marítima Terrestre, las estaciones férreas, las de Telégrafos y Teléfonos, varios establecimientos de crédito, el convento de jesuitas de la calle de Caspe, y otros, etc. La situación era, por demás, angustiosa, por la imposibilidad material, aun a costa de los mayores sacrificios, de atender a todo y a todos. Llegó a esta capital la compañía de Asia. El batallón de Navarra llegó a Tarrasa, restableciendo el orden y dispuso que marchara a Sabadell, habiendo sabido luego que envió sólo una compañía. En vista de la actitud de los revoltosos ordené para la madrugada del siguiente día la publicación de un bando, previniendo que se haría fuego, sin previo aviso, sobre los grupos que interceptaran la vía pública; y para ahorrar fatigas y retraso en la transmisión de órdenes, distribuí en cinco zonas la capital, y las fuerzas en la forma que indica el adjunto estado, comunicado verbalmente y por escrito, a cuantos generales y jefes interesaba, a las doce de la noche, a fin de que al amanecer se constituyesen y comenzara su funcionamiento, prometiéndome irlas nutriendo más, según las necesidades, con las fuerzas que V. E. tenía a bien enviarme.
Día 28. Atarazanas. Del escuadrón de Treviño una sección marchó a custodiar el convento de las Adoratrices, que estaba amagado de incendio; las demás prestaron servicio en Capitanía General, patrullas de vigilancia, custodia de coches correos Y escolta y sostén de dos secciones de cañones del 9.º montado. Este Cuerpo destacó varias fuerzas a pie, armadas con carabina, para destruir barricadas y contener a los revoltosos en las calles inmediatas al cuartel, sosteniendo fuego en la del Conde del Asalto, siendo herido gravísimo un cabo y leve un soldado. Una sección salió para el general Brandeis, cuarta zona, y otra para el general Mora, primera zona. Salió una compañía de ingenieros para auxiliar al escuadrón de Seguridad que se hallaba rodeado de revoltosos en su ordinario alojamiento de Pueblo Seco. Acudió también en auxilio de la artillería a pie, que sostenía tiroteo en las inmediaciones de Atarazanas. Otra compañía sostuvo fuego en la calle del Conde, del Asalto y en la de San Ramón, haciendo abandonar las barricadas, y después de cinco horas de fuego, que se le hizo con «Remington» desde las casas, logró apagarlo, teniendo los nuestros un herido grave y otro leve, y los revoltosos tres muertos y cinco heridos. Se auxilió también al personal de Vigilancia y Seguridad de la Delegación de Atarazanas, que había sido atacada rudamente, logrando que saliera el personal y se salvara el armamento, municiones y documentación, que se condujeron al parque. Se hicieron varios reconocimientos en las calles del Dormitorio y Montserrat, con tiroteos sin bajas, y encontrando tres «Remington». A las tres de la tarde se oyó el estallido de una bomba, e inmediatamente sufrió el cuartel un vivo tiroteo desde edificios dominantes, que fue contestado y apoyado enérgicamente por las fuerzas de artillería y Seguridad . Durante la noche siguió la vigilancia. Un corneta de artillería encontrándose en la calle de Mediodía, algo distanciado de las fuerzas de vigilancia, fue agredido por disparos frecuentes y botellas de líquido corrosivo, sin abandonar su puesto, tocó llamada al paso ligero y consiguió que se acudiera en su socorro y se rechazara la agresión. La batería de Alvarez de Castro fue reforzada.

Primera zona. El general Mora distribuyó sus fuerzas en cuatro núcleos. A las once destacó una sección de Vergara del núcleo del Paralelo para evitar el incendio del cuartel de Veteranos de la Libertad, no llegando a tiempo de impedirlo. Poco después salió también del mismo núcleo otra sección con un capitán y un teniente, con objeto de impedir que los revoltosos se apoderaran de la Delegación de Policía de la calle del Conde del Asalto, habiendo sostenido comba te, que nos produjo, un soldado muerto, un cabo y tres soldados heridos. Todas las fuerzas se vieron hostilizadas constantemente desde terrados y habitaciones altas de varias casas, siendo la agresión más insistente en el Paralelo, donde se usaban armas largas. Esto motivó que el general Mora pidiese dos piezas, que hicieron seis disparos sobre una casa del Paralelo y cuatro sobre otra de la de San Pablo, desde donde continuamente se tiroteaba. El fuego de cañón pro dujo el silencio, y las piezas regresaron a las siete. En los otros núcleos, algunas fuerzas ocuparon varios terrados para vigilar y castigar a los que osaban disparar desde ellos Con tu la sección de caballería, el general Mora recorrió al anochecer sus puestos, siendo tiroteado en varios puntos, resultando herido su caballo y dos más. En tiroteos del mercado de San Antonio, al rechazar una agresión, resultó contuso de bala el segundo teniente del regimiento de infantería de Vergara don Rómulo Rodríguez Baster.

Segunda zona. Ocuparon las compañías el Palacio de Justicia, la plaza de Cataluña, la Rambla, en la es quina de la calle de Fernando y la plaza de Medina celi. Un escuadrón vigiló desde el Salón de San Juan a la Barceloneta; otro, estableció el contacto, de las compañías de infantería La primera compañía mandó destacamentos para impedir el saqueo de las iglesias de San Pedro y San Cucufate, quemadas la noche anterior, y evitar el incendio de la catedral. La segunda compañía mandó destacamentos a los Juzgados municipales y evitó el incendio del seminario, desalojando con fuego a los revoltosos. La tercera compañía impidió, con éxito, el incendio y saqueo del convento de los Ángeles, y a su regreso sostuvo ligero tiroteo. Por la noche se incorporó a las Casas Consistoriales. La cuarta compañía también se replegó al Ayuntamiento, ocupando, a las ocho de la noche, las avenidas de la plaza de San Jaime, disolviendo grupos que se presentaron en las calles de Fernando y Call y apoderándose de quince momias y algunos restos que conducían, procedentes de las Jerónimas. Treinta hombres de esta compañía a las órdenes del general Ruiz Rañoy, recorrieron por mi orden, en todos sentidos, a las nueve y treinta de la mañana, las calles comprendidas entre las de Carders y Princesa, disolviendo con fuego a los grupos formados y deteniendo a un individuo. Encontraron ardiendo las iglesias de Marcús, Agonizantes y Ayuda, donde quedó un oficial con doce hombres El primer escuadrón de Guardia Civil sostuvo fuego con 109 revoltosos situados en la manzana frente al Palacio de Justicia, produciéndole dos muertos y cuatro heridos. El segundo escuadrón sustituyó a las compañías de infantería que se retiraron al Ayuntamiento en la vigilancia de las Ramblas e impidiendo la entrada en ellas de los revoltosos, contribuyendo a la defensa del cuartel de la Guardia Civil, que fue atacado por la calle de las Arrepentidas, desde terrados y balcones que lo dominan.

Tercera zona. Diversas fuerzas hacen varias aprehensiones en las iglesias y conventos incendiados de San Felipe Neri, Concepcionistas y Damas Negras. Un escuadrón marchó a Sarriá, donde evitó con fuego el incendio del convento del Sagrado Corazón. Otro escuadrón marchó a proteger el Seminario Conciliar, que empezaba a arder. Parte de esta fuerza protegió luego el convento de Loreto. y Buen Pastor, entre Clarís y Aragón.

Cuarta zona. Se ocupó Badalona con un escuadrón, San Andrés por otro. El de la Guardia Civil quedó en Clot; la compañía de Asia, en los Cuatro Caminos de la carretera de Badalona, y patrullando los demás. El general Brandeis encontró las calles del Pueblo Nuevo, San Martín y San Andrés interceptadas por barricadas, postes telegráficos y telefónicos, traviesas y alambradas En el Clot se tiroteó al escuadrón de la Guardia Civil, y acudió en su ayuda, por orden del general, la compañía de Asia, que tomó con fuego una barricada y ocupó la barriada. El escuadrón paso a mantener enlace con Barcelona y Badalona.

Quinta zona. Se sostuvo fuego durante la noche en el matadero y en la carretera. Se auxilió el transporte de la carne sacrificada a los mataderos públicos. En la mañana de este día se me dio parte de que los revoltosos habían atacado el cuartel de Veteranos de la Libertad y se habían apoderado de sus armas El día anterior las habían solicitado. Vacilé mucho en darlas, pero ante las vivas protestas de que el jefe hizo alarde respondiendo del patriotismo valor y deseos de contribuir a la paz de su fuerza, ordené se facilitaran y se estableciese en el referido cuartel un puesto militar. También se me comunicó que el somatén de San Martín había sido desarmado sin resistencia. Llegaron en este día las compañías de Aragón y la. Lealtad y dos escuadrones de Alcántara. Las masas en general, desaparecieron de las calles, y se sostuvo la alarma por el continuo tiroteo de terrados y balcones. Los revoltosos sufrieron numerosas bajas entre muertos y heridos, y los hospitales civiles manifestaron la dificultad de admitir más. El número de los detenidos en este día, como en el anterior, que han hecho las tropas es crecido. Las peticiones de fuerzas para garantía de vidas, intereses y servicios, continuaron y ha sido preciso guarnecer los Consulados, prestar `auxilio durante toda la noche al desembarco y conducción del pescado y, como se ha manifestado antes, al de transporte de la carne. La noche transcurrió tranquila.

Día 29. En éste llegaron a esta Plaza los escuadrones que faltaban de Castillejos y el regimiento de caballería de Almansa, 190 guardias civiles, las compañías de zapadores y telégrafos y las compañías de Mahón y Constitución. Sin descanso entró parte de esta fuerza a prestar servicio. Después de las nueve de la mañana se reprodujo el tiroteo por diferentes puntos. Dispuestos a que desapareciera en el barrio del Padró y San Pablo, entre Ramblas y Rondas, ordené que bajo la dirección del general Cortés las fuerzas del general Mora, situadas en el Paralelo como centro, avanzaran dirigiéndose al interior por diferentes calles, con objeto de desalojar y destruir barricadas y reconocer las casas entrando por las azoteas, quedando durante la noche ocupando las posiciones tomadas. Fuerzas del general Bonet apoyarían el movimiento. Se realizó todo en la forma que después se relata.

Atarazanas. Una compañía de ingenieros, a la una de la madrugada, ocupó los terrenos próximos a una barricada de la calle del Robador, dispersando más tarde al grupo que quiso hacerse fuerte en ella, haciéndole un herido grave y apoderándose del «Remington» con que éste disparaba. Siguió ingenieros vigilando la Delegación de Atarazanas con tiroteos que hicieron a los revoltosos un muerto y un herido, apresando a ocho. La comandancia de artillería organizo una fuerza que, a las órdenes de un capitán y con el auxilio de ingenieros y guardias de Seguridad, se internó por las calles del Mediodía, Montserrat y demás hasta la del Conde del Asalto, reconociendo casas peligrosas y obligando a paisanos que encontró en tabernas a deshacer barricadas, siendo tiroteada la fuerza constantemente sin que ella respondiera y quedando luego en silencio las vías recorridas. Un cabo interino, que con tres artilleros custodiaba la batería del cementerio, dio parte de haber sido intimado por los revoltosos a entregar las armas, consiguiendo alejarlos sin disparar un tiro. Se mandó un cabo efectivo con refuerzos. También fue reforzado el destacamento de Buena Vista. El escuadrón de Treviño tuvo tina sección vigilando el Paralelo; otra, en el convento de las Adoratrices, y otra, en la Rambla, e inmediaciones. Parte de la compañía de zapadores, recién llegada, marchó, a vigilar la Delegación de Policía de Hostafranchs Una sección de telégrafos pasó al convento de las Mínimas, deshizo una barricada y sostuvo fuego con los revoltosos, ocupando toda la compañía durante la noche la Rambla. El 9.º regimiento montado destacó una sección de dos piezas para el general Brandeis, otra para el general Mora. Una sección a pie con individuos de policía practicó algunos registros domiciliarios En el Parque de Artillería se apostaron en un torreón tres individuos del personal pericial y material, desde el cual pudieron descubrirse los sitios de donde salían algunos disparos sueltos. Cooperando a la operación antes indicada las fuerzas de infantería y caballería del Cuerpo de Seguridad a las órdenes del general Bonet, cubrieron, a la una de la tarde, las Ramblas del Centro y de Santa Mónica, situando un grupo de caballería frente a la calle del Conde del Asalto. Atarazanas, permaneciendo en esta disposición sin ser relevados hasta las tres de la tarde del día, sosteniendo vivo fuego con los sediciosos para rechazar el que se les hacía desde terrados y bocacalles, de resultas del cual fue herido gravemente un guardia de un balazo en el cuello, falleciendo a poco en el hospital. También tomaron parte en la operación la compañía de la Constitución, la del 7.º mixto de ingenieros y una sección del 4.º a las órdenes de un comandante. Estas fuerzas tomaron algunas azoteas y permanecieron en ellas hasta las tres de la tarde siguiente.
Primera zona. Se le aumentaron las fuerzas con dos compañías del regimiento de Mahón, 125 zapadores con útiles y una sección de artillería. Teniendo en cuenta que a retaguardia de las posiciones ocupadas se hallaba Pueblo Seco y gran parte del ensanche hasta la plaza de España, y que cualquiera posición que se ocupara debía quedar con la fuerza necesaria para hacer frente a las contingencias que pudieran ocurrir después de empezado el ataque, el general Mora dispuso los siguientes movimientos simultáneos: dos compañías situadas en la Universidad habían de marchar a la calle del Hospital por las de Riera Alta y Baja; otra, del mercado de San Antonio a unirse a las primeras por las calles de San Antonio Abad con objeto de forzar el recorrido, observar y lograr el contacto de las columnas que habían de entrar por su derecha; otra de las situadas en Apolo había de entrar por la calle del Conde del Asalto con el mismo fin que la anterior, y otra, de las situadas en el Paralelo, recorrería la calle de San Pablo. Las dos compañías de Mahón, los zapadores que quedaron después de dar a las anteriores compañías lo necesario para los acontecimientos que surgieran, a las órdenes directas del general, habían de entrar por las calles de la Lealtad, San Ponciano y San Rafael. Todas las fuerzas emprenderían la marcha al oírse el cuarto disparo de la artillería, y en su movimiento no iban a rebasar la calle de la Riereta si encontraban dificultades o las de San Sadurní, Espalter, San Ramón y San Jerónimo que unen las del Asalto y Hospital, de no encontrar resistencia. Una vez empezado el ataque, el coronel de Vergara, con una compañía de infantería, otra de caballería y la de artillería, había de recorrer el Paralelo y las Rondas hasta la Universidad, y el coronel de Santiago, con escuadrón y medio, vigilar, sin apartarse mucho de las Rondas, el sector determinado por éstas, las calles de Cortés y Marqués del Duero. A las cuatro y media se empezó la operación. Las columnas no encontraron dificultades en su camino, a pesar de las muchas barricadas, ni persona alguna en las calles, ni visibles en los terrados, hasta llegar a la calle de San Jerónimo, que de la manzana comprendida entre la de San Martín y San Pablo se hicieron algunos disparos, siendo reconocidas las casas de donde partieron, continuándose la marcha hasta los límites fijados. Después se practicó, durante tres horas, el reconocimiento de edificios, recogiéndose unas veinte armas largas y otras cortas y colocándose las fuerzas en sitios convenientes, donde pasaron la noche sin novedad.

Segunda zona. Se efectuaron reconocimientos de casas desde donde salían disparos; se establecieron servicios de seguridad en las azoteas más dominantes, se mandaron destacamentos a la iglesia y plaza del Pino y calle Baja de San Pedro, frente a la de Álvarez de Castro. Esta fuerza sostuvo fuego, así como las que ocupaban la catedral y calle de Carders. Los revoltosos, desde las azoteas y a pitadas especiales, comenzaban o cesaban sus fuegos, que dirigían a las calles. A las once se hicieron por los revoltosos algunos disparos a la puerta falsa del cuartel de la Guardia Civil de la Rambla; a las quince, al regresar los carros de provisiones de dicha fuerza, fueron tirotea. dos Y durante todo el día continuó el asedio, que era sofocado por el fuego.

Tercera zona. A la una y treinta de la madrugada se amagó un incendió en los Salesianos y se destinó a impedirlo en las Corts de Sarriá, formando parte de las fuerzas de la zona, a un escuadrón de Alcántara que permaneció en aquel punto hasta el día 8." A las doce, treinta, una compañía disolvió grupos establecidos en el convento de Concepcionistas de la calle de Valencia, sosteniendo ligero tiroteo. A las trece, otra compañía prendió a cuatro anarquistas, según los documentos que se les ocuparon. Un escuadrón situado en Sarriá evitó, sosteniendo fuego, el incendio del convento del Sagrado Corazón. Otro escuadrón hizo lo propio en los conventos de las Damas Negras, Seminario y asilo Durán.

Cuarta zona. Al efectuar en Pueblo Nuevo el relevo de un escuadrón de Montesa por otro de la Guardia Civil, notó el general Brandeis la formación de grupos que se resistían a disolverse. En consecuencia, dispuso que el capitán de la Guardia Civil con fuerzas desmontadas y con las precauciones debidas, ocupase la azotea más alta de la calle de Taulat (principal de Pueblo Nuevo), con objeto de dominar esta vía de comunicación y disolver los grupos con fuego. Apenas roto éste, aparecieron en los terrados de varías casas núcleos provistos de armas de fuego que sostuvieron el combate. La Guardia Civil se iba apoderando de las azoteas que creía adecuadas para dominar las que ocupaban los rebeldes. Hizo ocho muertos, dieciocho heridos y veintitrés detenidos con diferentes clases de armas, teniendo que lamentar la muerte por un balazo del teniente don Daniel Gabaldón y las heridas de dos guardias. Con la compañía de la Lealtad que le envié y treinta hombres desmontados de Montesa, el general Brandeis relevó a la Guardia Civil, emplazó dos piezas de artillería frente a la callo del Taulat, y la barrió con una docena de disparos de granada y metralla. En la mayor parte de las casas se izó bandera blanca, quedando completamente tranquila la barriada. Entretanto, en el Clot, la compañía de Asía se había batido con viveza, sufriendo las bajas de un sargento muerto y seis soldados heridos. Para auxiliarla envió cincuenta guardias civiles. Al recibir Brandeis el aviso, marchó a protegerla con una sección de Montesa y la de artillería. Encontró a la compañía en posición adecuada, le hizo ocupar las azoteas de varias casas situadas a la izquierda de la carretera, y que la Guardia Civil cubriera la derecha. Emplazó la artillería y la hizo romper el fuego contra una casa desde la que tiraban los revoltosos, y después barrer la calle principal. Mientras tiraba la artillería se recibió fuego por la derecha, que contestó la Guardia Civil; una sección de ésta ocupó una casa situada en la vía férrea, desde la cual pudo abrir fuego dominante, que hizo cesar el de los rebeldes. Después de quince disparos de cañón se restableció la tranquilidad, y se ocupó por la compañía de Asia la casa cuya situación y altura pareció al general más a propósito para dominar el Clot. La Guardia Civil quedó en la casa de la vía férrea como apoyo de la compañía de Asia y enlace con Barcelona. La artillería tuvo un caballo muerto.

Quinta zona. Una fracción de un escuadrón sostuvo fuego en Pueblo Seco y en el matadero, donde sin duda se quería impedir el sacrificio de reses para el consumo público. Un escuadrón destruyó unas barricadas en la Bordeta.

Día 30. La noche fue tranquila, y durante la mañana no se reprodujo desde las azoteas el tiroteo. Las fuerzas, que con los generales Mora y Bonet efectuaron la operación en la tarde anterior, continuaron ocupando hasta las tres sus posiciones. Se destacaron patrullas constantes para escolta de provisiones Se detuvo a un tabernero, a quien se ocupó un «Remington». En los reconocimientos practicados se encontraron abandonados y fueron recogidos ocho «Remington» en buen estado, dos destrozados, tres «Verdan», dos de pistón, varias bayonetas y bastantes municiones. Se hicieron varias detenciones.

Primera zona. Según ya se ha dicho, las fueras continuaron en las posiciones del día anterior, efectuando registros y detenciones. Por algún disparo que se oyó en los terrados por la tarde, se situaron pequeños grupos de vigilancia en los más apropiados. Para el necesario descanso, de tres de la tarde c adelante, se efectuó la retirada de la mayor parte c la fuerza, por pequeños núcleos y diversas calles, siendo relevadas por otras que se mantuvieron concentradas en puntos convenientes, destacando patrullas de vigilancia.

Segunda zona.-Hacia las diecisiete se reanudó con alguna intensidad el fuego de azoteas, cesando a la veintiuna.

Tercera zona. Se protegió por una sección montada una conducción de reses a Horta, sosteniéndose un ligero tiroteo en la calle de Valencia.- A las diecisiete se oyó fuego nutrido en la calle de Mallorca esquina a Aribau, y acudió a sofocarlo una compañía de Alcántara, encontrando ya en el sitio otra de Vergara y fuerzas de caballería de la zona procedentes de la plaza de Letamendi. A las dieciocho salió una compañía a proteger la granja experimental, que es. taba amenazada. En sus inmediaciones sostuvo fuego e hizo dos muertos, sin bajas por nuestra parte.- A las veintitrés se mandó a San Gervasio una compañía de Luchana, que se agregó a la zona.

Cuarta zona. El general Brandeis oyó algunos disparos hacia San Andrés; para obrar con libertad por si era preciso cañonearlo, ordenó por una sección de Asia la retirada del escuadrón que guarnecía dicho pueblo, dando detalladas instrucciones respecto a las calles que habían de seguir y forma de efectuarlo, para que la infantería y caballería se completasen. Una vez asegurado de su realización, salió a las doce del Clot con dos escuadrones, una compañía y una sección de artillería hacia San Andrés. Al avistar el pueblo se detuvo, y aprovechando el paso de un paisano en bicicleta, le ordenó manifestara al pueblo que si en el término de una hora no se deshacían las barricadas, cañonearía el pueblo; y transcurrido el plazo, entró con precauciones, sin que le ocurriera novedad. Guarneció el pueblo con un escuadrón.

Quinta zona. Un escuadrón sostuvo fuego en las calles de Aragón y Consejo de Ciento, protegiendo el apeadero Llegaron las compañías de Mallorca y Luchana, 300 guardias civiles y dos escuadrones de Alcántara que faltaban La tendencia del día fue a la normalidad, a pesar de los dispares de azoteas comenzados a las diecisiete, en ocasión en que in e hallaba recorriendo puestos y visitando los heridos en el Hospital Militar. En la persecución hecha a los alarmistas se les hicieron siete muertos.

Día 31. Dispuse el relevo de la fuerza de las zonas. Siguieron los registros domiciliarios, las recogidas de armas y detenciones. El general Brandeis realizó un reconocimiento de las montañas de Coll, la Pelada y el Monte Carmelo, terminando en el Guinardó, donde tenía fuerzas apostadas. La Guardia Civil desalojó de turbas saqueadoras por tres veces durante el día el convento de la calle de Roger de Flor, siendo siempre recibida con disparos, a que contesta, haciendo seis muertos y deteniendo a treinta revoltosos. Para efectuar un reconocimiento de la vía férrea hacia Sabadell y procurar su reparación, tanteando el contacto con las fuerzas de infantería, Guardia Civil y carabineros que en dicho pueblo se hallaban a la defensiva, salió de la estación de San Andrés a las once de la mañana en tren organizado por P 1 ingeniero de la Compañía del Norte, la compañía del 7.1 mixto de ingenieros, apoyada por dos escuadrones del regimiento de Alcántara a las órdenes de su coronel, que marchaban por la carretera. A los cuatro kilómetros de Sabadell se encontró una locomotora volcada que interceptaba las dos vías. Se procedió a tender otra vía que permitiera continuar al tren y arreglar una cortadura, terminando estas operaciones a las dieciocho treinta y cinco. La caballería, entretanto, practicó un reconocimiento en los alrededores de Sabadell, llegando a 400 metros de la población. Se presentó una comisión rogando que no se disparara, y que las fuerzas se alojaran en el pueblo. Contestó el coronel que tenía órdenes mías para regresar, alentado por la invitación, trató de ponerse al habla con las fuerzas que antes se indican; mas hallándose éstas parapetadas en la estación situada al lado opuesto del pueblo, hubo de atravesar éste en parte, viéndose hostilizado por diversos puntos. Cumplida la misión del intento de contacto y teniendo en cuenta la hora avanzada de la tarde (19,15), dispuso el regreso a esta capital. Fueron heridos un soldado de ingenieros y dos caballos. Llegó el convoy a esta capital a las veintitrés treinta. Otro escuadrón de Alcántara marchó a Horta donde se había incendiado la iglesia parroquial y se pretendía continuar en otros conventos la obra destructora. En el de las Mínimas la fuerza fue recibida a tiros. En la refriega sostenida fue herido el teniente de caballería don Federico Loygorri y su caballo. Los revoltosos tuvieron un muerto. El día transcurrió con marcada normalidad. La dificultad de 61 estriba en que es sábado, fecha de pago de jornales y salarios; pero en reunión celebrada por los principales elementos fabriles sé acordó el pagar sus jornales a los obreros que el lunes se presentaran al trabajo. Comenzó su circulación el tranvía de Sarriá y se repararon a toda prisa los destrozos ocasionados en las demás vías para tenerlas el lunes en condiciones de explotación. Preparé fuerte columna para que saliera al día siguiente sobre Sabadell, y encargué de su mando al general Bonet En los días sucesivos no volvió a alterarse la paz de esta capital. Para el lunes (2 del actual) se propaló el rumor de la continuidad del paro, a fin de lograr por tal medio la libertad de los detenidos. Nuevos y más insistentes rumores se produjeron luego en relación con el lunes 9 con motivo de no haber satisfecho algunos fabricantes los jornales de la semana de huelga. En los dos casos se redoblaron las precauciones para sostener el orden y favorecer la libertad de trabajo Por estas y otras razones las tropas han continuado concentradas en puntos convenientes, sin que tal circunstancia me impidiera procurar en todos los momentos, que todos los organismos sociales comenzaran de nuevo su interrumpido funcionamiento. Las delegaciones de Policía entraron pronto en el pleno ejercicio de su cometido y con ellas las fuerzas de Seguridad. La Guardia Civil fue sustituyendo a las fuerzas del Ejército._El número de iglesias y conventos incendiados, más o menos totalmente, durante los tres primeros días, ascienden a 27, siendo unos 160 los que existen en el radio municipal. La relación de tales números indica todo el esfuerzo realizado para contrarrestar él anárquico empeño. Sólo un par de sucursales de una de las fábricas de gas dejó de funcionar por los destrozos causados en los ramales conductores. El abastecimiento público de comestibles de todas clases se produjo, si no con holgura, sin estrechez. Se vigiló el de agua con éxito completo. Se atendió a la higiene de la población, protegiendo la limpieza hecha por las brigadas municipales y la marcha y evacuación de los carros; se apresuraron también los enterramientos, así de los que fallecieron naturalmente como de los que cayeron castigados por el rigor de las armas en el combate. Se efectuaron centenares de detenciones que requirieron multiplicadas conducciones y amplitud de locales, determinando extensión en la vigilancia y la instrucción urgente de otros tantos procesos, que acabaron o continúan en tramitación, incoándose a diario muchos más en virtud de nuevas denuncias y detenciones. Para tal excesivo número, de procedimientos ha sido preciso emplear hasta personal excedente y de remplazo. En escrito aparte doy a V. E. cuenta sucinta de los movimientos ocurridos fuera de esta capital Es adjunta, no obstante, copia del parte del general Bonet sobre las operaciones de Sabadell, por lo que interesa el relato de lo ocurrido en dicha población, y el proceder desplegado por los tenientes de la Guardia Civil y carabineros De las fuerzas que vinieron de otras regiones, sólo los dos escuadrones de Alcántara, a las órdenes de su coronel, tuvieron que hacer uso de las armas antes del término de su viaje. Llegados a la estación de Vendrell. presenciaron animada y concurrida fiesta. De pronto, la gente huyó dando grandes gritos y el jefe de la estación manifestó que no se podía continuar por oponerse el pueblo y haber interceptado la vía a corta distancia. Inmediatamente dispuso el coronel bajaran dos secciones. Desplegó la primera en guerrilla, al mando del teniente don Federico Loygorri quedando la otra en sostén, y avanzaron hacia el sitio de la interrupción. Dieron allí los toques de ordenanza y la primera rompió el fuego, haciendo huir a los grupos que incitaban a. los soldados a no disparar y a que mataran a sus oficiales. Se hicieron algunos heridos. Apartados los obstáculos se continuó la marcha hasta Gelida, donde ya hubo que dejar el tren y continuar por jornadas. En Martorell manifestaron algunos vecinos que deseaban se detuvieran los escuadrones en el pueblo, moción que apoyó el alcalde y que fue, naturalmente, desatendida. En vista de la actitud del pueblo, el coronel mandó sacar sables y se dispuso a cargar, bastando ello para que el paso quedara expedito. Lo expuesto es un debilísimo reflejo de los sucesos intervenidos y trabajo desplegado. Generales, jefes y oficiales de tropa en todos los cuerpos, armas, institutos y situaciones, desde los más próximos a los alejados en la vida normal de la autoridad superior, han rivalizado, y rivalizan aún, en patentizar con transparencia soberana, todas, absolutamente todas, las virtudes militares. Es labor imposible en un parte sintético de la índole del presente, marcar el detalle de cada singular servicio por mi autoridad directamente apreciado, ni condensar el que parcialmente consignan en sus partes todos los generales, jefes y oficiales que desempeñaron cometidos concretos. Lugar y ocasión habrá de hacerlo si vuestra excelencia estima recompensable, como espero, los señalados méritos contraídos. Un grato deber de justicia me obliga a recomendarlos a vuestra excelencia muy calurosamente. Es adjunta relación de los muertos y heridos. Las bajas de los revoltosos ascienden a 100 muertos y 370 heridos.

Dios guarde a V. E. muchos años. Barcelona, 20 de agosto de 1909. Excmo. Sr. Luis de Santiago, Rubricado. Excmo. Sr. ministro de la Guerra. Es copia.

Diario de las sesiones de Cortes, n.º 4, páginas 1 a 7. Apéndice 1.0.

El Majzen de Marruecos acusa a los españoles de provacar la guerra (1909)

1909campañademelilla

El General Marina en la Campaña de Melilla (1909)

El Majzen de Marruecos acusa a los españoles de provocar la guerra

Traducción. Loor a Dios única. Nota exponiendo las causas de los acontecimientos actuales del Rif.
En primer lugar, la ocupación de Cabo de Agua, en la tribu de Kebdana por las tropas españolas, ocupación que nada la justifica, a causa de la
gran distancia que separa aquel punto de las fronteras.
Después, la ocupación ¡legítima de Mar Chica, causa principal de la efervescencia en la región del Rif. Acto seguido, la empresa sobre la explotación de las minas de la tribu de Beni bu ifrur, en Guelaia.
Después, salida de las tropas españolas y ataque de los Ulad el Hach, de la tribu de Kebdana, sin motivo alguno que justificase dicha acción.
Salida de las tropas españolas de Ceuta y ataque del poblado de Beni Msala, de la tribu de Anyera.
Cuando nos dirigimos al honorable ministro, de España, señor Merry del Val, a propósito de estos dos combates, contestó que tenía que trasladarse a la Corte jerifiana, y que el objeto principal de su viaje a la Corte era el arreglo de las cuestiones de las fronteras de Ceuta y Melilla.
A la llegada del señor ministro de España a la Corte jerifiana, se procedió al examen de unos cuantos asuntos. Su Majestad jerifiana pidió al señor ministro de España que se negociase la cuestión de la retirada de las tropas españolas de Cabo de Agua y de Mar Chica. El señor ministro de España contestó que carecía de instrucciones de su Gobierno para entrar en tratos sobre este particular.
Su Majestad jerifiana contestó al señor ministro de España que desde el momento en que no tenía órdenes, todas las cuestiones pendientes de negociación serían suspendidas para ser tratadas entre el Gobierno español y la embajada jerifiana, que S. M. decidió en aquel momento enviar a Madrid para devolver la visita del embajador de España a la Corte jerifiana y arreglar los asuntos no solucionados.
La más importante de las cuestiones era la de las fronteras (de las dos plazas fuertes) ya citadas, y particularmente el asunto de las minas del Rif, respecto de las cuales el señor embajador de España había pedido el privilegio de explotarlas; se le hubo de contestar, sobre este particular, con una petición de aplazamiento para su solución, hasta la elaboración del Reglamento correspondiente. En efecto, el Majzen jerifiano tenía la seguridad de que el ejecutar estos trabajos en el interior del país, sobre todo en las presentes circunstancias, seria provocar desórdenes en esta región y suscitar peligrosas dificultades.
...Cuando los rifeños vieron invadido su territorio sin ningún derecho, a pesar de los avisos y advertencias que hablan hecho, se produjo entre algunos de ellos y los obreros de las minas que salieron escoltados por fuerzas militares un encuentro, en el curso del cual murieron de ambas partes algunos individuos cuya muerte es sumamente deplorable.
Esta cuestión se produjo inmediatamente después de la llegada de la embajada jerifiana a Madrid. El gobernador de Melilla se valió de este pretexto para verificar una salida con las fuerzas que tenla preparadas desde el comienzo para esta expedición, y tomó los puntos donde las tropas están aún instaladas actualmente. El número de pérdidas de hombres fue importante en esos encuentros deplorables de los cuales todo el mundo se entristeció y sobre todo el Majzen jerifiano.
En el intervalo, el encargado de Negocios de España escribió a la Delegación jerifiana, en 27 de julio de 1909, para quejarse del procedimiento de los rifeños; se le contestó el 10, Rajab 1327 28 julio 1909 , y se el recordó lo que se le había ya comunicado en distintas ocasiones que el Majzen no había omitido ningún medio para prevenir esos acontecimientos deplorables bajo todos los puntos de vista.
El principal de dichos medios consistía en pedir el aplazamiento de los trabajos de las minas, causa principal de estos sucesos horribles; y se había igualmente declarado a dicho encargado de Negocios en la nota que se le dirigió, que ninguna responsabilidad recaía sobre el Majzen de esta cuestión rifeña desde su comienzo hasta el final de ella.
En seguida se enviaron cartas a todos los notables del Rif para exhortarles a la calma y a la paz y a atenerse a las prescripciones que habían recibido a este propósito por correo especial, después de haber previamente avisado de ello al encargado de Negocios de España y a los miembros de la embajada marroquí en Madrid, los cuales lo participaron también a los miembros del Gobierno español
Después llegaron numerosas cartas de S. M. jerifiana destinadas a cada tribu rifeña en particular y, además, una general para todas las cabilas en cuyas cartas, nuestro Amo, les mandaba permanecer en calma y en la paz y no suscitar la causa más pequeña de inquietud al vecino, mientras la misión jerifiana llegaba a sus territorios con instrucciones verbales acerca de la conducta que debían observar de conformidad con las buenas relaciones de amistad que deben de existir entre vecinos.
... Todo esto lo ha hecho el Majzen Para mejorar y reforzar los lazos de amistad y las buenas relaciones con el honorable Gobierno de España como corresponde entre vecinos, y en el desvelo de mantener el buen estado de relaciones; en el deseo,, también, de permanecer dentro de los derechos establecidos por los tratados, convenciones y acuerdos, siendo el último el Acta que fue elaborada en Algeciras en territorio del honorable Gobierno español. Y la paz.
Después de lo expuesto en la presente relación, que está mencionada en la nota fechada el último día de Xaaban 1327 16 setiembre 1909 dirigida por la delegación jerifiana al honorable Cuerpo diplomático en Tánger, por conducto de su excelencia el decano del mismo, es indudable que no existe razón alguna ni motivo que justifiquen la concentración de una fuerza militar tan considerable que atrae la atención y la inquietud a los ánimos, y atemoriza por su número que asciende actualmente a sesenta mil hombres acampados en los puntos comprendidos entre Melilla y Mar Chica, así corno en otros de Kebdana, una de las tribus rifeñas.

Documentos presentados a las Cortes en la Legislatura de 1911 por el ministro de Estado. Madrid, 1911, páginas 307 309. Anejo.

El Gurugú, montaña cercana a Melilla, es ocupada por las tropas españolas (ABC, 30 de setiembre de 1909)

El Gurugú, montaña cercana a Melilla, es ocupada por las tropas españolas

España vive. ¡Viva España!
Ya lo dijimos pasados días: España vive, España alienta, nuestro glorioso león ha vuelto a sacudir sus melenas y a mostrarse digno de sus pasadas grandezas y decidido a renovar sus bélicas glorias.
Recientes desastres, más pregonados y sentidos, por lo mismo que a ellos no estábamos acostumbrados, enervaron un tanto nuestro espíritu y deprimieron algunos instantes nuestras energías, pero encaminaron resueltamente nuestra voluntad por el camino de la regeneración y del engrandecimiento, y el éxito ha coronado la primera empresa seria que hemos acometido.
¡Gloria y honor para el invicto Ejército español, por ser quien ha triunfado!
¡Gloria y honor al insigne caudillo que le ha llevado a la victoria en plazo brevísimo y con escasas bajas!
¡Honor y gloria para las valerosas tropas que a las siete y media de la mañana de ayer han clavado la enseña de la Patria en el pico más alto del odioso y odiado Gurugú!
De todas partes se reciben telegramas significando el júbilo que las victorias de los últimas días han motivado.
Aragón y Castilla, Andalucía y Valencia, Galicia y las Vascongadas, Cataluña y Asturias, Guipúzcoa y Canarias se han apresurado a felicitar a los valientes soldados que al grito de ¡Viva España!, han demostrado que España vive, en los traidores campos africanos.
Sí, España vive; nuestros soldados son los que siempre fueron y sus triunfos repercuten, agrandándole, en el corazón de todos los españoles.
Confiemos en un porvenir más venturoso y más próspero que el inmediato pasado.
¡Viva el ejército de operaciones en Melilla!
España vive, ¡Viva España!

Parte oficial
Melilla, 29, 11 M. A las siete y treinta ha sido ocupada posición que forma vertiente derecha barranco Lobo, dominando todo el valle de Beni Ensar; poco después se han ocupado también los dos picos principales del Gurugú, enarbolando sobre ellos bandera española; han concurrido a la operación dieciséis compañías, tres baterías, tres secciones de Caballería, más una de Ingenieros; no ha habido resistencia; se está fortificando esta posición, donde quedará por ahora el coronel Primo de Rivera con cuatro compañías de su regimiento y la brigada disciplinaria,

El rey y el Gobierno.
En Palacio. Habían despachado ayer con S. M. el rey, según es costumbre los miércoles, los ministros de la Guerra y de Marina, y con tal objeto habían ido al regio alcázar a las diez de la mañana.
Cuando entraron en Palacio, ambos consejeros manifestaron a los periodistas que allí se encontraban que no tenían ninguna noticia que comunicarles posterior a las que había publicado la Prensa de la mañana.
Terminada la audiencia, y cuando el general Linares llegaba a la puerta del Príncipe, recibió, aviso de que desde el Ministerio de la Guerra querían hablarle urgentemente por teléfono.
El ministro comunicó con la secretaría departamento desde las oficinas de la Inspección, y a los pocos minutos se dirigía de nuevo a la cámara regia, trasluciéndose, por el júbilo de su semblante, que tenía alguna importante y favorable noticia que comunicar.
Así era, en efecto, pues desde el Ministerio se le participaba haberse recibido un despacho oficial del general Arizón comunicando la toma del Gurugú.

Regocijo del monarca.
A los pocos momentos, el general Linares trasladaba al monarca la gratísima nueva.
El rey supo la noticia de la toma del Gurugú con la alegría que es de suponer, e inmediatamente fue transmitida a todas las personas reales.
El monarca dispuso que uno de sus ayudantes fuese al hospital de Carabanchel a visitar al capitán Padín, herido el 27 de julio y a quien anteayer se amputó un brazo.
Después, don Alfonso recibió en audiencia al coronel Fernández Blanco, que por enfermó regresó de Melilla obedeciendo el mandato de los médicos.
Su Majestad conversó largo rato con su ayudante de órdenes.
En todas sus conversaciones daba a entender la alegría que invadía su ánimo por las faustas noticias que acababa de recibir, no cesando tampoco en sus alabanzas a los heroicos soldados que tienen por caudillo al ilustre general Marina.

Linares y los periodistas.
A las doce y medía, cuando salía de Palacio el general Linares, los periodistas que le aguardaban, sin necesidad de preguntar, comprendieron que tenla favorables noticias de la campaña.
¿Qué hay de nuevo, señor ministro? preguntaron al general Linares.
Voy a hacer traición por una vez a mi compañero el ministro de la Gobernación dijo el ministro de la Guerra . Hay una noticia importantísima. El Gurugú ha sido ocupado esta mañana a las siete y media, por nuestras tropas; no tengo a estas horas detalle alguno de la operación, pues me acaban de comunicar la noticia escueta desde el Ministerio de la Guerra.
Es una noticia por la cual todos los españoles debemos estar de enhorabuena.

Lo que dice el señor Maura.
El presidente del Consejo salió de la cámara regla con semblante en extremo risueño.
Hoy, señores dijo a los periodistas , sí que hay una buena noticia; pero supongo que se la habrá comunicado a ustedes el ministro de la Guerra.
Sí, señor presidente contestaron los reporteros ; que sea enhorabuena.
La acepto, y se la doy a ustedes a mi vez, de todo corazón; hoy es día de júbilo para todos los españoles, y mucho más porque la toma del Gurugú se ha logrado sin derramamiento de sangre; no hay más noticias precisas; detalles, en el telegrama oficial los verán, pues se les facilitará ahora mismo en el Ministerio de la Gobernación.

ABC, 30 de setiembre de 1909.

Fin de los sucesos en Melilla (16 noviembre 1910)

Fin de los sucesos de Melilla


El Ministro de Estado de S. M. Católica y el Ministro de Negocios Extranjeros, de Hacienda y Obras Públicas de Su Majestad Jerifiana, debidamente autorizados, convienen en las siguientes estipulaciones, con objeto de poner término a las dificultades suscitadas en las regiones limítrofes de las plazas españolas, así como de facilitar y asegurar el cumplimiento de los Tratados en lo que se refiere al orden, sosiego y desenvolvimiento del tráfico mercantil en dichas comarcas:
I. Ambos Gobiernos consideran, en primer término, que el régimen que habrá de ponerse en práctica se basa en los acuerdos anteriormente estipulados entre ellos a este respecto; acuerdos que se completan con las disposiciones que a continuación se expresan:
Disposiciones concernientes a la parte ocupada del Riff y a las vecindades de Alhucemas y Peñón de Vélez.
II. El Majhzen confiará al Bajá de Melilla, previsto por el artículo 5.º del Convenio de 5 de marzo de 1894, las funciones de Alto Comisario para concertarse con un Alto Comisario español, a los efectos de la ejecución de los Convenios de 1894 y 1895 entre ambos países. El Alto Comisario jeri-fiano será investido, sin dilación, de los poderes necesarios para el ejercicio de sus atribuciones y especialmente de la facultad de proponer, previo acuerdo, con el Alto Comisario español, el nombramiento y renovación de los Kaides y demás funcionarios marroquíes de la región ocupada y de las ka-bilas de Temsaman, Beni-Urriaguel y Bokkoia. Si la experiencia demostrase la necesidad de extender esta facultad a la kabila de Beni-Itteftt, se hará de común acuerdo entre los dos países. Una vez que el régimen consignado en los Convenios se aplique íntegramente y en términos que correspondan a los comunes intereses de ambos Gobiernos, y una vez que las tropas españolas evacúen el territorio en las condiciones más abajo estipuladas, las atribuciones de los Altos Comisarios español y jerifiano quedarán determinadas por el párrafo primero de este artículo.
III. En atención a las nuevas necesidades, la fuerza jerifiana, prevista por los Tratados, se aumentará a 1.250 hombres; se organizará con el concurso de instructores españoles, en armonía con el Reglamento de la Policía de los puertos; tendrá cuadros marroquíes; será autónoma; dependerá directamente de los Altos Comisarios español y marroquí, que le transmitirán sus decisiones por medio del instructor español correspondiente, e informarán, al mismo tiempo, de ellas a las Autoridades marroquíes; se pagará con el producto de la Aduana de Melilla y de las contribuciones e impuestos de las tribus de las regiones indicadas en el artículo anterior. La organización se llevará a cabo en el territorio ocupado. Tan pronto como esté organizado un primer contingente de 200 hombres, se enviará a las vecindades de Alhucemas, y tan pronto como haya otro igual, se enviará a las vecindades del Peñón. A medida que se aumente el resto del efectivo de la Policía del Majhzen, organizada conforme a los principios indicados, las tropas españolas que ocupan una parte del Riff irán disminuyendo. Cuando dicha fuerza del Majhzen llegue al efectivo mencionado de 1.250 hombres, y cuando se la juzgue capaz de velar por la ejecución de los acuerdos entre los dos países, de mantener la seguridad, de facilitar las transacciones mercantiles y, en fin. de hacer seguro el cobro de los impuestos y contribuciones, las tropas españolas se retirarán a los límites del territorio español.
IV. El presupuesto de la Policía antes aludida se formará, de común acuerdo, por los dos Altos Comisarios y será sometido a la aprobación de S. M. Jerifiana.
El Gobierno de S. M. Católica sufragará los primeros gastos de instalación de la Policía y los que su sostenimiento pudiera irrogar, conforme al presupuesto, hasta que empiecen a percibirse los ingresos previstos en los artículos siguientes, siempre que el coste total de lo que sea menester adelantar no exceda de un millón de pesetas. De esos gastos será reintegrado el Gobierno español en un plazo de trece años con los rendimientos de la Aduana de las vecindades de Melilla y en esta forma:
Los tres primeros años el Majhzen satisfará únicamente un interés de 3 por 100 anual, pagadero por semestres vencidos; cada uno de los diez años siguientes abonará, además de ese interés de 3 por 100 anual, una suma de 100.000 pesetas. La deuda de que se trata tiene, en lo que se refiere a los rendimientos de dicha Aduana, carácter de preferente sobre cualquier otra.
V. S. M. Jerifiana reinstalará la Aduana en las vecindades de Melilla. El emplazamiento de los puestos de que se componga la línea aduanera se efectuará de común acuerdo por los Altos Comisarios español y marroquí, y los derechos que se perciban no serán otros, ni los más altos, que en cualesquiera otras fronteras del Imperio.
El Gobierno de S. M. Católica pondrá a disposición del de S. M. Marroquí un empleado del Cuerpo Pericial español de Aduanas con objeto de que intervenga en el aforo de las mercancías, percepción de los derechos de contabilidad, etc. Será nombrado por los dos Altos Comisarios y su nombramiento participado al Majhzen. Los umanas y adules serán nombrados y relevados por S. M. Jerifiana. Para cada nombramiento el Alto Comisario marroquí le presentará una lista de cuatro individuos, formada de acuerdo con el Alto Comisario español. Así aquéllos como el Interventor español percibirán sus haberes con cargo a la renta de la Aduana.
VI. Para el desarrollo de la prosperidad de la comarca, así como para el objeto a que se refiere el artículo III del presente Acuerdo, se favorecerá el establecimiento de mercados en los lugares de las regiones mencionadas en el artículo II, donde los Altos Comisarios lo estimen oportuno, percibiéndose los derechos que se fijen de común acuerdo. Los impuestos Zekkat y Achur se cobrarán según la regla aplicada en el Imperio jerifiano.
La recaudación de los impuestos y recursos del Majhzen se efectuará por los umana y Kaides, con ayuda de un funcionario español, mientras no haya terminado la evacuación. En cuanto a los gastos de administración del territorio, tales como haberes del Alto Comisario jerifiano, de los umana y otros, se sufragarán con los ingresos dichos. Su total será objeto de una cuenta que se enviará al Majhzen y el remanente se entregará al Tesoro jerifiano.
Disposiciones concernientes a las vecindades de Ceuta.
VIL El Gobierno de S. M. Jerifiana se compromete con el de S. M. Católica, en razón a las relaciones de buena amistad y vecindad entre los dos países, a no construir fortificaciones, emplazar artillería, realizar obras o trabajos estratégicos o situar fuerzas en cualquier punto que pueda constituir un riesgo o amenaza para Ceuta, así como a evitar que otros lo hagan.
VIII. El Kaid previsto por el párrafo del artículo 4.° del Convenio de 5 de marzo de 1894 será nombrado en las condiciones establecidas por el artículo 5.° del mismo Pacto respecto al Bajá del campo de Melilla, o sea:
El nombramiento recaerá en quien, por sus condiciones especiales, ofrezca garantías suficientes para mantener las relaciones de buena armonía con las Autoridades de la plaza y campo de Ceuta. De su nombramiento y cese deberá el Gobierno marroquí dar previo aviso al de S. M. Católica. Dicho Kaid podrá por sí mismo resolver, de acuerdo con el Gobernador de Ceuta, los asuntos o reclamaciones exclusivamente locales, y en caso de desacuerdo entre ambas Autoridades se someterá su resolución a los representantes de las dos naciones en Tánger, a excepción de aquellos que por su importancia exijan la intervención directa de ambos Gobiernos.
Dicho Kaid gobernará tan sólo el trozo de la región fronteriza de Ceuta comprendido entre la zona neutral de un lado, y de otro los ríos Rmel y Lit, una línea de la Cudia de Ain Xixa a la de Ain Yir, el camino del zoco el Telata hasta su intersección con el río Laimund, y después este río, que toma los nombres de Mufak, Menizla y Fenidak, hasta su desembocadura. La línea queda indicada, en tinta azul, en el plano anejo a este Acuerdo.
IX. La fuerza prevista por el último párrafo del artículo 8.° del Convenio de 5 de marzo de 1894 será de 250 hombres, bajo el mando del Kaid antes mencionado. Este fijará los puntos entre los que ha de repartirse. Para ayudar a la organización de esa fuerza, destinada a asegurar el orden, la tranquilidad y la libertad de las transacciones comerciales en la comarca puesta bajo el gobierno de dicho Kaid, el Gobierno de S. M. Católica pondrá a disposición de Su Majestad Jerifiana un Capitán, un Teniente y cuatro sargentos, cuya designación será sometida al beneplácito del Sultán. Un contrato entre dichos oficiales y sargentos y el Majhzen, en términos análogos a los fijados por el artículo 4.° del Acta de Algeciras, determinará las condiciones del compromiso de los oficiales y sargentos mencionados y fijará sus haberes, que no podrán ser inferiores al doble de los que disfrutan en su país. El Gobierno de S. M. Católica se reserva sustituir esos oficiales y sargentos por otros, sometidos al beneplácito de S. M. Jerifiana y con contratos en las mismas condiciones. Las facultades de los oficiales y sargentos españoles serán las que marca el artículo 1.° del Acta de Algeciras.
X. El presupuesto de la fuerza que acaba de mencionarse será formado por el Majhzen, ajustándose al que sirva para el Riff. En el millón de pesetas a que se refiere el artículo IV de este Acuerdo se entenderán también incluidos los primeros gastos de dicha fuerza.
XI. Una vez creada la Aduana de Melilla, y cuando el Gobierno de S. M. Católica, en armonía con el artículo 103 del Acta de Algeciras, lo pidiera, S. M. Jerifiana establecería, en la frontera de Ceuta y en el lugar que de común acuerdo se fije, una Aduana, donde se cobrarán los mismos derechos de importación y exportación que en los puertos. Los ingresos de dicha Aduana se dedicarán primeramente, en todos los casos, a los gastos de su administración, al pago de los haberes del Kaid mencionado en el artículo VIII del presente Acuerdo y demás funcionarios, y al sostenimiento de la fuerza prevista en el artículo IX.
Para ayudar a S. M. Jerifiana en la organización y buena administración de esa Aduana, el Gobierno de S. M. Católica pondrá a su disposición a un empleado del Cuerpo Pericial español de Aduanas, que intervendrá en el aforo de las mercancías, percepción de los derechos, contabilidad, etc., durante todo el tiempo que ha de durar el reembolso de los gastos militares y navales del Riff. Si por efecto de la creación de la Aduana de Ceuta se produjera, con persistencia, en los ingresos de las Aduanas de Tetuán y Tánger una baja que pudiera afectar a los intereses de los tenedores de los empréstitos de 1904 y 1910, el Majhzen, de acuerdo con el Gobierno español y de concierto con los expresados tenedores, examinaría si, y en qué medida al producto de dicha Aduana de Ceuta, debería contribuir a compensar la baja.
XII. Mientras la Aduana de Ceuta no produzca rendimientos suficientes para el sostenimiento de la fuerza a que se refiere el artículo IX del presente Acuerdo, S. M. Jerifiana proveerá a la diferencia.
Disposiciones concernientes al pago de gastos hechos por España.
XIII. En atención a las circunstancias económicas del Imperio marroquí y como testimonio del interés que el bienestar del mismo le inspira, el Gobierno de S. M. Católica sólo reclama 65 millones de pesetas para los gastos militares y navales hechos en el Riff hasta 31 de octubre de 1910, por los gastos militares y navales efectuados a consecuencia de los sucesos de Casablanca en 1907 y por los socorros prestados a los moros y hebreos refugiados en Melilla desde 1903 a 1907. El Gobierno de S. M. Jerifiana se compromete a pagar durante setenta y cinco años la suma anual de pesetas 2.545.000.
El pago queda garantido, en concepto de preferente: primero, con el 55 por 100 de los impuestos y utilidades previstas por el Reglamento minero, a que alude el artículo 112 del Acta de Algeciras, que correspondan al Majhzen; segundo, con el remanente de los productos de la Aduana de Ceuta.
XIV. El importe de las contribuciones mineras que, según el Reglamento previsto en el artículo 112 del Acta de Algeciras, hayan de satisfacerse por los contribuyentes mediante entregas en el Banco de Estado, ingresará en éste; pero el Ministro de Hacienda de S. M. Jerifiana expedirá instrucciones al efecto de que el 55 por 100 de la parte del Majhzen se incluya en una cuenta especial a la disposición del Gobierno de S. M. Católica, sin que en ningún momento y por ningún motivo el Majhzen ni el Banco de Estado puedan retener en todo ni en parte los fondos en cuestión. Un Delegado español en el Servicio marroquí de minas tendrá derecho, sin inmiscuirse en la administración del mismo, a examinar los registros de peticiones, concesiones, transferencias, declaraciones de caducidad, etc., a cotejarlos con la cuenta especial en el Banco de Estado y a provocar con quien corresponda tome las medidas autorizadas por el Reglamento minero para conseguir el pago por los contribuyentes.
Dicho Delegado comunicará al Majhzen los nombres de los Agentes que el Gobierno de S. M. Católica designe para el cobro de la parte correspondiente a éste en los demás impuestos y utilidades mineras del Majhzen. A fin de asegurar los intereses del Estado español, las atribuciones de estos agentes se fijarán, de común acuerdo, entre los Gobiernos de S. M. Católica y de S. M. Jerifiana al promulgarse el Reglamento de minas, previsto por el artículo 112 del Acta de Algeciras y en armonía con el mismo.
Si en el transcurso del año el producto de los recursos dichos llegase a bastar para el pago de la anualidad, el excedente ingresaría desde luego en el Banco de Estado a disposición del Majhzen.
XV. En caso de que el Gobierno marroquí conviniera satisfacer anticipadamente todo o parte de sus deudas con el Gobierno español, se entablarían al efecto negociaciones entre los dos Gabinetes.
XVI. En los gastos a que se refiere el artículo XIII del presente Acuerdo, no está incluido el de 1.500.000 pesetas a que ascienden las mejoras hasta ahora incluidas en el territorio ocupado y que serán cedidas al Majhzen, no oponiéndose éste a que pueda ser satisfecho el importe con fondos de la naturaleza de los previstos en el último párrafo del artículo 66 del Acta de Algeciras, por lo que concierne al Riff.
En fe de lo cual, los infrascritos han extendido este Acuerdo por duplicado en los idiomas español y árabe, y lo han firmado en Madrid a 16 de noviembre de 1910 de la Era cristiana y 13 Di El Kaada el Haram 1328 de la Hégira.
(Firmado): Manuel García Prieto.
Firmo este Acuerdo a reserva de la aprobación del Majhzen jerifiano, acordando ambas partes fijar un plazo de dos meses para esa aprobación:
(Firmado): Mohamed el Mokri, que Dios le asista.
Madrid, 16 de noviembre de 1910.


(BÉCKER, Jerónimo: Tratados y convenios, págs. 229-237.)

El Senado al Rey a su regreso de Melilla (enero 1911)

El Senado al Rey a su regreso de Melilla

1911alfonsoXIIIMelilla
Alfonso XIII entra en Melilla (7 de enero de 1911)


Acabáis, señor, de regresar de la tierra africana. Sois el primero de los Monarcas españoles, que, después del grande Emperador, ha puesto en ella sus plantas. Pero hay una diferencia capital entre V. M. y aquel Soberano de fama inmortal. El Emperador descendió a la tierra del África como conquistador; V. M. ha puesto en ella, por más que en su ambiente se aspiran aún efluvios de gloria desprendidos de los heroicos hechos de nuestro valiente Ejército, su planta en plena paz.
Aquella tierra, para el invicto César, era una tierra extraña y enemiga; mas para V. M. seguramente ha recordado en ella los gloriosos tiempos en que formaba parte de la Patria española, constituyendo la España transfretana del Imperio de los Césares, para continuar siendo parte integrante de la España visigoda, y aun después, cuando ejercieron la soberanía los insignes Ben Humeyas, cuyas glorias aún hoy centellean en sus grandes monumentos cordobeses.
Las inspiraciones de la opinión pública, más que en los dictados de la razón, nacen en los ardientes latidos del sentimiento ante las desgracias y las prosperidades de la Patria.
Pero hoy es unánime el sentimiento del pueblo español sobre el viaje que V. M. acaba de hacer a aquellos territorios.
El Estrecho de Gibraltar nunca ha sido para España una frontera, y si las conmociones de la naturaleza pudieron abrir aquel paso a las aguas del Océano, no pudieron cortar los vínculos históricos y etnológicos que ligaban a los pueblos de más acá y más allá de ese istmo, abierto en tiempos cuya memoria se ha perdido.
Así se comprende por qué jamás se interrumpieron a través de tantos siglos las relaciones, ya guerreras, ya pacíficas, pero siempre relaciones de familia, entre los que habitan ambas orillas.
Quiera el cielo que estas relaciones se estrechen cada día, acentuándose en ellas su carácter fraternal y sus procedimientos exclusivamente pacíficos.
El día en que las tribus de más allá del Estrecho nos consideren como a sus hermanos mayores, estarán completamente satisfechas las aspiraciones de nuestra Patria, bien ajena a todo pensamiento de conquista y a todo procedimiento de fuerza, puesto que los únicos que entiende deben emplearse son los de la civilización y de la paz.
La Europa ya se ha interesado en todo lo que al Imperio xerifiano afecta. Nuestros amigos y vecinos hacia el Norte han tomado parte muy activa en la vida interior de este Imperio. Nosotros nos conformamos con los hechos cumplidos, porque debemos respetarlos y a ellos debemos acomodar nuestra conducta. Pero a tenor de esos hechos, y en un ambiente a su calor formado de fraternal amistad entre aquellos y nosotros, tenemos derecho a aspirar, de conformidad con los Tratados, en el sentido que les fijó la Convención de 1905, a una situación para nuestros nacionales, en todo el Imperio del Mogreb, igual a la más favorecida a que puedan aspirar los ciudadanos de cualquier otra nación de Europa.
El pueblo español, aparte toda ambiciosa aspiración de política soberana, puede ir extendiendo su acción desde el Muluya hasta la costa del Atlántico, y desde el Mediterráneo hasta el Atlas, que ya en remotas edades era la frontera natural que a nuestra Patria se fijaba. Allí, pues, está una buena parte de nuestro presente y de nuestro porvenir. Dediquémonos todos a la obra, y si esta grande empresa avanza en su camino, día llegará en que, como en otros siglos la República del Tíber adjudicaba a sus hijos más ilustres epítetos tomados del territorio con que engrandecían a su patria, la historia contemporánea tenga motivos muy legítimos para apellidar el reinado de V. M. con el Título de Reinado de Don Alfonso el Africano.


(HERNÁNDEZ DE HERRERA, Carlos: Acción de España en Marruecos, págs. 103-104.)

Intento de insurrección en el buque de guerra "Numancia" (ABC, 8 de agosto de 1911)

Intento de insurrección en el buque de guerra "Numancia"

1911numancia
La fragata "Numancia"


La versión oficial.

El Mundo de anoche asegura que la versión oficial que se ha transmitido al Gobierno del «Numancia»,
ha sido la siguiente:

«Unos de los condestables del buque, atraído por los gritos alarmantes que creyó percibir hacia el sollado, se presentó en éste, donde se encontraban, en actitud levantisca, unos cuarenta marineros, armados con fusiles.
Al entrar el condestable, dos marineros avanzaron ,hacia él, apuntándole con las armas y amenazándole con matarle si daba cuenta de lo que ocurría al oficial de guardia.
Por las voces que había oído el condestable de « ¡Vienen los moros!, ¡A defenderse! », y por la rápida observación que pudo hacer en el momento, dedujo que de los cuarenta marineros, más de la mitad habían cogido el fusil sin otro móvil que el de apercibirse a un peligro que se les anunciaba y sin darse, en realidad, cuenta de las intenciones de los que parecían jefes de la sedición.
Sin pérdida de momento, el condestable, despreciando las amenazas que le habían dirigido, salió en busca del alférez de navío de guardia, a quien enteró de lo que ocurría.
El oficial dispuso en seguida que le siguiera la fuerza que estaba de guardia, y acompañado también del citado condestable, volvió al sollado, donde, sin resistencia por parte de los marineros, fueron éstos desarmados primero y reducidos a prisión después.
Los amotinados, según pudo verse después, habían asaltado el puesto de municiones, de las cuales se apoderaron en gran cantidad.
Éste es el relato que los tripulantes del «Numancia» han hecho a las autoridades de Marina y al Gobierno.»

Habla el presidente.

El señor Canalejas, al recibir ayer mañana a los periodistas, hizo las siguientes manifestaciones:
«He visto que algún periódico dice que me pongo en ridículo ocultando cuanto el Gobierno sabe del asunto.
No tengo la obligación de contar a los periodistas todas las cosas que se relacionen con la gobernación del Estado; pero, en este asunto concreto, declaro, aseguro, que no ha tenido el Gobierno más noticias que las que ya he comunicado a ustedes.
¿Por qué no sabía yo más? Porque necesitábamos averiguar primero la índole de lo ocurrido a bordo del «Numancia», y después, hacer la debida distinción entre su carácter militar y su aspecto gubernativo. Había que poner en claro si el hecho tenía conexión o alcance político, o meramente era una falta de disciplina, siempre grave y lamentable. Y así, para esclarecerlo fue a San Fernando el ministro de Marina.
El Gobierno supo que el suceso no tenía importancia en el orden político, y yo así lo manifesté, con los telegramas del general Pidal a la vista.
Algún periódico ha llegado a afirmar que yo he sostenido correspondencia cifrada con las autoridades de Marina. Totalmente inexacto. Soy tan poco aficionado a cifrar los telegramas, que no serán más de seis los que han pasado por mis manos desde que subí al Poder.
No debe extrañar que el Gobierno haya ignorado el fondo de la insubordinación, por tratarse de un sumario, de un proceso de carácter militar seguido en juicio sumarísimo, en que, por la misma circunstancia, la acción gubernativa no tiene para qué intervenir, y en estos procedimientos es terminante el Código, de Justicia de la Armada. Basta con repasar sus artículos desde el 352 al 358 y el 965 para apreciar que la soberanía del Consejo de Guerra es absoluta, pudiendo ejecutarse sus sentencias de muerte con sólo el asentimiento del jefe de la jurisdicción, y, a veces, aun prescindiendo de esta consulta. Tales artículos dejan en libertad omnímoda al tribunal sentenciador para cuanto se refiere a la forma y rapidez de ejecutar el fallo. De modo que en los consejos de guerra, lo mismo en la Armada que en el Ejército, los jueces sólo se atienen. a su conciencia para sentenciar y hacer cumplir su fallo.
Así que yo ni puedo, ni debo, ni quiero mezclarme para nada en actuaciones de los tribunales, menos aún cuando son tribunales, militares, como en este caso.
Si yo hubiese cometido la temeridad de preguntar al tribunal instructor, éste hubiese estado en su derecho no contestándome o recordándome elementales deberes, a los que no quiero faltar. Y sería un insensato si me hubiese inmiscuido para facilitar noticias al primero que pasase por la calle.
Nada de eso. Ni he entendido en ello, ni tenía por qué preguntar nada al ministro, y, por lo mismo, éste merece mi gratitud y estimación por la discreción con que ha procedido no comunicándome nada referente al fondo del asunto.
Y digo esto, no por estar obligado a dar explicaciones, claro es, sino por mi deseo y gusto de expresar la verdad y sincerarme ante ustedes.
De este asunto no he sabido más que lo gubernativo, y quien afirme otra cosa será porque quiera ofenderme.
En cuanto a la ejecución de la sentencia, no tengo hasta ahora tampoco ninguna noticia. He visto telegramas; cursados en que se habla de haberse cumplido el fallo, y evidentemente no es cierto.
Lo que sí es indudable que se hace mucho daño abultando sucesos como el ocurrido en el «Numancia». Esto no debía ser lícito, aunque tal sea el sistema de publicidad que aquí. se usa.
Por el contrario, en el extranjero, sucesos de esta índole están despachados en los periódicos con cuatro líneas. Hace dos años ocurrieron gravísimos casos de insubordinación militar en Alemania, y no se les concedió la importancia que ahora se da al asunto del «Numancia».
Las últimas palabras del señor Canalejas fueron para lamentarse de las exageraciones publicadas en El Diario de Cádiz, dando, con motivo de la sumaría, nombres de procesados y otras noticias que es evidente no pueden ser del dominio de los periodistas que las escriben.
No sé decía el señor Canalejas cómo el gobernador de Cádiz lo ha consentido., Yo no lo hubiera tolerado.
El mismo gobernador, contestando a preguntas mías, ha dicho que un corresponsal de San Fernando ha telegrafiado un supuesto incidente en el «Extremadura» a consecuencia de que era falso lo que decía.»

ABC, 8 de agosto de 1911, pág. 8.

El Presidente del Gobierno, Canalejas, informa a Maura de la situación exterior (9 de septiembre de 1911)

 

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Valle del Kert

El Presidente del Gobierno, Canalejas, informa a Maura de la situación exterior

El Presidente del Consejo de Ministros: Querido amigo Maura: Ofrecí a usted escribirle y no he cumplido mi oferta. Sirva de explicación mí deseo de comunicarle algo definitivo acerca de Marruecos y mi confianza en lograrlo antes de que terminase el mes de agosto. La tranquilidad que hoy disfruta y tanto le envidio, me retrajo de una verdadera profanación, y sólo porque los días corren, avanza setiembre y aunque no algo definitivo, tengo algo útil que comunicarle, rompo mi silencio. 
No sé qué decirle de política interior. Mi torpeza, que deploro, o una tenacidad de juicio de usted, que igualmente lamento, impiden, creo que con el daño del interés público, que nos entendamos. Persiste en el ánimo de muchos amigos de usted, y lo que más lamento, en la conciencia de usted, una convicción punto menos que irreductible. Todo cuanto constituye órgano de expresión del partido conservador y demás elementos de la derecha, llega en su hostilidad a términos que si no me abaten, me preocupan. Desde los que insinúan sospecha acerca de mi lealtad, hasta los que, no degradándose en degradarme así, juzgan que mis antecedentes, mis conexiones, mis conceptos de la política española, me constituyen en un peligro para la Monarquía y aun para la paz social: todos los de la derecha coinciden en aquellos sobresaltos patrióticos, en aquellas inquietudes monárquicas que usted con plausible sinceridad me expuso claramente en más de una ocasión. Y como es inútil hacer lo que hago, ni decir lo que digo, ni la actitud sañuda de los republicanos contra mí se reputa por lo visto sincera, sino obra del artificio, escribiendo ahora, todo vendría a parar en lo que correspondiendo a su franqueza con la mía sinceramente le expuse en nuestra última entrevista. Yo no puedo ser, yo no debo ser, yo no quiero ser jefe de ninguna situación política en condiciones de incompatibilidad radical con el partido conservador, y añado que para mí el partido conservador no puede, no debe tener, ni en lo que yo alcance a influir tendrá, otro jefe que usted.
He hablado con el rey, tengo mi solución definitiva adoptada, y en cuanto cumpla mis obligaciones respecto de Marruecos, que espero no sea asunto de mucho tiempo, y ambiciono que lo sea de muy poco, a mi casa me vuelvo, donde me llaman tantos tiernos afectos abandonados por una exaltación del deber que no estimo superior a la de nadie, pero que iguala seguramente a la del más abnegado.
Dejando esto aparte, voy a lo que, por importar tanto al interés público y constituir materia en la que nunca hemos discrepado, me autoriza a pedirle un rato de atención y a rogarle una respuesta inmediata. Por delante vaya, aunque no lo juzgo preciso, mi declaración terminante de que no pretendo sumar con las mías responsabilidades de usted; que no busco el amparo valiosísimo de su personalidad, el escudo del partido conservador, ante posibles dificultades en el Parlamento. Usted, después de dispensarme el honor de leer mi carta, y sean cuales fueren los términos de su respuesta, a nada más se obliga que a lo que en momento oportuno se considere obligado, sin salvedades previas ni restricciones ulteriores. Por ser usted quien es, por su altísima representación en España, por su intervención trascendental en anteriores convenios internacionales, por tantos y tantos títulos, creerla yo faltar a consideraciones que, aparte mis afectos y estima personal, no omitirá nunca, dejando de contarle, sucintamente lo que ocurre y lo que nos proponemos hacer. García Prieto unas veces, yo otras, y en ocasiones ambos, expusimos a usted nuestras dudas, nuestras vacilaciones y, repito, sin asociarle a ningún compromiso nuestro, buscamos hasta ahora su consejo para fortalecer nuestras opiniones.
En el Congreso, y nunca lo olvidaré, tuvo usted breves palabras, hasta expresivos gestos y ademanes, que fortalecieron nuestro ánimo. Desde su ausencia son innumerables las conferencias, cartas y telegramas que absorbieron mi tiempo y el del ministro de Estado, inspirándonos siempre en el propósito de no modificar un ápice la política que usted, consultándolo con los liberales, inició; no entregarnos a coqueteos (alguien hubiera querido liviandades) con Alemania; obrando, en suma, recta y lealmente respecto de todas las potencias. No lo creyeron en Francia (aún no sé si están desvanecidas sus sospechas), porque imaginaron que Larache, Alcázar, Agadir, eran tres momentos de un proceso habilidoso o desleal. No he menester asegurarle que nosotros fuimos a Larache y Alcázar sin contar más que con nuestro derecho y nuestra fuerza, y que los alemanes fueron a Agadir sin ningún género de inteligencia con España.
Llegóse a temer un conflicto bélico, y digo llegóse porque yo nunca he creído en él, y si surgiera al fin, confesaría mi enorme torpeza. Entonces ciertos elementos de opinión, sobre todo de Prensa y militares, me estimularon a entenderme con Alemania, abandonando nuestra inteligencia con Francia e Inglaterra; por considerarlo un dislate, no sólo no hice tal cosa, sino que hube de precaverme contra las consecuencias de que me imaginaran inclinado a tomar en cuenta esos estímulos.,
Nuestras palabras conciliadoras y nuestras actitudes prudentes prevalecieron, aunque los episodios de Boisset y de Thiriet, felizmente resueltos por el modus vivendi con Francia, me obligaron a devorar muchas amarguras; he pasado noches tristes y días angustiosos. Sin falsa modestia, creo que el modus vivendi sobre la ocupación de Alcázar constituye un servicio de importancia para la Patria, y así me lo atestiguaron los representantes de otras potencias.
Procuré, al iniciarse las conversaciones entre Francia y Alemania, tomar parte en ellas; lo pretendí en Berlín, lo gestioné en París y no olvidamos' llamar a la puerta de Inglaterra. Aparte lo que representaba de consideración hacia nosotros, me convenía estar íntimamente enterado desde el primer momento de lo que pasa entre bastidores. No lo conseguí, dándome pretextos suficientes para calmar la susceptibilidad española, pero insuficientes para persuadirme. Inglaterra, en eso, no hizo nada por servirme y ayudarme. Dijéronme los franceses que, a su juicio, tampoco era conveniente simultanear las conversaciones hispano-francesas con las franco alemanas, ni había necesidad en tonos muy amistosos, aunque sin obtener en las primeras conversaciones que Geoffray saliera de ciertas vaguedades. 
Creyendo nosotros que la toma de posesión de Ifni debiera realizarse antes de que lo impidieran los temporales, nos dispusimos a ello, y, sin fijar fecha, anunciamos claramente nuestro propósito a las potencias, después de haber estimulado, sin fruto, al sultán que, por consejo de Francia no respondió a nuestros requerimientos. Y aquí se inician las últimas actuaciones sobre las que demando la especial de usted, y que han coincidido con el estado de perturbación que amenaza de improviso sustituir a la tranquilidad perfecta con que hemos podido extender nuestra ocupación a más de 60 kilómetros de Melilla, paseándonos tranquilamente a orillas del Kert o del Mulaya, creo que con habilidad por lo que mira a la diplomacia y no se si con tanta habilidad por lo que atañe a la milicia.
En la nota adjunta y copia también adjunta de una manifestación verbal del embajador de Francia en Madrid, hallará usted todos los elementos de juicio necesarios para enterarse bien del estado de tan trascendental problema. A la manifestación verbal hay que añadir el diálogo siguiente:
Y ahora, al entregar a usted bajo todas reservas, este apunte verbal que aún no conoce el Consejo de Ministros, y que demuestra la buena voluntad del presidente y del ministro de Estado, su deseo de que España obtenga en la zona norte satisfacciones a sus sacrificios, debo añadir que es condición sine qua non la de que las delimitaciones de la zona sur queden reservadas a la influencia francesa, pues Francia tiene que pagar por ella y por España el rescate de su libertad con Alemania, y aun cuando todo lo de la zona sur sea una incógnita, nos servirá para poder contrarrestar la influencia de los elementos coloniales en el Parlamento francés, a quienes ha de parecer la libertad de España en la zona norte una enormidad.
Pero, ¿es éste un ultimátum al cual tendríamos necesariamente que oponer un non possumus? ¿Pero aun aquella parte de la zona sur que no pertenece al Imperio Marroquí, y linda con posesiones nuestras, aun Ifni, que es nuestro por antiguos y renovados pactos con el sultán, ha de quedar comprendido? No lo digo porque asienta a ninguna cesión de la zona sur, sino por esclarecer la propuesta de Mr. de Selves.
No se trata de un ultimátum; se trata de una manifestación del máximo de lo que cree posible alcanzar del Consejo de Ministros y de la Cámara francesa 1 el ministro de Negocios Extranjeros, y no sin grandes luchas. Ignoraba que en la zona sur hubiese también parte extraña al Imperio de Marruecos. En cuanto a Ifni hablaremos, pero creo difícil la transacción.
Y esto es todo lo que deseaba comunicar a usted respecto a Marruecos. Si usted quiere ilustrarme con alguna observación, asistirme con algún consejo, me obligaré mucho. Si usted entendiese que su posición no le permite más que considerarse enterado, he de respetar los fundamentos de tal actitud. Dígoselo con la más cordial de las sinceridades y la más sincera de las cordialidades.
En cuanto a Portugal, se viene trabajando por elementos monárquicos españoles, muchos antidinásticos, otra parte conservadores y cierta fracción de liberales, para organizar en España núcleos armados importantes que, penetrando por la frontera portuguesa, realicen la contrarrevolución o enciendan la guerra civil. Yo hubiera preferido que no se hundiese el trono de Portugal; yo reconozco los daños que para la Monarquía española pueden venir de la República portuguesa y no tengo hacia ella simpatías, ni mucho menos habría de contraer con ella compromisos. Pero no puedo, por múltiples consideraciones, algunas apuntadas en un notable artículo de don Gabriel Maura, y ateniéndome a reglas de Derecho internacional y precisiones de un porvenir no remoto, tolerar que en la forma descarada de organización de fuerzas militares y constituyendo aquí arsenales de armas, se prepare en territorio español la contrarrevolución o la guerra civil. Si creyese que España había de intervenir, propusiéralo en forma clara, a la luz del sol Y Con la fuerza pública.
Esta opinión mía me ha valido censuras muy acres de carlistas, integristas, conservadores y algunos liberales, y ya hay quien, como el general Primo de Rivera, me anuncia una interpelación. No han dejado de encontrar eco estas actitudes en más de una región elevada y hasta en cierto día a punto de retirarme del Gobierno. No puedo cambiar ni cambiaré de actitud, y me duele que el ser, por algunas semanas, punto menos que insustituible, me obligue a imponer una política que entienden muchos monárquicos contraria a los intereses del trono que, estoy obligado a defender. Estimo que sirvo así mejor la Monarquía; pero puedo equivocarme, y me atormentan las consecuencias de mi error.
Con esto se relaciona una labor obstinada que tiende a impedir se reconozca por España la República portuguesa. Invitados por Francia, no fuimos al reconocimiento presuroso. Invitados por Inglaterra, en compañía de Alemania, de Bélgica y creo que de Austria, iremos al reconocimiento simultáneo, que ha de parecer muy mal a factores sociales de gran fuerza. Constituye éste un motivo más para las resoluciones personales de carácter irrevocable que le anticipo al hablar de la política interior.
Pongo punto, mi buen amigo, escribo con máquina por mí propio, pues mis garabatos no los entendería, y le escribo con toda sinceridad, abriéndole el pecho, porque eso me place a mí más, porque eso es lo que usted merece y porque eso es lo que corresponde a una comunidad de sentimientos y deberes que no se desvanecerá jamás por la divergencia de las doctrinas y de los procedimientos políticos.
Que usted termine bien con su familia el veraneo, es el voto sincero de su buen amigo, J. Canalejas. 9 IX 11.»

Maura y Fernández Almagro: Por qué cayó Alfonso XIII, pág. 185.

Tratado de Algeciras (27 de noviembre de 1912)

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Firma del Tratado de Algeciras (27 de noviembre de 1912 )

Tratado de Algeciras. España y Francia delimitan las fronteras de sus zonas de influencia en Marruecos

El texto del tratado francoespañol, publicado ayer, no contiene ninguna sorpresa, ninguna estipulación no prevista. En el curso de su dilatada negociación hemos ido tomando nota de cada uno de los acuerdos laboriosamente conseguidos, nos informaba de ello la Prensa de París, rectificaba, confirmaba o aclaraba el Gobierno las versiones, y al margen consignábamos correspondiente juicio. De modo que ni aun en el comentario cabe novedad.
Reproducimos ante el Conjunto del Convenio las alabanzas que en los diferentes episodios y en la final de la contienda diplomática hubimos de tributar a nuestros negociadores. Han resistido bien el asalto impetuoso y tenaz del Gobierno francés a nuestras posiciones de 1904; algo se nos llevan los amigos, pero no todo lo que exigían, y a pesar de lo enojoso y de lo difícil del debate, no sólo se ha evitado la ruptura, sino que subsiste sin quebranto lo que importaba mantener: la inteligencia anglohispanofrancesa en otros aspectos de la política internacional.
Lo que nos parece más notable del Tratado es el capítulo de garantías para la independencia de la zona española. Creemos asegurada perfectamente la autonomía de nuestra jurisdicción y evitado el riesgo de litigios en el porvenir.
Es una impresión de primera lectura la que exponemos. Con ella reiteramos nuestro aplauso al ministro y al subsecretario de Estado y evocamos, para rendirle justo homenaje, la memoria del señor Canalejas que tan celosamente intervino en la negociación.

Autonomía de la zona española.
Artículo 1.º El Gobierno de la República Francesa, reconoce que en la zona de influencia española toca velar a España por la tranquilidad de dicha zona y prestar su asistencia al Gobierno marroquí para la introducción de todas las normas administrativas, económicas, financieras, judiciales y militares que se necesita, así como para todos los reglamentos nuevos y las modificaciones de los reglamentos existentes que esas reformas llevan consigo conforme a la Declaración francoinglesa de 8 de abril de 1904 y el acuerdo francoalemán de 4 de noviembre de 1911.
Las regiones comprendidas en la zona de influencia determinada en el artículo 2.º continuarán bajo la autoridad civil y religiosa del sultán en las condiciones del presente acuerdo. Dichas regiones serán administradas, con la intervención de un alto comisario español, por un califa que el sultán escogerá de una lista de dos candidatos presentados por el Gobierno español. Las funciones de jalifa no le serán mantenidas o retiradas al titular más que con el consentimiento del Gobierno español.
El jalifa residirá en la zona de influencia española, habitualmente en Tetuán; estará provisto de una delegación nacional general del sultán, en virtud de la cual ejercerá los derechos pertenecientes a éste. La delegación tendrá carácter permanente. En caso de vacante las funciones de jalifa las llevará provisionalmente y de oficio el bajá de Tetúan.
Los actos de autoridad marroquí en las zonas de influencia española serán intervenidos por el Alto Comisario español y sus agentes. El Alto Comisario será el único intermediario, en las relaciones con el jalifa; en calidad de delegado de la autoridad imperial en la zona española, tendrá que mantener a los agentes oficiales extranjeros, dado que por lo demás, no se derogará el artículo 5.º del Tratado francoxerifiano de 30 de marzo de 1912.
El Gobierno de S. M. el rey de España velará por la observancia de los tratados y, especialmente, de las cláusulas económicas y comerciales insertas en el acuerdo francoalemán de 4 de noviembre de 1911.
No podrá imputarse responsabilidad al,Gobierno xerifiano por reclamaciones fundadas en hechos acaecidos bajo la administración del jalifa en las zonas de influencia española.

Delimitación de territorios,

Art. 2.º En el norte de Marruecos, la frontera separativa de las zonas de influencia española y francesa partirá de la embocadura del Muluya y remontará la vaguada de este río hasta un kilómetro aguas abajo de Mexera Klila. Desde este punto la línea de demarcación seguirá hasta el Yebel Beni Hasen el trazado fijado en el artículo 2.º del Convenio de 3 de octubre de 1904.
En el caso de que la Comisión Mixta de delimitación, prevista en el párrafo 1.º del artículo IV, comprobase que el morabito de Sidi Maaruf depende de la fracción meridional de Beni Buyagi, este punto sería atribuido a la zona francesa. Sin embargo, la línea de demarcación de las dos zonas, después de haber englobado dicho morabito, no pasaría de más de un kilómetro al norte ni de dos kilómetros al oeste del mismo, para ir a unirse al trazado que el párrafo anterior determina. Del Yebel Beni Hasen la frontera se dirigirá hacia el Uad Uarga, lo alcanzará al norte de la Yamma de la Chorfa, de Trafraut, aguas arriba de las curvas formadas por el río, y de allí continuará dirección Oeste por la línea de altura que dominan las orillas derecha del Uaad Uarga hasta su intersección en la línea Norte Sur definida en el artículo 2.º del Convenio de 1904. En esta parte de su transcurso, la frontera seguirá lo más estrechamente posible el límite del norte de las tribus ribereñas del Uarga y el límite sur de las que no sean ribereñas, asegurando una comunicación militar no interrumpida entre las diferentes regiones de la zona española.
Remontará en seguida hacia el Norte manteniéndose a una distancia de 25 kilómetros, por lo menos, al este del camino de Fez a Alcazarquivir por Uazan hasta encontrar el Uad Lucus, cuya vaguada bajará hasta el límite entre las tribus de Sarsar y Tlig. Desde este punto contorneará el Yebel Gani, dejando esta montaña en zona española a reserva de que no se construyan sobre ella fortificaciones permanentes. En fin, la frontera se unirá al paralelo 35º de latitud norte entre el aduar Mgaria y la Marya de Sidi Selama y seguirá este paralelo hasta el mar.
Al sur de Marruecos, la frontera de las zonas españolas y francesas estará definida por la vaguada del Uad Draa, remontándola desde el mar hasta su encuentro en el meridiano 11º al oeste de París y continuará por dicho meridiano hacia el Sur hasta su encuentro con el paralelo 27 40 de latitud norte. Al sur de este paralelo, los artículos 5.º y 6.º del Convenio de 3 de octubre de 1904 continuarán siendo aplicados.
Las regiones marroquíes situadas al norte y al este de los límites indicados en este párrafo pertenecerán a la zona francesa.
Art. 3.º Habiendo concedido a España el Gobierno marroquí por el articulo 8.º del Tratado de 26 de abril de 1860, un establecimiento en Santa Cruz del Mar Pequeña (Ifni). queda entendido que el territorio de este establecimiento tendrá los límites siguientes: Al Norte, el Nad Bu Sedra, desde su embocadura; al Sur, el Uad Nun, desde su embocadura; al Este, una línea que diste aproximadamente 25 kilómetros de la costa.

Comisión de los límites, libertad del Estrecho
Art. 4.º Una comisión técnica, cuyos individuos serán designados de igual por los Gobiernos español y francés, fijarán el trazado exacto de los límites especificados en los artículos anteriores. En su trabajo la Comisión podrá tener en cuenta, no solamente los accidentes topográficos, sino también las contingencias locales.
Las actas de la Comisión no tendrán valor ejecutivo sino después de la ratificación de ambos Gobiernos.
Sin embargo, los trabajos de la Comisión antes prevista no serán obstáculo a la toma de posesión inmediata por España de su establecimiento en lfni.
Art. 5.º España se compromete a no enajenar ni ceder en forma alguna, siquiera sea a título temporal, sus derechos en todo o parte del territorio comprendido en la zona de influencia.
Art. 6.º Con objeto de asegurar el libre paso del Estrecho de Gibraltar, ambos Gobiernos convienen en no dejar que se eleven fortificaciones u obras estratégicas cualesquiera en la zona de la parte marroquí a la que se refiere el artículo 7.º de la Declaración francoinglesa, de 8 de abril de 1904 y el artículo 14 del Convenio hispanofrancés, de 3 de octubre del mismo ano, y comprendida en las respectivas esferas de influencia.

El régimen de Tánger.
Art. 7.º La ciudad de Tánger y sus alrededores estarán dotados de un régimen especial que será determinado ulteriormente y formará una zona entre los límites abajo descritos.
Partiendo de Punta Altares, en la costa sur del Estrecho de Gibraltar, la frontera se dirigirá en derechura a la cresta del Yebel Beni Mayimel, dejando al Oeste la altura llamada Dxar ez Zeitin y seguirá en seguida la línea de los límites entre el Fahs por un lado y las tribus de Anyera y Uad Ras por otro, hasta el encuentro con el Uad Zeguir. De allí la frontera seguirá por la vaguada del Uad Zeguir y después por la de Ued M’hartar y Tzahardartz hasta el mar, todo conforme con el trazado indicado en la Carta del Estado Mayor español que tiene por título Croquis del Imperio de Marruecos a escala de 1.100.000, edición de 1906.
Art. 8.º Los consulados, las escuelas y todos los establecimientos españoles y franceses que actualmente existen en Marruecos serán mantenidos. Los dos Gobiernos se obligan a hacer que se respeten la libertad y la práctica externa de todo culto existente en Marruecos.
El Gobierno de su S. M. el rey de España, por lo que le concierne, hará de modo que los privilegios religiosos al presente ejercidos por el clero regular y secular español no subsistan en la zona francesa. Sin embargo, en esa zona, las misiones españolas conservarán sus establecimientos y propiedades actuales, pero el Gobierno de S. M. el rey de España no se opondrá a que se afecte a ellos religiosos de nacionalidad francesa. Los nuevos establecimientos que estas misiones fundasen serían confiados a religiosos franceses.
Art. 9.º Mientras el ferrocarril Tánger Fez no se construya, no se opondrá ninguna traba al paso de convoyes de aprovisionamiento destinados al Majzen ni a los viajes de los funcionarios xerifianos o extranjeros entre Fez Tánger, y viceversa, como tampoco el paso de su escolta y de sus armas y bagajes, en la inteligencia de que las autoridades de la zona atravesada habrán sido previamente informadas. Ninguna tasa o derecho especial de tránsito podrá ser percibido por este tránsito.
Después de la construcción del ferrocarril Tánger Fez, podrá usarse éste para dichos transportes.
[…]
Art. 21. El Gobierno de S. M. Católica y el Gobierno de la República francesa se comprometen a provocar la revisión (de acuerdo con las otras potencias y sobre la base del Convenio de Madrid) de las listas y situación de los protegidos extranjeros y asociados agrícolas a que se refieren los artículos 8.º y 16 de dicho Convenio.
Igualmente conviene en gestionar cerca de las potencias signatarias cualquier modificación del Convenio de Madrid que permitiese en momento oportuno el cambio de régimen de los protegidos y asociados agrícolas y eventualmente la derogación de la parte de dicho Convenio, referente a los asociados y protegidos agrícolas
Art. 22. Los súbditos marroquíes originarios de la zona de influencia española estarán en el extranjero bajo la protección de los agentes diplomáticos consulares de España.
Art. 23. Con objeto de evitar cuanto sea posible las reclamaciones diplomáticas, los Gobiernos español y francés se emplearán cerca del jalifa del sultán y del sultán mismo, respectivamente, a fin de que las quejas presentadas por administrados extranjeros contra las autoridades marroquíes o las personas obran en concepto de tales, y que no hubieren podido arreglarse por mediación del cónsul español o francés y el cónsul del Gobierno interesado, sean sometidas a un árbitro ad hoc para cada asunto, designado de común acuerdo por el cónsul de España o de Francia y el de la potencia interesada, y en defecto de éstos por los Gobiernos de dichos cónsules.
Art. 24. El Gobierno de S. M. Católica y el Gobierno de la República francesa se reservan la facultad de proceder en las zonas respectivas al establecimiento de organizaciones judiciales inspiradas en su legislación propia.
Una vez que estas organizaciones se hayan establecido y que los nacionales y protegidos de cada país estén en la zona de éste sometidos a la jurisdicción de tales Tribunales, el Gobierno de S. M. el rey de España en la zona de influencia francesa, y el Gobierno de la República francesa en la zona de influencia española, someterán asimismo a dicha jurisdicción local a sus respectivos nacionales y protegidos.
Mientras el párrafo 3.º del artículo 11 del Convenio de Madrid, de 3 de junio de 1880, siga en vigor, la facultad que pertenece al ministro de Negocios Extranjeros de S. M. xerifiana de entender en apelación en las cuestiones de propiedad inmueble de los extranjeros, por lo que concierne a la zona española, formará parte del conjunto de los poderes delegados al jalifa.
Art. 25. Las potencias signatarias se comprometen a prestar autoridades marroquíes para la vigilancia y represión del contrabando de armas y municiones de guerra.
La vigilancia en las aguas territoriales de las respectivas zonas española y francesa será ejercida por los elementos que organice la autoridad local o por los del Gobierno protector de dicha zona.
Ambos Gobiernos se concertarán para uniformar la reglamentación del derecho de visita.
Art. 26. Los acuerdos internacionales que S. M. marroquí estipule en lo sucesivo no se extenderán a la zona española más que con el previo consentimiento del Gobierno de S. M. el rey de España.
Art. 27. El Convenio de 26 de febrero, de 1904, renovado en 3 de febrero de 1909 y el Convenio general de La Haya de 18 de octubre de 1907, se aplicarán a las diferencias que se susciten entre las partes contratantes con motivo de la interpretación y aplicación de las disposiciones presentes de este Convenio y no hubiesen sido zanjadas por la vía diplomática, se estipulará un compromiso y se procederá con arreglo a las reglas de este Convenio en tanto no se derogue por acuerdo expreso en el momento del litigio.
Art. 28. Todas las cláusulas de los Tratados, Convenios y Acuerdos anteriores que fuesen contrarios a las estipulaciones que preceden quedan derogadas.
Art. 29. El presente Convenio será notificado a los Gobiernos signatarios del Acta general de la Conferencia internacional de Algeciras.
Art. 30. El presente Convenio será ratificado y las ratificaciones se canjearán en Madrid en el plazo más breve posible.
En fe de lo cual, los plenipotenciarios respectivos han firmado el presente Tratado y puesto en él sus sellos.
Hecho por duplicado en Madrid, el 27 de noviembre de mil novecientos doce. (L. S.) Manuel García Prieto. (L. S.) Geoffray.


ABC, 1 de diciembre de 1912. 

Nota oficiosa sobre el Tratado de Algeciras (ABC, 1 de diciembre de 1912)

Nota oficiosa sobre el Tratado de Algeciras

Al firmarse el Convenio entre España y Francia relativo a Marruecos, se ha convenido en principio, entre ambos Gobiernos, que las reclamaciones pendientes de súbditos y protegidos de cada país contra las autoridades del otro, se someterán a un arbitraje. Ha quedado entendido que, al canjearse las ratificaciones del pacto, España dará su adhesión al Convenio francoalemán de 4 de noviembre de 1910.
Y se ha fijado exactamente el alcance de las cláusulas concernientes al nombramiento del jalifa y sus relaciones con los agentes extranjeros en el sentido siguiente:
La designación del jalifa podrá ser preparada útilmente por medio de negociaciones confidenciales entre los dos Gobiernos, con objeto de asegurar que la elección del sultán recaerá sobre la persona que prefiera el Gabinete de Madrid, entre las dos de distinción que habrá de proponer con arreglo al artículo primero del Convenio, en la inteligencia de que, cualesquiera que sean las ventajas de este procedimiento, cada potencia es libre de renunciar a él en casos particulares, y atenerse estrictamente a los estipulados.
En cuanto a las relaciones del jalifa como delegado de la autoridad imperial, con los agentes oficiales extranjeros, la expresión oficial, en vez de consultar, se ha empleado para evitar complicaciones prácticas nacidas de que ciertas potencias, que no tienen en la zona española agentes de carrera, no podrían de otro modo seguir directamente con la Administración de dicha zona los asuntos concernientes a la misma, los cuales sólo la referida Administración es competente para resolver. Las relaciones diplomáticas de] sultán con las potencias extranjeras quedan reservadas a Francia, conforme el tratado francoxerifiano.

ABC, 1 de diciembre de 1912.

Nuevos problemas en Melilla (ABC, 28 de abril de 1913)

Nuevos problemas en Melilla. Diálogos Romanones Maura sobre posible solución

«Publicó anoche un colega noticias de un Incidente ocurrido en nuestras posiciones extremas de Melilla y acerca del cual habían circulado rumores alarmantes.
En efecto, hay que lamentar una agresión de los moros a las tropas; pero la referencia oficial que anoche dio a la Prensa el subsecretario de la Gobernación, afirma que sólo ha habido dos muertos, y que el hecho, militarmente considerado, no supone una demostración hostil de la importancia que se ha supuesto, sino que es una agresión aislada.
Noticias particulares que nos merecen crédito dan esta versión:
Hay, poco más allá del monte Arruí (posición nuestra sobre el Kert), dos pequeños puestos avanzados que se ocupan diariamente al amanecer hasta la puesta del sol. Uno es un morabito; el otro llámase Bucheri.
Hace tres días (el 24), en el momento en que entraba. en Bucheri la sección, mandada por un sargento y un cabo, un grupo de moros, apostados desde la noche dentro del recinto, hizo una descarga, que mató al dicho sargento llamado Eduardo Pérez, y a los soldados Vicente Villarroya, Vicente Estive y Victoriano, Sáez, dejando además heridos a cuatro soldados.
Inmediatamente salió del monte Arruí una columna, que dispersó a los agresores y recogió los cadáveres y heridos. Fueron aquéllos transportados a Zeluán para enterrarlos, y los heridos, a la Plaza.
La agresión, según estas referencias, puede obedecer a que las operaciones de íos franceses desde el Muluya han producido alguna agitación entre los fanáticos.»

ABC, 28 de abril de 1913, pág. 5

Carta del conde de Romanones a Maura (13 de agosto de 1913)

Carta del conde de Romanones a Maura

«El presidente del Consejo de Ministros. Particular. 13 de agosto de 1913. Excmo. señor don Antonio Maura
Mi querido amigo: No pocas veces he sentido deseo de escribir a usted en estos últimos meses; no lo he hecho porque el recuerdo amargo que dejara en mi espíritu el debate del Congreso me hacía dudar de la oportunidad, y aun de la discreción, del propósito; pero ahora no es sólo el deseo: el deber me mueve a ello.
Por Dato, con quien hablé hace días, habrá usted conocido algo acerca de nuestra situación actual en Marruecos y de los propósitos del Gobierno,
El general Alfáu, no obstante sus relevantes condiciones y su buena voluntad. ha llegado, a juicio del Gobierno, a no poder ser adecuado intérprete de su voluntad; no ha acertado a interpretar debidamente el concepto de lo que es el Protectorado y la misión asignada al alto comisario: se ha indispuesto con la mayor parte de los que le rodean, y que tienen que ser sus necesarios colaboradores, lo mismo civiles que militares: en suma, la confianza absoluta que debía tener el que desempeña puesto tan difícil, él la ha perdido. As! lo ha debido comprender y por eso, espontáneamente, ha pedido ser relevado.
El Gobierno ha acordado sea sustituido en aquel alto mando por el general Marina; los altos prestigios de éste, la confianza que inspira a la opinión, su historia, todo le han hecho el candidato indiscutible.
Este cambio no significa sólo una sustitución en las personas; significa un cambio también en los procedimientos y en la política, que, como antes decía, el general Alfáu, no ha sabido interpretar debidamente. No duda el Gobierno un solo momento en hacer frente a los compromisos que ha contraído la nación, que se han consolidado y determinado últimamente por el Tratado francoespañol; pero entiende no está obligado a realizar la misión que se le ha asignado, en un plazo determinado; por lo tanto, que puede no sólo canalizar el problema, sino dosificar su acción realizándola: por etapas para que la pesadumbre de la carga sea más duradera, y para hacerla también compatible, no sólo con, las fuerzas de resistencia del país, sino también con la necesidad de llevar a cabo otros empeños que la vida nacional demanda. Por eso, al nombrar a Marina, éste ha escuchado de mis labios no sólo las condiciones en que va a realizar la misión que se le confía, sino también la extensión y límites de la misma.
Dada la actual situación de las zonas del Garb y de Tetuán no se puede pensar en llegar a la paz mientras que los indígenas no sean castigados suficientemente, en tanto no hayan sentido el rigor de nuestra fuerza; pero este período combativo que ahora se le confía al general Marina sólo será el indispensable para llegar a la paz. Por eso, y para asegurar la intangibilidad de Tetuán, el general Marina realizará aquella operación o serio de operaciones que conceptúe necesarias para limpiar de enemigos la zona de Tetuán.
Con hacer esto, y con asegurar las comunicaciones entre Ceuta y Tetuán, se habrá hecho lo bastante en esa zona en estas primeras etapas; después, y para otras sucesivas quedará el asegurar la comunicación por tierra entre Tetuán y Tánger.
En el Garb nos limitaríamos a mantener el dominio de la zona que ahora ocupamos si no se nos apremiara, muy especialmente por Inglaterra, para ocupar Zinat y Cuesta Colorada, refugio del Raisuli y foco de donde dimana, no sólo la constante amenaza para la tranquilidad de la zona de Tánger, sino también todo el estado de rebeldía de los Yebalas; pero esto es muy difícil de realizar partiendo, como base de operaciones, de Alcázar o de Arcila, por la gran distancia que de Zinat nos separa. Yo, para hacer más fácil la empresa, he pensado, cosa que no veo imposible, aunque sí muy difícil, que nos permitan desembarcar fuerzas en Tánger y atravesar la zona internacional, con lo que la operación quedaría muy simplificada..
En Melilla nos limitaremos a conservar las posiciones actuales, abandonando en esta etapa toda idea de nuevos avances.
De obras públicas, una vez terminado el camino de Ceuta a Tetuán, apresuraremos la construcción del ferrocarril entre estos mismos puntos; construiremos un ferrocarril de sesenta centímetros entre Larache y Alcázar, y se construirá, asimismo, en breve tiempo, el muelle del Rincón del Medik.
El general Marina se ha mostrado conforme con este plan; le he afirmado que tendrá cuantos medios necesite para el desempeño de su misión, pues a todos nos interesa que hombre como Marina no fracase.
Al darle a usted conocimiento de lo que son propósitos del Gobierno, no pretendo descargar lo más mínimo responsabilidades, pues demasiado sé que éstas deben recaer exclusivamente sobre el Gobierno, y más especialmente sobre mí; lo hago porque, tratándose de un supremo interés de la Patria., entiendo que, quien como usted tantos servicios la ha prestado, y tanto más le ha de prestar, debe conocer la situación de de las cosas tan exactamente como el Gobierno mismo.
De Barcelona nada le digo, porque es público cuanto allí ocurre. Me temo que a pesar del empeño que ponemos para evitarlo, no tendremos más remedio que llegar a la suspensión de las garantías.
Perdóneme la extensión de esta carta y perdóneme, sobre todo, que no vaya escrita por mi mano, por temor a que, siendo mi letra muy mala, le costara trabajo descifrarla.
Deseándole a usted tranquilidad, quedo muy affmo, amigo s. s., q. e. s. m., conde de Romanones.»


Maura y Fernández Almagro: Por qué cayó Alfonso XIII, pág. 465.

Respuesta de Antonio Maura al conde de Romanones (18 de agosto de 1913)

Respuesta de Antonio Maura al conde de Romanones

«Solórzano, 18 de agosto de 1913. Excmo. señor conde de Romanones, presidente del Consejo de Ministros.
Querido amigo: Habría contestado por correo vuelto su amable carta del 13, si no coincidiera con su llegada, aquí la noticia pública del viaje de usted a Asturias. En rigor no urgía, pues, con cumplirse la bondad de darme a conocer los motivos que el Gobierno ha estimado en el remplazo del alto comisario, quedaba satisfecho del designio de usted al escribirme. Le doy por esta fineza mil gracias, según dije también cuando por conversación de usted con el amigo Dato me adelantó usted lo más del contenido de su carta. Lamento muy de veras el recuerdo amargo que dice usted haber dejado en su ánimo el último debate del Congreso. Habríame complacido presurosamente en desvanecer cualquier desabrimiento que le proviniese a usted de causa mía, según puede acaecer en acaloradas controversias, pues resultaría cualquier mortificación de usted muy ajena a mis verdaderos propósitos. Pero usted mismo tiene dicho, y no quise dar ocasión para dudarlo nadie, que ni en aquel debate, ni antes, ni después, medió entre nosotros ningún desafecto personal que, además, carecería de todo razonable motivo. Lo que hay es una divergencia hondísima acerca de no pocos conceptos, que son primarios y esenciales en los juicios sobre. los negocios públicos, y en el ordenamiento y modo de conducirles y conducirnos en ellos nosotros mismos; divergencia que no tiene para mí novedad, y que, en todo el curso de mi vida política, me, tiene muy aclimatado a ese linaje de amargura, único de que usted, sin duda, habla al comienzo de su carta. Ejemplo ofrece todo el trato del asunto de Marruecos. La disparidad entre lo que vengo presenciando durante los últimos cuatro años, la idea que tengo formada del interés nacional, de las posibilidades y conveniencias españolas en la zona marroquí, es de tal magnitud, que, comparativamente, es un pormenor nimio el remplazo del Alto Comisario, que me deparó la complacencia de recibir su carta de usted y esta oportunidad para corresponderle con mi saludo. Cuantas veces hablé de estos asuntos con el finado presidente (que Dios haya) vi frustrado mi deseo de conseguir alguna explicación para la campaña del Kert y alguna definición del concepto del Gobierno sobre la totalidad del asunto. Tampoco se ha logrado en las Cortes oportunidad para desentrañarlo, aunque, con insistencia, lo hemos procurado, y la última vez, apenas la suspensión de sesiones volvió a dejamos con las ganas, publicó el conde de la Mortera, en compendio, las afirmaciones que en conformidad bien ostensible conmigo trataba de sustentar en el Congreso. Lo que con más veras le pido a Dios es que sea ceguedad mía lo que veo y pienso, porque con otra cualquiera cosa que la verdad sea, saldrá muy aventajado el bien público; y es esto lo principal. Si no ando yo equivocado, el mal no se reduce a haberse retardado la política única que estimo provechosa y aún posible para España en Marruecos; lo que temo es que sean insuperables, o de remedio demasiado áspero y remoto, las dificultades que para tal política se han venido suscitando y acumulando con las etapas andadas en sentido inverso, y con las semillas esparcidas por todo el ámbito de la zona española. No podrá ser lenitivo para las amarguras de su espíritu de usted vislumbrar algo dé mis amarguras propias; por esto me abstendré de explicarle cómo estoy advirtiendo el siniestro paralelismo y la contumaz identidad del Madrid (complejo político que quiero abarcar con un solo vocablo) que veo actuar en lo de Marruecos y el Madrid que fue causante único del desastre colonial. Vuelvo a decirle que lo más grato para. todos, comenzando por mí mismo, será haberme equivocado yo en mis juicios. Ellos no dependen de mi voluntad, y, en todo caso, confío en que, por sinceros, se hagan perdonar su desabrimiento. Ojalá me fuera lícito manifestar conformidad y complacencias, que serían gratas, en primer término, para mí. Deseo que de todas las dificultades salgan ustedes y nos saque con bien, porque quien ha llevado esa carga sabe cuánta benevolencia debiera acompañarla siempre. Su affmo., A. Maura.»

Maura y Fernández Almagro: Por qué cayó Alfonso XIII, pág. 467. 

Discurso de Pablo Iglesias contra el Ejército y en favor del abandono de Marruecos (1914)

Pablo Iglesias pronuncio en el congreso un discurso contra el Ejército y en favor del abandono de Marruecos

El señor Iglesias: Señores diputados, no extrañará seguramente a nadie mi intervención en este debate, no obstante haber llevado la representación de la minoría de conjunción republicano socialista el señor Rodés; y no extrañará, por la representación que yo tengo aquí de una fuerza política que ha actuado en, la, campaña que se ha realizado contra la guerra de Marruecos, que es lo que me obliga a hacer uso de la palabra para manifestar de una manera precisa el criterio que el partido socialista tiene de esta cuestión.
... Para nosotros (me refiero a los socialistas), la política colonial no es lo que se dice, ni consiste en procurar el progreso de estos otros países, ni en mejorar las condiciones de tales o cuales pueblos, ni en llevarles más instrucción. Podrá eso resultar alguna vez, pero la finalidad verdadera de las campañas coloniales no es otra que la de obtener beneficios, la de buscar en el país adonde se expansiona el que conquista campo para negocios de los suyos, medios y fuerza para los elementos que explotan, el dominio del mercado, y todas aquellas condiciones de carácter material que lleva consigo el régimen en que vivimos. Por eso, aunque hablen de justicia, aunque hable Ti de integridad de la Patria, los que piensan as! se encuentran verdaderamente desarmados, porque se da el caso, que pudiera parecer paradójico, de que aquellos que como los socialistas, sostenemos que la Patria del hombre debe ser el mundo, sin negar la patria pequeña, seamos con nuestras doctrinas los más patriotas, y digo que seamos, porque pueblos que piensan en dominar a otros pueblos, que piensan en atentar contra la independencia de otros no tienen razón ninguna para hacerse respetar cuando a ellos se les atropella.
Si nosotros, particularmente, no siendo, como no somos, un país fuerte, teniendo necesidad de preocuparnos mucho de la situación de nuestro país y de sus fuerzas, damos de barato y no nos importa nada la libertad, la independencia de otro pueblo, sabiendo que los hay superiores al nuestro, que mañana pueden acordarse de España para hacer lo mismo que hacemos hoy nosotros con Marruecos, quienes sostengan el criterio de que es lícito dominar a los extraños, cuando otro país más importante que el suyo quiera hacer lo que se hace con los moros. ¿ Cómo han de decirle a esos países: «No tenéis derecho a hacer eso; vamos a pelear por nuestra independencia"? Fáltales razón para emplear ese lenguaje. Ese derecho lo tienen los socialistas, los que no queremos atentar contra la independencia de nadie. Por eso hemos protestado siempre contra la guerra de Marruecos. Somos, pues, los socialistas, más patriotas que lo puedan ser los demás españoles que opinan de otra manera.
Aquí se ha hablado de protectorado, de llevar a la región marroquí los beneficios de la civilización, pero no es eso. Ya se dicen cosas más descaradamente. Estos días, me parece que el miércoles de la semana pasada, he leído unas declaraciones del señor conde de Romanones en Le Temps, que me parece serán fidedignas, y al referirse a la cuestión de África no habla, ciertamente de protectorado, habla de dominio, y si se nos apura un poco hablaremos de necesidades de anexión. Ya se olvida el lenguaje diplomático, el lenguaje del engaño. Estos días publicaba la Correspondencia Militar un trabajo de un teniente francés, donde se dice que al protectorado de Marruecos no se le daba su verdadero nombre de «anexión» porque es una palabra dura, pero ese teniente afirma que de anexión se trata y que Francia no sólo se anexionará su zona de influencia, sino que también será anexionada la que corresponde a España. Así es que, poco a poco, lo que desde el principio se disfrazaba va manifestándose cada vez más, como van manifestándose también los motivos que nos llevan a esa empresa. Supongo que producirán efecto en la Cámara ciertas declaraciones del señor conde de Romanones cuando ayer quería justificar la opinión de que no se podía hacer todo lo qua se pedía en cuanto al elemento, civil. Hablaba de si podíamos estarnos quietos o no, de si nos habían avisado ya o si nos avisarían, por cierto que al repasar el Diario de las Sesiones no he hallado eso de que nos habían avisado ya, (El señor Senante: Está en el Diario de las Sesiones.) Lo habré leído mal. Pero así lo dijo. Las declaraciones de¡ señor conde de Romanones, cuando hablaba de si es difícil llevar al jalifa a tal o cual punto, de que los moros no habían contestado a una carta del jalifa y de que creían que detrás del jalifa estaba España, demuestran que los moros ya sabían de qué se trataba.
Merece desentrañarse la advertencia que nos hacía el señor conde de Romanones, de cómo hemos ido a la empresa. Hemos ido obligados. Como pueblo más débil que Francia y que Inglaterra, que son los más interesados en ella, porque a Alemania no le preocupa tanto, vamos allí a desbrozar el terreno, a limpiarlo, a ponerlo en condiciones de que puedan abrirse paso los productos ingleses y los franceses y obtengan esos países los beneficios que esperan, alguno sin verter una sola gota de sangre. El señor conde de Romanones nos decía que si desistirnos del empeño, no sólo se nos avisaría, sino que seríamos sustituidos. A eso vamos a pasos agigantados. No se diga, pues, que cuando se hizo el Tratado se pensaba en civilizar el pueblo marroquí ni en ninguna de las cosas de que se habla. Fuimos allí muy desprevenidos. No son los políticos españoles en general los más estudiosos ni los más previsores, y de las palabras mismas de nuestros adversarios se deduce que si nosotros no hubiéramos intervenido, lo hubieran hecho las otras potencias, y aquí se ha indicado lo que tenían tratado Francia e Inglaterra respecto a este particular: que si España no quería intervenir, ellas realizarían su labor. Hemos ido, pues, obligados, y no se nos hable mucho, aunque las palabras sean muy sonoras y puedan producir cierto efecto, si bien ante la razón no tienen ningún valor, de que vamos buscando la independencia de nuestro país y que no podemos consentir que en ese país se hagan tales o cuales cosas porque el honor del país sufre. En lo que ha sufrido el honor del país es en el de haberse visto obligado a entrar en esos convenios y tratos. ¿Cómo juzgarán los alemanes, los ,ingleses y los franceses nuestra situación al tratar ellos? Gentes tan avispadas, ¿van a creer esas cosas que dicen los periódicos y en las reuniones y, algunas veces, aquí, de que hemos pactado de igual a igual? No; hemos ido obligados. Claro está que podrá preguntarse si estábamos en condiciones de hacer otra cosa, de todas maneras cabría discutir qué nos debilita más, si lo hecho u. otra actitud que pudiéramos haber adoptado frente a esas potencias.
... Como no quiero que se diga que hablo por hablar, voy a examinar la labor que se está desarrollando. Se sostiene, se afirma por aquellos señores que racionalmente hemos de suponer que van a ejercer el Poder, que se va a procurar, en lo que sea posible, que la acción política se desarrolle, que el elemento civil haga en la mayor cantidad que pueda su labor, y yo pregunto: ¿Es ése el camino que se lleva? Porque hay que pedir, por lo menos, algunas pruebas. Es ese camino que el partido liberal en sus últimos tiempos, siendo presidente el señor conde de Romanones y aun antes, trazó? ¿Es ése el camino que sigue el partido conservador? No; en Melilla hay desde hace mucho tiempo afán en la población civil de que haya instituciones civiles, ninguna ocasión como ésta, ya que no se hiciera antes, para satisfacer estos deseos, porque así, además de complacer a los que quieren que se realice esto, los moros, al ver que aquello se convertía en una población en que el elemento civil ejercía sus funciones, verían que había un comienzo del cumplimiento de su palabra por parte de España. ¿Se ha hecho esto? Todo lo contrario, señores diputados. El defender el criterio de las instituciones civiles que se creen allí constituye un motivo de persecución, y, en cambio, las instituciones que allí predominan, como la Junta de Arbitrios, cada vez tiene mayor fuerza, cada vez tiene mayor poderío. Hace años importaba el presupuesto de esa Junta de Arbitrios de 20.1000 a 70.000 pesetas, hoy tiene Melilla una población civil de 20.000 almas, y el presupuesto de la Junta de Arbitrios asciende la carga a 2.000.000 de pesetas, 400.000 pesetas se lleva el personal, y parte de ese personal está desempeñando, además de las funciones militares, funciones de otra índole; estas solas cifras bastan para demostrar que no hay intención de que la acción política, la acción civil, predomine allí. Y el sistema que predomina en Melilla se extiende a Ceuta y poco a poco a Larache, Alcázar y otras poblaciones. ¿Qué garantías pueden tener los moros de que se van a cumplir aquellas palabras? En la cuestión militar con relación a la guerra, ¿qué se ha hecho allí? El señor Rodés enumeraba aquí los fuertes que se han construido sin explicarse la causa de que fueran necesarios tantos, y precisamente en aquellos días se construían cuatro o cinco más.
Se dice que aquello está pacificado, y hay allí más de 20.000 hombres. ¿Para qué esos hombres? No debe de estar tan pacificado, no debe de estar tan tranquilo cuando esa fuerza se mantiene allí. Aparte de que no sólo las armas intervienen, sino que funciona otra cosa que todos sabemos y a que se refería el señor Rodés, no encuentro el término expresado para manifestar veladamente mi pensamiento, pero, en fin, se emplea el dinero para comprar a las gentes.
Y, ¿qué se ha logrado por virtud de esa guerra y por virtud de esa política? El elemento civil está emigrando, y en cuanto al florecimiento de aquel país, basta decir que las casas de los barrios de Melilla están vendiéndose a mitad de precio, y que diariamente se protestan de 50 a 60 letras. ¡Colonización en el campo de Melilla! Creo que han ido allí dos familias las cuales, a pesar de haber allí tantos fuertes, han tenido la desgracia de ser muertas por los moros. La absorción del elemento civil por el elemento militar, completa que no vayan allí abogados, que no vayan arquitectos, que no vayan profesores. ¿ Hay aquí prueba alguna, hay alguna señal de que uno u otro Gobierno hayan tratado de modificar estas condiciones para dar a los marroquíes la sensación de que van a crearse, allí instituciones civiles? No. En cuanto a Tetuán, ¿cómo se ha conducido allí el Gobierno? ¿ Qué acción militar se ha llevado allí? En aquel país que era el vergel que nos hablaba hace tiempo el señor Villanueva, como recordaba muy oportunamente el señor Rodés, ¿qué se ha hecho? ¿ Cómo han ido allí las fuerzas? ¿Qué cuidados se han tenido?
Según se me informa, creo que estos informes no son equivocados, seguramente conocerá mucho mejor que yo eso el señor Villanueva. (El señor Villanueva debe de conocer muchas cosas de allí. Si su señoría, dejando a un lado motivos que yo respeto, manifestase todo lo que de allí sabe, el discurso de su señoría valdría por todos los que puedan pronunciarse contra la guerra), según se me dice, repito, en Tetuán, durante tres meses fueron cortados toda clase de árboles frutales, nogales, limoneros, naranjos, sirviendo para hacer leña; allí se ha llegado a matar a algunos ancianos, algunas mujeres y algunos niños y algunos locos; allí, el régimen militar ha imperado en absoluto. En Tetuán, antes de nuestra ocupación, se me dice, y eso manifestó aquí el señor Villanueva el día a que me he referido, no había en las casas ni cerraduras ni cerrojos; allí era tal el cariño que se tenía a los españoles, que no había para ellos más que consideración y atenciones. Y hoy, ¿qué ocurre allí respecto a nosotros? Que impera el odio contra nosotros y que de allí se va la gente que nos estimaba. ¿Es así como se hacen las campañas?
Decía el señor presidente del Consejo de Ministros que no nos apurásemos en lo referente a los medios económicos, porque cuando el ministro de Hacienda no decía nada, es que estaba satisfecho y podíamos estar tranquilos. Pues ese modo de hacer la guerra, ya nos costará caro, porque aparte de los daños causados a los españoles, hay una lista, si no estoy equivocado, de 80 protegidos o súbditos de Francia que reclamaban la indemnización de los perjuicios que se les ha ocasionado, y que creo que no ascienden a menos de un millón y medio de pesetas. Hay, además, lo de la casa de Ruiz, que sin valer lo que se dice, va a procurarse que valga medio millón de pesetas. Todo eso lo pagarán los españoles, todo eso lo pagará el país, todo eso lo deberemos a una campaña llamada de civilización, de protectorado y de cariño a los moros.
No es posible, señores diputados, haciendo esta campaña, vayamos a parar más que a la solución que indicaba el señor conde de Romanones, de que seamos sustituidos allí. Precisamente antes Tetuán estaba tranquilo como decimos que vamos a poner Marruecos. ¿Cómo está hoy? No hay, pues, posibilidad de que las instituciones de carácter civil vayan a establecerse. El otro día citaba don Melquíades Álvarez el grave hecho que publicó un periódico de Tetuán y del cual yo daba noticia. Cuando yo Me enteraba, por los datos que me ha proporcionado una persona, de que. allí han sido muertos mujeres y niños, locos y ancianos, me costaba trabajo creerlo, pero al recortar el contenido del recorte leído, ya no podía dudar.
Porque cuando un periódico ha publicado las palabras de aquel defensor que decía que valía más una estrella de un capitán que todos los moros y, por consiguiente, que los seis fusilados, es porque eso le parecía. bien y porque el público que lo lee le sucede lo mismo, porque si la gente al leer aquello tirase el periódico, esas cosas no se dirían. Yo no digo que todo el mundo participe de esos sentimientos, pero indudablemente hay un ambiente favorable a esas ideas, hay ciertas gentes que piensan así, y es claro, pensando de esa manera creyendo que la vida de los moros no vale nada, no será extraño que en tal o cual momento, como no valen nada, se prescinda de ellos del modo dicho. Y esto, ¿no es un oprobio para nosotros? ¿No causa daño al país?
Además, el señor Amado, que me parece que es una autoridad excepcional en esta materia, citaba un hecho tremendo, que por sí solo merece un discurso, el señor Amado decía que en Marruecos teníamos 2.000 enemigos mal armados y mal dirigidos. Si disponiendo de elementos militares bien armados en la cuantía que nosotros tenemos, se hace esa campaña en Tetuán como se hizo la otra de Melilla... (El señor Amado: ¡Pero si en Tetuán no se hace campaña, señor Iglesias! En Tetuán no hay campaña, hay una acción militar.) Ahora, pero antes de la acción militar no sería como la de estos días. (El señor Amado: La de estos días.) Ahora no la habrá, pero, ¿no han dicho los señores diputados que han tomado parte en este debate, y creo que están entera dos de lo que allí pasa, que nuestros soldados no disponen más que del terreno que pisan? (El señor Amado: Exacto.) Pues siendo así, ¿no tienen necesidad de luchar contra los moros? Si los tienen sujetos, si les dicen, de aquí no podéis pasar... (El señor Amado: No los tienen sujetos los moros.) No digo que los tengan sujetos materialmente, pero, ¿qué quiere decir el señor Amado, que no son dueños más que del terreno que pisan? (Varios siseos, diputados pronunciar palabras que no se oyen.) Por eso digo que en cuanto salgan de allí. Ya que su señoría combate la acción militar. (El señor Amado: Y la de los Gobiernos.) Y la de los Gobiernos. ¡Si son solidarias en ese particular! Conformes, y allí voy yo también, yo creo que no hay capacidad militar en lo que respecta a la dirección. Pues si no pueden dar un paso nuestros soldados, si cuando lo dan corren el riesgo consiguiente; si a pesar del número de hombres que allí tenemos para las campañas que se han realizado y las que haya que hacer en lo sucesivo, y la de los fuertes que allí hay, están los caminos en la forma que aquí se ha dicho, porque yo no invento nada, no hago más que recoger lo que han manifestado sus señorías, yo pregunto: Esta guerra, ¿honra al país? ¿ Honra a la misma dirección militar? ¿ Qué dirán ante esto en otros países? ¿ Qué tienen que decir si la culpa es de los Gobiernos, los hombres políticos de otros países respecto de nuestro Gobierno? Yo `saco la conclusión de que esta campaña no resulta más que un descrédito, para el Gobierno, para las Instituciones, para todos.
Se ha hablado también de nuestra resistencia económica para la guerra. ¡Qué ha de haber resistencia económica para la guerra! No. El señor Rodés interrumpía la otra tarde cuando hablaba el señor presidente del Consejo respecto de este particular, y yo acabo de citar ahora el dato de las indemnizaciones que habrá de abonar, que no es cosa insignificante. Pero hay pequeñas muestras de nuestra resistencia económica, consignadas en datos oficiales en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra que os voy a referir.
En uno de los números que aquí tengo de ese periódico oficial, se habla, refiriéndose al regimiento del Serrallo que está en Ceuta , de una subasta de trescientos pares de zapatos, y una de las condiciones que tendrá en cuenta el licitador es que dichas prendas tendrán que ser puestas en el almacén del Regimiento en aquella Plaza libre de gastos, y que su importe se cobrará cuando los fondos del Cuerpo lo permitan. No se puede indicar que se pagará en tal o cual fecha, lo que significa un mayor gasto, porque cuando más se tarde en pagar, más tiene que costar. (Un señor diputado pronuncia palabras que no se oyen.) Bueno, sí, pero se me aseguraba ayer, no respondo de ello, que ya había abonarés en Marruecos.
Lo que he leído se dice en este número del Diario Oficial a que me he referido, y aquí tengo otros tres números que también se relacionan con subastas, refiriéndose dos a fuerzas que residen en África. ¿Indica esto que estamos en buena situación econónica? Estos datos, ¿los invento yo? ¿No son datos oficiales? ¿Cómo, pues, se puede decir que tenemos resistencia económica para ello? Yo creo que por mucha que sea la necesidad de la defensa de un Gobierno, en todas estas cuestiones merece estudiarse más todo lo que se dice, porque luego vienen los hechos a demostrar la inexactitud, la equivocación, por lo menos, de las afirmaciones que se hacen. Se sabe que muchas cosas no se pagan, que muchas cosas se están debiendo y que se dejan de pagar algunas cosas para atender a otras. ¿Y esto no es grave? Pero lo peor es que no se ve la manera de salir del atolladero, porque fíjense bien, señores diputados. Ha hablado el jefe del Gobierno, y pudiéramos decir que ha hablado su sucesor, pero no ha dado la sensación de que el mal se vaya a disminuir. De labios de todos los oradores que han tornado parte en este debate hemos oído que cada vez estamos peor, precisamente por haberse agravado el mal, los gastos tendrán que ser mayores, y ante esa afirmación no puede haber en el actual Gobierno ni en el que piense sucederle, la esperanza siquiera de que la situación pueda cambiar. Luego hay que calcular que vamos empeorando y si empeora la guerra, si empeoran las condiciones en que se desarrolla y empeora todo, ha de empeorar también nuestra situación económica, y claro es, que todo esto lo tenemos que sufrir pagando iras o dejando indotados aquellos ramos, aquellos servicios que son necesarios para que la guerra devore y consuma todos nuestros medios.
Hablaba antes de la incapacidad militar, y respecto a este punto tengo que decir que cuanto manifestamos los que no somos técnicos, no siempre será aceptable, pero me parece, señores diputados, que decimos algunas verdades. Yo, que he tomado parte en muchos «meetings» de los que aquí suele hablarse directamente y despectivamente, voy a decir aquí lo que he dicho allí. Yo he dicho que ateniéndome solamente a los despachos oficiales, yo, profano en la materia, me atrevo a hacer la crítica de la guerra únicamente con los datos que nos dan los despachos ofíciales. Y no hablo sobre lo que dice sobre este particular la Prensa, que hoy, por haber tenido que salir de allí los periodistas (debían de estorbar), está servida en su mayor parte por corresponsales militares.
Cuando el señor conde de la Mortera leía aquella relación, que no gustó al Gobierno, yo me acordaba de dos cosas: me acordaba de lo que me revelaban esas noticias y recordaba de la exactitud que Suelen tener los despachos oficiales, porque en esos despachos se habla del funcionamiento de artillería en gran cantidad y se habla de escarmiento a los moros, de haber matado tantos y cuantos moros. Y yo digo: Si se sumasen todas las bajas que se dicen se han hecho a los moros resultaría que allí no deberían de quedar combatientes. También se suele decir que después de estar tres horas cañoneando a los moros, no ha habido casi bajas por nuestra parte. Yo digo que la artillería no se empleará cuando se vea a tres hombres, sino se empleará cuando se crea que ésta ha de producir buen resultado, porque me parece que el funcionamiento de la artillería cuesta un poco. Hace tres días se ha hablado de que hemos rechazado a los moros después de tres horas de fuego y que no hemos tenido bajas, no obstante reconocer que ellos son unos grandes tiradores. ¿ Cómo se explica esto? ¿ Es que aquello ha sido sólo un espectáculo? Por consiguiente, si todas las noticias que recibimos son de esa naturaleza, si la artillería ha funcionado allí de manera extraordinaria y no ha habido casi bajas por nuestra parte, aunque las de los moros han sido muchas, y si tan escaso es el número de los combatientes que hay allí, ¿cómo se explica que no hayan desaparecido ya o no hayan quedado muy reducidos?
También se dice en los despachos que se ha escarmentado al enemigo, y resulta que el otro día los moros están allí atacando. Yo no hablo ya de cómo se lleve la guerra, yo lo que pregunto es si es verdadera mente serio hablar tantas veces de escarmiento, porque yo creo que los escarmientos tienen un resultado, que es el de hacer que los que lo han sufrido, no puedan volver a atacar, porque una cosa es que el enemigo haya sido escarmentado y otra es que haya sido derrotado. Así son casi las noticias que de Marruecos se reciben.
Forma de llevar allí los soldados. Hemos enviado este año a Marruecos hasta 20.000 hombres, se les ha enviado desde su casa al campamento para que tengan que aprender allí a manejar el fusil. Esto lo ven los moros, pero dejando a un lado lo que los moros, yo pregunto: ¿ Qué organización es ésta? ¿Cómo se lleva en esa forma a los hombres a la guerra?
Así se reciben luego relaciones de las bajas que ocasionan los pacos. Señores diputados, mejor que yo lo sabéis vosotros, los pacos no suenan donde hay soldados que sepan tirar, donde hay soldados que sepan tirar no hay pacos.
Pues eso se sabe, eso se conoce, y a pesar de ello llevamos ya varios años con este mismo sistema. ¿Cómo no se ha corregido? ¿Cómo no se ha evitado cuando cuesta tantas vidas y cuando vienen de allí cartas que dicen que mueren los soldados como conejos? (Rumores.) Pues a pesar de eso, no se evita y repito que en el año actual hemos mandado allí 20.000 hombres a aprender a hacer la instrucción, a aprender a manejar el fusil, y por eso tenemos malos tiradores, y por esto la situación de estos soldados es mala. ¡Cuál ha de ser si no tienen la segundad de manejar bien el arma y saben que los moros son excelentes tiradores! Su moral como combatientes, ¿cuál ha de ser, en situación tal?
De esto se habla, esto lo leemos todos los días, y, sin embargo, no nos irritamos y no adoptamos aquellas actitudes que todos debiéramos adoptar al considerar que es sangre de nuestro pueblo, que son vidas que están haciendo aquí mucha falta. Yo me fundo nada más para decir esto que en datos oficiales. El trato allí a nuestros soldados: malo. Nuestros soldados pasan allí hambre, a nuestros soldados se les abofetea y apalea. (El señor presidente del Consejo de Ministros: Eso no es cierto.) Cartas vienen de ellos en que lo dicen, y mientras no se castiguen ciertos actos de gentes que ocupan elevados puestos, y mientras vienen esos telegramas que no acusan la verdad, cuando vienen esas cartas son denunciadas en vez de evitar tales hechos, lo que se hace es castigar a quienes lo denuncian, cuando la denuncia debía servir para que se castigara. No es extraño, señores diputados, que, por consecuencia de esto, algunos soldados se hayan ido con las harcas. (Rumores.)
La prueba de que pasan hambre es ésta: En los campamentos y posiciones donde están nuestros soldados hay muchas cantinas, hay muchos sitios donde se vende comida. Si la comida que se da a nuestros soldados fuera buena, ¿cómo se explica que haya esas cantinas? (Fuertes rumores.) Si los soldados estuvieran allí bien alimentados, no las habría. (El señor presidente del Consejo de Ministros: Cantinas las hay en todos los ejércitos.) Si vais a Gibraltar, a Malta, o a otras plazas, hallaréis cafés y tiendas de bebidas donde van los soldados, pero no casas de comida. (Rumores.) Si despreciáis los hechos, allá vosotros, pero la observación de los hechos es lo que se dice, y eso acusa. Y lo acusan además las enfermedades que padecen y el estado en que viven. (El señor presidente del Consejo de Ministros: Menos que en la península, en proporción, mucho menor.) Habrá algunos que coman aquí peor, pero yo digo a su señoría una cosa: que aunque aquí por ganar un salario, corto... (El señor presidente del Consejo de Ministros: Me he referido a las enfermedades.) Creí que decía su señoría que aquí comen peor. ¿ Se refería a las enfermedades? Pues por eso sin duda mucha gente procura no ir. Yo tengo que poner en duda la exactitud de estos datos respetando la veracidad de su señoría, porque con frío, con calor terrible, con lluvias, mal alimentados y en las faenas que allí tienen, encontrarse mejor que en la península no me parece posible. Las circunstancias, por lo menos, no abonan estas estadísticas. Cuando se me pruebe el valor de estos datos, podré darles crédito, en tanto, no.
Pero el hecho de la alimentación es exacto. (El señor presidente del Consejo de Ministros: No.) Lo dicen los soldados. (El señor presidente del Consejo de Ministros: No lo dicen.) (Rumores y protestas en la minoría republicana.) ¿ Qué interés, señor presidente del Consejo de Ministros pueden tener los soldados en decir una rosa por otra? (El señor presidente del Consejo de Ministros: No lo dicen.) (El señor Santa Cruz: Sí, sí. Grandes rumores y protestas.) Y además lo digo yo y aseguro que entre las afirmaciones de su señoría y la mía, el país se queda con la mía. (Protestas y rumores en la mayoría.) (El señor Salvatella: Ya se lo probaremos a su señoría.) Aquí de lo que se trata es de salvar el mal, de taparlo, de encubrirlo, cuando tiene que saberse porque, al fin y al cabo, algunos vuelven con vida y no nos cuentan la regalada estancia que han tenido allí y lo que han pasado. Yo ya he leído en los «meetings», y estoy dispuesto a seguir haciéndolo, en cartas que me mandan de allá. Lo que pasa es que para contarnos todo eso tienen que valerse de infinidad de precauciones, pero al fin se sabe porque tienen parientes y amigos y se lo cuentan, Las palabras que acaba de pronunciar el señor presidente del Consejo negando mis afirmaciones producirían un desastroso efecto en el país, créalo su señoría.
Su situación es malísima, y conste que son soldados de todas clases, no ya socialistas los que tales cosas dicen. Pero es más, y si no me hubiera distraído, hubiera podido leer aquí una en la que se me contaban cosas horrorosas.
Era una carta que mandaba a sus amigos, no para que se publicase, vaciando su alma, diciendo todo lo que pasaba donde él estaba. Todo esto es exacto y cuando se llega a esta situación, en lo que respecta al envío de fuerzas, en la cuestión de los armamentos y en el trato dado a los soldados, ¿ qué guerra es la que se va a realizar allí?
Y todo esto, como no se hace tapado ni entre cortinas, se sabe por los moros, y por los franceses y por los ingleses, y por los alemanes, y aunque claro está que no van a publicar en sus periódicos todo esto, en su fuero interno, ¿ qué concepto formarán de nosotros? ¿ Qué concepto tendrán de nuestros servicios allí?
Yo he de recordar a ver si me recusan también esta cita las palabras pronunciadas por el señor Sánchez de Toca con respecto de esto. No son palabras mías. Supongo que estará bien informado, que habrá visto las cosas y que no será puro producto de la fantasía del señor Sánchez Toca, aparte de que allí hay hombres que pueden manifestarlo. Antes me dirigí al señor Villanueva, que tiene allí muchas relaciones y que no diré que tenga por toneladas los datos y documentos que de allí se manden, pero seguramente no le faltarán.
No se trata de gentes que digan que van contra España. Yo he leído todo eso, tengo noticias que me han dado, y de esos escritos brotan una amargura y una pena extraordinaria. Cuando eso se dice y se escribe, cuando los hechos permiten comprobar tales datos, eso no es cosa que pueda negarse o que se pueda contestar con unas cuantas palabras ni buscando una evasiva. Después de eso no queda más que una cosa o el propósito de corregirse, o prepararse para un naufragio. (El señor presidente del Consejo de Ministros: Naufragio sin víctimas.) Lo que allí hay es el predominio del sistema militar, como lo hubo en parte para aceptar el Tratado del cual somos esclavos. Pero en medio de todos los errores y desaciertos, en me dio de esa desorganización, échase de ver que todo ello obedece a ciertos sentimientos y aspiraciones, porque si no fuera así, ¿cómo se explica la tenacidad en mantener el sistema? ¿ Cómo se explica que se siga por tan desastroso camino) Aquí se ha dicho que cierta acción que se desarrolló en la entrada de Zeluán, no fue sino una cosa hecha por el general Marina, de la cual se hizo responsable el Gobierno del señor Maura, pero yo creo que es nuestro deber decir al país toda la verdad. En esos pasillos, fuera de esta Cámara a elementos mauristas les he oído decir que la entrada en Zeluán se llevó a cabo por voluntad del rey, no por mandato del Gobierno. (Protestas de la mayoría.) Yo consigno el echo, (El señor presidente del Consejo de Ministros: ¿A quién lo ha oído? (Varios señores diputados republicanos: ¡Lo han dicho! Otros señores diputados: ¿A quién lo ha oído?) Yo lo he oído a los mauristas. (El señor conde del Moral de Calatrava: ¿A quién? ¡Vengan los nombres! El señor Soriano: ¡Eso es una vulgaridad!) Señor conde del Moral de Calatrava, no he de decir los nombres, pecaría de inocente. Lo que digo a su señoría es que me arrancaría la lengua antes de decir una cosa que no fuera la verdad. He oído aquí a liberales y conservadores, a hombres políticos de todos los partidos, que la dirección de la guerra era del rey. (El señor ministro de Estado No hay más que la de los Gobiernos responsables, Rimores en la minoría republicana, El señor ministro de Estado: Ahora y siempre.) Después, para convencerme de la existencia de este Poder personal, me encuentro con que un ayudante del rey ha ido a Tazza, y otro a Marruecos, yendo de un punto a otro. Yo no entiendo de milicia, pero creo que los ayudantes no están más que para transmitir órdenes de sus jefes. Y el Poder personal no se nota sólo en las guerras, lo notamos también en la política internacional. Pues que, ¿no saben los señores diputados nada de los deseos que se manifestaron cuando triunfó la República portuguesa? (Protestas de la mayoría. El señor ministro de Estado: Eso es una leyenda.) ¿Puede negarlo su señoría? (El señor ministro de' Estado: Leyenda, en absoluto. Estamos con Portugal en las mejores relaciones.) No es leyenda. No hace muchos días que se publicó en un periódico extranjero un telegrama que ha reproducido El Imparcial que dice lo siguiente:
Un reciente discurso de Alfonso XIII ha definido la política exterior de España. Se orienta sin discusión posible hacia la triple entente y tiene por base una inteligencia cordial y con el Gobierno inglés y francés. La del rey a este respecto es tan formal y tan fuerte que se impone en todo su país a los factores de la opinión. Y en la p política nacional pasa lo mismo. Por la influencia del rey se quitan jefes de partido y se sustituyen por otros, como pasó con el señor Moret sustituyéndole el señor Canalejas. (Protestas de la mayoría.) Y con el señor Maura, sustituyéndole el señor Dato. ¡Ah¡, señor conde de Romanones, tenga su señoría mucho cuidado con no ser sustituido en su jefatura. Se sabe también que en las elecciones hay influencias del Poder personal.
El señor presidente: Señor Iglesias, no puede seguir su señoría por ese camino.
El señor Iglesias: Señor presidente, creo que la misión del diputado es decir al país lo que él cree que es la verdad.
El señor presidente: No hay más verdad en el régimen que la Constitucional. El Gobierno responde de todos los actos desde la intención que los inspira hasta la ejecución de la misma., Diríjase pues su señoría al Gobierno.
El señor Iglesias: Pero yo no tengo que relacionar unas cosas con otras para sacar las consecuencias.
El señor presidente: El Reglamento le veda a su señoría discutir lo indiscutible, y a mí me impide autorizarlo, por consiguiente, encarezco a su señoría que todos los cargos que haya de dirigir los dirija al Gobierno, que está ahí para contestar.
El señor Iglesias: Llamo la atención del señor presidente sobre esto. Precisamente para censurar que los jefes de partido y los hombres políticos toleren eso tengo que decirlo, porque si no no podría formular los cargos.
El señor presidente: Es que parte su señoría de un supuesto, que aquí no se ha manifestado, y su señoría no debe de traer a la Cámara leyendas o manifestaciones de opinión sin fundamento. (Protestas en la minoría republicana.)
El señor Iglesias: Señor presidente del Congreso, ¿es que no puedo yo traer aquí lo que se dice fuera? ¿Es que no puedo relacionar una cosa con otra? Poca tarea tendría yo si no hablase más que de lo que aquí se trata.
El señor presidente: Lo que no puede hacer su señoría es apoyarse en testimonios más o menos anónimos de fuera de aquí para traerlos al debate o formular cargos más que contra el Gobierno, que es a quien debe de dirigirse su señoría.
El señor Iglesias: Yo no lo discuto. Lo que hago es traerlo como dato y presentarlo a la Cámara. Yo sé la obligación en que está su señoría, pero créame el señor presidente.
El señor presidente: No es sólo obligación mía, a su señoría obliga igualmente el cumplimiento de los preceptos reglamentarios.
El señor iglesias: Decía yo, señor presidente, que he visto un periódico un escrito donde se habla de que ese influjo se ha notado hasta en la política electoral. Yo no lo he inventado, y Como Yo entiendo que el Poder personal es una cosa dañosa para nuestro país y como creo que parte de lo que está pasando en África y de lo que ocurre en nuestra política es consecuencia... (Las protestas de la mayoría y minoría monárquicas y los aplausos de los republicanos impiden oír la terminación del párrafo. El señor presidente agita la campanilla reclamando orden.)
No lo hago, señor presidente de la Cámara, señores ministros, ni señores diputados, aunque creáis otra cosa, quien lo crea, por desplante, lo hago porque lo estimo un deber, pero, señor presidente del Congreso, yo ya no tengo que tratar más respecto a este asunto. (Un señor diputado: Ha dicho todo.) ¿Es que yo no puedo hablar de eso, porque no uso los términos del señor Sánchez Toca para hablar de ello?
El señor presidente: Eso no lo puede discutir nadie aquí.
El señor Iglesias: Yo dicho lo que tenía que decir, pero si tuviese que decir más, señor presidente, por entender que era la verdad, lo diría, y si mereciese algún castigo, que se me impusiera se me impondría por decir ante el país lo que creía Ya verdad. (Murmullos en la mayoría.) No estáis enterados, si lo estuvieseis, sabríais que cuando hacemos aquí afirmaciones o hablamos de lo que haríamos, lo cumplimos. (Nuevos murmullos.)
Todavía me queda bastante que decir, y por ella ruego al señor presidente, por lo avanzado de la hora, que suspenda la sesión porque además me encuentro muy fatigado. (Protestas de la mayoría.)
El señor presidente: Se suspende esta discusión.
El señor presidente del Consejo de Ministros (Dato): Pido la palabra.
El señor presidente La tiene su señoría.
El señor presidente del Consejo de Ministros (Dato): Supuesto que el señor Iglesias ha suspendido el discurso... (El señor Lerroux: Pero, ¿no está suspendido el debate? El señor ministro de la Gobernación: lo mismo da que esté suspendido que no, lo esté, el Gobierno tiene derecho a hablar cuando lo estime oportuno. Protestas en la minoría republicana. El señor Salvatella ._ ¿Es su señoría el presidente?)
El señor presidente: La Mesa, a instancias del señor Iglesias, ha suspendido este debate, pero no está suspendida la sesión y el Reglamento manda que cuando cualquier ministro pida la palabra se le conceda, y como lo ha pedido el señor presidente del Consejo de Ministros, se la he dado. 
(Nuevas protestas en la minoría republicana. El señor ministro de la Gobernación: El Gobierno puede hablar siempre.)
El señor presidente del Consejo de Ministros (Dato): Yo no he pedido la palabra para contestar al discurso del señor Iglesias. La he pedido porque el señor Iglesias, traspasando los límites de la Constitución y el Reglamento, ponla a su palabra, esa Constitución y Reglamento que su señoría ha prometido por su honor que cumpliría. (Muy bien.) Ha recogido cosas que nacen en el arroyo. (Protestas en la minoría republicana. Grandes aplausos en la mayoría.)
Todos los hombres que hemos pasado por el Gobierno sabemos que son verdaderas indignidades. (Fuertes protestas en la minoría republicana. Prolongados aplausos en la mayoría y en las minorías monárquicas. El señor Lerroux: Sin estar en el debate, esto no se puede discutir.)
El señor presidente: ¡Orden, señores diputados! (Los señores Santa Cruz y Salvatella piden que se lea un artículo del Reglamento. El señor Sánchez Robledo: Que explique el señor presidente del [Congreso] Consejo esas palabras.)
El señor presidente del Consejo de Ministros (Dato): No dan sus señorías pruebas de liberalismo tratando de ahogar la voz del Gobierno. (El señor Lerroux: Se ha pedido que se lea un artículo. El señor ministro de la Gobernación: Cuando acabe el señor presidente del Consejo.)
El señor presidente del Consejo de Ministros (Dato): He dicho, señores, que lamentaba que se hubiesen recogido en el Parlamento español indignidades que nacen en el arroyo y que en el arroyo debían morir. Insisto en esto y no puedo ofender a nadie. (Grandes aplausos en la mayoría y en otros lados de la Cámara, y protestas en la minoría republicana.)
El señor presidente: La Presidencia ruega a la Cámara que oiga su voz La Presidencia espera que se imponga la reflexión en todos; la Presidencia ruega que ocupen todos sus escaños. No hay conflicto alguno, por grave que sea, que no resuelva la reflexión, dominando las pasiones y el acaloramiento del momento.
Sea cual fuere el incidente, y aunque fuera más grave de lo ocurrido, no creo que nadie pretenda ahogar el sentimiento noble de evitar a dar satisfacción el que deba de darla. Ruego a los señores diputados que contribuyan todos a que este incidente termine, por prestigio del Parlamento, como deben de terminar las discusiones entre patriotas y hombres de honor. (Grandes aplausos.) Puede continuar el señor presidente del Consejo de Ministros.
El señor presidente del Consejo de Ministros (Dato): Decía, señores, que todos los hombres que han pasado por el Gobierno en España pueden declarar, como yo declaro por mi honor, que esas especies calumniosas que su señoría recoge no son más que armas que se esgrimen con propósitos verdaderamente revolucionarios y con plena conciencia de su ilicitud. (Muy bien, muy bien.)
Y a la vez de esta protesta, que no podía de hacer antes de que la sesión se levantara, quiero consignar también otra: la relativa al trato que los soldados reciben en el campamento. El señor Iglesias ha hablado de cartas y de pruebas que no presentará jamás ante la Cámara, porque saben todos los que han visitado los campamentos y basta ver el aspecto de los soldados que de África vienen, para sabor que el soldado está rodeado de todas las consideraciones que el sacrificio por la Patria puede aportar para que cumpla la dificilísima misión que está realizando con tanta abnegación, con tanto patriotismo y con tanto valor, contrastando el empuje de los hijos del pueblo que defienden en África el honor de nuestra bandera con la actitud de los que, no habiendo de ir nunca a la
guerra excitan a las masas en contra de ellas (grandes
aplausos), y dan esas voces y hacen esas manifestaciones que alientan resistencias de los que en África se oponen a nuestras armas. (Muy bien.) Dije, interrumpiendo al señor Iglesias, y ésta es otra manifestación a que me voy a reducir, Porque ahora voy a contestar a su señoría, que la salud del soldado en África era mejor que la salud del soldado en la península, y esto se acreditará por los estados sanitarios de África y de la península, pero no quiero que la sesión se termine sin haber desvanecido la afirmación contraria y muy intencionada de su señoría. Conste, pues, que la salud del Ejército de África es mejor que la del Ejército de la península. «Grandes y, prolongados aplausos de la mayoría y de las minorías monárquicas y ruidosas protestas de los republicanos.)

Juntas de defensa (1916)

Una nueva y delicada situación en las fuerzas armadas. Nacen las «Juntas de Defensa» para proteger los intereses de la oficialidad de Infantería.

Reglamento por el que ha de regirse la Unión y Junta de Defensa del Arma de Infantería (E. A.).

escopetas cruzadas con una corneta y una corona real encima. (Este Reglamento ha sido compuesto, tirado y encuadernado por oficiales del Arma, dando con ello el primer ejemplo de entusiasmo y sacrificio, de la serie de los que aseguran el triunfo de nuestros ideales.) 1916.

Préámbulo El ardiente deseo de hacer a la Patria grande y poderosa por el esfuerzo aunado de todos sus hijos; el convencimiento de que para serlo necesita tener un ejército fuerte bien dotado, instruido y entusiasta; el ansia, por tanto, de mejora y progreso, que hace ya muchos años sentía el Arma de Infantería, son las causas que han sugerido la idea unánime de unirse para lograr tan excelso fin. Nuestro objeto inmediato es, pues, éste: Trabajar con entusiasmo, con fe, poniendo a contribución todas nuestras inteligencias, nuestras iniciativas, nuestro estudio y nuestra labor, para conseguir la mejora y el adelanto de la Infantería, contribuyendo así al del Ejército, para bien de la Patria. Que nunca le hemos escatimado nuestro sacrificio, y, por tanto, que no lo rehuiremos aun otra vez no necesitamos jurarlo de nuevo. A nuestra vez, si como hijos abnegados cumpliremos, también acudiremos a nuestra Madre con nuestras necesidades, le expondremos nuestras aspiraciones y le mostraremos nuestras penas, llagas y miserias con confianza. Seguros podemos estar de que conociéndolas, en lo que pueda remediar, equitativa, no nos dejará sin remedio; y cuando a, darlo no alcanzare, su consuelo y la esperanza Los bastará; que por sólo su nombre, y en su defensa, la Infantería ha llenado de tumbas ambos hemisferios para que perpetúen, gloriosas, el testimonio de su amor a la Madre Patria. Nuestra unión para defensa de los interese colectivos e individuales del Arma se mueve, pues, dentro del primordial deber del ciudadano y del militar; con el pensamiento fijo en los juramentos que prestamos ante la bandera de la Patria y no a espaldas de la disciplina; y debe advertirse que si en el primer artículo del Reglamento se considera sólo incluidos en dicha unión a los oficiales desde coronel a segundo teniente, es decir, a los ofíciales particulares, según la Ordenanza les llama, débese a que sólo estas jerarquías pertenecen, según la Organización, al Arma; no porque ésta se olvide ni quiera aislarse de los oficiales generales que de ella proceden, a los que en primer término saluda, a los que ofrece, con los que cuenta como pueden contar con nosotros y a los que pedirá consejo y apoyo cuando los necesite, en la seguridad de que no podrán nunca olvidar el cariño al Arma en que juraron la bandera, por la que lucharon y, sufrieron y la que les abrió el camino a la alta representación que hoy ostentan.

Reglamento.

Art. 1.º Se Constituye la Junta de Defensa de la Escala Activa del Arma de Infantería para trabajar por su mejora y progreso, para mayor gloria y pode río de la Patria; para defender el derecho y la equidad en los intereses colectivos y los individuales de los miembros de ella, desde la salida de la Academia hasta el empleo de coronel inclusive. Es decir, todos' los ofíciales particulares del Arma. Es otro de sus fines fomentar el verdadero, compañerismo, mutua ayuda y perfecta y legendaria caballerosidad, desarrollando estas virtudes en la oficialidad y velando por su decoro y prestigio profesional; persiguiendo con sus particulares iniciativas con ayuda que recabe de los poderes constituidos, por una parte, los medios y facilidades para que pueda adquirir y perfeccionar el oficial las aptitudes profesionales, y, por otra parte, que mejore su situación económica y renazca la interior satisfacción que nace de sus entusiasmos al empezar su carrera y se perpetúa con la confianza en la justicia y equidad con que serán apreciados sus méritos y esfuerzos. El detenido estudio y análisis de este primer artículo por la ilustrada y entusiasta oficialidad del Arma dará a los elementos directores de su unión el programa general de sus gestiones, y a cada asociado el concepto de sus deberes.
Art. 2.º Para la consecución de tales fines, los oficiales del Arma, convencidos de que sólo la unión, estrecha y abnegada puede darnos la fuerza para lograrlos, nos unimos con entusiasmo, comprometiéndonos por nuestro honor, garantizado por nuestra firma, a encaminar con constancia los esfuerzos de nuestra, inteligencia y voluntad a este fin, con sujeción a este Reglamento, cuyo cumplimiento y el desarrollo de nuestra labor quedan encomendados: primero, a una Junta local de cada guarnición; segundo, a una Junta regional en la capitalidad de cada Región; tercero, a una Junta Superior de Defensa del Arma.
Art. 3.º Sólo podrá tomarse un acuerdo cuando en la votación que le preceda obtenga a su favor las dos terceras partes de la suma de los votos en pro y en contra, no contándose como asistentes los que se abstengan. Todo acuerdo tomado en otra forma será nulo.
Art. 4.º Es consecuencia de los artículos anteriores que cuantos oficiales del Arma se adhieran a la idea de unión firmando este Reglamento se sujetan voluntariamente al deber de acatar la opinión a la mayoría expresada, que se reconoce como opinión de] Arma, bajo su palabra de honor y sanciones establecidas por nuestro Código de Justicia y el uso entre caballeros oficiales para quienes falten a ellas. En reciprocidad adquieren el derecho de defensa y solidaridad con los demás compañeros del Arma.
Art. 5.º Cuando terminado este primer periodo de organización de la sociedad haya ésta adquirido arraigo y vencido las primeras y naturales dificultades, llegado el día feliz en que todo infante se honre con la fraternal y bien entendida unión con sus hermanos de Arma, se tenderá a que quien recoja las firmas de las nuevas promociones de oficiales a su salida uniéndolas todas en un álbum, y archive las de los que actualmente hemos iniciado la unión, sea la Academia, solar de la Infantería, cuna y matriz de nuestros entusiasmos.

Art. 7.º Al cambiar de guarnición, un oficial podrá acreditar su cualidad de socio por medio de un ejemplar del Reglamento en. que figure al pie de la adhesión su firma, encima de ésta) el sello de la Regional y la media firma del presidente procedentes.

Art. 8.º Sí al llegar un oficial, sea cual sea su categoría, a una localidad, no acreditase así su cualidad de asociado, el representante del Cuerpo o en ciertos casos la Junta local, según la categoría del recién legado, indagará si lo es, directamente o preguntando a la de su procedencia, y en caso contrario lo avisará a todos los compañeros para que se guarden de él en sus conversaciones y usen de la debida reserva.

Art. 9.º La reserva de la vida social es imprescindible para todos los asuntos, indica también el grado de educación del individuo, por tanto no es necesario recomendarla, pero sí indicar que debe ser escrupulosamente guardada, en absoluto, con cuantos sean estrechos a la escala activa del Arma, con nuestras mismas familias y con cuantos no cooperen a nuestros fines asociados con nosotros. Es éste una virtud militar imprescindible, y quien faltare a ella, comprometiendo intereses tan trascendentales, faltando a su palabra de honor, no merece vestir el uniforme ni convivir con caballeros, ateniéndose a las responsabilidades de su falta que le serán exigidas.

Art. 10. Transcurrido el plazo de un mes, desde la fecha en que haya sido firmado el Reglamento en una localidad, la admisión de los que invitados a ello en un principio hubieran despreciado la invitación de sus compañeros, requiere que lo solicite por escrito de la Junta regional y que por ésta se proponga a las locales para que sea votado siguiendo los trámites que se marcan para tomar cualquier acuerdo. Dicho acuerdo se archivará por la Junta regional, uniéndose al Reglamento del Cuerpo a que pertenece el solicitante una adhesión firmada por él, en forma análoga a lo reglamentado en el artículo quinto.

Art. 11. Cualquier admisión que en las condiciones dichas no fuere hecha con este trámite, será nula y se exigirá responsabilidad a la Junta que la hubiese aprobado.

Martínez de Aragón y Urbiztondo: Páginas de Historia Contemporánea, págs. 20 24 de los Apéndices.

La Junta de Defensa de Infantería exige el reconocimiento oficial (1 de junio de 1917)

La Junta de Defensa de Infantería exige el reconocimiento oficial

«Excmo. Sr.: El Arma de Infantería presenta sus respetos a V. E. no por fórmula, sino por afecto. La mejor prueba de disciplina en que quiere permanecer es que elige este paso con preferencia a otro cualquiera. La gravedad de las circunstancias nos obliga a esta determinación. No sólo el Arma de Infantería que guarnece todas las regiones de la Península, y que sólo obedece exclusivamente en la actualidad a esta Junta del Arma, sino las Armas de Caballería y Artillería están resueltas a que en el Ejército rija, en lo sucesivo, solamente la justicia y la equidad: afirman su determinación de que se reconozca su personalidad para su progreso y defensa de sus intereses, renovando su más sagrado juramento ante sus banderas y estandartes de que tales intereses no son los egoístas e individuales, sino los sagrados del bien de la Patria, por lo que están sujetos, resignados durante tantos años, a toda clase de sacrificios, incluso el de la dignidad desde el final desastroso de las campañas coloniales... Hombres políticos que han ejercido el supremo mando han confesado en varias ocasiones, ante las Cortes unos, otros ante el país, que nuestro sacrificio ha sido inútil, puesto que aquellas fuentes de riqueza o de vida nacional no se regeneraron. La Administración no ha mejorado y el Ejército se encuentra en absoluto desorganizado, despreciado y desatendido en sus necesidades: 1.º «De orden moral», lo que produce la falta de interior satisfacción, que anula el entusiasmo. 2.º «En los de orden profesional o técnico», por la carencia de condiciones militares que no tiene medios de adquirir, por la unidad de doctrina que le rija y de material con que realizar sus fines, y 3.º «Por las de orden económico», en las cuales la oficialidad y tropa se hallan peor atendidos que las de cualquier otro país, y también en condiciones inferiores a las de las clases civiles, análogas, del propio...

Para estudiar el medio de corregir tales graves padecimientos de la colectividad y solicitar respetuosamente por los medios legales de sus superiores autoridades el remedio, presentándoles al propio tiempo las soluciones, se formó la Unión y Junta de Defensa del Arma, que afirmó en su Reglamento la firmeza de su juramento a la bandera, su respeto a los Poderes constituidos y a la disciplina y los fines de dignificación y progreso que se proponía. No ha obrado a espalda de aquélla ni se ha escondido para actuar durante los catorce meses que lleva de actividad; elevó su Reglamento a manos de su superior autoridad y estaba persuadida de que había llegado a las más altas manos, y al no haberle sido vedada su actuación, se hallaba orgullosa de la alteza de sus miras y propósitos y de su cordura y morigeración al encaminarse a sus fines.

Dolorosamente sorprendida se ha visto al ser su Junta Superior arrestada y sumariada sin causa conocida, resultando punible, al parecer, su amor a la Patria, destinados a otors puntos, por represalia, algunos de sus adeptos, por el único delito de serlo, y por fin injuriada y despreciada la nobleza y lealtad de su proceder.

Estas providencias, y el propósito declarado de ahogar los nobles gritos de su alma por el temor, en una colectividad que precisamente hace votos del sacrificio de su vida al jurar la bandera, han colmado nuestra capacidad de sacrificio.

La totalidad del Arma ha resuelto exponer respetuosamente, por última vez, su deseo de permanecer en la disciplina, pero obteniendo la rehabilitación inmediata de los arrestados, la reposición de los privados de sus destinos, la garantía de que no se tomarán represalias y de que será atendida, en lo posible, con más interés y cariño, y, por último, el reconocimiento oficioso de existencia de su Unión y Junta de Defensa; empeñando, en cambio, nuestra palabra de honor de que jamás será esto fuente de indisciplina, de que no se quebrantará su respeto a los Poderes constituidos por voluntad de la nación y que sólo aspira a conseguir los bienes que para el Arma, para el Ejército y para la Patria expresa su Reglamento que se adjunta.

El Ejército solicita y espera en los cuarteles, en todas las guarniciones de España, la situación de su súplica en un plazo de doce horas, porque para su tranquilidad lo necesita y por que conviene evitar que la prolongación de esta equívoca situación, que dura ya siete días, en los cuales nuestra cordura y subordinación ha sido absoluta, sea piedra de escándalo para el país.

La vuelta a la normalidad será el momento de su mayor alegría. En Montjuich, a las diez (1 de junio).»

S. Canals: La caída de la Monarquía, págs. 17 y ss.

Fernández Almagro: Historia del Reinado de Don Alfonso XIII, pág. 293, nota.

Juntas de Defensa ( Sánchez Toca, «El Imparcial», 26 de diciembre de 1917)

 Las Juntas de Defensa

No nos hemos dado todavía plena cuenta de la inmensa trascendencia de esta aparición del sindicalismo en la orgánica de los Cuerpos militares imponiendo el reconocimiento oficial de su personalidad y de su beligerancia dentro de nuestro Ejército. El desmandamiento militar de 1.° de junio arrastra como tara originaria y tiene como característica principal el haber descubierto, en más alto grado que cualquiera de sus anteriores prodromos, el drama que venía desarrollándose latente en las relaciones del mando y de la obediencia dentro de los cuadros y sus Estados Mayores y del total conjunto de los Cuerpos armados con las personificaciones del poder público.
Lo que distingue a ese pronunciamiento de cuantos les precedieron es el exteriori.zar una radical suplantación de todas las esencias de la disciplina militar, asentada en una autoridad única e indiscutible por una organización sindical subrepticia de los Jefes y Oficiales en mando activo dentro de los cuadros, a semejanza del fenómeno social que en el seno de las grandes industrias y empresas modernas vincula a las clases obreras, produciendo la organización autoritaria y la potencia de sus sindicatos por autorregeneración similar a las de las propias potencias del poder público. (...) Pero es monstruosa aberración que los principales usufructuarios de la lista civil del presupuesto del Estado pretendan tomar los abrigos e interponer las exigencias autoritarias de semejantes sindicalismos.
(...) Pero el colmo de lo monstruoso, en esta materia, es que los institutos armados pretendan asimilarse el derecho de sindicación de los inermes, y, valiéndose de las mismas armas que el poder público les ha confiado, notifiquen por su cuenta, imperativamente, declaraciones de una voluntad de poder creando o imponiendo situaciones de conflicto en que prevalezca su potencia para hacerse obedecer.
El mero intento de sindicalismo semejante implica radical negación de virtudes militares y lealismos pisados ante la bandera en que consiste la trascendente disciplina, sin la cual ningún Estado moderno puede instituir su Ejército nacional.
Por la propia naturaleza de su institución, estos ejércitos son una jerarquía. En ellos la suprema razón del principio de autoridad ha de fulgurar siempre en la cumbre incorporada a la más excelsa personificación de la soberanía nacional.
A diferencia de la organización sindicalista, el número es el que ha de rendirse a la obediencia.
Las Juntas militares llamadas de defensa, por el contrario, significan la inversión de la pirámide jerárquica y la imposición del número al estatuto jerárquico de la autoridad.
(,,,) Mientras subsistan semejantes sindicalismos que llamamos Juntas militares de defensa, no puede haber Ejército, ni cabe pedir al país aumentos para el presupuesto del ramo de la Guerra, a no ser para tercios de Guardia civil y para aquellas Armas que se hayan limpiado de Juntas de Defensa.»


Declaraciones del señor Sánchez Toca a «El Imparcial», 26 de diciembre de 1917.

Las juntas de Defensa se extienden (ABC, 5 de enero de 1918)

Las Juntas de Defensa se extienden. El ministro prohíbe las de Clases de Tropa y las de los Ministerios civiles

El señor La Cierva facilitó, a las seis de la tarde, la siguiente nota:

«El ministro de la Guerra ha seguido con toda atención el movimiento indicado por las clases de tropa, vanos meses antes de formarse el actual Gobierno, Para constituirse en Juntas de Defensa. Ya hecho todo lo posible para evitar esa asociación que, a espaldas de sus jefes y no obstante las exhortaciones de los mismos, han gestionado con activa propaganda, por parte de algunos, entre todos los Cuernos de Ejército. Esos actos ilícitos no podían atribuirse siquiera al propósito de que fueran atendidas legítimas aspiraciones de las clases de tropa, porque, reiteradamente, ha anunciado el ministro que prepara reformas, para las cuales había abierto una información que. está ya a punto de terminar. Los generales, jefes y oficiales, cumpliendo instrucciones del ministro, han venido haciendo gestiones cerca de esas clases para disuadirlas de constituir las Juntas, procurando mantener la natural relación con sus jefes para recoger aquellos anhelos de mejora. El ministro llegó a convencerse de la inutilidad de todos sus esfuerzos, y de que personas extrañas al Ejército alentaban más o menos directamente, ese movimiento, y lo encaminaban a graves perturbaciones de orden público, que seguramente no estaban en el pensamiento de las clases de tropa, inclinadas a la agrupación con mayor sencillez de espíritu, y creyendo que con ello podrían mejorar su situación. No era posible consentir que ese estado de espíritu fuera aprovechado para perturbar una vez más la paz pública, y al tener noticia de que a eso iba rápidamente, decidió el ministro imponer con resolución la disciplina y prohibir en absoluto la constitución de agrupaciones.
Es de advertir que algunas de las clases de tropa viajaban sin permiso de sus jefes, y de guarnición a guarnición se comunicaban por medio de claves. A ello obedece la decisión adoptada en e¡ día de ayer de licenciar inmediatamente a todas las clases que constituían esas Juntas, y exigir juramento a las demás de no intervenir en ellas ni persistir en las gestiones de organización que se venían haciendo, decidido el ministro a cumplir estrictamente y con toda firmeza esta determinación. Las precauciones adoptadas para que al mismo tiempo se ejecuten en toda España esas órdenes explican la interrupción de las comunicaciones telegráficas de que habla la Prensa.
Razón tiene el ministro para quejarse de que, no obstante sus ruegos reiterados, personas de alta categoría, con sus escritos de halago a esas clases de tropa en los momentos actuales, y algunos periódicos con noticias fantásticas y alarmistas, cooperando a la labor de los perturbadores del orden público, hayan ocasionado el despido del Ejército de algunas de esas clases, que no han tenido presente las obligaciones que impone el servicio de armas. El Ejército no puede vivir sin disciplina, y el ministro, que recibe constantemente la adhesión de los generales, jefes y oficiales, y la manifestación de éstos de alejarse por completo de toda función política para llegar a la total normalización del Ejército, está dispuesto a proseguir serenamente esta labor, que los hombres de buena voluntad reputarán tan moderada como indispensable.
Termina repitiendo lo que el señor presidente del Consejo de Ministros ha dicho ya, o sea, que ningún organismo del Ejército le ha exigido la adopción de las medidas que se están cumpliendo

ABC, 5 de enero de 1918, pág. 8.

Nota oficiosa (ABC, 16 de marzo de 1918)

Nota oficiosa

En el Ministerio de la Guerra facilitaron anoche la siguiente nota oficiosa:

«Los presidentes de las Yuntas de los diversos Cuerpos del Ejército han visitado al ministro de la Guerra para manifestarle que, a virtud de las excitaciones que de dicho ministro recibieron, han acordado que en cada uno de; los referidos Cuerpos exista solo una Junta que se ocupe exclusivamente en las cuestiones internas que a los mismos afecten, a semejanza de la que en el Cuerpo de Artillería existió antes de la constitución de las Juntas de Defensa y durante muchos años. En realidad, pues, las Juntas de Defensa, que el actual Gobierno encontró reconocidas y actuando, pierden el carácter que tenían, y modificando sus estatutos y funcionamiento quedan reducidas a organismos alejados por completo de todo asunto que no sea el peculiar de cada Arma o Cuerpo.
El ministro agradeció esa noble actitud del Ejército, se congratuló de que hayan sido atendidas las indicaciones que hizo, haciendo constar, además, que desde que tomó posesión de su cargo las Juntas de los Cuerpos no le han creado la más pequeña dificultad en su gestión.

ABC, 16 de marzo de 1918

Carta del General Jordana (1918)

Carta del General Jordana

Jordana
General Jordana

Resulta de lo expuesto que en el período transcurrido desde que en junio de 1915 me encargué de este puesto hasta marzo de 1917 que terminó la repatriación de fuerzas mencionada, obtuvimos de la cooperación del Raisuni no todas las ventajas que aspirábamos y a que en realidad le obligaba nuestro pacto; pero sí las suficientes para no dudar en absoluto de su lealtad ni dar por mal orientada la política emprendida, que condujo a los positivos resultados que se han enumerado, nada despreciables por cierto, y que acusaban muy halagüeña situación comparándola a la que precedió al pacto con el Jerife, que obligó a traer de España numerosas fuerzas, que en su totalidad pude repatriar, reorganizando las que habían de quedar aquí con carácter permanente a base de importante reducción en el efectivo de este
Ejército.
Coincidió la época por que voy en mi relato con grandes triunfos de los alemanes y turcos, que a la vez intensificaron su propaganda extraordinariamente, y con este momento coincidió también un cambio radical de actitud del Raisuni, que empezó a no cumplir nada de lo convenido y a amenazar —cuando le exigía lo cumpliese— con inmediato rompimiento.
Sin duda creyendo entonces seguro el triunfo de los alemanes debió entablar relaciones con ellos, o estrechar las que existían, para ayudarlos en su actuación antialiada, a cambio de promesas de Alemania para el día de su victoria; y si no llegó en sus trabajos germanófilos a emplear su gran influencia para proceder activamente como lo hizo Abd el Malek, mucho menos temible que él, fue indudablemente porque, si bien cedí en otras cosas, me mostré siempre inexorable en cuanto pudiese afectar a nuestra neutralidad, pues el Raisuni, sin nuestro freno, les hubiese hecho imposible la vida, poniéndoles seguramente en trances apuradísimos.
A partir de este momento, que puede considerarse comienzo de una nueva fase en las relaciones con él, basó siempre sus negociaciones con nosotros en exigencias inadmisibles, tales como la de ser nombrado Gran Visir sin someterse previa y personalmente al Jalifa, lo que dio lugar a laboriosas y difíciles gestiones, que no condujeron a nada práctico, y a exigirnos después la entrega de gran cantidad de armas y municiones, so pretexto de que sin ellas no le era posible someter a las cábilas que le amenazaban con levantarse contra él, lo que también fue motivo de otra laboriosa negociación de resultado negativo para el Jerife. Indudablemente esas pretensiones, acompañadas siempre de la amenaza no cumplida de separarse de nosotros, obedecían a un plan premeditado de no comprometerse a nada ínterin no terminase la guerra, a fin de inclinarse entonces al lado que más le conviniera.
Huelga decir que durante el transcurso de esas negociaciones, y según lo estimaba conveniente, se registraban atentados que sería prolijo enumerar, y que conducían, bien a presentarse ante las cábilas como traidor a nosotros para aumentar entre ellas su prestigio a costa nuestra, bien a obligarme a que acudiéramos a él para imponernos la ley, que es a lo que siempre ha tirado, por su idiosincrasia y por propia conveniencia.
En el lapso de tiempo en que se ha desarrollado la fase a que vengo refiriéndome, ha dado mil veces motivo para romper con él. Es más: han sido tales las deslealtades y fechorías suyas que han quedado impunes, que para no romper con él ha sido menester por mi parte un esfuerzo sobrehumano, e incluso contener la corriente formada por la opinión de todos los que no concebían mi paciencia, achacándola, sin duda, a desconocimiento de la realidad o a apatía, y creando a mi alrededor un ambiente que he soportado con estoica resignación por considerar que cumplía con mi deber obedeciendo las órdenes del Gobierno, que a su vez se inspiraban siempre, como es natural, en el más acendrado patriotismo.
Verdad es que tuve buen cuidado en todo tiempo de exponer a los Ministros de la Guerra y Estado la situación con claridad meridiana, sin ocultar nada de lo que aquí ocurría, y exponiéndoles mis puntos de vista, que en bastantes casos se basaban en temperamentos de prudente energía; pero siempre y sin distinción de partidos, recibí instrucciones en idéntico sentido.
El General Luque, Ministro de la Guerra, me decía en carta de 3 de enero del pasado año:
«Precisamente ahora esa política de Raisuni, o más bien dicho musulmana, es decir, de dar tiempo al tiempo, a mi juicio nos convendría continuarla hasta que se despeje la situación del mundo.»
El Ministro de Estado (Sr. Gimeno), en telegrama de 19 del mismo mes:
«Será preciso contemporizar y adoptar una política lenta como la suya.»
El General Luque, en 6 de marzo del mismo año:
«Ganar, pues, tiempo es ahora nuestra política, adquiriendo, naturalmente aquellas ventajas que sin grandes operaciones podamos conseguir.»
El Marqués de Lema, en 10 de agosto de 1917, decía: «Rehuir tratar de todas las cuestiones para más adelante, que es mi ánimo, cuando termine el verano, que el Gobierno, ocupado hoy por cuestiones urgentes, adopte una línea de conducta definida con relación a los importantes problemas pendientes en nuestra zona de Protectorado. Conviene, pues, procurar hábilmente que demore el regreso a su campamento. Por lo demás, excuso decir a usted mi convicción de que debemos conservar con el mayor cuidado nuestras buenas relaciones con el Raisuni, no dando motivo a tan receloso moro para que dude de nuestra lealtad y caballerosidad.» Y en otro telegrama de 21 de agosto:
«Respecto relaciones con el Raisuni me ratifico en mis ideas anteriores, y entiendo que no será difícil sostener hasta otoño la situación de las cosas, fundándome en esa misma razón que el Kerif expone cuando llegan épocas de reposo como el Ramadán.»
El Sr. Cierva, Ministro de la Guerra, en 25 de febrero de este año: «Noticias de V. S. sobre carta de Raisuni permiten esperar seguirán negociaciones con más calma.»
El Sr. Dato, en telegrama de 8 de julio:
«El Gobierno, después de ver todas las cartas, notas y telegramas de V.S. y de haber apreciado los numerosos y complejos aspectos de nuestra actuación en Marruecos, considera como lo más conveniente en estos momentos de tan extrema dificultad de orden interior y de orden internacional, el mantenimiento del statu-quo en nuestras relaciones con el Raisuni.» Y en carta de 22 de junio:
«El actual Gobierno, cuyos hombres tienen, por otra parte, diversos y aun opuestos criterios sobre el problema del Protectorado, desearía seguir manteniendo el statu-quo.» En telegrama de 19 de julio:
«Si V. S. logra conservar el statu-quo actual para ejecución de obras y afianzamientos de nuestra neutralidad, evitando que el Xerif vaya a combatir a zona francesa, habrá prestado V. S. a España un nuevo y valioso servicio.» Y el 7 de agosto:
«Supongo en poder de V. S. mi telegrama de San Sebastián, expedido ayer, dándole en él instrucciones, que le tengo comunicadas, respecto a las peticiones del Raisuni, confieso en que V. S. encontrará dentro de ellos medios de mantener las relaciones amistosas con el Jefe moro.»
Las frases transcritas, que sintetizan en lo esencial las instrucciones que se me han comunicado al exponer diversas situaciones de extrema dificultad por que en las negociaciones con el Raisuni he pasado, denotan claramente el sentir de liberales, demócratas, conservadores, Gobierno de concentración y de notables, que con indiscutible unanimidad me han ordenado dé largas a la situación hasta llegar al fin de la guerra.
Ahora bien, ¿es posible proseguir por este mismo camino? Para contestar a esta pregunta y para responder también a una de las contenidas en el cuestionario que motiva esta carta, es indispensable examinar, como paso a hacerlo, la situación actual de esta zona.
Por eso estimo que es menester cambiar de norma de conducta con él, y dentro, naturalmente, de la prudencia, exigirle todo aquello que debamos exigirle, que por el pronto debe ser, a mi juicio, la devolución inmediata de los fusiles y mulos que nos ha cogido en las últimas agresiones, y de los dos soldados del regimiento de Vitoria que desertaron, que juzgo indispensable sean objeto de un ejemplar castigo, para evitar la repetición de tan vergonzoso hecho.
Después debe modificarse esa cláusula de lo pactado que le autoriza para ser arbitro en cuanto se refiere a los poblados de nuestra zona ocupada en Larache que le son afectos, porque ello es origen de un semillero de disgustos que pueden conducir a fatales consecuencias, y porque es inadmisible que a retaguardia de nuestras posiciones se reconozca otro poder que el del Jalifa.
Por último, garantía absoluta de que mientras no rompa con nosotros no sólo no ha de realizar ni inspirar el menor acto hostil contra la zona francesa ni internacional, sino que ha de impedirlos con toda lealtad, así como cualquier inspiración que para llevarlos a cabo trate de fraguarse en nuestra zona.
Estas primeras exigencias, que han de revelarle nuestro cambio de actitud respecto a él, han de provocar su indignación, y seguramente ha de amenazarnos con el rompimiento amistoso, pero inmediato; y claro es que si hemos de conseguir algo práctico es menester no oponer la menor oposición a ello, con lo que, si no está dispuesto a romper, cederá, y ganada la mano en este primer tanteo seguiremos adelante en nuestras peticiones, llegando hasta a exigirle el cumplimiento de lo pactado y la ejecución de obras que nos son indispensables; lo que entiendo requiere la garantía de una ocupación, tal como la preconicé en mi discurso del banquete popular ofrecido aquí al Infante D. Carlos.


(HERNÁNDEZ HERRERA, Carlos: Acción de España en Marruecos, págs. 246-249.)

Testamento Jordana (extracto) (1918)

Testamento Jordana (extracto)


...//...

"En aquel territorio, [Melilla] de haberse perseguido el sistema que llevé a la práctica siendo Comandante General, a estas horas hubiéramos llegado ya probablemente al límite de nuestra Zona en la parte inmediata al Muluya y a Tafersit en el Rif, lo que nos hubiera permitido continuar con las obras del ferrocarril de Tistutin al último punto antes citado, cultivas fértiles valles, hasta ahora yermos, y aproximarnos a la rica región costera inmediata a Alhucemas, redoblando nuestra acción política sobre ella para preparar en plazo no lejano el desembarco en Axdir."

...//...

"A mi juicio, el problema de Marruecos se plantea para nosotros en el momento presente de tal modo que no ofrece más que dos soluciones: afrontarlo con habilidad, pero resueltamente, lo que ha de hacerlo relativamente fácil, pues siempre he sostenido, y seguiré sosteniendo, que su principal dificultad estriba en la timidez con que se trata de resolver, o abandonarlo de una vez, aunque ello implicase el desprestigio de España y la pérdida de las garantías de su integridad e independencia."

"Tal vez se le ocurra a usted preguntarme: ¿Y que sacrificios se le han de exigir al país si se procede como usted indica?"

"Sólo los actuales o muy pocos más, pues lo que a fuerzas se refiere me bastarían con las asignadas en las plantillas de rigor; pero a condición de que se cubrieran constantemente las bajas de hombres y ganado, cosa que hasta ahora no he conseguido no obstante mis constantes exhortaciones en tal sentido, dándose el caso de que en la actualidad me faltan más de cinco mil hombres y mil setecientas cabezas de ganado, lo que coloca a las unidades en pésimas condiciones para su empleo."

"También sería necesario contar con un servicio de aeronáutica bien organizado, pues hoy se halla éste completamente desatendido, y bien claramente se ha visto en la Zona vecina [la zona francesa] el resultado sorprendente obtenido por sus escuadrillas de aviadores."

"Con tener este ejército las plantillas bien cubiertas siempre, y alimentándole y alojándole convenientemente, y con la libertad de acción necesaria, creo se podrían realizar las ideas apuntadas, siempre sin prescindir de la prudencia necesaria en todas las cosas de esta pequeña guerra."

"La supresión de las recompensas [los ascensos por méritos de guerra, entre otros] ha sido un rudo golpe que se ha dado al espíritu de oficialidad y tropa, y del que yo juzgo (más que con manifestación alguna en este sentido, pues jamás se me ha quejado nadie de tal medida, ni he observado la menor tibieza en el cumplimiento del deber, en que todos rivalizan con entusiasmo) por cierto hecho que no debe pasar inadvertido y que da la medida con el gusto con que la oficialidad sirve en África, en relación con el cual ha de estar naturalmente el rendimiento que puede dar."

"Este hecho es la poca demanda que ahora se observa de destinos que antes eran codiciadísimos, tales, por ejemplo, como los de Fuerzas Indígenas, que aun siendo electivos se cubren ahora en muchos casos con oficiales forzosos. Esto indica que nadie quiere venir aquí, y que el que viene lo hace a la fuerza y pensando desde que llega en el día de su marcha, y no parece que es ese el espíritu del que debiera venir animada una oficialidad que en realidad había de estudiarse el medio de que permaneciera en África el mayor tiempo posible, a fin de que conociera el país y el problema, aficionándose a él, únicos medios de que el mando se vea auxiliado eficazmente."

"Pues bien, esa falta de entusiasmo por servir aquí se debe exclusivamente a la supresión de las recompensas, pues son muy pocos los que llevan su espíritu al extremo de exponer la vida en el combate y someterse a las penalidades de una campaña sin estímulo alguno, pudiendo servir en la Península con mucha mayor comodidad y sin riesgo".

...//...

Palma Moreno, Juan Tomás. Annual 1921. 80 años del desastre. Almena ediciones. Madrid 2001. Páginas 33 y 34.

Plan del General Berenguer (26 febrero 1919)

Plan del General Berenguer

. Mi plan depende del estudio previo que voy a hacer; pero desde luego le diré a usted que juzgo acertadísima la conducta puesta en práctica por el General Lyautey, que va avanzando poco a poco, arañando con prudencia, pero resueltamente, los territorios que Francia está encargada de abrir a la civilización y al tráfico europeo. Procuraré, pues, ensanchar la zona de nuestra influencia práctica encomendando estos servicios a la Policía, al gum, para alcanzar el objeto con más facilidad y menos sacrificios. Sé, porque la experiencia me lo ha enseñado, la alarma un tanto pueril que las bajas producen en la opinión del país, mal preparada para estas cosas, peor informada de lo que es el problema de África. No hace falta pedir un solo soldado más, porque con las fuerzas que hay sobra para realizar estos objetos.
¿Quién ha dicho que en África existe o ha existido alguna vez una política militar? Ya he dicho que el problema de África no es un problema militar. Por suponerlo así, se han dicho cosas inexactas y se han hecho críticas y censuras sin fundamento. Mi política, si quiere usted llamarla así, consiste en restablecer en todo su vigor la administración indígena, colocando siempre a los moros, a los delegados del Sultán, en primera línea, en la línea más visible. La única garantía será poner, al lado de estos funcionarios, los funcionarios españoles que sean necesarios para inspeccionar sus trabajos y obtener la seguridad de que cumplen con su deber.


(«España en África», 26 febrero 1919.)

Política marroquí: del discurso de Romanones en el Ritz (5 de noviembre de 1919)

Política marroquí: del discurso de Romanones en el Ritz
5 noviembre 1919

«Marruecos-Tánger. Si mis palabras terminaran en este punto estoy seguro de que diríais que no os había dado a conocer todo mi pensamiento, que voluntaria o involuntariamente había hurtado el hablar de un tema que puede por sí solo bastar para que todas estas aspiraciones se conviertan en sueños irrealizables, porque ante la idea de esta confraternidad de nosotros con otros grandes pueblos se alza con imperio algo que puede convertir en polvo nuestras ilusiones: Marruecos-Tánger.
Ya ha pasado la hora en todo, pero principalmente en la política y en la política internacional, de las habilidades y de las reservas; cuando existen escollos hay que señalarlos, hay que precisarlos; quererlos ocultar sólo sirve para estrellarse en ellos; con toda claridad, con el ánimo exento de prejuicios, debemos examinar este aspecto grave y delicado.
Mis opiniones sobre Tánger y Marruecos son bien conocidas; las he repetido en el Parlamento muchas veces, las he dado a conocer en otras ocasiones; nuestros derechos en Marruecos, consagrados por Tratados solemnes, son intangibles; lo que allí se pactó pactado está, y hay que mantenerlo; se trata para nosotros de lo que pudieran llamarse valores imponderables. Si España desertara de Marruecos, aunque sus costas estén bañadas en una gran extensión por el Mediterráneo, dejaría de ser nación mediterránea. Para nosotros la costa Norte de Marruecos es tan indispensable como lo ha sido para Francia el litoral argelino, como lo fue para Italia la Tripolitania, para cuya consecución tuvo que realizar tantos esfuerzos; porque el mar Mediterráneo no separa, sino que une, es un reducido pasillo, y al que ocupa una de sus orillas, no le puede ser indiferente el que la orilla opuesta pueda ser dominada por uno o por otro. Por eso para mí no cabe duda: no tenemos siquiera el derecho de opción; la responsabilidad que habríamos de contraer ante las generaciones futuras sería enorme, y, por tanto, para conservar nuestra posición actual, todo sacrificio por grande que sea, lo estimo pequeño.
Hay entre nosotros quienes creen, yo reconozco su buena fe, que la mejor solución para España es el abandono de Marruecos; a ellos invito a reflexionar sobre lo que con aplauso de todo el Parlamento francés, desde las extremas derechas a las izquierdas socialistas, se ha dicho respecto de Marruecos, estimándolo como de un valor inapreciable, proclamando que Marruecos ha de pesar considerablemente en el porvenir de Francia. ¿Por qué para nosotros no ha de tener igual justiprecio y estima?


(HERNÁNDEZ HERRERA, Carlos: Acción de España en Marruecos, págs. 336-337.)

Memoria del viaje del Ministro de la Guerra a Marruecos (junio 1920)

Memoria del viaje del Ministro de la Guerra a Marruecos

I. Acción Política
La impresión que se obtiene al desembarcar en Marruecos y visitar la zona española es de sorpresa muy grata para quien antes la desconocía, porque acostumbrados a oír hablar de Marruecos como de una carga pesada que tenemos sobre nuestros hombros, como una obligación diplomática difícil de eludir y como un lugar tenebroso de combates y luchas desgraciadas y sepulcro de muchas vidas españolas, maravilla encontrarse con poblaciones reclinadas sobre el Mediterráneo, mar siempre azul y alegre, y que reúnen todos los elementos de vida para ser consideradas como centros urbanos, al igual que no pocas que sobre el mismo Mediterráneo se asientan y, desde luego, superiores a muchas de las capitales de provincia de España. Ceuta, Melilla, Tetuán, Larache, Alcázar, son ciudades que tienen cuanto cabe apetecer, y que se hallan en una situación de pleno crecimiento, permitiendo augurar un desarrollo de esas ciudades que las hacen por sí solas acreedoras al cuidado y a cualquier sacrificio que España se impusiera para conservarlas.
De igual modo, el territorio que nos está atribuido, sin poseer caracteres de fertilidad sorprendente ni de vegetación tropical, presenta una fisonomía bastante homogénea y disfruta de una estructura orgánica muy semejante a la de España en varias de sus regiones, siendo susceptibles de aprovechamientos generadores de una función agronómica muy importante. Únase a estas consideraciones la primordial de orden político, consistente en que Marruecos es la zona natural de expansión de España, que, sin perjuicio de que desdoble en su interior energías hoy dormidas en pueblos y regiones, al presente anémicos o estériles, puede y debe irradiar hacia afuera, respondiendo a la ley histórica de que tiene que ser paralelo y simultáneo ese doble crecimiento interno y exterior. Como España no puede ausentarse del Estrecho, so pena de condenarse a un aislamiento, que en los pueblos, como en los individuos, es preludio del suicidio, es evidente que para que España disfrute en el orden internacional de una personalidad siempre sencilla y modesta, pero decorosa y digna, necesita prestar atención solícita a Marruecos, doblemente si se considera que esa personalidad, en el emplazamiento que España tiene, y que es el punto más cerca para América, ha de contribuir poderosamente a la influencia y prestigio a que España aspira por derecho indiscutible en esa misma América.
A esta impresión halagüeña contribuye el convencimiento que allí se obtiene ya de que por fin se ha dado con la orientación apetecible para que la política de España tenga un carácter de fijeza, de continuidad y de acertado objetivo. Puede ser más rápida y, de momento, más brillante una acción bélica encaminada a la ocupación del territorio mediante éxitos o triunfos militares ; pero aparte de la resistencia que a ello opondría enemigo tan tenaz y fiero como es el moro, no cabe desconocer que en la empresa tendríamos que dejarnos muchos hombres y demasiadas energías para poder compensar la victoria que se obtuviera. Y como territorio que se ocupa por la fuerza se somete espiritualmente con dificultad, el período posterior de dominio había de conducirnos a una constante y perpetua represión, con gastos y mantenimientos de ejército excesivos por lo cuantiosos. En cambio, la acción lenta y reflexiva, pero perseverante, que conduce a atraerse a las cábilas una por una, y dejando a la propaganda que las mismas hacen de los beneficios que obtienen al lado de España el efecto de horadar la voluntad férrea y agresiva de las otras cábilas, nos lleva ya a la conclusión de que se consolida mucho más el dominio nuestro por esa infiltración diana, que nos ha hecho avanzar en poco tiempo considerablemente en la extensión del territorio sometido.
De esta suerte además se economizan fuerzas y sangre española, empleando a las columnas de nuestro Ejército para apoyar en los momentos que es preciso la acción política, así como amparar y proteger a las cábilas sometidas contra las rebeldes que las acometan y traten de saquear, con lo cual todas ven ya en España su único sostén y cuentan con su protección para la defensa de sus intereses más caros. Resulta, por consiguiente, decisiva la influencia de una acción política atrayente bien conducida, siendo acertadísima la línea de conducta que el Alto Comisario sigue, y a la cual contribuyen sobremanera las simpatías de que goza y el sólido prestigio que alcanza entre peninsulares, moros y hebreos.
Contribuye a esa superior influencia que España va adquiriendo el estado de relaciones con el Majzen, que es cordial y expresivo, por haberse convencido los representantes del Sultán de que sólo ejerciendo allí España una acción como la que viene desarrollando se puede mantener la soberanía nominal del Majzen y recaudar unos impuestos que de otro modo nadie satisfaría. A este propósito, es de desear que los tributos pagados al Majzen comiencen en alguna medida a indemnizar a Guerra de los dispendios que hoy hace para sostener las tropas xerifianas, pues parece natural que el Protectorado corra con aquellos gastos que al mismo atañen preferentemente.
Reconociendo, por tanto, que la única política a seguir es la indicada, cuya bondad unánimemente se reconoce ya, se esboza perfectamente el contenido de la obra a realizar, pudiendo definirse como la utilización del país mediante la explotación de sus elementos de trabajo y de riqueza, por la educación del moro y la colonización española; pero cuidando de que esta colonización no sea individual, aislada ni disgregadora, sino respondiendo a un plan que la metodice, con sujeción a un sistema que vaya ayudando a los moros a explotar mejor por sí mismos, y que al propio tiempo se instalen en aquellas regiones numerosas familias españolas, que no dejarían de acudir si contaran con una seguridad por parte del Estado español, tanto para conducirlas como para colocarlas en condiciones de obtener medios de trabajo y de holgura a que su esfuerzo les hiciera acreedoras.
Ciertamente que estudiando por zonas, y aun por comarcas, según luego diremos, ese sistema colonizador, podrían lograrse resultados sorprendentes sin necesidad de gastos por parte de España, ya que las funciones modernas reservadas al crédito permitirían la obtención de capitales. A esto ha de unirse, perfectamente engranado con ello, y sin más que ampliar lo que hoy ha comenzado a hacerse, todo lo que representa fomento de la enseñanza, de la asistencia, de la sanidad y de las comunicaciones entre las cábilas por zonas y por comarcas.
El influjo de la escuela es maravilloso, pues recogiendo cuanto de imaginativo y de instinto literario tiene el moro, le dota de elementos de educación, de cuyo valor se da perfectamente cuenta, haciendo muy buena impresión las escuelas árabes visitadas en algunos aduares o posiciones, y que son consideradas por los indígenas como una de las mejores pruebas de mayor estima que a ellos pueda dar España en su Protectorado.
No menor es el papel que juega el médico, viéndose ya, por los dispensarios que van estableciéndose en las posiciones o sitios más importantes, que España se introduce en el corazón de la familia mora, que llega ya incluso a permitir la entrada del médico en su propia casa, rindiéndose así a la obra civilizadora que a la ciencia está encomendada.
De igual modo, la aplicación de reglas de higiene, de saneamiento, de suministro de aguas potables, mediante los oportunos alumbramientos a los zocos y núcleos de población, etc., surtiría efecto de primera magnitud.
Y, por último, contándose con rápidas comunicaciones y con vías de acceso a todas partes, se inicia ya una serie de intercambios, de relaciones y de vínculos entre España y los moros, así como entre unas y otras cábilas, que seguramente este factor ha de ser uno de los más importantes en sus consecuencias. El recorrer en Ceuta, Tetuán, Larache, Melilla, en pocas horas, toda la línea de nuestro frente, que cuenta ya muchos kilómetros, y acudir a los zocos o sitios de mercado, y vivir continuamente en correspondencia o al habla con diversidad de personas y en multitud de asuntos a la vez, es una de las características de la época moderna que más admiran a quien comienza a gustar sus beneficios y que más pronto le lleva a rendirse a quien supo ponerlos a su alcance.
La ruta de Tetuán a Tánger y de aquí a Ceuta, la de Tetuán a Xexauen y la de Larache por Alcázar, así como, en su día, la prolongación del ferrocarril de Tetuán hasta Xexauen, y en la zona oriental la construcción de la línea hasta Tafersit y la consolidación de muchas pistas como carreteras, han de poner al Protectorado en condiciones de iniciar la obra explotadora a que luego me referiré.


II. Acción militar
La acción militar, como tal, es permitido esperar que pueda concluir en
dos o tres años.
Conquistado Xexauen, cabe dar por concluida virtualmente, en la zona occidental, la resistencia del Raisuni, siendo ya fácil y segura la caída en nuestras manos de todo el macizo sagrado de Yebala.
Después, hay indicios para suponer que los contactos con los de Gomara conduzcan a prontas y eficaces inteligencias, con lo cual el interés de la parte militar se concentrará en el camino de Alhucemas.
Una vez en Tafersit, procede el estudio de la sumisión de la cábila de Beni-Said, que queda entre nosotros y el mar, dominando nuestro flanco derecho con dirección a Alhucemas. Hay motivos para aseverar que la actitud de esa cábila no va a ser irreductible. De todos modos, si no se aviene a la acción política, es relativamente fácil su cerco o asedio, incomunicándola por el mar gracias a las lanchas cañoneras ya concedidas, y cuanto más se la estreche en un período relativamente corto, más llano será obtener su entrega.
De Tafersit a Alhucemas puede contarse una extensión de 70 a 80 kilómetros, y no es exagerado aventurar la esperanza de que tal vez la conquista de este recorrido no sea tan difícil ni tan largo como a primera vista parece, ya que se va corriendo por todo Marruecos el éxito de España y su acción civilizadora; y así como antes muchas cábilas resistían porque sabían que otras hacían la guerra a España, ahora ocurre lo contrario, o sea que muchas piensan ya en parlamentar, porque reciben noticias de los beneficios que obtienen aquellas ya sometidas. Y como a la vez hay relaciones entre la zona oriental, o sea la de Melilla a Alhucemas, con la occidental, es evidente que la dominación de todo el circuito oficial hasta Xexauen ha de ejercer un influjo poderoso sobre la otra zona de Alhucemas. De esta forma, y consiguiéndose la acción política iniciada, que cuenta con la militar como elemento accesorio para los últimos toques que aquélla requiera para su implantación, cabe, repito, asegurar que esa acción militar puede tener ya un plazo señalado de dos o tres años. Después, esa misma acción deberá continuar como agente consolidador del Protectorado, porque ningún elemento civil ejercerá sobre el mismo el ascendiente del Capitán de Policía. Separar desde ahora, ni en algún tiempo, la influencia del oficial español de Policía de su uniforme militar, supondría un desconocimiento total del problema de Marruecos. Hoy puede decirse que el carácter militar asegura al oficial de Policía su influencia política, y que ésta se sostendrá durante algún tiempo por el ascendiente del prestigio que supone esa conducta del oficial, a quien el moro respeta hoy y quiere, y al que se entrega en absoluto como un niño.
Cabrá entonces pensar en disminuir las fuerzas que resulten excesivas. Hoy mismo se nota en Marruecos la sobra de muchos oficiales, que abundan en demasía, si bien será difícil de momento reducirlos, porque ello obedece al exceso de personal que hay en todo en el Ejército, como en todas las ramas de la Administración pública. Pero entonces será posible reducir el contingente en algunos miles de hombres, como es muy probable que desde ahora lo sea por lo que se refiere al tercer año de servicio, ya que los quince o veinte mil hombres que este tercer año representa podrán ser en parte sustituidos por un aumento del voluntariado, y en otra gran parte ser amortización definitiva. El General Barrera me entregó un informe, en el que se pronuncia por la supresión del tercer año, y el Alto Comisario me ofreció remitirme un proyecto encaminado a tal fin. Si tal se logra, podrá decirse que el Ejército de Marruecos será el meramente necesario para una ocupación encaminada al solo fin de proteger el desenvolvimiento normal, pacífico y político del Protectorado.
Es muy satisfactorio para el Ministro de la Guerra declarar el estado de perfecta disciplina y de organización en que se encuentra el Ejército de África. La marcialidad demostrada en todos los desfiles y guarniciones que he revistado, así como el porte animoso del soldado en posiciones y campamentos, son prenda segura del verdadero espíritu militar que allí reina y que saben mantener íntegro los jefes y oficiales, cuya apostura y buen continente da la impresión de que no les puede negar jamás la fortuna ningún éxito ni victoria.
En los cuarteles se cuida del aseo y policía con verdadero detalle, a pesar de que muchos de ellos se hallan instalados en barracones viejos y ruinosos.
Los parques de Intendencia están en general muy bien instalados y en orden completo. Los servicios de Ingenieros, tales como Aerostación, Radiografía, Automovilismo, etc., etc., están admirablemente atendidos, siendo un verdadero modelo en todos órdenes.
En Aviación los campos son buenos y la oficialidad verdaderamente arriesgada hasta la temeridad; pero a la vez cuida de no cometer imprudencias si no las guía algún interés fundamental. Los aparatos son escasos y heterogéneos, y urge enviar los necesarios, dotándolos de todos los elementos indispensables; para el servicio que hoy prestan en las operaciones militares, así como aquellos otros de exploración preliminar de los trabajos de Estado Mayor, que tan a satisfacción vienen realizando, pueden cumplirse en términos de holgura bien distintos de los de verdadera escasez en que hoy se desenvuelven.
Los almacenes y talleres de Artillería se hallan bien provistos y montados, en forma perfectamente adecuada a los fines de reparación de las piezas que vienen en mal estado después de larga permanencia en las posiciones.
En cuanto al servicio de Cría caballar, no soy por mi parte adepto a las yeguadas, pues creo que son siempre costosas y de rendimientos muy desproporcionados a los gastos que representan. En África no hay más que la de Larache, y tal vez sea útil su conservación a los fines de ensayo para la obtención de algunos tipos que al Ejército convenga experimentar. Pero como sistema general debe establecerse el de las paradas, con premios a los indígenas que cuiden de la cría y buena conservación de los productos, a fin de que se extienda por todos los aduares el estímulo que lleva a tener yeguas sujetándolas a las reglas que las paradas dicten.
En todas las líneas de posiciones los relevos son muy poco frecuentes, habiendo casos, sobre todo de Ingenieros, de fuerzas que han estado muchos meses seguidos sin ir a población. Recorriendo la línea de Borja-Sarasa-Go-rra hasta Tefer, se aprecia el esfuerzo que para el Ejército representa la permanencia en aquellos picos y atalayas, durmiendo en tiendas muy calurosas. El Comandante, en un catre malo; los oficiales, de cuatro en cuatro, y los soldados, en grupos de treinta por cada tienda, sobradamente reducidas para tanta gente.
Lo mismo puede decirse en la línea Aulef y Rabta; todas estas, por ser las que circundan la parte de Yebala, último refugio del Raisuni, tienen que permanecer siempre alerta, pues se hallan en inmediato contacto con el enemigo y éste aprovecha cualquier descuido para realizar una sorpresa, como quisieron hacer el mismo día de mi visita, por suponer que todas las cábilas sometidas se concentrarían a saludarme y ellos podrían ir a algunos poblados a cometer tropelías. Para impedirlo, tuvo la artillería de algunas posiciones que contenerlos, y desde la de Aulef pudimos contemplar los efectos de los disparos, cuya puntería fue muy precisa.
La posición de Bencarrix hace tener ya por segura y fácil la llegada a Xexauen, habiendo divisado desde las montañas altas del Sur de Tetuán, en donde se halla la posición de Atba. toda la perspectiva del camino, que se desarrolla por una ligera ondulación de todas aquellas estribaciones montañosas, siguiendo el cauce del río, permitiendo a nuestra columna seguramente flanquear aquellas laderas en términos de defensa seguros y de cómodo avance, sin grandes obstáculos que vencer.
La vida en los campamentos de Tamasusit-Batel, Dar-Dríus y Cheif, con vistas a Tafersit, es relativamente aceptable, porque se han concluido con alguna holgura; son muy recientes y se han aprovechado las viviendas de edificios abandonados por los moros. Estos edificios son de manipostería y de adobe, encalados todos al exterior y al interior, y no son extremosos ni sensibles a las temperaturas fuertes de invierno y de verano. La construcción de barracones de manipostería y de adobe la efectúa la tropa y no cuesta nada. La cubierta !a ponen los ingenieros con madera que aprovechan de otras partes, y cartón. Una cifra de cien mil pesetas sería admirablemente recibida para la construcción de dichos barracones.
También en esta parte de Melilla las tiendas de campaña no son todas de lona, sino que se construye un muro circular hasta de metro y medio de altura o dos metros y después se pone de cubierta la lona, con lo cual la temperatura es menos exagerada y se evitan las humedades del invierno, si bien se destrozan muchas cubiertas.
He de insistir en la forma perfecta de trabajo de los ingenieros. Tanto en los servicios de aviación, automóviles y construcción de pistas, así como en los de instalaciones radiográficas y telefónicas, el Cuerpo de Ingenieros realiza una misión primordial; pero efecto de su falta de fuerzas y de la carencia de una organización de conjunto, la oficialidad se lamenta de no estar tenida en la debida consideración para que su esfuerzo fuera totalmente aprovechable. Es indispensable organizar alguna unidad de conjunto para el servicio de ingenieros, y dotar a éstos de secciones de fuerzas indígenas, a fin de evitar las muchas bajas que en proporción hay de las fuerzas de ingenieros, por hallarse siempre en la primera línea en los trabajos de atrincheramiento y demás necesarios al servicio militar.
También cabría utilizar a las fuerzas del Ejército en la apertura de caminos, así como interesar a los indígenas en esas obras públicas, que les permitiera ganar unos jornales que les atrajera a la causa de España. Es un inconveniente para todo esto el ligero espíritu de absorción y de exclusivismo que caracteriza a nuestros ingenieros, y que, a pesar de sus condiciones verdaderamente excepcionales, les aísla un poco del resto del Ejército.
La cuestión de las recompensas es difícil, porque si bien es cierto que a primera vista parece natural que se recompense a quien está en África, es muy distinta la situación de unos y de otros en aquel territorio, según que estén en población o en posiciones, y, aun dentro de éstas, según el mayor o menor grado de exposición ante el enemigo y frecuencia de las operaciones, pues realmente éstas están hoy muy reducidas a lo estrictamente necesario, y no hay acciones de campaña que justifiquen recompensas de empleo, ya que la acción se limita a la molestia natural de permanecer lejanos de España o de habitar en posiciones que carecen de comodidad y de alegría de ninguna
clase.
Los que van por dos años a África, o están en población, no requieren atención alguna. Hoy en las poblaciones como Melilla, Tetuán, Ceuta y La-rache se vive perfectamente, y hay gran animación de toda clase y medios para vivir bien. Como el que va por dos años está allí exclusivamente para cumplir una obligación y en seguida se marcha, el hecho de permanencia allí no justifica ninguna recompensa ni favor especial. Son únicamente los de Policía y tropas Regulares los que merecen atención especial, porque el interés de España consiste en que allí arraiguen y continúen durante varios años, ya que la acción política que les está encomendada exige tiempo, y sobre todo requiere una prestación voluntaria de buen espíritu, que no se logra cuando se está de paso o se trabaja con decaimiento de ánimo.
Hay una propuesta que me propongo estudiar, hecha por el General Berenguer. Podría ser remedio el de conceder a los de Policía el abono de triple de tiempo, a los efectos ulteriores de placa de San Hermenegildo, pensiones, etcétera. De esta forma se les daba una recompensa, sin que ello rozara la cuestión delicadísima de la concesión de empleo, que será difícil acometer por la imposibilidad, dentro de la justicia, de trazar la línea divisoria entre los acreedores a esos empleos, que serían poquísimos, dada la escasez de operaciones militares y la enorme multitud de los que quisieran ampararse en esta circunstancia para obtener empleos inmerecidos. El aumento de sueldos, las gratificaciones, así como el abono de triple tiempo a la Policía y Regulares, sería un término medio de equidad y de justicia, que debe estudiarse.


(Eza, Vizconde de: Mi responsabilidad..., págs. 67-80.)

La Guerra del Rif (octubre 1920)

La guerra del Rif (octubre 1920)

Toma de Xauen en, Marruecos.

Han entrado en Chefchauen las tropas españolas. No escribimos que la ciudad ha «caído», porque la población no se erizaba en la resistencia, sino que, a la inversa, por voz de sus elementos de más prestigio, invocaba la presencia de nuestros soldados, que ha de garantizar una era de sosiego y de labor. No eran sus habitantes, sino los cabileños montañeses de las colinas circundantes, quienes pretendían impedir el paso, cegados por la xenofobia a la luz de la razón y del progreso. Las columnas españolas han sabido, como tantas veces, vencer con su pericia y con su ímpetu el arrojo innegable del enemigo y, coronadas ayer mañana las alturas, la ciudad «santa y misteriosa» amplió con efectividad la zona de la influencia de España.
Como Uazan para los franceses, Chefchauen significa un objetivo esencial y principal en los avances combinados de Tetuán Larache. No es punto definitivo y último, porque no puede descontarse para una fecha relativamente cercana la nueva fase de operaciones hacia Alhucemas; pero es un éxito de inmenso valor militar y político, que importa sobremanera para nuestra obra del protectorado.
Chefchauen no es sólo un sagrario de la fe musulmana y un centro de enlaces y comunicaciones hacia el interior; es también una fuente de vida, un valle feracísimo, un centro agrícola al que la civilización europea podrá llevar desenvolvimientos fecundos.
Para las tropas españolas es una jornada gloriosa. Todo buen español amante del Ejército, que vea en el Ejército el pilar fundamental de la Patria, sentirá, como sentimos nosotros, una íntima alegría, y rendirá un tributo de admiración acrecentado para los héroes conocidos y anónimos que hoy y en toda la campaña vertieron su sangre bajo los pliegues de nuestra bandera.

La ocupación de Chefchauen

Dar Acoba, 14, 11,30 mañana (Urgente). Después de una operación admirable, realizada bajo la dirección del general Berenguer, han sido ocupadas todas las alturas que dominan Chefchauen, en cuya ciudad se entrará esta tarde.
La caballería de regulares dio cargas ímpetuosísimas, y las baterías hicieron blancos admirables, facilitando el avance de la columna.
A las doce continuará el avance hacia la ciudad de Chefchauen, en la que dormiremos.

Noticias oficiales

En telegrama fechado a las once y treinta de ayer mañana, dice el alto comisario al ministro de la Guerra, lo siguiente:

«En este momento de la mañana se hallan coronadas por nuestras columnas las alturas que envuelven y dominan Chefchauen, después de enorme resistencia de la cabila de Ajmas, que se oponía a nuestro avance: He dispuesto lo necesario para entrar en la ciudad, donde me propongo pernoctar."

La agresión de Tazaruta

En contestación a la pregunta formulada por el ministro de la Guerra pidiendo detalles de la agresión de Tazaruta, ha contestado el alto comisario desde Xerura que según le manifiesta el comandante general de Ceuta La mandado formar diligencias previas en averiguación de las responsabilidades de la mencionada agresión, sin que en ningún momento el general Berenguer haya dejado de tener al corriente de cuanto acontece en su jurisdicción al ministro de la Guerra.

Detalles de la operación

Larache, 14, 3 tarde. (Crónica telegráfica de nuestro enviado especial). Recibo desde las posiciones avanzadas la siguiente información, ampliando detallas del nuevo avance efectuado el día 11 por las columnas de la zona de Larache. Las fuerzas pernoctaron en la posición avanzada de Muires. A las tres de la madrugada se dio la orden de marcha, y se dirigieron hacia el collado que se encuentra entre Akba, Elkola y Bu Hayar, para continuar hacia el valle Melach.
Hora y media después salió del campamento de Tefer el cuartel general, escoltado por dos escuadrones del regimiento de caballería de Taxdir.
La columna, mientras tanto, seguía hacia el río, con un descenso no exento de dificultades a causa de la oscuridad, llegando a Muires al alborear el día.
La columna está constituida de este modo: un tabor de Caballería del grupo de Regulares indígenas; un escuadrón con ametralladoras; batallón de Cazadores de Ciudad Rodrigo; artillería de montaña; dos compañías del primer tabor de Infantería (Regulares), con su sección de ametralladoras; batallón de Chiclara, con las ametralladoras del batallón de Figueras; otra batería de montaña; parque móvil de municionamiento; ambulancia de Sanidad; compañía de Regulares; estación óptica; material para fortificación de posiciones; compañía de Infantería de Marina;. compañía de Ingenieros.
Al pasar el Cuartel general por las primeras estribaciones de Beni Zakkar, abrían el fuego nuestras baterías, El general Barrera tomó la vereda que conduce directamente a la posición avanzada, llegando a ella a las siete. Desde allí disparaba la batería 'del capitán Martín González.
La operación había comenzado; el avance era, desde el primer momento, duro, porque nuestras fuerzas tenían que vencer obstáculos casi insuperables del terreno.
La operación, sin embargo, se desarrolló brillantemente, ocupando nuestras fuerzas la importantísima posición denominada Yerda, en el centro del macizo montañoso, frente a Bene Zekkar, hacia la derecha y, en la izquierda, }as posiciones de Nefbba y Salex Maxdos que, cubriendo el flanco izquierdo, dejan dentro de, nuestra línea las alturas de Duar Ameyadi, que constituían un refugio de los rebeldes. Éstos hicieron sobre dicho punto una resistencia tenaz y sufrieron muchas bajas. Las nuestras, aunque siempre sensibles, fueron escasas, sobre todo teniendo en cuenta la naturaleza del terreno en que se ha operado y la finalidad conseguida.
Ayer se verificó el sepelio de los soldados españoles muertos en esta acción, presidiendo el duelo el comandante general, el jefe de Estado Mayor, y todos los jefes y oficiales presentes en el campamento, y formando el cortejo una compañía de cada unidad y las charangas de los batallones. En los responsos tomaron parte todos los capellanes castrenses.

Francia y España en Marruecos

Comunica el alto comisario que el comandante general de Larache, en telegrama de ayer, le manifiesta que el día 11 llegaron a Minieres tres oficiales franceses que marchaban a Teffer, no siguiendo el viaje por encontrarse el general en el campo. Eran portadores de carta, que entregaron al jefe de la posición citada, del general Liautey, para el alto comisario y para el comandante, general de Larache escrita en Uazán con felicitación, saludos expresivos y otra del general Pymeyzán desde el campamento de Briza, establecido en cabila Erhona, con ofrecimientos y saludos a general Barrera. Dichos oficiales eran jefes de Estado Mayor de este último general francés, jefe del Círculo de Uazán y jefe de Información.
Ayer se ha recibido un telegrama del general Pymeyzán invitándole a almorzar mañana jueves y diciéndolo que residente francés está ahora en Raban; declinando dicha atenta invitación, excusándose por hallarse en período culminante de operaciones estos días.

ABC, 15 de. octubre de 1920, pág. 7.

Telegrama del general Berenguer al Sr. Ministro de la Guerra, solicitando permiso para reanudar el avance (13 de noviembre de 1920)

Telegrama del Ministro de la Guerra al General Berenguer

Hay un sello que dice: "Ministerio de la Guerra." 
Telegrama oficial. Justicia. 
Número del Registro de Subsecretaría, 13.211

Madrid, 6 de septiembre de 1921. 
Transmitido a cifrar. 
Clave número 3 (G en G).

Ministro Guerra al Alto Comisario. 
Personal y reservado. 
Melilla

Es de suponer que investigación encomendada a general Picasso haya logrado esclarecer total o parcialmente algunos de los numerosos hechos producidos en las posiciones y operaciones militares que dieron el triste resultado de la pérdida del territorio y de personal y material en ese Ejército.

Aunque es mi propósito, como tengo manifestado a V.E., contribuir dentro de mis facultades a que se juzguen estos tristes hechos con toda imparcialidad, serenidad y necesaria extensión, dentro de las disposiciones que he dictado fijando el límite de la investigación, paréceme llegado el momento de que los datos y antecedentes que sobre cada uno de esos hechos aparezcan ya, o aparezcan después, en la información que se tramita, con caracteres de delito, se sometan desde luego, y con urgencia, a instrucción judicial, procurando, para no involucrar ni hacer prácticamente difícil la depuración y, en su caso, la sanción legal, formar tantos procesos como hechos acreditados ofrezcan caracteres singulares.

Para ello, el general Picasso deberá dar cuenta a V.E. de cada uno de esos hechos, con testimonio de los pertinente, y V.E., haciendo uso de la jurisdicción que como general en jefe le corresponde, podrá designar los jueces que sean necesarios, para que, con la rapidez compatible con la recta y acertada justicia, se tramiten los procesos con arreglo a la ley y a los caracteres que cada uno ofrezca. Supongo tendrá ya V.E. en ésa personal bastante para esta importante función; pero si le hiciese falta, puede reclamarlo y será V.E. atendido. Ruégole de a general Picasso traslado de este telegrama.

Confío en que, al mismo tiempo, la fuerzas de ese Ejército, bajo el mando inteligente de V.E., obtendrán la reparación que los grandes y permanentes intereses morales y materiales de la Patria y del Ejército mismo exigen; se terminará la investigación y depuración, para todos los efectos legales, de las causas y responsabilidades de los hechos que tan hondamente han impresionado al país y tan graves daños y sacrificios le han causado.

Tengo en V.E. como en el general Picasso la confianza que nace de la estimación justa de sus virtudes militares y de su altísimo patriotismo, para estar seguro de que apreciarán la necesidad inaplazable de procesar con arreglo a estas instrucciones.

Es copia. 
El Subsecretario, Barrera. (Rubricado.)

Hay un sello en tinta negra que dice: "Ministerio de la Guerra." 

Expediente Picasso. Relación de documentos remitidos al Congreso el 13 de noviembre de 1922 por el Ministro de la Guerra.

Nota sobre la creación de una Legión extranjera en África (enero 1921)

Nota sobre la creación de una Legión extranjera en África

Visto el expediente relativo a la creación de una Legión extranjera en África, y resultando que por pase de la Subsecretaría de este Ministerio se comunicó al Estado Mayor Central el acuerdo del señor Ministro de que se estudiaran los medios de crear dicha Legión, sin perjuicio de la organización del Ejército colonial que se hallaba en estudio; habiéndose llevado a cabo por dicho Estado Mayor Central un estudio completo, en el que, mostrándose totalmente favorable a la creación indicada, proponía ya las bases orgánicas que habían de servir a su implantación:
Resultando que por el Negociado de Marruecos se dio en 26 de octubre próximo pasado completa conformidad a la idea y al proyecto, si bien después, en 24 de diciembre, se suscitó por el mismo Negociado la duda, por completo ajena a la parte orgánica y militar, de las dificultades de orden diplomático que pudieran presentarse a causa de la procedencia y origen de los futuros legionarios.
Resultando que en el ínterin se presentó por el Comandante de Infantería don José Millán Terreros una Memoria comprensiva del estudio llevado a cabo en comisión acerca de la organización y servicios de la Legión extranjera en Francia, estudio que viene a coincidir en todo lo fundamental, y aun en gran parte de sus detalles, con el primitivo redactado por el Estado Mayor Central:
Resultando que con fecha 20 de enero se llevó el expediente a Consejo de Ministros, recayendo acuerdo favorable a la creación, que se tradujo en el Real decreto de 28 de enero del corriente año, en cuyo preámbulo se invoca la conveniencia de utilizar todos los elementos que puedan contribuir a disminuir los contingentes de reclutamiento de nuestra zona de Protectorado en Marruecos, conveniencia que aconseja acometer el ensayo de la creación del indicado Tercio, decretándose en el artículo único la creación de una unidad militar armada con Ja denominación de Tercio extranjero, y cuyos efectivos, haberes y reglamento serán fijados por el Ministerio de la Guerra:
Resultando que, en cumplimiento de esa soberana disposición, el Negociado formuló las bases para la organización, reclutamiento y haberes de la nueva unidad creada, concluyendo con algunas consideraciones generales relativas al coste de la unidad, así como a la amalgama heterogénea de recluta que a la misma venga a inscribirse y a la conveniencia de que se organice en una población de España antes de su paso a África:
Resultando que pasado el expediente a informe del Alto Comisario, contestó acogiendo con entusiasmo la feliz iniciativa que nos ocupa, a cuyo fomento y acertado empleo ofrece dedicar especialísima atención, por declararse ferviente partidario de todos los procedimientos que estén a nuestro alcance para evitar, en lo posible, que sean empleados en esta campaña africana los contingentes de recluta ordinaria del Ejército de la Nación:
Resultando que, con posterioridad, en el correr del mes de abril, la Subsecretaría propone el fomento del reclutamiento de hombres para el Ejército de África por todos los medios, basándose en los deseos expuestos por la representación nacional en el Congreso de reorganizar el Ejército de África sobre la base del voluntariado, habiendo sido hasta ahora escaso el resultado obtenido con los ciudadanos españoles, y resultando que el Ministro de la Guerra, General Villalba, decretó la suspensión de este expediente hasta que se recibiera la propuesta del Alto Comisario sobre la organización del Ejército de África, por no figurar en presupuestos el Tercio extranjero.
El Ministro que suscribe, considerando de su deber poner de nuevo en marcha este expediente, en atención a las razones de índole nacional que obligan a estudiar con premura cuanto tienda a recoger los clamores de la opinión pública, que vivamente solicita la supresión, en cuanto sea posible, del empleo en África de fuerzas peninsulares procedentes del cupo forzoso, pero deseando proceder con la cautela indispensable para no olvidar en lo sustancial ninguna de las consideraciones que deben tenerse en cuenta cuando de África se habla, pidió nuevo informe al Alto Comisario acerca de su opinión sobre la relación que existe entre los Tercios extranjeros y la organización del Ejército de África, o si cabía ensayarlos con independencia, o si, por el contrario, deberían quedar supeditados a la implantación de una recluta voluntaria, a base de nacionales, con el aumento apetecible de las fuerzas indígenas.
Considerando que la respuesta del Alto Comisario es terminante, por cuanto estima que no debe retrocederse en la plausible idea, tan adelantada ya en su ejecución, de crear el Tercio de extranjeros, organismo que por su singular constitución no ha de entorpecer, a su juicio, ni ahora ni nunca, el desarrollo del plan necesario para la creación del Ejército voluntario, hace mucho tiempo propuesto al Gobierno, por constituir un ideal de todos evitar el empleo en esta campaña de contingentes reclutados en la forma usual en el Ejército peninsular. De suerte que la creación, a su entender, de ese Tercio en nada afecta a los medios restantes de que podamos valemos, siendo su carácter especialísimo y único, y, por tanto, digna de creación inmediata dicha unidad, que tan buenos resultados dio en otros países:
Considerando que la Intervención civil de Guerra y Marina y del Protectorado en Marruecos emitió dictamen opuesto a la creación susodicha, por entender que para ello no faculta ni la ley de Presupuestos vigente ni la Orgánica de 29 de junio de 1918.
No siendo éste el sentir del Ministro que suscribe, porque la disposición cuarta, letra A, de las disposiciones complementarias de la vigente ley de Presupuestos autoriza al Gobierno, entre otras cosas, para limitar al mínimo posible la fuerza permanente en filas, dándole facultad para una reorganización completa de los servicios dentro de las normas que en la propia autorización se determina. Y es evidente que con la Legión extranjera, como con todo lo que afecta a la implantación de recluta voluntaria, se aspira derechamente a limitar el contingente forzoso en filas, considerando el Ministro que suscribe, por consiguiente, terminante y clara la autorización para instaurar cualquier sistema que conduzca a la reducción del expresado contingente. Y no cabe decir que la creación de Tercios extranjeros mantiene ese contingente permanente en filas, pues que cuando de éste se habla se alude siempre, y sin excepción, al procedente del cupo anual peninsular. Buena prueba de que tal es el sentir general la encontramos en el propio expediente que acabamos de extractar, puesto que en él vemos que todos los informes se basan en la necesidad de suprimir o aminorar el cupo forzoso, considerándose a la Legión extranjera como una organización independiente y distinta de la peninsular, y, por consiguiente, apartada en absoluto del contingente permanente en filas:
Considerando que los dos informes del Alto Comisario, taxativa y terminantemente lo manifiestan así, y en el decreto de creación del Tercio extranjero que se halla vigente —siquiera su ejecución se encuentre en suspenso— se habla de disminuir los contingentes de reclutamiento y se recomienda el ensayo para constituir un Cuerpo con los que voluntariamente quieran filiarse en él para prestar servicios militares. De suerte que la diferencia es sustancial, y la demostración de que no se planteó a la sazón ninguna cuestión legal relativa a las atribuciones del Gobierno para llevar a cabo el ensayo es el acuerdo del Consejo de Ministros que motivó el Real decreto comentado, y que ni por un momento suscitó en el seno del Consejo esa duda respecto a la legalidad de la creación sin una ley especial, pues que, de lo contrario, el Consejo de Ministros no se hubiera pronunciado en el sentido favorable en que se manifestó:
Considerando que por esta distinción entre lo que es recluta voluntaria y lo que se considera como contingente permanente en filas, es por lo que entendemos estar facultados para procurar por todos los medios reducir el tipo forzoso, usando de una autorización del presupuesto que vivamente manifiesta la aspiración del Parlamento en orden a la limitación de cuanto sea obligatorio, anhelo que se expresó plenamente, y que la Subsecretaría, en la nota que queda recogida en estas líneas, tuvo cuidado de transcribir como declaración unánime de nuestro Parlamento:
Considerando que existe, por consiguiente, licencia parlamentaria para proceder a la reorganización que se estudia, y que igualmente podemos ampararnos en la ley de 29 de junio de 1918, por cuanto en ésta se incluye al Ejército colonial de África dentro de la primera línea del de la Nación, y se dice que estará compuesto de tropas peninsulares e indígenas, procedentes, en la mayor proporción posible, de la recluta voluntaria. Se parte, por tanto, una vez más del propósito de amenguar el contingente forzoso; de suerte que siempre se estará dentro del espíritu de aquella ley al ensayar procedimientos que a tal finalidad nos conduzcan, y no puede ser obstáculo la interpretación estricta y casuística de que dicha ley sólo habla de tropas peninsulares e indígenas, con lo cual parece darse a entender que la ley excluye la recluta voluntaria de extranjeros.
Pero es evidente, en buena regla de interpretación jurídica, que quien concede lo más otorga lo menos, y si se autoriza para reclutar voluntarios entre los peninsulares, cuyas vidas son precisamente las que más se desea ahorrar, aunque sean de voluntarios, pues que al fin y al cabo se trata de nacionales, es evidente que mucho menos ha de importar a la Nación el peligro que puedan correr en Marruecos las Legiones extranjeras.
No se alcanza razón alguna para esta exclusión, y ni en las discusiones parlamentarias, ni en ningún otro apartado del texto de la ley se hace alusión alguna que permita sospechar siquiera que el legislador quiso establecer, como única forma de recluta voluntaria, la de peninsulares y la de indígenas. Todos recordamos la forma en que aquella ley se discutió y se aprobó, y nadie, por consiguiente, paró mientes en lo que dentro de una ley orgánica tan fundamental podía considerarse como parte secundaria o accesoria; pero es notorio que la opinión pública viene preocupándose acerca de esa recluta voluntaria, y que aquello que no está ensayado, como ocurre con la Legión extranjera, no cabe, en puridad, que sea recogido por una ley orgánica llamada a sentar las bases inconmovibles de una nueva estructura militar. Por esto, debe interpretarse ese texto legal como el deseo de que el Ejército de África sea a base de voluntarios, y que la omisión de la palabra extranjeros no empece para que, si ella nos sirve de medio que economice vidas de peninsulares, nosotros estemos en la obligación moral de ensayar ese nuevo sistema. Lo esencial es que la recluta sea voluntaria, y para llegar a ello, todos los medios pueden ser buenos si en la práctica se contrastan como útiles y en su finalidad nos llevan a no inmolar vidas de peninsulares en campañas tan ingratas como la de África.
No habiendo, por consiguiente, exclusión expresa en la ley de la Legión extranjera, y no siendo factible que esa ley recogiera la idea por no haberse sometido a deliberación del Parlamento, cabe perfectamente sostener el concepto de que el ensayo de la Legión extranjera responde al pensamiento del Parlamento nacional, y que, al llevarse a cabo, lo único que se hace es cumplimentar en la realidad un texto legal, que, por ser de hace dos años, es natural que no recogiera ideas que a la sazón no estaban completamente cristalizadas en el ambiente nacional, pero que pueden ser ensayadas dentro del espíritu perfectamente legal de la misma ley, en armonía, a la vez, con la autorización concedida en la vigente ley de Presupuestos, interpretada en el sentido que antes hacemos.
Basado en estas consideraciones, el Ministro que suscribe es de parecer que procede el ensayo inmediato de la constitución de un Tercio extranjero en África, debiendo hacerse en forma que, el gasto de su creación y entretenimiento, no represente aumento en el Presupuesto de la Nación, y, a tal efecto, deberá compensarse el gasto que aproximadamente se supone para el ensayo en 1.800.000 pesetas, con alguno o varios de los tres procedimientos siguientes:
Primero. Con las economías que se obtengan durante todo el año, como consecuencia de dejar sin cubrir todas las bajas naturales que se vayan produciendo en el Ejército peninsular de África.
Segundo. Por la repatriación —una vez constituida y en funcionamiento la Legión extranjera— de unidades peninsulares en número suficiente, para que, después de transferir a la sección cuarta los créditos precisos para el sostenimiento en la Península de esas unidades, queda, por la supresión de la bonificación de residencia y por la disminución de los efectivos de esas unidades, un remanente que permita cubrir el aumento de gastos que la creación supone; y
Tercero. Por el licenciamiento desde luego de un número de soldados, del tercer año de residencia en África, proporcional al de legionarios inscritos, en la relación de dos a uno, y debiendo dictarse las reglas necesarias para que este licenciamiento sea equitativo en su distribución entre los diferentes Cuerpos y servicios.
Como consecuencia de todo lo expuesto deberá, por nuevo Real decreto. ponerse en ejecución el de 28 de enero del corriente año, dictándose las disposiciones complementarias, aprobatorias de la organización, a que haya de someterse la nueva unidad, y designando el jefe que haya de ponerse al frente de todos los trabajos que dicha organización reclame y que tome en su día el mando de la misma, para ver de conseguir la eficiencia que se apetece y se viene buscando. 
Con vista de cuanto antecede, paso el expediente al Consejo de Ministros
para su resolución.


(Eza, Vizconde de: Mi responsabilidad..., págs. 421-429.)

El General Berenguer escribe al Vizconde de Eza (4 de febrero de 1921)

El General Berenguer escribe al Vizconde de Eza


Tetuán, 4 de febrero de 1921.
Excmo. Sr. Vizconde de Eza, Ministro de la Guerra.
Mi respetado jefe y querido amigo: Contesto su carta del 16 de enero, después de haberme informado de la opinión de los Comandantes generales, a los que di traslado de ella, y cuyos telegramas contestación, dada la importancia del asunto, le incluyo adjuntos.
Como verá usted, la opinión de ellos es unánime en reconocer que, dada nuestra actual situación política y militar, no es posible en breve plazo llegar a la reducción del Ejército peninsular en una tercera parte próximamente, que es, en suma, lo que representa el licenciar el tercer año, al no compensar este licenciamiento con un aumento proporcional en el cupo de filas.
Las unidades indígenas de Policía organizadas últimamente no puede considerarse que compensan la disminución del Ejército, porque, tanto por el servicio local que desempeñan, como por responder siempre su creación a una expansión de territorio alcanzada o en vísperas de alcanzarse, con ellas lo que se logra es, además de cubrir su peculiar servicio, atenuar en parte la progresiva debilidad de las guarniciones, al tener que extender su acción a mayor radio.
La Legión extranjera, cuyo efectivo útil no alcanza ni con mucho al de los 2.000 hombres próximamente que figuran en sus listas, podrá, efectivamente, en plazo no lejano, pero no menor a un par de meses, compensar la falta de otros individuos de fila; pero desde luego no se puede computar cada uno de sus individuos por dos de filas, porque su valor real es el mismo, así como también la misma la elasticidad de sus unidades para cubrir puestos.
La Legión, aunque se halle acampada en lo que pudiéramos llamar primera línea, está dedicada a completar su instrucción y a dar a sus unidades la solidez que aun no han alcanzado, según confirma su propio jefe, que en diferentes ocasiones me ha manifestado que hasta el mes de abril no cree estar en condiciones de poder llenar su cometido con plena eficacia, salvo, claro está, que las necesidades la obligaran a entrar en acción.
Hasta ahora no se ha batido ninguna vez, pues la muerte del individuo a que se refiere Millán fue producida por un único disparo sobre el campamento de Zoco-el-Arbaa, teniendo el difunto la desgracia de ser tocado cuando salía de su tienda. Las bajas ocurridas en el camino de Dar-ben-Carrich fueron en un grupo de ocho o nueve legionarios, que perdieron el camino ya anochecido y fuera de las horas y lugares de tránsito, y al entrar en el río Háyera tropezaron con tres merodeadores de los que se mueven de noche en los límites de la zona pacificada, los que les hicieron las bajas y les llevaron un fusil, hecho éste que no dice mucho en favor de la solidez alcanzada hasta ahora por ese soldado; y las dos últimas bajas ocurridas en Zoco-el-Arbaa lo fueron en circunstancias que aun no se han podido esclarecer, pues aparte de haber ocurrido el hecho en sitio donde no tenían por qué ir, aparece a primera vista como una refriega en que resultaron muertos el cabo y un niño moro y herido el otro legionario.
Como verá usted por estos informes, la Legión no está aún para ser empleada en todo servicio, aunque ya realice algunos de protección de caminos en unión de otras fuerzas, pues los incidentes que le han ocurrido más bien son consecuencia de lo aun poco sólido de sus unidades, tanto en instrucción como en disciplina. De todos modos, creo que esas tropas darán un excelente resultado, aunque se tenga que luchar con todos los inconvenientes, que son muchos, del personal de recluta voluntaria.
El General Silvestre no se muestra partidario de ella; pero seguramente es porque exagera sus inconvenientes, y yo estimo que debía de crearse una unidad de este género en Melilla, en forma idéntica y con la misma designación que la de Ceuta, a reserva de no admitir por el momento extranjeros en ella. Estos no creo que nos den un gran resultado ni allí ni aquí. Entre los filiados alemanes había algunos de larga historia africana, que se vigilan, y otros han desertado al monte; yo persisto en los temores que le comuniqué en mi último viaje.
La recluta voluntaria, con arreglo a la ley del 12, ya ve usted en el propio informe de los Comandantes generales que no da los resultados que de ella necesitaríamos: el enganche no ha podido ser más precario este año; quizás aumentando el haber en los límites que permita la situación económica, se podría conseguir algo.
Como le decía anteriormente, la supresión del tercer año, sin compensaciones en el cupo, representa, en realidad, la disminución del Ejército de ocupación próximamente en una tercera parte, es decir, considerar la situación actual, en que nos faltan más de 15.000 hombres, como definitiva. Esto, aparte de los inconvenientes que más adelante señalaré, y que establecen una situación con respecto a la resolución de este problema que conviene precisar y estudiar en todos sus aspectos, sólo traería por el momento, en el actual equilibrio político de la zona, una paralización de la acción progresiva y mayor fatiga para la tropa, que casi no descansa, es decir, que con dos tercios del Ejército de ocupación de 1920, o sea con sólo dos cupos en filas, podríamos permanecer en una situación defensiva; pero al llegar el licenciamiento de 1921, esa misma situación defensiva habría que mantenerla con sólo un cupo, o sea un tercio del Ejército actual; pues aun en el caso más favorable, difícil que se realice, porque el licenciamiento es siempre con fecha anterior al llamamiento, el Ejército estaría formado por un cupo instruido que pasa a su segundo año de servicio y un cupo que comienza su instrucción, pero que no puede ser empleado en tres o cuatro meses y aun más, que exige para su instrucción restar elementos del cupo anterior (clases, cuadros de instrucción, etc.). En esas condiciones, ya sería imposible incluso responder de la seguridad de los territorios.
Es interesante tener también en cuenta que no sólo la capacidad combatiente y de ocupación del Ejército, en relación con el enemigo y resistencias que pueda encontrar, lo que hay que apreciar al calcular las fuerzas necesarias ; hay otra atención tan imperiosa al calcular los efectivos, y es la necesidad de descanso de las tropas, más necesario cuanto mayor es la distancia que las separa de sus bases. Aun admitiendo la proporción de un tercio de descanso, fuera de las épocas de operaciones, lo que no se alcanza en ninguna de las Comandancias, son frecuentes las quejas de fatiga y poco el aliciente para mantener el entusiasmo por el trabajo. Este turno de descanso es aún más imperioso en las tropas indígenas que en las europeas, por los muchos casados que en ellas existen. En la actualidad, que los efectivos de las compañías son muy pequeños, por el licenciamiento; casi todas las tropas están empleadas, quedando muy pocas para las columnas.
La instrucción en la Península, que fue ensayada en los años 1911 y 1912, no dio entonces el resultado que se esperaba; de ello soy testigo de excepción porque en el regimiento de Taxdir toqué sus inconvenientes. Organizada ahora sobre otras bases, quizás fuera un éxito; de todos modos, es asunto en el que puede seguirse el procedimiento que se determine, y a cuya resolución, por el momento, no doy una importancia capital. Ahora bien: es de tener en cuenta que, instrúyase aquí el cupo o en la Península, siempre, durante el período de instrucción, quedará este Ejército reducido a una tercera parte próximamente de los efectivos europeos que hoy le corresponden, y acordados los dos años de servicio, a casi una mitad de su efectivo normal, es decir, que durante estas épocas el Ejército de ocupación quedaría reducido próximamente a su mitad.
Expuestas estas razones para dejar sentada la realidad de lo que representa para este Ejército la supresión del tercer año, he de reconocer lealmente lo fundado de sus deseos al pretender reducir a dos años el tiempo de servicio en filas. Es más: con la franqueza y lealtad que inspiran siempre mis actos, he de decirle que creo que el Gobierno no puede prescindir de esa reducción, y aunque diferir hacerla podría ser causa de graves consecuencias. Cuando Francia acaba de establecer los dieciocho meses e Italia se aventura, según se dice, a llegar hasta los ocho, España no puede ser la única nación que conserve sus tres años, y menos cuando impone a sus ciudadanos la enorme penalidad que representa el servicio en el Ejército de África. Estoy, pues, a disposición de usted y del Gobierno para ir a ello, como finalidad que estimo tan primordial, que hasta la misma resolución rápida del problema de Marruecos debe posponérsele.
No se le ocultará a usted que la transición es delicada, aunque espero que no peligrosa, y que traerá consigo una paralización en los progresos de ocupación de la zona y mayor fatiga para las tropas; el mismo informe de los Comandantes generales deja sobre mí toda la responsabilidad de ella; pero el Gobierno tiene derecho a exigir nuestra absoluta cooperación para resolver este importante problema nacional, capital en el orden interior, y creo se podrá llegar a ello, no haciéndolo inmediatamente, sino tomando todo este año para prepararla para cuando el próximo empiece a aplicarse el servicio de dos años.
Para compensar la rebaja en los contingentes que produciría el licenciamientoo del tercer año y mantener la eficacia del Ejército de ocupación, partiendo de la base de no aumentar el cupo ordinario en filas, sólo podemos disponer de dos recursos: el reclutamiento voluntario de europeos y creación de unidades indígenas de tropas regulares para el Ejército combatiente, y la admisión de limitada proporción de indígenas en las tropas de servicios que por su naturaleza lo permitan. Ahora bien: dado el actual estado de pacificación de la zona, la más elemental prudencia aconseja mantener para la totalidad del Ejército una proporción entre europeos e indígenas, que se aproxime a dos tercios de tropas europeas por un tercio de indígenas, lo que permitirá mantener el carácter nacional de nuestra intervención y disponer de efectivos europeos para dar solidez a las ocupaciones de los puestos necesarios.
Hoy la proporción de indígenas es inferior a la que se puede admitir, por lo que cabe incrementar la recluta de tropas regulares, por lo menos para Melilla, creando un grupo.
Estableciendo los dos años de servicio en filas desde la próxima quinta, con lo que no habría que licenciar por el momento el tercer año, se podrían resolver este verano los problemas militares inmediatos que tiene pendientes nuestra acción en Marruecos, que son: ocupación de Beni-Arós, Ajamás y costa de Gomara, para los territorios occidentales, ocupación de la bahía de Alhucemas, para el territorio oriental. Realizado esto, la merma de efectivos europeos sería menos sensible, y aun, resuelto el problema de Yebala. la situación quizás nos permitiría disponer de efectivos que pudieran cooperar a la acción sobre el Rif, si la situación de Alhucemas así lo exigiera, lo que no parece probable.
Estimo, pues, tomándonos este año para hacer la reducción, se podría llegar a ella creando el Tercio y un grupo de Regulares para Melilla, incrementando la recluta voluntaria en los Cuerpos, sobre las bases que se establecían en la propuesta elevada al Ministerio por el Estado Mayor Central en 3 de enero de 1919, aumentando quizás el haber del soldado, y compensando la pérdida de efectivos que representa el licenciamiento del tercer año, en las tropas de servicios que lo permitan, por la admisión de voluntarios europeos e indígenas en determinada proporción.
Respecto a dar licencias trimestrales al tercer año, no es posible por ahora pensar en ello; pero sí es fácil que para el otoño pudiera hacerse, adelantándoles de ese modo el licénciamiento.
Toda esta transformación puede tomarse en cuenta gracias a los progresos alcanzados el año 20 en todos los territorios del Protectorado, pues sin ocupar Xexauen y sin someter Beni-Said y Beni-Ulixek, ¡os problemas de Alhucemas y Yebala estarían tan lejos de su resolución, que reducir los efectivos equivaldría a renunciar a hacerlo. Afortunadamente, nuestra situación, después de ocupada Alhucemas y reducida Beni-Arós, lo que los avances del pasado año permiten abordar para plazo próximo, nos colocará en condiciones de no tener impaciencias por el resto del problema, que, quedando resuelto en sus puntos capitales, puede seguir desarrollándose lentamente con los medios de que dispongamos.
Si está usted conforme con tratar este asunto sobre las bases que le indico, o, en todo caso, estudiar lo que mejor convenga para resolverlo, podría empezarse en seguida la preparación de las organizaciones de que le hablo, con el estudio de otras medidas que faciliten el logro de sus deseos, e incluso sin llegar a la completa reorganización de este Ejército, lo que quizás fuese ahora perturbador, tomar en cuenta algunas reformas que permitan compensar el mayor gasto que para el presupuesto ha de representar el incremento de la recluta voluntaria. Quizás lo mejor sería, para facilitar todo esto y marchar más activamente, que enviara usted aquí un jefe de su Estado Mayor, que, con mi Gabinete militar y bajo mi dirección, impulsaran y dieran realidad a las organizaciones que hagan falta, asesorándose directamente, sobre el terreno, de los jefes de servicio, para elevarlas a su resolución orientadas en un positivo conocimiento de la realidad.
En cuanto a los créditos pendientes, créame usted, Sr. Ministro, que el perjuicio que se nos está haciendo es grande; el conflicto tendría proporciones lamentables si yo no dispusiera de un remanente de fondos reservados del Ministerio de Estado que me permite hacer algunos adelantos de dinero que ampliamente utilizó la Comandancia general de Ceuta, que, por otra parte, está empeñada hasta los ojos, y hoy mismo telegrafío al General Silvestre poniendo a su disposición dinero para caminos que le son indispensables y no puede comenzar por guardarse el crédito de cuatro millones.
Es sorprendente la interpretación que da el Consejo de Estado a este crédito; lo ocurrido es lo siguiente. Al hacer las propuestas de inversión para el año 20, los Comandantes generales formularon una propuesta por ocho millones. Al examinarlas yo, en mi decidido criterio de atender a lo necesario, pero perseguir lo superfluo, rebajé las propuestas a pesetas 5.709.438,64, haciendo presente al Ministerio que esa cantidad la consideraba necesaria; pero que si se veían en la precisión de rebajarla aún más, que no lo hicieran sin consultarme, para poder establecer una conveniente preferencia de gastos. Tenía importancia la cosa, sobre todo por las obras de campaña, en que se consignaban las provisiones para las operaciones que habían de realizarse. No lo hizo así el Ministerio, y me encontré con que sólo incluyó en presupuesto pesetas 3.220.871,54, con lo que quedaban indotadas las necesidades, y muy especialmente las de obras de campaña, para las que se consignaban cantidades idénticas a las otorgadas en los años de paralización de las operaciones, precisamente en un año en que éstas iban a ser muy activas, pues ya estaban proyectadas las de Xexauen, Tafersit y Beni-Said, y de ello tenía conocimiento el Gobierno desde el mes de marzo.
A mis primeras manifestaciones sobre la escasez de estos créditos, que no permitían cubrir las necesidades, y muy especialmente las que se derivaban de las operaciones en proyecto, acudió usted consignando uno de 1.815.270 pesetas, que se distribuyó en la forma que usted conoce, para establecimiento de los campamentos base de Uad-Lau, Xexauen, Tefer, Tafersit, hospital de Tetuán, etc., reservándose este Centro 160.000 pesetas para los automóviles ligeros de Ceuta-Tetuán-Larache, y 500.000 pesetas para las tiendas de campaña. Este crédito empezó en 4 de enero pasado, y hasta esa fecha no se intensificaron los trabajos que de él se derivaban.
Con ocasión de su viaje, pudo usted apreciar las verdaderas necesidades, que no habían quedado cubiertas con el crédito anterior, pues la construcción de los campamentos base (barracones) requería mayor gasto; asimismo las obras de campaña (fortificación) y caminos militares, y además vio usted la conveniencia de ir sustituyendo en las posiciones a retaguardia las tiendas de campaña, material caro y que no cubre de todas las intemperies, por barracones; entonces tomó cuerpo el crédito que ahora nos ocupa de los cuatro millones.
De este crédito hay una parte que, como usted dice muy bien, puede considerarse que no responde a una necesidad ineludible, pues hasta ahora se ha vivido sin las comodidades que con él se pretendían; y en este concepto se podrían rebajar de él 1.065.000 pesetas destinadas a construir barracones en las posiciones y suprimir las tiendas. Pero el resto del crédito, destinado a obras de campaña, material de fortificación, caminos militares y completar los créditos necesarios para los campamentos base que antes se citan, por ser insuficientes los consignados en la primera ampliación, es indispensable y urgente que se conceda, porque, además de estar paralizados los trabajos, con graves perjuicios para las tropas, los fondos del Protectorado deben de reintegrarse de las cantidades adelantadas para las últimas operaciones, que aun se le adeudan.
Asimismo las 600.000 pesetas consignadas para el ferrocarril de Xexauen deben de librarse para invertirlas en la pista a Zoco-el-Arbaa, ya que el ferrocarril lo probable es que tarde en construirse y que adquiera otro carácter, y para pagar 100.000 pesetas gastadas ya en la prolongación del ferrocarril de río Martín hasta el Mogote.
Es de notar que la suma de lo concedido durante el año para obras de Ingenieros (propuestas de inversión), si se concede, al fin, el crédito que ahora nos ocupa, reducido en la forma que propongo, será 7.071.141,54 pesetas, cantidad de la que, reducidas las 500.000 pesetas destinadas a comprar tiendas de campaña y las 160.000 para automóviles, que no se administran por estas Comandancias de Ingenieros, queda en 6.591.141,54 pesetas, que excede sólo 701.702, 90 pesetas de las solicitadas del Ministerio de la Guerra al cursar las propuestas de inversión para el año 21. Pero si se tiene en cuenta que posteriormente al curso de las propuestas de inversión se estableció, y fue cursado, el presupuesto para los campamentos base (fecha 13 de junio de 1920), puede a justo título decirse que los gastos que originarían las operaciones fueron previstos con una exactitud bastante aproximada, y que el programa de necesidades quedó establecido ante ese Centro en su totalidad en el mes de junio referido, o sea con más de tres meses de anticipación a las operaciones.
Haciendo la rebaja que le indico como posible de lo presupuestado para alojar en barracones en todos los puestos, esprimiendo las tiendas para las fuerzas estacionadas, queda el crédito reducido a 2.035.000 pesetas, cantidad que nos es muy necesaria con urgencia y que yo le agradeceré consiga su libramiento por el medio más rápido; de otro modo, aparte de que quedan las atenciones sin cubrir, cuando la concedan no habrá tiempo para emplearla, y se tendrá que devolver a la Hacienda.
Esto en lo referente a los créditos para obras de todo género, que son las únicas que se interviene su distribución por esta Alta Comisaría. En las referentes a transportes, subsistencias, etc., o sean las que administra Intendencia, nada puedo decirle, porque en ellas no tengo intervención alguna; no conozco en detalle los fondos disponibles, cómo se distribuyen ni en qué forma se gastan. Sólo a veces pasa por mí la petición de alguna ampliación de crédito; pero es más bien a título de darle mayor fuerza y prestar apoyo a su concesión. Sé desde luego, por cambio de impresiones verbales, que las Comandancias tienen bastantes deudas pendientes y que en breve plazo será preciso librar nuevas cantidades para poder atender a las necesidades corrientes e ineludibles.
En este sentido y fuera de la esfera que corresponde a las previsiones peculiares de las operaciones, que se determinan y proveen circunstancialmente, no cabe duda que quien quiera encontrar pretexto de crítica o motivo de expresar sentimientos generosos al examinar la vida de campaña, siempre los encontrará, pues, aparte de lo rudo del ambiente y la naturaleza de las penalidades, los elementos de vida de que dispone el soldado son siempre modestos y las comodidades precarias, por mucha que sea la atención que se les dedique y los medios de que se disponga.
Cuando llueve hay que marchar y cuando hay barro en los caminos no es motivo suficiente par suspender el tránsito, y muchas veces hay que comer frío y prescindir del pan por la galleta y aun dormir a la intemperie si no llegaron las tiendas al punto que alcanzó el avance táctico; esta es la realidad de la campaña. Pero hay que reconocer que, a parte estas privaciones naturales, el soldado aquí no cuenta con el vestuario apropiado, porque los Cuerpos no tienen los recursos suficientes para proporcionarlo. Hace tiempo se puso de manifiesto la necesidad de aumentar la primera puesta y reforzar los fondos de material. Para las marchas se usa la alpargata, que si en verano es buena, en las épocas de lluvia y frío no sirve, pues se queda en el barro de los caminos, y no es raro que algún soldado al perderlas tenga que marchar descalzo; pero los Cuerpos no pueden pagar las botas al precio que están hoy y no hay forma de darlas al soldado en estas épocas. La situación de los fondos de material es tan precaria que no permite tener todas las prendas de abrigo necesarias, y el soldado, con el kaki de verano y la chaqueta de paño, con la manta-poncho, tiene que soportar los fríos, que en las regiones de altura, que ahora ocupan, es intenso, pues se hallan rodeadas de nieve.
La ración se cuida por todos con el mayor esmero; pero hay que reconocer que con los precios que hoy alcanzan las subsistencias no es posible dar a los ranchos ni la variedad ni la abundancia que en otros tiempos; establézcase el tipo de ración por especie, propuesto ya en 13 de enero de 1920, y se tendrá la seguridad de que el soldado come mejor. He leído que se criticaba que al soldado, en un día de marcha o de combate, se le daba un chorizo y un pan o galleta para comer; pero ¿es posible, en esas circunstancias, hacer ranchos calientes?
En lo referente a material y armamento, ¿hemos de negar que es deficiente? Quizás una inspección, por ligera que fuese, nos haría formar un concepto más desconsolador aún del que nos da el contacto con las dificultades, que no son pocas. En los fusiles y carabinas en servicio hay una gran proporción de descalibrados; el material de ametralladoras rara vez está completo, y es defectuoso; muchas no funcionan desde los primeros disparos. Los servicios artilleros tropiezan con dificultad para mantener sus piezas al corriente, y especialmente para el municionamiento: desde la supresión de las columnas de municiones se tropieza con extraordinarias dificultades, y generalmente hay que dedicar a este servicio cargas de Intendencia.
La aviación no puede rendir todo lo que de ella se podía esperar, porque, generalmente, es muy escaso el número de aparatos en vuelo; la munición, defectuosa y escasa; este año no hemos podido disponer de bombas incendiarias. Las escuadrillas, especialmente la de Tetuán, incongruentes, pues en seis aparatos que posee hay tres modelos distintos, y en el mismo modelo Havilland hay de dos sistemas, que no pueden intercambiar sus piezas.
La tracción automóvil está en las mismas condiciones de deficiencia que el resto de los servicios. Para todas las atenciones del servicio ligero en Ceuta-Tetuán se contaba con tres automóviles de campo; las otras Comandancias generales quizás estén igual o peor; el Alto Comisario sólo contaba con uno para él y su Cuartel general.
Los servicios, escasísimos de material; éste anticuado y más escaso aún de elementos de curación y medicinas.
Esta es la triste realidad, la que todo el mundo palpa, la que no puede pasar desapercibida a quien vea de cerca este Ejército. Es el resultado de varios años de no atenderlo en sus necesidades; no es el resultado de la imprevisión, lo es de la falta de recursos.
Y, sin embargo, hemos actuado como si todo estuviese en condiciones; hemos cerrado los ojos ante las realidades para llenar la misión que se nos encomendó; ¿podíamos acaso hacer otra cosa?
Yo puedo prever los gastos que ocasionan las operaciones; así lo he hecho, en lo referente a todos aquellos servicios que están bajo mi inspección y conozco sus presupuestos y forma de administrarlos; en los que no intervengo, no me es posible, y aun así y todo, he tratado de hacerlo con los datos a mi alcance. Las operaciones, si se atienden a las previsiones que de aquí se soliciten, no pueden dar ocasión a extraordinarias sorpresas pecuniarias, como tampoco pueden ser estas exigencias grandes si de antemano está el Ejército dotado de todo lo necesario; ¿es que lo está acaso?...
Tengo la absoluta seguridad de que el presupuesto- que usted haga no dará lugar a estas incidencias, y, por tanto, que podremos contar con el dinero necesario para las operaciones; con ello habrá usted realizado una labor, porque desaprovechar las ocasiones por no habilitar el dinero que exigen, sería ir alargando años y años la obra de pacificación: sería suicida.
Por otra parte, pese a los disgustos, privaciones y críticas que nos ha costado, ¿podría usted hoy plantear el servicio de dos años, y yo aceptarlo, si no estuviéramos donde estamos, sin lo alcanzado este otoño? Seguramente hubiera tenido que pedirle diez o doce batallones para abordar la transformación.
Perdóneme la quizás excesiva franqueza de esta carta; pero he creído que es mejor que sepa usted la verdadera situación de este Ejército, para que se forme concepto de sus necesidades. Nada nuevo digo; todo está dicho oficialmente hace tiempo, y propuestas las soluciones.
Sabe con cuánto afecto le recuerda siempre, reconocido a sus bondades, su afectísimo amigo y subordinado, q. b. s. m.,

DÁMASO BERENGUER.

Informe reservado del coronel Morales al general Silvestre (16 de febrero de 1921)

Informe reservado del coronel Morales al general Silvestre, sobre la situación política de Melilla con el proyectado avance sobre Alhucemas 
(16 de febrero de 1921) 

NOTA: los párrafos resaltados en negrita son nuestros. 
Excmo. Sr.:

Cumpliendo la orden verbal de V.E. para que le informe acerca de la situación política actual en relación con el proyectado avance sobre Alhucemas, tengo el honor de hacerlo en la siguiente forma:

Comenzó el periodo de operaciones último el 5 de diciembre, y en el breve espacio de una semana, del 5 al 11, quedó sometida y ocupada, en su parte más importante, la cábila de Beni Said, y sometida y ocupada en una parte pequeña la de Beni Ulixek, sin que, salvo los días 5 y 6, se oyeran disparos.

Este avance, que califica de admirable el Excmo. Sr. Alto Comisario en carta del 21 del pasado, quedó interrumpido por la necesidad imprescindible de atender a la reorganización militar del territorio, con motivo del licenciamiento que se había de verificar en los primeros dias de enero, marchando a sus casas los 4.500 hombres que cumplían su tiempo de servicio en filas.

A pesar del efecto perjudicial que causan siempre los altos en nuestra marcha, la impresión causada por la incondicional sumisión de sidis y ulixis llevó consigo la de los tensemanís, que tuvo lugar en dar Drius en día primero de año, concurriendo los jefes de cábila, con la sola excepción de la fracción de Trugut; y esa sumisión y el ambiente de paz que se respira en la zona hicieron esperar que la marcha hasta las proximidades del Nekor se había de verificar sin la menor resistencia.

Terminados el licenciamiento y la reorganización del territorio, se reanudaron los movimientos para determinar la ocupación real y efectiva de las dos cábilas primeramente mencionadas, según pedían insistentemente sus jefes, y, como era de esperar, el 11 en Anel-Azro, el 12 en Sidi Hasain, el 15 en Annual, el 21 en Izumar, el 22 en el morabo de Sidi Mohamed Ben Ab-al-Lah y el 27 de enero en Yebel Uddia, no ocurrió el más ligero incidente y a todas partes fuimos acompañados por los jefes, que mostraban su satisfacción por nuestra presencia; V.E. pudo comprobarlo.

Con estas posiciones quedan absolutamente ocupadas y dominadas las dos cábilas, pues Annual está en el mismo límite de Tensaman.

El problema está, pues, satisfactoriamente resuelto en su parte más importante, por lo que a las mismas se refiere, y ahora hay que pasar por Tensaman y Beni Tuzin, cábilas que nos separan aun de la de Beni Urriaguel, con la que limitan.

La primera está virtualmente sometida, pues a fines del pasado enero vinieron todos los jefes importantes que concurrieron a Dar Drius el día 1 y reiteraron personalmente ante V.E. sus deseos de servir lealmente al Gobierno y de llevarlo a su territorio; y tal confianza tenemos en que son siceras estas manifestaciones, que V.E. sólo espera para avanzar a que sean vencidas las dificultades materiales que se presentan y abastecidas Annual para servir de base eventual en la marcha a Sidi Dris; al par que se realizan gestiones, que V.E. conoce, por medio del Chej Mohamed Azmani, para que la fracción del Trugut venga a presentarse como las demás, expulsando la harka que se ha establecido en su terreno. El comandante Villar y el capitán Margallo trabajan mucho y bien.

De esperar es que la ocupación de Sidi Dris por tierra - es la única forma en que en esta época del año se puede tener confianza de conseguir el objetivo señalado - se haga sin la menor oposición, pues aunque la harka de Beni Urriaguel no se disuelva, no parece probable que se decida a atacar a las tropas que efectúen la operación.

Una vez establecidos en aquel punto de la costa, habrá que creer que se ha llegado al límite de elasticidad de las fuerzas de que V.E. dispone, pues allí se ha de reunir un núcleo considerable, tanto indígena como europeo, y esta consideración y la necesidad de efectuar rápidos e importantes trabajos para establecer en Sidi Dris la base para nuestro futuro avance en Tensaman y llegar al Nekor, obligarán forzosamente a suspender los movimientos hasta que, terminada la instrucción de reclutas a fin de abril, cuente V.E. de nuevo con los medios indispensables para continuar.

Otro motivo que a ellos ha de contribuir es la conveniencia, quizás, de ocupar el zoco de El-Sebt, de Ain-Amar, que ha de distraer las fuerzas y la atención de V.E.

Por lo que a Beni Tuzin se refiere, los benimellul y los benibuyari se hallan sometidos al Gobierno, aunque su terreno no estéocupado y tanto sus jefes como los de otras fracciones de cábila nos incitan y aun nos apremian a avanzar.

Escritas estas líneas, el Jefe que suscribe ha tenido una conferencia con Haddu-Buljerif, hijo mayor de nuestro antiguo amigo el Chej Mohamed Buljerif, asesinado en el mes de octubre último, con quebranto de nuestra actuación.

Este jefe, influyente y de importancia, aunque sin el prestigio ni el relieve que por tantos conceptos alcanzara su padre, se ha presentado en actitud francamente favorable. Ha ofrecido acompañarnos en nuestros avances futuros, si lo deseamos, aunque haciendo presente que mejor servicio nos prestaría, a su juicio, y puede que tenga razón, esperándonos en los sitios adonde vayamos, para evitar que vengan a atacarnos.

Si esta cooperación se facilita con lealtad, ha de sernos valiosísima, y, de todos modos, es Haddu-Bularif un elemento más que tenemos en nuestro favor y que permite mirar con optimismo el problema de Beni Tuzin, en el que todas las facilidades que hallemos serán pocos para contrarrestar las dificultades enormes que la índole del terreno y la falta de caminos nos presentan, pues el camino a Iferni dicen que es solo practicable a pie o con un buen caballo; uno malo no puede subir.

La ocupación de esta cábila es indispensable como preliminar de nuestra marcha a Alhucemas, pues o podremos emprender ésta dejando en nuestro flanco izquierdo ese gran entrante tan bien situado para servir de base a contínuos ataques a nuestra zona.

Por las mismas razones expuestas al hablar de Tensaman, no hay que contar con que podemos hacer allí nada serio, salvo pequeñas operaciones de policía, hasta el mes de mayo, y aun suponiendo que en uno u otro lado la labor política se realizara con tal éxito que no tuvieramos que vencer resistencia alguna de tuzanis y tensemanis, la sola ocupación pacífica de las dos cábilas invertiría todo el verano. Hay que tener presente que las harcas de Azilaf y Trugut no podrían menos de hacer acto de presencia cuando nos aproximaramos a los lugares que ocupan en la inmediación de Guezannaya y de Beni Urriaguel.

Suponiendo, pues, que estas operaciones se realicen con la misma tranquilidad que las de Beni Said y Beni Ulixek, lo que, como queda dicho, no es probable, no las terminaríamos hasta julio o agosto, cuando menos, y, en esa fecha, por tanto, es cuando estaremos en contacto pleno con los de Beni Urriaguel. ¿Podíamos pensar, entonces, en continuar hasta el Nekor?

El Jefe que suscribe cree sinceramente que no.

Los avances realizados en el ciclo de operaciones, comenzando el 7 de marzo de 1919, han sido extraordinariamente rápidos, y aunque todas las cábilas sometidas se hallan satisfechas, como lo prueba la absoluta tranquilidad de la zona, no es suficiente: es preciso algún tiempo para consolidar esta situación y que se pueda pensar, sin riesgo de hallarse con una sorpresa desagradable, en dejar desguarnecido todo el territorio ocupado y llevar las fuerzas a vanguardia al emprender las operaciones, y esta consideración ha de imponerse con mayor fuerza al tratarse de Temsaman y Beni Tuzin.

Es seguro que en ninguna de esas cábilas ocurriría nada al encontrarse las fuerzas más allá del Nekor, mientras las cosas marcharan bien; pero si hubiera algún combate, o digamos desgraciado, sino duro, que nos obligase a hacer un alto, pudieran las cosas variar.

Es preciso, además, dar tiempo al tiempo. "Se trata de realizar una penetración política auxiliada por las armas con los casos indispensables", y esa situación política, real e intensa, cerca de los beniurriagueles, no ha de comenzar hasta que no estemos en las orillas del Nekor. La realizada hasta ahora desde la Plaza, por circunstancias de todos conocidas, no ha sido de la mayor eficacia, y no se obtendrá de ella el rendimiento a que podemos aspirar, dados los esfuerzos económicos empleados, hasta que la acción no se ejerza por la fuerza, más el que ha de darnos ante esos cabileños vernos a las puertas de sus casas potentemente organizados, sin necesidad de aquellos desembarcos proyectados y de éxito tan problemático.

Cuando estemos acampados con fuertes núcleos en el límite de Tensaman, es cuando conseguiremos, probablemente, uno de los objetivos más importantes y necesarios para nuestro avance en Beni Urriaguel, que es la adhesión sincera y leal de la fracción de Axdir, que ocupa la costa.

Esta fracción sostiene desde hace años cordiales relaciones con nuestras autoridades; en ella se distribuyen por completo las 10.000 pesetas, aproximadamente, a que alcanzan las pensiones asignadas a la cábila, hacen constantes protestas de amistad y de sus deseos de que desembarquemos; pero no es difícil comprender que, por buena que sea su voluntad y grande su lealtad, no podrían cumplirse sus ofrecimientos cuando sintieran la presión enorme de sus coterráneos de la montaña; éstos los dejan hoy en paz porque ven que no hacen más que recibir beneficios a cambio de una platónjca adhesión.

El día que quisieramos llevar a la práctica lo que ofrecen los de Axdir, se les echaría encima la cábila, y a la fuerza les obligarían a revolverse contra nosotros, que no podríamos prestarles apoyo eficaz, pues, las escasas fuerzas, que las circunstancias absolutamente favorables de toda índole, pudiéramos desembarcar por sorpresa, mas necesitarían de apoyo en los primeros momentos que podrían prestarlo.

Otra cosa será cuendo estemos en el Nekor; entonces si podrán esperar un auxilio eficaz, oportuno y suficiente, y, por tanto, es de suponer que los jefes verdaderamente amigos consigan en esa ocasión arrastrar a toda la inmensa mayoría de la fracción para que se unan a nosotros, prestándonos un apoyo moral y material de gran consideración, y que ha de ejercer gran influencia en la lucha que con las fracciones enemigas sostengamos. Esta labor y la de atraernos jefes y grupos de las otras fracciones de la cábila, hoy hostiles, necesitan unos meses.

Es, pues, opinión del Jefe que tiene el honor de informar, que no convendría, aun en el caso más favorable, pasar el Nekor antes del próximo otoño, si queremos fiar el éxito, más a la prudencia que a la audacia.

En cuanto al camino que se ha de seguir para ir a Alhucemas, no hay más que uno: el de la costa.

Las observaciones de los aviadores y las numerosas investigaciones realizadas cerca de los indígenas, acreditan que no hay otro camino practicable por fuerzas europeas más que el indicado, que es, dicen los naturales, el que ha seguido siempre el Majzen para ir a Beni Urriaguel y el que ellos siguen normalmente.

Los benibuyari proponen que se tome en Beni Mul-lul una posición denominada Kudia Baida o Tamrirt-Medlen (loma blanca), que está al alcance del cañón del Azib y de Isel-Lasen, y dicen que con ello quedaría asegurada su tranquilidad. Desde esa posición al Azib calculan hora y media de marcha. Desde Azilaf no hay más que una hora de camino practicable dentro de Beni Tuzin, y aquel entra en Gueznaya; pasa por Sidi Ali-Bu-Rokba a tres horas de distancia, desde aquí a Akebet-el-Kebi, una hora; el Bord, dos horas; sale de Guezenmava y se bifurca, yendo el camino de la derecha a Beni Ammart y el de la izquierda a Marnisa.

Desde Judia Baida a Iferni hay dos horas de muy mal camino, practicable sólo para infante o para mulo o caballo muy bueno.

Desde Azilaf a Beni Urriaguel se pasa por Telatz-Mazait (Beni Ihie) una hora; Tizi Endras, media hora; poblado de Builma, y desde aquí a Beni Urriaguel, dos horas; muy mal camino, sólo para mulo o paso muy lento.

Los de Beni Buyari, para ir a Iyarmauas, pasan por Tafersit, Tizi Aza y el llano de Tensaman, siguiendo después el curso del río.

Pero aunque así no fuera y existiera otro camino interior practicable, creo que nuestra línea de invasión debía ser siempre la de la costa, por ser la más corta y la que con menos esfuerzos nos permite disponer, por las bases secundarias de Sidi Dris y Alhucemas, de los recursos necesarios para movernos. Ella nos lleva a darnos la mano con la parte de la cábila que ofrece más probabilidades de servicio lealmente; y, efectuada la unión, queda cerrada la costa para el resto de la cábila, que queda de esa manera bloqueada y no puede recibir ni los artículos de preciso consumo entre los indígenas, no contrabando de armas, ni pueden exportar sus ricos productos. Se alcanzaría la unión con nuestra plaza de Alhucemas y de obtendría un resultado moral que repercutiría muy favorablemente en el Rif y en España.

Este resultado nos permitiría además estimular la tendencia amiga de España que se manifiesta en Bocoya; y si la suerte nos favorece como hasta ahora, podría ser en breve plazo un hecho la ocupación de la costa hasta el Peñón, nuevo e indiscutible triunfo de gran trascendencia.

Dominada la costa hasta Alhucemas, podíamos elegir libremente las líneas de penetración hasta el interior que más nos convenieran, sin alejarnos gran cosa de la plaza, que sería nuestra base; y eso, unido a la intensa labor política que nuestra favorable situación nos permitiría llevar a cabo, facilitaría la ocupación completa de la cábila con esfuerzo mucho menor del que exigiría nuestra acción militar desde Beni Tuzin, a más de 100 kilómetros de Melilla.

Cierto que tendríamos así una línea que presentaría su flanco al enemigo; pero esto no es una novedad para nosotros, pues siempre nos ha ocurrido lo mismo, sin que haya sucedido nada de particular, teniendo en cuenta que no luchamos con un enemigo organizado, y que éste, desde el año 1912, si bien sigue defendiendo con todo tesón que sus recursos le permiten, la integridad de su territorio, no toma la ofensiva sino para casos de agresiones aisladas. Las harcas del Chaif, Tafersit, Tauarda, Azilaf y ahora la de Beni Urriaguel, así lo demuestran.

Además, esa línea tendría un flanco izquierdo apoyado en Beni Tuzin y el derecho en las alturas inmediatas a Bocoya (fracción de Ismorin), con la que sostemenos trato, de modo que no es tampoco demasiado extensa y opina el que suscribe que con la Mía de Beni Urriaguel, que habrá que crear en cuanto lleguemos al Nekor, y con el Grupo de Regulares de Alhucemas, en el que también hay que pensar, para organizarlo antes de que penetremos en la cábila ya citada, está más que asegurado el flanco de nuestra línea de Melilla a Alhucemas.

Eso no impide, naturalmente, que desde nuestras posiciones de Beni Tuzin podamos amenazar el interior de Beni Urriaguel, haciendo alguna demostración que tenga en respeto a parte de la cábila, impidiendo que concentre sus esfuerzos en la costa y aun aprovechando alguna ocasión favorable que se puede presentar para ocupar posiciones convenientes para nuestro avance.

Por lo que a los tratos con Civera se refiere, conocida es de V.E. la situación: ese moro decidido, enérgico e influyente, antiguo pirata y hoy acaudalado propietario, se ha hecho por ley natural, conservador y quiere que llegue España a su terreno para disfrutar con tranquilidad de los bienes que posee, mejor o peor adquiridos; por eso, por su interés, podemos contar con su cooperación leal, y de ella podemos esperar buen resultado.

Ha estado recientemente en la plaza, siendo recibido por V.E., ante el que ha confirmado sus deseos de trabajar en pro de España. Se le dijo que era conveniente que en vez de contar sólo con la fracción Ismorin, fuese toda Bocoya la que pidiese al Comandante militar de Alhucemas el desembarco de nuestras fuerzas en su costa; y ha quedado en dirigir sus esfuerzos en ese sentido. No es fácil que lo logre por completo; pero sí creemos que conseguirá formar un fuerte estado de opinión favorable a nosotros, sobre todo el día no lejano en que lleguemos al Nekor. Para que auxilie sus trabajos en ese sentido, se ha escrito al Comandante militar del Peñón, por ser esa plaza vecina de Azgar y de Tguiditz que son las otras dos fracciones de Bocoya. Tenemos, pues, fundamento para esperar apoyo por parte de esa cábila.

En cuanto al avance hacia Ain Zorah, parece que se va acercando el momento propicio para efectuarlo. El capitán Alonso continúa su meritísima labor; realiza frecuentes paseos por la zona que se ha de recorrer, y hace cinco días ha estado en la Richa, trayendo noticias interesantes de ese terreno.

Pero una cosa es hacer un recorrido rápido, por sorpresa, y otra es ocupar una posición, que exige tiempo para fortificarla; y como además el zoco El Sebt de Ain Amar no está lejos de Azilaf, donde continúa la harca, aunque no es numerosa, será preciso ir a dicho punto con una columna con los elementos necesarios para cualquier contingencia, y que no parece que se pueda hacer hasta que no haya cesado en Temsaman el límite de elasticidad de las fuerzas, que parece ha de ser cuando esté ocupada Sidi Dris, de una posición intermedia entre ésta y la cabecera de la 13° Mía de Policía.

Entonces transportados al zoco Telatza los elementos indígenas acumulados en Temsaman, será llegado el momento de avanzar, si no a Ain Zorah, que quizás no convenga ahora por lo excéntrico y distante de la plaza, sí al zoco ya citado de Sebt de Ain Amar, que, según las referencias que se tienen, parece ser una posición excelente, tanto desde el punto de vista militar como del político.

Melilla, 16 de febrero de 1921

El Coronel de Estado Mayor Jefe, Gabriel Morales

Servicio Histórico Militar. Historia de las Campañas de Marruecos. Tomo III. Madrid, 1981. Páginas 619-623. 

Informe del General Berenguer (17 de abril de 1921)

Extracto del informe del General Berenguer al Sr. Ministro de Estado en el que se comunica el posible cruce del río Amekrán (17 de abril de 1921) 


...//...

"No creo que Beni Urriaguel, dada la tenaza que podríamos hacerle en un momento dado desde Tensaman y desde la costa, y quizá desde Bocoya, pueda resistir nuestro empuje haciéndonos mucho daño en nuestro lanzamiento; ahora bien, todo ello determina por el momento la necesidad de una labor más intensa para preparar el avance, y que no pueda hoy fijar la fecha probable de él, aunque creo que previamente habrá de establecerse una fácil que la que yo he recorrido desde Dar Drius a Annual y a esperar a que los contingentes de fuerzas, reforzados con los quintos ya instruidos, permitan dar a las columnas el aspecto de solidez que les proporcionará sumayor efectivo, aunque, como sabe usted que es costumbre en nuestra actuación, estos contingentes nuevos no sean los que hayan de resolver la acción que nos proponemos."

"El general Silvestre pensaba, en los dias que yo estuve en Annual, realizar una pequeña operación para pasar a la otra orilla del río Amekran, y otra para ocupar en el nacimiento de este río, ya en el fondo del valle, en contacto con Beni Tuzin, un par de posiciones que permitieran asegurar los contingentes de varios poblados a su alrededor."

"No se si seguirá en la misma idea, para la que le autoricé, pues variado en algo el equilibrio que entonces existía en Beni Urriaguel, es muy posible que alguos contingentes hayan penerado ya en Tensaman para formar posiciones contra nuestro avance, pues es en el contrafuerte a que me refería de esta cábila donde se puede esperar que los de Beni Urriaguel hagan frente a nuestras tropas si nuestra labor política no consigue apartarles de esa dirección."

...//... 

Teniente General D. Dámaso Berenguer. Memorias. Tomo II, página 297. Citado por Servicio Histórico Militar. Historia de las Campañas de Marruecos. Tomo III. Madrid, 1981. Página 403. 

El Desastre de Annual (1921)

El Desastre de Annual (1921)

(...)Poco después de la salida de la cárcel, tenía lugar el golpe de estado del general Primo de Rivera.
Las quejas de los cabileños abundaban, pero nadie les hacía el menor caso. Y en Madrid, menos que en sitio alguno.
Empleado en la Comandancia estaba entonces Abd el-Krim, moro notable de la cabila de Alhucemas, hombre que había estudiado en Madrid la carrera de Derecho con muy buenas notas y que se había hecho la ilusión de la posible convivencia entre moros y españoles. Hasta él llegaron, naturalmente, las quejas de sus compatriotas a causa de los atropellos de los oficiales españoles. Para ver de poner remedio se presentó al general Silvestre reclamando que impusiera prudencia a sus subordinados. Nunca lo hubiera hecho. El general le contestó groseramente, le insultó, y como el moro protestara, acabó abofeteándole. Abd el-Krim enarboló su bastón, pero no pudo apalearle porque se le echaron encima unos oficiales, que le expulsaron de la habitación a patadas.
Así empezó la catástrofe.
Abd el-Krim no volvió a la Comandancia. Se retiró a su aduar, cerca de Alhucemas, y se dedicó pacientemente a recorrer el Rif. Estuedió detenidamente el sistema de posiciones de las tropas de ocupación, dándose cuenta de lo vulnerables que serían en caso de ataque, La mayoría de estas posiciones eran destacamentos de unos cien hombres, encerrados en un cuadrilátero, un parapeto de piedra y una alambrada de espino, pero sin comunicación directa con las otras posiciones. Había también otras posiciones de más importancia, como Ras Medua, Monte Arruuit, El Zaio y Annual, pcro el aislamiento era el mismo. Por la noche, cuando se cerraban las alambradas, quedaban perfectamente libres los caminos y barrancos. Además, casi en ninguna de estas posiciones había agua potable, que era preciso ir a buscar, a veces a varios kilometros, y transportarla a lomo de mulos.
Abd el-Krim sabía bien qué ocurría en tales posiciones. La mayoría de la oficialidad solía estar en Melilla y los que quedaban se pasaban la noche bebiendo y jugando. Como es natural, el ejemplo era seguido por sargentos, cabos y soldados.
Con estos conocimientos preparó una sublevnción. No como las habidas en 1909 o 1911, es decir, "para hacer un poquito de guerra", como decían los rifeños, sino dispuesto a dar un serio disgusto a los gcnerales. Él y sus emisarios prepararon las cosas a lo largo del límite de la ocupación en aquella zona, es decir, bordeando el rio Ker, desde Adhucemas hasta el curso del río Mulaya, fronterizo con Argelia. Esta táctica tenía por objeto alejar el grueso de las tropas españolas lo más posible de la costa y de los centros de avituallamiento.
Y empezaron los ataques aislados a posiciones de avanzada. Sin apretar mucho, pero casi continuos. El mando en Melilla no se alarmó. El alto comisario, residente en Tetuán, preguntó a Silvestre sobre la gravedad de los ataques. El general contestó que no era cosa de importancia, y que si los ataques seguían efectuaría una cxpedición punitiva que acabaría con los díscolos en pocos días. El alto comisario le aconsejó mucha prudencia, pues el ambiente político era malo en España y una campaña militar sería mal vista, Silvestre no contestó al alto comisario y se puso en relación directa con el rey. El soberano, por su parte, nada indicó a sus ministros.
Como las agresiones seguían, y cada vez, más frecuencia, Silvestre remitió un telegrama cifrado al rey, pidiendoparmiso para atacar a los rifeños. El rey contestó: "De frente, marchen los valientes. ¡Viva España! 
Silvestre sabía que Abd el-Krim andaba por su cabila, ya sublevada, y quiso acabar con él. Para ello organizó a toda prisa una columna com una división de infantería, trcs baterías de artillería ligera y un escuadrón de caballería, como exploradores.
La columna se puso en mrcha de madrugada con el buen mejor humor. El general iba a la cabeza, montando un caballo blanco. Los soldados no sabían, naturalmente, adónde iban ni a qué. Avanzaron todo el día sin en contrar resistencia. Se cañoneaban los aduares antes de llegar a los mismos, pero no se veía un solo moro por parte alguna. Esta anormalidad no preocupó al mando. Llegaron cerca de los poblados de la cabila de Alhucemas al anochecer. Se dio orden de acampar en unos montículos, no sin antes haber lanzado un centenar de obuses a los aduares cercanos.
Las tropas se dispusieron dormir bajo las estrellas, sin tiendas ni impedimenta, los macutos vacíos y cien balas en las cartucheras. Todo paracía un paseo militar...
Pero a la una de la noche, como un alud, se precipitaron sobre la columna centenares de moros armados de fusiles o gumías en mano. Lo hicieron según su costumbre favorita: dando grandes gritos guturales, que impresionaban enormemente a los pobres soldados, despertedos tan bruscamente.
El desconcierto fue general. Nadie sabía qué hacer. Los moros estaban por todas partes, disparando a quemarropa o hundiendo sus gumías en las gargantas que encontraban a su paso. Nunca se ha publicado el número de bajas de aquella noche horrible. Debieron ser millares. Los que pudieron escapar a la masacre no pararon hasta Melilla, donde dieron la alarma. El general Silvestre desapareció y nunca más se supo cuál fue su suerte.
Grandes hogueras aparecieron en los picos de las montañas. Era la señal convenida. Las posiciones de avanzada fueron atacadas y tomadas una tras otra. (...).
El derrumbamiento de la Comandancia de Melilla fue completo. En pocos días los moros ocuparon toda la zona, llegando hasta muy cerca de Melilla. Si no entraron en la plaza fue, sin duda, porque Abd el-Krim tuvo miedo de la conducta de los moros respecto a la población civil. El éxito de la campaña le había endiosado y ya publicaba partes de guerra encabezados así:" Cuartel General de la República del Rif".
En Madrid todo el mundo andaba de cabeza. Se mandaron tropas a Melilla desde Málaga y Almería, las plazas más cercanas. Pero el desembarco era difícil y en seguida se vio que la desorganizacion mas tremenda reinaba en el ejército.
Mientras los sitiados (...) se preparaban a rendirse, porque no les llegaban alimentos y refuerzos. Los moros llegaron a cortarles el agua. Fue el fin. Se pactó la rendición. Tampoco nunca se ha sabido en qué condiciones. Los jefes y oficiales, con el general Navarro a la cabeza, fueron hechos prisioneros, pero la mayoría de los soldados fueron asesinados y sus cadáveres quedaron pudriéndose al sol durante muchas semanas.
Para salvar las vidas, ya que no el honor, de los generales y oficiales, se entablaron negociaciones por intermedio de Francia a fin de rescatar los prisioneros, efectuando un intercambio. Pero Abd el-Krim exigió además ocho millones de pesetas, que le fueron entregadas. Por entonces se aseguró que Alfonso XIII, al enterarse del precio del rescate, comentó:" Qué cara cuesta la carne de gallina". También se dijo que todos los prisioneros habían sido violados por los moros.
Con todo el material de guerra tomado a las tropas españolas y los ocho millones del rescate, Abd el-Krim organizó un verdadero ejército que tuvo en jaque a España durante años. No se le pudo vencer más que con la ayuda de Francia, la cual intervino para que la rebelión tomase cuerpo en Argelia y en el resto de Marruecos. El balance oficial del desastre de la Comandancia de Melilla (llamado popularmente Desastre de Annual) fue de 22.000 muertos, pero todo el mundo estaba plenamente convencido de que eran el doble.
En España pronto se supieron muchos detalles que no había publicado la prensa. Los periódicos de izquierda empezaron a Hablar de exigir responsabilidades. El general Berenguer, alto comisario residente en Tetuán, confesó que todo se había llevado a cabo sin su conocimiento.
En el Congreso de lso Diputados, republicanos, socialistas y elementos de la oposición plantearon la cuestión, dando lugar a sesiones movidísimas. Se llegó a acusar veladamente al propio rey. No hubo más remedio que acordar la formación de un expediente el coronel Picasso. Este hombre se trasladó a Melilla con sus auxiliares y empezó en seguida la investigación. A las pocas semanas empezaron a circular rumores de que el expediente contenía tremendas responsabilidades, empezando por el rey, siguiendo por muchos generales, banqueros y políticos. Si el expediente llegaba al Parlamento, la monarquía corría grave peligro.
Y entonces fue cuando surgió el golpe de estado de Primo de Rivera. Ello significaba para Alfonso XIII jugarse la última carta. Se la jugó, y aunque al principio parec´ñia que había ganado la partida, lo cierto es que la perdió.(...)

BUESO, Adolfo:El desastre d'Annual.(1921). A:Recuerdos de un cenetista (1909-1931). 1976.197-201 pp.

Contra ley y contra razón (Marcelo Domingo, 1921)

Contra ley y contra razón


La obra de España en África es contra ley. No podemos tener en África el ejército que hemos mandado allí, ni entrar a tambor batiente disparando contra las cábilas. El artículo 1.° del Convenio franco-español de noviembre de 1912, es terminante: «El Gobierno de la República francesa —dice— reconoce que en la zona de influencia española toca a España velar por la tranquilidad de dicha zona y prestar su asistencia al Gobierno marroquí para la introducción de todas las reformas administrativas, económicas, financieras, judiciarias y militares de que necesite.» ¿Está claro? España no debe ir a actuar, a perturbar la tranquilidad de la zona de influencia que tiene asignada, sino a velar por ella; y no puede dar un paso por su cuenta ni tomar a su cuenta ninguna posición, ni avanzar, ni retroceder, sino limitarse a asistir al Gobierno marroquí; y no debe ser el Gobierno español quien realice reformas, sino el Gobierno marroquí. La disposición legal es terminante. ¿En qué ha sido cumplida? En nada. España ha producido el más escandaloso desorden en la zona africana. No ha respetado la propiedad, ni la autoridad, ni las costumbres de los moros. Violentamente se ha alzado contra todo. Allí donde debía asistir al poder marroquí, ha establecido el poder militar; allí donde debía ser custodia ha sido fuerza arrolladora; allí donde podía colaborar dignamente y públicamente con las fuerzas indígenas representativas, ha parlamentado sórdidamente, humillando, con el estipendio y la misión, la propia autoridad y la autoridad delegada. Después de doce años de permanencia de España en África, el Gobierno marroquí, por obra de España, ha llegado a los límites de la mayor anulación; el gobierno español, por los ejemplos de su obra, ha alcanzado los máximos límites de desprestigio. Todo esto ha sido contra ley. Porque el Convenio del 12 fijaba estos deberes. Y el Acta de Algeciras, en su capítulo 1.°, artículo 5.°, preceptuaba que el efectivo total de nuestras tropas no debía ser superior a 2.500 hombres ni inferior a 2.000.
Ha sido contra ley y contra razón. Porque la razón nos enseñaba: Primero: que una obra dedicada a la elevación civil del moro, elevando la categoría civil de sus instituciones fundamentales, era una obra de colonización que, si no obtenía otras ventajas, para España tendría la ventaja suprema de ser una obra que inmortaliza la Historia. Segunda: que una guerra de conquista enseña a guerrear al conquistado, y que si en el conquistador el caudillo de la conquista no existe, este caudillo surge inopinadamente entre las filas de los conquistadores que se defienden. España, el pueblo de Sagunto, de Covadonga, del Dos de Mayo, no debía olvidar estos rasgos sicológicos que aparecen en todas las nacionalidades oprimidas. Contra razón procedió España más absurdamente que contra la ley. Y la realidad actual es ésta: una metrópoli fría, insensible, depauperada, sin caudillos apasionados, sin multitudes fervientes, y una colonia viril sensible, rica de emociones, con hombres que alzan la bandera y multitudes que entregan ciegamente su vida. Abd-el-Krim, reflexivo, estudioso, amante de España porque creía que España era una civilización superior, y Silvestre, impetuoso, ignorante, que en nombre de España desenvaina su espada y que piensa que lo más glorioso de España es la espada que él lleva en la mano, son dos símbolos... El símbolo del África, que ha dejado espiritualmente de ser colonia ante el mundo, y el símbolo de España, que ante el mundo espiritualmente, ha perdido su jerarquía metropolitana.


(DOMINGO, Marcelino: Prólogo a la obra de GÓMEZ HIDALGO, F.: Marruecos. La tragedia prevista, págs. 14-16.)

Desastre militar de Annual (ABC, 24 de julio de 1921)

Desastre militar de Annual.

Tres telegramas del general Silvestre preven el desastre.

Urgente
21 de julio, a las 19,30.

«Día de hoy realicé operación anunciada para socorrer Igueriben con esfuerzo supremo, viniendo con resto Regulares y Regimiento de Alcántara dirigir tan importante operación. Numerosísimo enemigo, atrincherado, impidió plan, no obstante operar casi totalidad fuerzas este territorio, y ante imposibilidad conseguirlo, ordené evacuación, acogiéndose protección mayor par te guarnición después de inutilizar material. Jefes y oficiales muertos en alambrada suicidados. Retirada, muy sangrienta; recogiéndose fuerzas, repito, mayoría territorio en Annual, donde me quedo con las mismas, totalmente rodeado por enemigo.
»Debido situación gravísima y angustiosa, me es urgentísimo envío divisiones con todos elementos.
»Intentaré toda clase de esfuerzos para ver conseguir salir esta dificilísima situación.»

Muy urgente

22 de julio, a las 19,30

«Por lectura de su telegrama relativo a requisa barcos en Cádiz Para envío de fuerzas de, Tetuán, me hace suponer no he acertado a dar a V. E. idea exacta situación en que, se hallan mis tropas en Annual: constantemente hostilizadas aguadas, que habrán de ser sangrientas; cortada por el enemigo m¡ línea de abastecimiento y de, evacuación de bajas; no disponiendo de municiones más que para un combate, y comprometer mis soldados con todas consecuencias. Procede determinaciones urgentísimas, que, tomaré aceptando toda responsabilidad, teniendo en principio idea de retirarme a la línea Ben Tieb Beni Said, recogiendo antes posiciones que. me sea posible, en donde esperaré los refuerzos que V. E. me envíe, siendo puerto desembarco Melilla.»

Urgentísimo

22 de julio, a las 10,30

«Contestación a su telegrama después de consejo de jefes, y ante numeroso enemigo, que viene en columnas, aumentando por momentos, y no contando más que con cien cartuchos por individuo, ordeno retirada sobre Izummar y Ben Tieb, haciendo todo lo posible por llegar a este punto.»
Al mediodía fue facilitara en el Ministerio de la Guerra la siguiente nota:
Comprometidas las fuerzas que guarnecían Igueriben, el general Silvestre salió rápidamente en corro con fuerzas de Regulares y del Regimiento de Alcántara, impidiendo que esta determinación tuviera eficacia numerosísimos enemigos debidamente atrincherados; ordenándose, en su vista la evacuación de la posición, después de inutilizar el material que no pudieron llevar las fuerzas. La retirada fue muy sangrienta, recogiéndose éstas en Annual, a donde se dirigió también el general Silvestre, constantemente hostilizado por la harca enemiga, muy superior en número a los elementos con que éste contaba, perfectamente armada y en condiciones excepcionales para entablar combate, hasta el extremo de que, una vez refugiado en Annual el general Silvestre y fuerzas a sus órdenes, llegó el enemigo a ¡cortar sus comunicaciones, y sus líneas de abastecimientos y evacuación de bajas, y cuando no le quedaban al general Silvestre más municiones que las necesarias para un combate, ante situación tan comprometida y lo rudo de la pelea entablada, se sabe que, no pudiendo conservar la posición de, Annual, reunió a los jefes y determinaron evacuarla, diciéndose, sin que hasta ahora se haya confirmado la noticia, que el general Silvestre, después de dirigir la evacuación y cuando puso a salvo cuantos elementos pudo, permaneció en ella hasta el último momento, llevado, como siempre, por la sola idea de su dignidad y de su temerario arrojo, cuando el último soldado se había retirado, perdió la vida.
Las bajas, numerosas. no pueden determinarse hasta ahora, pues ni aun éstas noticias las sabe de un número completo e indudable, el general Navarro, que en Dar Drius ha reunido las fuerzas procedentes de esta evacuación y la de las posiciones intermedias, que se han reconcentrado.
Se citan, entre las bajas, las de los coroneles Morales y Manella y teniente coronel Manera, comandante de Intendencia Pedro Hernández, muerto; herido grave, capitán de Estado Mayor, Sabater, y algunos jefes y oficiales del cuartel general, cuyos nombres aún se desconocen, así como detalles de cuanto concierne a este doloroso extremo.
El general Berenguer llegará a Melilla esta tarde. Ha dispuesto vayan desde Ceuta fuerzas y unidades voluntarias con los servicios de ametralladoras y ambulancia correspondientes.
Propone también que desde la península se envíen refuerzos para influencia moral sobre el campo enemigo, y destinados a servicio de guarnición en Melilla, a fin de permitir a las de aquella comandancia congregarse al servicio exterior. Las fuerzas preparadas anoche han empezado el embarque hoy para dicha Plaza.

Nuevas del ministro de la Guerra.

A las tres de la tarde recibió el vizconde de Eza, en su despacho oficial, a los directores de los periódicos.
Después de repetir las manifestaciones que había hecho por la mañana para justificar el no haber dado noticias a la Prensa el día anterior, proclamó la gravedad de los sucesos acaecidos en la zona de Melilla.
El general Silvestre, siguiendo el relato del minis de la Guerra, se proponía continuar por etapas el avance hacia Alhucemas, y con tal objeto había dispuesto y logrado la ocupación de las posiciones de Annual e Igueriben.
Estas posiciones fueron atacadas por los moros de la cabila de Beni Urriaguel, con tal violencia y con fuerzas tan numerosas, que el general Silvestre, al mando de una columna, salió a apoyar a la pequeña guarnición de Annual, mandada por su nuevo jefe el coronel Manella.
Pero desgraciadamente, las fuerzas enemigas eran superiores en número a las nuestras, y así lo reconoció el general Silvestre, comunicándolo por telégrafo al alto comisario y al ministro de la Guerra.
Heroicamente, con denuedo insuperable, lucharon nuestras tropas, pero la avalancha fue tan considerable, que el comandante general dispuso, la evacuación. Efectuóse, ésta, en su primera parte, con gran orden y cubiertos todos los servicios de protección, aguada, etcétera; pero el segundo escalón ya se retiró con precipitación y disgregándose las fuerzas.
El general Silvestre dirigió la evacuación con gran serenidad y revelando sus dotes excepcionales de mando y su reconocido valor. Pero aún hizo más, quiso dar una prueba de confianza y de arrojo, y se quedó con su Estado Mayor en la posición hasta que hubo salido el último soldado.
En el combate tuvimos numerosas bajas, entre las cuales figuran las que en notas oficiosas ya se mencionan. También sufrieron gran quebranto los contingentes moros, y la muerte de varios significados cabecillas, entre ellos el famoso Abd el Krin, que fue hace años policía afecto a España, y que desde hace algún, tiempo era uno de nuestros más encarnizados enemigos.
Una prueba de la muerte del general Silvestre, aunque no hay de ella noticia oficial, es que se ha hecho cargo del mando el general Navarro, que era el segundo jefe y que acababa de regresar a Marruecos, después de haber permanecido, en Málaga cuatro o cinco días con su familia.
El alto comisario ha salido en el Almirante Bonifaz para Melilla, y a esta zona ha enviado ya algunos refuerzos, constituidos con tropas voluntarias de las que prestan servicio en Marruecos.
El Gobierno, atendiendo las indicaciones del general Berenguer, y para la tranquilidad de la población civil de Melilla, ha dispuesto el urgente inmediato envío de tropas de la península a Melilla.
A este efecto se ha ordenado la salida de dos medias brigadas y dos grupos de Artillería con su cupo completo y todo el material y ganado.
Las órdenes se han cumplido con tal rapidez, que a estas horas ya están navegando hacia Marruecos dos barcos conduciendo nuestras tropas.
Estas fuerzas prestarán sólo servicio de guarnición en Melilla, pues las que antes defendían dicha Plaza se destacan en las posiciones avanzadas, e intermedias.
Añadió el vizconde de Eza que los moros estaban sin duda bien provistos de armas y municiones, por el constante e inevitable contrabando que por la bahía de Alhucemas se viene realizando.
Terminó el ministro haciendo una invocación al patriotismo de los presentes, para que no se exageren ni desvirtúen las noticias, ya de por sí bastante graves, y, sobre todo, que no se mencionen concretamente las fuerzas que se envían a Marruecos.

El general Berenguer.

A las doce de la noche manifestó el director general de Seguridad, señor Millán de Priego, que hacía media hora habían comunicado al Ministerio de la Guerra desde Melilla que estaba a la vista el cañonero Bonifaz llevando a bordo al general Berenguer.

El momento decisivo. Situación desesperada.

Aunque las noticias oficiales no reconstruyen los hechos, ni siquiera dan referencia de los hechos culminantes, y la censura detiene los despachos del servicio de Prensa, hay noticias aisladas, de segura procedencia, que ofrecen algunos detalles.
Comprueban que al salir el general Silvestre de Melilla con la columna que organizó, o acaso antecediéndola, no contaba con hallar un enemigo tan numeroso y tan organizado. Entró el general en Igueriben, y los rebeldes (que indudablemente vieron entrar el grupo y supusieron que se trataba de Silvestre) se lanzaron con premeditada táctica y con imponderable furia, logrando cercar.
El general decidió la retirada, y con las fuerzas se retiró a Annual; pero bien pronto vio que el retroceso había sido inútil y que se imponía una retirada más completa de la primera línea.
Entonces lanzó mensajes radiofónicos a Tetuán y a Ceuta, que algún barco recogió y reexpidió a Madrid, declarando' que se hallaba en situación desesperada y anunciando que, bajo su responsabilidad, ordenaba la evacuación de todas, las posiciones avanzadas con la consigna de que las fuerzas se reunieran en el campamento de Dar Drius.
Se emprendió, pues, el repliegue general, y en su primera parte fue ordenada y, relativamente, con poco fuego; pero el enemigo, advertido del movimiento, se lanzó impetuosamente sobre algunas compañías peninsulares y sobre los grupos de Regulares. ¿Aguantaron todos éstos con la debida cohesión? ¿Hubo vacilantes o, lo que es peor, defecciones? Esto se aclarará en las informaciones. Lo positivo es que la segunda parte de la retirada fue más precipitada y con mucho fuego, por lo que tuvieron nuestras tropas muchas bajas, aunque, por su parte, parece que ocasionaron también quebranto al enemigo. En esta fase parece que murió el Abd el Krin.

La muerte del general Silvestre.

Terminaba el repliegue y el general Silvestre seguía en la posición Annual, cercada por los beni urriaguel. En persona fue ordenando el desfile de las últimas secciones.
Parece que se le hicieron algunas indicaciones; pero se resistió a dejar aquel sitio.
Los beni urriaguel se habían ido acercando y estaban ya en las alambradas. Un capitán, que fue el último en lograr romper el cerco, fue también el último que vio con vida al general Silvestre. Se hallaba éste en pie, rodeado de varios jefes y de su Estado Mayor. Todos hacían fuego con sus pistolas sobre los moros, que, a su vez, disparaban ya desde la gola de la posición.
¿Alcanzaron las balas enemigas al general y a los otros pundonorosos militares que le rodeaban, o, anticipándose ellos a la invierte que creyeron segura y humillante, se aplicaron la pistola a la sien ... ?
La referencia oficial todavía no lo sabe.

Movilización de fuerzas.

Hemos recibido telegramas de nuestros corresponsales en varias capitales, algunas del litoral, dando noticia de movilización de fuerzas.

No los publicamos, porque queremos atender las indicaciones que ayer hizo el ministro de la Guerra a los, directores de los periódicos, aunque observamos que no se atienden en otros colegas. Si esto se repite, claro es que nos veremos en el caso de rectificar nuestro criterio, ya que privaríamos a los lectores de ABC de informes sin beneficio para el sosiego público.

ABC, 24 de julio de 1921, pág. 20.

El sufrimiento de los soldados (Sender, Imán, 1979)

El sufrimiento de los soldados

Vigilan los centinelas, los de las ametralladoras, y están sentados al pie del parapeto, despiertos, los refuerzos. Unos treinta francos de servicio duermen vestidos un sueño letárgico de fiebre. Tres días de sed abrumadora, sin racionamientos, sin engaños. No hay agua, y lo declaran sencilla y tontamente, como las sentencias de muerte. ¿Tiene usted algo que alegar? Eso es en lo civil. En lo militar antes de alegar nada hay que obedecer. Muérase usted primero y luego da un parte «por escrito» protestando. Víveres aún quedan, pero resulta estúpido tragar y tragar cosas sólidas. Es el agua, el agua, el agua. Sin ella da lo mismo comer que no, dormir que velar. Hace tres días que dieron el último cuartillo. A medida que se bebía se sudaba, de modo que no quedó una gota en el estómago. Fue una corta delicia, sin embargo, sentir al mismo tiempo la humedad en la garganta y en la piel. Desde hoy se bebe orina. Viance no la quiere probar. Se delira con el fusil entre las piernas, la cabeza caída hacia atrás.

En Annual se oye a ratos el restallido seco de los fusiles. La posición está en una alarma constante a la cual se han acostumbrado ya todos. En la parte de la vaguada, aunque está a cubierto de las defensas de la artillería, no hay cuidado. Morder las alambradas allí es imposible. Habría que estar colgado de una cuerda. El verdadero riesgo está, pues, en los costados y en la parte que da a Annual, sobre todo en ...

ésta, cruzada de trincheras. Tardan en comenzar esta noche. Hace diez o doce días que estamos sitiados y han aniquilado los moros un convoy de Annual, que sólo pudo andar un poco más de medio camino.

La policía indígena está en su corto sector, bajo un pequeño cobertizo. El comandante les ha arengado esta tarde. Todo el que intente salir de la posición con armas o sin ellas, morirá acribillado y, en cambio, los que queden aquí defendiéndola recibirán su premio, porque de cualquier modo habrá pronto convoy, y desde luego castigaremos duramente a los rebeldes. Viance cree que esas palabras sólo podrían lograr su objeto moralizador si fueran acompañadas de una barrica de agua. Tres días sin probarla. La tina de aceite conservaba lo menos veinte litros que sirvieron para mantener en el umbral del delirio a doscientos hombres durante veinticuatro horas más.

No se duerme. La sed produce un amodorramiento lleno de visiones. Pero el gran problema, de momento, lo constituyen los indígenas desfallecidos de sed y lo que es peor de desesperanza. La falta de agua, el ataque que hay que rechazar desde el parapeto día y noche, todo se subordina a esa preocupación de los indígenas, porque entre los rebeldes que se lanzan al asalto figuran muchos áscaris de los que fueron relevados días atrás y que en el camino de Annual hicieron traición. Alguien ha propuesto que se les mate. Otros que los echen de la posición desarmándolos antes. Están discretamente vigilados. El cabo Mohatar da pruebas de buen animo pero apenas le obedecen, y lo cierto es que las ametralladoras están prontas a soltar sus ráfagas sobre los fugitivos. Tres de los heridos, entre ellos el indígena, han muerto y han 1

ocupado su puesto nuevos soldados hasta llenar la choza y una tienda. El médico va y viene sin algodones, sin gasas ya, con un fusil en la mano y los bolsillos de su elegante guerrera llenos de cargadores. Hablando con los oficiales quiere bromear:

- Vaya carrera brillante la que le espera a uno hasta Annual.

Pero esto es de una gracia dislocada e inaprensible. Han enterrado en una gran fosa dieciséis muertos y hay ya otros tres cara al cielo en lo que era cuerpo de guardia. Algunos soldados antes de tumbarse abren con el machete un pequeño hoyo hasta alcanzar tierra fría, y allí se acuestan con la mejilla en el suelo. Parece que se cavan su propia fosa.

La noche se presenta incierta. Hay municiones de fusil abundantes y no tantas de artillería. Para las dos piezas unos setenta tiros. ¡Y los convoyes no pueden llegar! El comandante va y viene taciturno. De día apenas sale. Huye del sol sabiendo que no hay agua y sale por la noche al fresco. Quizá también porque los soldados no lean la desgana y el desaliento en su cara.
Viance está con un grupo que se ha acostado hacia el lado de la vaguada, porque al otro se corre el riesgo de ser alcanzado por alguna que otra bomba de mano: latas forradas de alambre rellenas de clavos y hierros, que salen zumbando como enjambres. Duermen allí su sueño pesado y ligero, la conciencia está alerta de sed, de desesperación; las bocas entreabiertas, los labios resquebrajados como cortezas de árbol. Alguien habla palabras incomprensibles por la afonía y porque no logra articular los sonidos. Y casi todos, la mejilla derecha inflamada y sangrando por las encías.

Sender, Imán, Barcelona, Destino, 1979, pp. 111-113.

Nombramiento del general Picasso (4 de agosto de 1921)

 

Nombramiento del general Picasso (4 de agosto de 1921) 

Telegrama del general Berenguer al vizconde de Eza

"De los graves hechos acaecidos en este territorio parece deducirse actuaciones parciales que estimo sería conveniente depurar. Para ello no se puede pensar, a mi juicio, en ningún general de este Ejército, puesto que todos ellos se hallan dedicados a los múltiples asuntos que les están conferidos, por lo que me permito proponer a V.E. que designe, a los fines que al principio se indican, al juez especial que el Gobierno estime."

Melilla, 2 de agosto de 1921.

Telegrama del vizconde de Eza al general Berenguer

"Sin perjuicio de las facultades de las Autoridades judiciales, el Gobierno nombra al general de División Juan Picasso González para que en esa plaza instruya una información escrita de carácter gubernativo, para esclarecer los hechos ocurridos en el territorio de esa Comandancia. Si para el desempeño de cargos judiciales necesita V.E. o el Comandante General personal determinado, diga su número y categoría. Contesto su telegrama del 2."

Madrid, a 4 de agosto de 1921.

Real Orden de 4 de agosto de 1921

Ministerio de la Guerra. 
Sección de Justicia y Asuntos Generales. 
Primer negociado.

Madrid, 4 de agosto de 1921.

Al Presidente del Consejo Supremo de Guerra y Marina.

Excelentísimo señor:

En uso de las facultades que al Gobierno concede el artículo 762 del vigente Reglamento de Campaña, el Rey (que Dios guarde) se ha servido disponer que, por el general de División don Juan Picasso González, con destino en el Consejo Supremo de Guerra y Marina, auxiliado por el auditor de brigada D. Juan Martínez de la Vega y Zegrí, de la Fiscalía togada del mismo, como secretario, se instruya en la plaza de Melilla, con el carácter de juez instructor, una información escrita de carácter gubernativo, para esclarecer los antecedentes y circunstancias que concurrieron en el abandono de las posiciones de dicho territorio atacadas por el enemigo. Es al propio tiempo la voluntad de S.M. que los referidos general y jefe verifiquen el viaje de ida y vuelta por cuenta del Estado, devengando durante el desempeño de la Comisión las indemnizaciones reglamentarias.

De Real Orden, etc ...

Traslado al Alto Comisario, al Comandante General de Melilla, al Intendente general militar, al Interventor militar. 
Copia al interesado, al archivo.

Aprobado: Vizconde de Eza 

Expediente Picasso. Relación de documentos remitidos al Congreso el 13 de noviembre de 1922 por el Ministro de la Guerra. 

Escrito del General Picasso al General Berenguer solicitando la entrega de los planes de operaciones (15 de agosto de 1921)

Escrito del General Picasso al General Berenguer solicitando la entrega de los planes de operaciones (15 de agosto de 1921) 

Hay un sello que dice: "Alta Comisaría de España en Marruecos. 
Ejército de Operaciones.- Estado Mayor"

Copia que se cita,

Hay un membrete que dice: "Juzgado instructor especial"

Excmo. Sr.:

Interesa a este Juzgado instructor, para el mejor desempeño de su cometido, conocer los planes de las operaciones que habían de realizarse en este territorio últimamente; en la necesidad de poner un límite inicial a sus investigaciones, considera lo más lógico hacerlas partir de aquel punto en que, por el licenciamento anual de fuerzas, hubieron de entrar las referidas operaciones en un periodo de calma, después de ocupadas las cábilas de Beni-Said y Beni-Ulixek, y en el que quedó constituído nuestro frente por la línea Azrú a Sidi-Dris, con Annual y este último citado punto como bases. Es indudable, a juzgar por los hechos posteriores, que de estos planes formaría parte el avance en dirección a la bahía de Alhucemas, preparado con una previa acción política, y del que fue, sin duda, la primera etapa la efímera ocupación de Abarrán, con el fracaso conocido.

Todo ello es de indispensable conocimiento para este Juzgado, pues le permitiría desentraar las causas de los hechos ocurridos después. Dada la trascendencia de aquella malograda operación inicial, que tan decisiva influencia ha ejercido en los sucesos desarrollados en este territorio, que V.E. ha venido a recapitular, es del mayor interés, a los fines del expediente que este Juzgado instruy, deslindar las iniciativas que los han propulsado, el límite de las autorizaciones que por su parte concediera al Comandante General que fue de este territorio para la acción intentada en el territorio aledaño a Dahar Buiyan, con las consecuencias que de este hecho se derivan y el juicio y comentario de los sucesos que se han seguido bajo todos los aspectos del resorte de su Alta Autoridad, al asumir subsecuentemente el mando directo de la zona, con cuanto a V.E. se le ofrezca y parezca para auxiliar la labor de este Juzgado en el esclarecimiento de hechos y responsabilidades que se la prevenido.

Dios guarde a V.E. muchos años.

Melilla, a 15 de agosto de 1921

El general de división, juez instructor, Juan Picasso. (Rubricado.)

Hay un sello que dice: "Alta Comisaría de España en Marruecos. Ejército de operaciones. E.M."

Es copia. 
El Subsecretario.

Hay un sello en tinta negra que dice: "Ministerio de la guerra." 

Expediente Picasso. Relación de documentos remitidos al Congreso el 13 de noviembre de 1922 por el Ministro de la Guerra.

Real Orden de 24 de agosto de 1921

Real Orden de 24 de agosto de 1921


Hay un sello que dice:"Ministerio de la Guerra 
Sección de Justicia y Asuntos Generales."

Madrid, 24 de agosto de 1921.

Al general don Juan Picasso González, juez instructor.

Excelentísimo señor:

Como aclaración a los conceptos de la Real Orden del 4 del mes actual, en la que se nombró a V.E. juez instructor de la información gubernativa que se incoa en esa zona, y teniendo en cuenta que el general jefe, con arreglo al artículo 19 del vigente Reglamento de Campaña, se entiende directamente con el Gobierno, del que recibe las órdenes e instrucciones necesarias, y, por tanto, que al Gobierno compete apreciar sus actos,

el Rey (que Dios guarde) se ha servido resolver que la expresada información no debe extenderse a los acuerdos, planes o disposiciones del Alto Comisario, concretándose a los hechos realizados por los jefes, oficiales y tropa en las operaciones que dieron lugar a la rápida evacuación de las posiciones ocupadas por nuestras fuerzas, para poder deducir las responsabilidades consiguientes en aquellos casos en que no se hubieran cumplido las obligaciones militares que exigen la seguridad y el honor del Ejército.

De Real Orden, etc.

Dios, etc.

Traslado al Alto Comisario. 
Copia al archivo.

Juan Cantón Salazar. (Rubricado.) 
Conforme: Cierva. (Rubricado.)

Hay un sello que dice: "Ministerio de la Guerra. 24 Agosto 1921. Salida."

Es copia. 
El Subsecretario, Barrera. (Rubricado.)

Hay un sello en tinta negra que dice: "Ministerio de la Guerra." 

Expediente Picasso. Relación de documentos remitidos al Congreso el 13 de noviembre de 1922 por el Ministro de la Guerra. 

Real orden de 1 se septiembre de 1921

Real orden de 1 se septiembre de 1921 

Hay un sello que dice: "Ministerio de la Guerra 
Sección de Justicia y Asuntos Generales. 
Primer negociado."

Madrid, 1 de septiembre de 1921.

Al Alto Comisario de España en Marruecos.

Excmo. Sr.:

En vista del escrito de V.E. de fecha 20 de agosto pasado, acompañando copia del que le ha sido remitido por el juez instructor de la información gubernativa que se instruyó por acuardo del Gobierno, solicitando instrucciones en vista de que el referido juez interesa de su autoridad datos y antecedentes que significan esclarecimiento de los actos del Alto Mando, con la consiguiente liberación de correspondencia reservada y planes de operaciones,

el Rey (q.D.g.) se ha servido resolver, conforme se dispuso en la Real Orden de 24 de agosto pasado, que la información en nada debe relacionarse con los acuerdos y planes del Alto Comisario, Comandante en jefe del Ejército de África, sino con los hechos realizados por el personal del Ejército, sin excepción alguna, en las operaciones que dieron lugar a la rápida evacuación de las posiciones ocupadas en la zona de Melilla.

De Real Orden, etc.

Dios, etc.

Traslado al general de división, juez instructor, D. Juan Picasso. 
Copia al archivo.

Juan Cantón Salazar. (Rubricado.)

Aprobado: Cierva. (Rubricado.)

Hay un sello que dice: "Ministerio de la Guerra. 1 Septiembre de 1921. Salida."

Es copia. 
El Subsecretario, Barrera. (Rubricado.)

Hay un sello en tinta negra que dice: "Ministerio de la Guerra." 

Expediente Picasso. Relación de documentos remitidos al Congreso el 13 de noviembre de 1922 por el Ministro de la Guerra.

Telegrama del Ministro de la Guerra al General Berenguer (6 de septiembre de 1921)

Telegrama del Ministro de la Guerra al General Berenguer

Hay un sello que dice: "Ministerio de la Guerra." 
Telegrama oficial. Justicia. 
Número del Registro de Subsecretaría, 13.211

Madrid, 6 de septiembre de 1921. 
Transmitido a cifrar. 
Clave número 3 (G en G).

Ministro Guerra al Alto Comisario. 
Personal y reservado. 
Melilla

Es de suponer que investigación encomendada a general Picasso haya logrado esclarecer total o parcialmente algunos de los numerosos hechos producidos en las posiciones y operaciones militares que dieron el triste resultado de la pérdida del territorio y de personal y material en ese Ejército.

Aunque es mi propósito, como tengo manifestado a V.E., contribuir dentro de mis facultades a que se juzguen estos tristes hechos con toda imparcialidad, serenidad y necesaria extensión, dentro de las disposiciones que he dictado fijando el límite de la investigación, paréceme llegado el momento de que los datos y antecedentes que sobre cada uno de esos hechos aparezcan ya, o aparezcan después, en la información que se tramita, con caracteres de delito, se sometan desde luego, y con urgencia, a instrucción judicial, procurando, para no involucrar ni hacer prácticamente difícil la depuración y, en su caso, la sanción legal, formar tantos procesos como hechos acreditados ofrezcan caracteres singulares.

Para ello, el general Picasso deberá dar cuenta a V.E. de cada uno de esos hechos, con testimonio de los pertinente, y V.E., haciendo uso de la jurisdicción que como general en jefe le corresponde, podrá designar los jueces que sean necesarios, para que, con la rapidez compatible con la recta y acertada justicia, se tramiten los procesos con arreglo a la ley y a los caracteres que cada uno ofrezca. Supongo tendrá ya V.E. en ésa personal bastante para esta importante función; pero si le hiciese falta, puede reclamarlo y será V.E. atendido. Ruégole de a general Picasso traslado de este telegrama.

Confío en que, al mismo tiempo, la fuerzas de ese Ejército, bajo el mando inteligente de V.E., obtendrán la reparación que los grandes y permanentes intereses morales y materiales de la Patria y del Ejército mismo exigen; se terminará la investigación y depuración, para todos los efectos legales, de las causas y responsabilidades de los hechos que tan hondamente han impresionado al país y tan graves daños y sacrificios le han causado.

Tengo en V.E. como en el general Picasso la confianza que nace de la estimación justa de sus virtudes militares y de su altísimo patriotismo, para estar seguro de que apreciarán la necesidad inaplazable de procesar con arreglo a estas instrucciones.

Es copia. 
El Subsecretario, Barrera. (Rubricado.)

Hay un sello en tinta negra que dice: "Ministerio de la Guerra." 

Expediente Picasso. Relación de documentos remitidos al Congreso el 13 de noviembre de 1922 por el Ministro de la Guerra.

Reacción militar española. Se ocupa Nador y el monte Gurugú (ABC, 20 de setiembre de 1921)

Reacción militar española. Se ocupa Nador y el monte Gurugú.

«Melilla 17, 8 noche. (Recibido con gran retraso.) Hoy es día de gloria para España. Hemos tomado Nador. Se han cogido cañones. Se han recuperado prisioneros. Se les ha castigado duramente. El espectáculo ha sido grandioso. Hoy hemos sentido la emoción de la guerra. De mañanita salieron dos columnas que esperaron en el Atalayón a que la Artillería y la escuadra de tierra cañonease los flancos y las alturas de Nador. Su acción fue eficacísima. A las nueve de la mañana empezó el avance. Los regulares iban en vanguardia. Los del Tercio, por el flanco. Nosotros seguíamos la operación desde las orillas de Mar Chica hasta en su menor detalle. Cuando los cañones han barrido el terreno, corre la Infantería al ataque, y va ganando loma por loma, caserío por caserío. A las doce entran los primeros soldados en las primeras casas de Nador, y entonces llega al galope la Caballería. A los moros que aún se resisten a salir de Nador les sorprende esta rapidísima irrupción. Se les ve huir en todas direcciones. La escuadrilla les corta la retirada, con certeros disparos, que les obliga a buscar rutas nuevas. Los soldados que ocupan las lomas de Nador, donde los moros tenían un cañón, se apoderaron de él, y con rapidez, con afán de revancha, vuelven el cañón y empiezan a dispararle contra el enemigo.
El entusiasmo es indescriptible. Los soldados entran cantando. Atruenan el espacio las sirenas de los barcos. En el poblado y en las lomas ondea la bandera española.
La operación, muy feliz, ha sido dirigida Personalmente por el alto comisario, desde el Atalayón donde estaban también Cavalcanti y todo el cuartel general. Del acierto, son pruebas las pocas bajas; menos que cuesta llevar un convoy, la precisión, el encaje de las tropas, que se han movido como si se tratara de una maniobra militar sin enemigo; un supuesto táctico delante de 3.000 moros.
Una preciosidad. Nadie se sorprenda al oírnos llamar preciosidad a una acción de guerra, que nada hay tan bonito como la guerra cuando el jefe sabe mandar y el soldado combatir. Y hoy, jefes y soldados, por igual, han hecho de la toma de Nador un espectáculo bonito. No hay nada que pueda comparársele en grandeza y emoción. Comprenderéis que nada hay más interesante que ver en peligro a miles de hombres y seguir paso a paso sus movimientos, sus luchas, sus entusiasmos y sus dolores. ¡Oh, el dolor de la guerra! ¡Qué inmenso, y qué alegre es!
A las doce entraban las tropas en Nador. Inmediatamente desembarcamos nosotros. Nuestro paso por Nador fue de una gran emoción; era recorrer los lugares de que tanto hemos hablado: la fábrica de harinas, la iglesia, los lugares de incendio, de prisión y de martirio. Tuvimos un momento de alegría extraordinaria cuando encontramos a nueve prisioneros que estaban ocultos en un, aljibe y que salieron al oír a las tropas españolas.
... Tuvimos en este día la Impresión más fuerte y trágica que nos dio la guerra.
Por las calles se veían cadáveres moros en actitudes siniestras, como les alcanzó la metralla de los cañones. Nador está destrozado, incendiado; tienen olor de cadáver y de incendio. Lo más respetado ha sido la iglesia, edificio en que las imágenes y todo lo referente al culto ha sido destruido.
Lo más ametrallado y ruinoso es la fábrica de harinas. Se ve en ella la tragedia de la gente allí refugiada.
Aún están los cadáveres sin enterrar, muchos de ellos carbonizados por el incendio. Nador es la ciudad muerta, deshabitada. De sus casas quedan las paredes, y de su actividad, los rótulos en las esquinas de las calles y las puertas, de las que fueron tiendas. Quincalla y paquetería, sucursal de don Marcelo Nogales; La Sevillana, restaurante; el Casino, del que no queda más que la mesa de billar. Allí encontramos un documento que dice: «Inventario de enseres propiedad de doña Tomasa Vigil», fechado en 22 de setiembre de 1919. Escuela árabe española para indígenas, 1912. Salón Reina Victoria Eugenia... Letreros de una vida pasada, que hoy parecen epitafios. Cada casa es el sepulcro de una familia. En la habitación que en la Iglesia destinaron a cárcel de oficiales prisioneros, encontramos algún libro y gorros de cuartel. Hay 70 cadáveres insepultos, y para evitar contagios, la Sanidad, que entró en vanguardia, se dispone a enterrarlos, cegar pozos de aguas contaminosas y abrir otros nuevos. Como los soldados llegaban sedientos se pusieron letreros advirtiendo el peligro y prohibiendo beber. A la hora en que nos retiramos entra en Nador el alto comisario. Son las cuatro de la tarde, y regresamos a Melilla a telegrafiar con urgencia y precipitación, para ver si logramos difundir lo más pronto posible la grata noticia por toda España. La crónica es incompleta; pero el tiempo, apremia, y no queremos aplazarla. Ampliaremos. Corrochano.

Detalles episodios de la toma de Nadon

Melilla 19, 10 noche. Hace unas noches comíamos con el general Sanjurjo, cuando se nos acercó el capitán de Ingenieros Eduardo Ródenas, que acababa de llegar de España.
Traigo este encargo para usted me dijo, y entregóme un cigarro habano gigantesco.
El voluminoso cigarro fue la admiración del comedor. Ródenas hizo algunas aclaraciones necesarias; explicó el significado del encargo.
Este cigarro se lo echaron a Sánchez Mejías en una faena valiente, y el torero se lo envía como prenda de su éxito, ya que no tuvo la fortuna de verla.
Sanjurjo celebró la ocurrencia, y yo, para darle el cigarro dije: «Es para usted, que es el Sánchez Mejías de los generales.»
Le acepto replicó el general . Échemelo usted el día que vayamos a Nador, si cree que lo merezco.
Ayer fuimos a Nador. El general Sanjurjo mandaba las fuerzas de vanguardia. La parte penosa, el peligro, el choque, el tantear qué fondo de enemigo, se presentaba, le estaba encomendado. Su pericia, bravura, le dieron la victoria. Cuando, le encontramos en una calle de Nador, nos gritó.
¡El puro! ¿Me he ganado el puro?
Mi general le contestamos , le creíamos preocupado con el enemigo.
Pues no, señor. Pregúnteselo a Martín nos dijo, señalando al capitán de Artillería, su ayudante . He venido preocupado con el puro, pues ganarme el puro como buen torero era tanto como quedar bien como general.
Pues aquí está el puro. Nos abrazamos.
El ayudante, Martín, añadió:
Desde el Atalayón vengo devolviendo sombreros, como peón de brega; bien hemos quedado.
Y partieron satisfechos al galope de sus caballos a inspeccionar, a dar órdenes que robustecieron el triunfo. Este general Sanjurjo es un niño modesto y bueno, valiente por temperamento, que da una batalla y todo su afán es merecer de un amigo el cigarro ofrecido en una sobremesa. Por eso le adoramos todos.

Nador es una pequeña población rectilínea. Es un rectángulo dividido en calles paralelas a los lados. Las calles son muy amplias y las casas de un solo piso, lo que hace más amplias y espaciosas las vías. Un pueblecito nuevo y europeo, a la orilla del mar. Podría ser el San Sebastián del Rif. Los moros, que tienen odio, a luz aunque adoran al sol, se esconden de él; han destruido Nador. Mes y medio, en su poder ha bastado para hacerlo inmundo, y hoy tiene hedor y suciedad de cabila. Todo lo han destruido; pero observando un poco se advierte que han puesto gran complacencia en destruir las máquinas de coser. En cada casa había una máquina rota y algunas convertidas en cocinas. Confesamos que la máquina de coser fue lo que nos produjo más sensación de todo ajuar destruido. La máquina es lo que más caracteriza estos modestos hogares, es la nota laboriosa de la mujer honesta; es, de todas las máquinas, la que tiene más alma porque en ella pone sus más íntimos afanes la esposa, la madre; es el mueble más familiar de la casa. Acaso por eso el moro, con su fino instinto, pusiera goce y refinamiento en su destrucción. Corrochano.

ABC, 20 de setiembre de 1921, pág. 7.

El misterioso Gurugú (ABC, 12 de octubre de 1921)

El misterioso Gurugú

Crónica telegráfica de nuestro enviado especial.

Melilla 11. El Gurugú, el misterioso Gurugú, que fue durante dos meses y medio la pesadilla y la amenaza de esta Plaza, ha perdido todo su misterio. Ha dejado de ser una preocupación. Cuando se viene por primera vez a Melilla, mucho antes de llegar al puerto, se mira con impaciencia desde la cubierta del barco, acuciados por un deseo irresistible de curiosidad: el de ver el Gurugú. Y en cuanto se descubre no se puede contener esta pregunta: ¿Cuál es el barranco del Lobo? Os señalan una depresión oscura y verdosa del terreno. y no quedáis satisfechos. Os parece que falta barranco. Y es que para saber lo que es el barranco del Lobo hace falta entrar en él. Yo tenla tanta gana de entrar en el barranco del Lobo, que ayer fui a colocar la bandera en el Gurugú, con la columna del general Fresneda, que tenía señalado este camino.
Concentrada la tropa en Taguil Namin, empezó la marcha, una marcha penosa por un camino pedregoso y difícil, que no hubiera podido seguirse sin la atención del comandante Luque, de Estado Mayor, que me dio un caballo, un caballo que tenía en la montura el emblema glorioso de Alcántara.
Así pude llevar con toda solemnidad la bandera, con que los periodistas quisimos contribuir a este episodio memorable de la campaña.
Entramos en el barranco del Infierno, y al terminar la ascensión, donde desemboca en el del Lobo, encontramos el lugar donde estuvo emplazado uno de los cañones que bombardearon Melilla. El llagar estuvo hábilmente elegido, porque enfila muy bien y está muy cubierto de las baterías de la Plaza. Bordeando el barranco del Lobo y camino de Hardú, nos detiene un oficial de Ingenieros.
Ha encontrado un depósito de bombas de mano y un cable que tiene todo el aspecto de estar preparado para hacer estallar alguna mina. Pasa la columna con precauciones, _para evitar una posible sorpresa. El terreno está todo socavado, y constituye una gran defensa contra la artillería y los aeroplanos.
Son galerías amplias, defendidas de hundimientos y desprendimientos de tierra por grandes macizos naturales que hacen las veces de columnas.
En un cobertizo encontramos un cañón de montaña y un carro de municiones. Al ver aquel camino, que apenas se puede andar, pensamos en el martirio de los prisioneros transportando por allí los cañones.
Cuando llegamos a Hardú, nos parece, un sueño. El barranco del Lobo confirma algunos hechos hístóricos, que ponemos en duda por inconcebibles.
El paso de las Termópilas debía ser una cosa así. Si ayer hay cien moros decididos, no sale del barranco la columna. Todo en él es propicio a sus defensores Las piedras, escalonadas, forman trincheras naturales, desde donde, sin ser vistos, se apunta al que intenta subir.
La vegetación es baja, como haces de juncos; de manera que se domina una extensión tan grande que hace imposible toda sorpresa.
Hay que subir al descubierto a buscar a un enemigo invisible.
El Gurugú, en poder de otro enemigo, sería impotente. En Hardú cogimos dos cañones. Los dos apuntaban al llano, a Sebt, a donde hicieron fuego el día 2 de octubre durante el combate. Nuestros soldados, al ver los cañones, á pesar de la fatiga del camino, echaron a correr dando vivas. Los barracones de Hardú estaban sin destruir y con señales de haberlos habitado. Cuando los han conservado, es indudable que no pensaban irse tan pronto. Hay confidencias de que la noche anterior había allí 600 moros, que se fueron, y éste es el secreto de que nos dejaran el paso franco, al enterarse de que subía Sanjurjo por detrás de Taxuda. Toda la harca se fue sobre Sanjurjo, que tuvo un combate durísimo. Fue nuestra preocupación todo el día.
El fuego desesperado de las ametralladoras, el inconfundible estampido del cañón, la fusilería precipitada indicaban el rigor del combate.
«¡Mucho fuego tiene Sanjurjol ¡Mucho fuego tiene Sanjurjo! ¡Mucho fuego tiene Sanjurjo! » Ésta era la exclamación de todos íos generales y jefes, y la idea del apuro de Sanjurjo, sin que le pudieran prestar auxilio las numerosas columnas que, ociosas, ocupaban los demás puntos del Gurugú, ensombrecía un poco la alegría. Sanjurjo había salido antes que nadie de Sagangan; así es que además del enemigo que precisamente había de encontrar, atrajo la atención de cuantos en el Gurugú estaban.
Su objetivo era batirles mientras subían las otras columnas, Salió con el Tercio y los batallones de la Princesa, Extremadura, Granada y Guipúzcoa.
El de Toledo se quedó al mando del coronel señor Coronel en el llano protegiendo la Artillería y tapando los lugares por donde pudiera intentar el enemigo movimientos envolventes.
El frente era extensísimo, y el enemigo, imposibilitado de atacar a las demás columnas que subían al Gurugú, trató varias veces de cortar la de Sanjurjo. Aprovechando un momento favorable, llegó hasta las ametralladoras.
Los cañones tiraron a cero. Fue un momento difícil, pero la acertada intervención de Castro Girona y de ese león que manda el Tercio, el comandante Franco, hicieron una reacción ofensiva muy vigorosa, echaron al enemigo a 800 metros, y en esta huida le persiguieron y castigaron con un fuego nutridísimo y eficaz.
Este momento de apuro era el que se adivinaba desde Hardú, cuando todos los jefes decían: « ¡Mucho fuego tiene Sanjurjo!», y repetían: «¡Mucho fuego tiene Sanjurjo!»
No creáis, pues, que el Gurugú nos le han regalado los moros; pues si bien unas columnas subieron de paseo, esta de Sanjurjo, que siempre le toca bailar con la más fea, tuvo el combate más duro de la campana y el momento más difícil, y teniendo en cuenta que esta columna va siempre por los pasos más peligrosos, es como se puede dar idea de la situación que atravesó ayer.
Así, pues, no nos han regalado el Gurugú, sino que, amenazado con la toma de Atlaten, cayó ayer en nuestro poder bizarramente conquistado, y desde ayer Melilla puede dormir sin que la despierte el cañón enemigo.
Así estaba de satisfecho el pueblo, que salió a la carretera a obsequiar con vino, golosinas y agua, que aquí es otra golosina, a los soldados que regresaban del Gurugú y aplaudieron al pasar la bandera que ,traíamos los periodistas para conservarla como una reliquia en la Asociación de la Prensa, de Madrid, Corrochano.

ABC, 12 de octubre de 1921, pág. 9.

Descomposición "grosso modo" de las cifras de los presupuestos para Marruecos desde 1913 a 1921 (Vizconde de Eza)

Descomposición "grosso modo" de las cifras de los presupuestos para Marruecos desde 1913 a 1921

En 1913 se concedieron 284 millones para un Ejército de 127.659 hombres y 34.000 semovientes, invirtiéndose unos 60 millones en material propiamente dicho (regimental, Artillería, Ingenieros, Depósito de la Guerra, Cría caballar, Sanidad e Intendencia, incluso transportes), empleándose los 224 restantes en atenciones del personal y ganado, por haberes, raciones de pan y pienso y estancias de hospital.
En 1914 el presupuesto fue el mismo y el crédito concedido de 322 millones, siendo el Ejército sensiblemente el mismo, con la diferencia de que la Comandancia general de Larache, creada en 29 de mayo del año anterior, funcionó ya todo el ejercicio, invirtiéndose unos 85 millones en material y el resto en devengos de personal en metálico y en especie y raciones del ganado.
En 1915 el crédito fue de 547 millones, para un Ejército de 117.583 hombres y 34.840 semovientes, invirtiéndose en material (regimental, de Artillería, de Ingenieros, del Depósito de la Guerra, Cría caballar, Intendencia y Sanidad) unos 290 millones, de los cuales sólo a Artillería le correspondieron 230, si bien no se invirtió en dicho año la totalidad, sino que quedó contraída en «Gastos públicos» para ir abonándose por «Resultas» en años sucesivos.
En 1916 rigió el presupuesto del año anterior, con igual contingente, y el crédito concedido fue sólo de 344 millones, consistiendo la diferencia en que para Artillería sólo se concedieron como suplemento cuatro y medio millones.
En 1917 el crédito concedido fue de 268 millones para un Ejército 129.337 hombres y 37.372 semovientes, invirtiéndose en atenciones de personal, tanto en metálico como en especie (haberes, raciones de pan y estancias de hospital) y en raciones de pienso, unos 273 millones, y el resto de 95 en las demás atenciones.
En 1918 el crédito concedido fue de 489 millones para un Ejército de hombres y ganado igual al del año anterior, que se aumentó por la ley de Reformas militares en 61.581 hombres y 13.004 semovientes, invirtiéndose en devengos del personal, en metálico y en especie, 367 millones y 122 en las demás atenciones.
En 1919-20, como la ley de Reforma afectó a todo el ejercicio, el crédito concedido fue de 581 millones, de los cuales correspondieron a personal, por haberes en metálico y en especie, y al ganado, por raciones de pienso, unos 410 millones, y el resto de 171 en material.
Ha de hacerse presente que, tanto en este año como en los dos anteriores, las atenciones de personal y ganado por raciones de pan, estancias de hospital y pienso están muy recargadas por la elevación de los precios.
En el ejercicio actual los créditos concedidos y solicitados ascienden aproximadamente a 648 millones, componiendo el Ejército 217.000 hombres y 57.748 semovientes, correspondiendo a material unos 166 millones y el resto en atenciones de personal y ganado en metálico y en especie.
Como resumen de cuanto queda expuesto, puede observarse que existe gran armonía entre las cifras de los años comprendidos desde 1913 a 1917, ambos inclusive, ya que, si bien en éste los créditos concedidos han excedido en 84 millones a los otorgados en aquél, ello se explica perfectamente por las tres causas siguientes.
A) Exceso de 1.678 hombres y 3.372 semovientes.
B) Por haberse invertido en material 35 millones más.
C) Por la diferencia tan notable en los precios de los artículos de su
ministro y estancia de hospital.
Desde el año 1918 hasta la fecha el Ejército casi se ha duplicado tanto en tropa como en ganado, se han aumentado en devengos del personal y se han dedicado a material casi el triple que en el año 1913. y han variado notabilísimamente los precios de todos los artículos.


(Eza Vizconde de: Mi responsabilidad, págs. 463-465.)

El movimiento checho y la guerra colonial (Salvador Seguí)

El movimiento checo y la guerra colonial


¿Guerra de Marruecos? ¡Guerra de Marruecos! Si lo de menos es la guerra de Marruecos, si lo más interesante es lo que está detrás de esa aventura insensata.
Estamos en 1904, en aquellos momentos se ha liquidado todo el imperio colonial de España. Las plantillas del ejército español son exageradas y exorbitantes. La desaparición de las colonias implica a la monarquía española un pleito: la de restringir el ejército porque éste sobrepasa las necesidades nacionales. Pero esto no puede ser. La monarquía española, el factor de todas las desdichas, de todas las vergüenzas que España sufre debe mantener una secta militarista que hace que el cuadro de generales sea superior al que tenía Alemania antes de la guerra europea.
Situemos bien el problema. En 1904 se hacen los preliminares de la Conferencia de Algeciras; en1916 se ajustan los hechos deestaobraque más tarde tiene que perjudicarnos en gran manera.
Y en representación de España va a la Conferencia de Algeciras el que actualmente es ministro dela Gobernación. En la Conferencia se ventila un pleito que aún no ha tenido solución entre Francia e Inglaterra. Francia quería colocarse a la otra orilla del Estrecho para obtener la posición estratégica que le diera compensaciones en la forma más ventajosa para ella. Inglaterra quería evitar que Francia obtuviera la posesión de las costas africanas por saber las ambiciones de expansión imperialista que determinan la posesión del Estrecho para todo el tráfico en el Mediterráneo. Es entonces que Inglaterra ofrece a España el protectorado de la zona norteña de Africa para evitar que Francia obtenga esa enorme ventaja.
De forma que nosotros no estamos allí por un imperativo de nuestro derecho, ni siquiera por un pleito de proximidad geográfica. Estamos para evitar una enojosa no solución en un pleito entre Francia e Inglaterra la que impone a España como a un esclavo que le represente en las costas del Africa norteña.
(...... )
En dos años se han gastado en Marruecos cuatro mil ochocientos millones de pesetas. España tiene 54.000 hectáreas de tierra y sólo un tercio de ella está cultivada. Restan 20.000 hectáreas sin cultivo. .
España ve con dolor cómo hay una invasión en las ciudades de gente del campo que huyen de la tierra en busca de los altos salarios. Esto hace que falten las materias primas que son sacadas de la tierra por la falta de brazos. Esto es competencia. Y faltan hombres, faltan hombres, otra de las crisis españolas, para resolver estos arduos problemas nacionales.
¿Responsabilidades? ¿A quién? ¿Y para qué?
Las peñas militaristas de España, en los núcleos políticos de España, no es un secreto para nadie que los elementos militaristas piden las cabezas de los generales Berenguer y Navarro; la responsabilidad civil de los señores Vizconde de Eza y La Cierva y la colocación en la frontera antes de seis meses de la más alta representación del Estado. Yo no sé si llegará a realizarse esto último; yo no sé si tendrá valor para continuar exigiendo lo primero; lo que sí sé es que aquí no se entiende nadie. No nos dejemos engañar. Quizás en el momento en que vean abierto el abismo a sus pies se junten para salvarse. Porque ahora se dan cuenta de que han ido más allá de lo que sus intereses y clientela política necesitaba al pedir las responsabilidades públicas. Porque las responsabilidades, como las palabras y como cerezas, se enzarzan y se ven cogidos en ellas no solamente los hombres de 1921, sino que también los del 20, los del 17, los del 11 y los del 9.
Pero no, esto no es más que diluir el sentido de la responsabilidad. Esto sería hacer imposible la exigencia de las responsabilidades. Hay que exigirlas a los que en 1921 usufructuaban el Poder, porque ellos son los condensadores de todas las políticas seguidas sobre un mismo sistema.
No ha sido el general Berenguer ni el general Navarro, el primero que no supo organizar estratégicamente la guerra y evitar la muerte de tantos hijos españoles; no ha sido el general Navarro, el que se rindió cobardemente en Monte Arruit, siendo pasados a cuchillo por su culpa más de cuatro mil soldados; no es responsable de la catástrofe el régimen, porque en el fondo la aventura marroquí no es más que la razón de su cobardía, el culpable es la cobardía vuestra, la indiferencia vuestra, la cobardía del pueblo y la cobardía y la indiferencia de los intelectuales que nada han hecho para evitar esa gran tragedia del país...
Estas cosas que se debaten, van tomando ya estado público. Nos congratulamos de ello. Estando, como estamos, convencidos de la ineficacia del Parlamento como instrumento de fiscalización, nos complace este deseo de estudiar esos problemas desde la calle.
Ahí están estas altas personalidades parlamentarias que pudieron hablar en el Congreso, con luz y taquígrafos, como diría Maura, y en vez de hacerlo desde su escaño se deciden a hacerlo provincia por provincia por creer que así tiene más eficacia su labor política. Los hechos, pues, nos dan la razón.
Nosotros no nos hemos reunido aquí nada más que para pronunciar unos discursos más.
No. Si hubiera sido para esto hubiéramos perdido el tiempo, porque todo cuanto hemos dicho estaba en la conciencia de todos. Hemos venido para realizar una obra positiva, para llevar a cabo
una obra eficaz. Hemos venido aquí para decirle al régimen, para decirle al país que el sindicalismo español, más fuerte que nunca, más pujante que nunca, se propone realizar una campaña interna y externa contra la guerra de Marruecos.
Exigiremos responsabilidades. ¡Sí!
Pero también pediremos el abandono de Marruecos. Y contestando a repetidas alusiones, unas veces directas, otras indirectas, diré a los socialistas que para una campaña abnegada y heroica contra la guerra de Marruecos podremos ir _juntos. Jamás para representar una burda comedia política.
Levantaremos a España de su insomnio en esta cruzada para que sus hijos no vayan a sacrificar estérilmente su sangre en una empresa desdichada y fatal que llevaría al país al más profundo de los abismos.


Discurso de Salvador Seguí. Cf. La Guerra de Marruecos, págs. 8-15.

El Ejército en Marruecos

El Ejército en Marruecos


He visto de cerca al pobre soldado, suciamente vestido, sin agua para lavarse ni pan apenas para comer, abrigado al calor de su propia juventud, agobiado por una multiplicidad de menesteres y trabajos, de los que el derecho, la libertad, la responsabilidad humana, la alegría, la dicha, la vida misma, se enojan y protestan... He convivido con el oficial, y a veces con el jefe, que partió conmigo su pan y su abrigo, y que en jornadas de intimidad y expansión, en el largo dialogar de las noches en vela, en el rápido cambio de cien ideas sugestivas, en el esbozo de cien cuestiones importantes, me ha hecho saber cómo sin esperanza de que la patria le recompense, porque las recompensas de la patria se las repartían, cuando se daban, los paniaguados de los generales manipuladores, que en rara ocasión se expusieron, por su amor a la tierra nativa, mucho más que por el aumento de una mitad en el sueldo como les es debido, que el desorden de vida se lleva con creces, han de tener un vivir semi salvaje, sin lavarse, sin comer apenas, comunicando intermitentemente con los seres amados, sin un periódico que leer, que sea entretenimiento para los ojos y expansión para los espíritus... Más que oírselo, he visto cómo cuando suena el tiro emboscado del moro, ellos, los oficiales, con un arrojo temerario, en otro tiempo innecesario, han echado delante el pecho y la vida al enemigo, ofreciendo ejemplo al soldado... Y luego, al fin, sometidos a una serie de órdenes, siempre verbales, que agravian a la propia prudencia y ponen en duda la personal inteligencia, la incertidumbre ante el ultraje y la retirada sin gloria...
Todo esto he visto, con el mismo sincero dolor que he presenciado cómo la alta Dirección de nuestro protectorado en África limítase a gastar pólvora y plomo para cazar moros rebeldes a razón de más de 100.000 duros por moro herido o muerto, inspirada no en la morbidez de la vida, sino en el sombrío dolor de la muerte...
Espacio de terreno que se toma no es tierra virgen que se rotura y somete a los experimentos de la moderna agricultura... ¡Qué ha de serlo, si la misma tierra inmediata a las puertas de Ceuta, ciudad de nuestro dominio ha doscientos años, aún espera la labor que la haga fecundar! Espacio de tierra que se toma es un blocao más, una posición nueva, prisión y a veces cementerio de ocho, doce o veinte soldados y un oficial, todos ellos españoles, españolísimos, en lo que no se dice... En lo que airea el alto comisario, con las manos vacías de soluciones como si se considerase en serio fuera de toda obligación con la victoria y con la esperanza, siempre es lo mismo: una óptima consecuencia de sus planes, un producto de sus estudios, fruto de su talento y de su arrojo; algo que cotizar en vanidad, si no en provecho, para su encumbrada persona...»


(Fragmento de un artículo del «Heraldo de Madrid»; cf. en GÓMEZ HIDALGO, F.: La tragedia prevista, págs. 47-48.)

El difícil trato con los rifeños puesto de manifiesto en las cartas del general Berenguer y el Raisuni (febrero 1922)

El difícil trato con los rifeños puesto de manifiesto en las cartas del general Berenguer y el Raisuni.

Carta del Raisuni, recibida el 2 de febrero de 1922. Loor al Dios único. Salud al considerado y distinguido representante de la nación española, el alto comisario Berenguer.

Han venido a verme los Xoria, primos míos; Muley Sadick y su compañero Sid el Hach M. Ben Meki, y el Hach M. Bumegaitz, el tangerino, acompañando a los citados mi primo el Xerif Sid M. el Jarraz. Los tres primeros me dijeron habían emprendido el viaje por orden de V. E. para tratar con nosotros; pero a condición de que antes recogieran al Xerit el Jarraz citado, para que les acompañase en esta conferencia, ya que él está enterado de este asunto por el coronel Cogolludo. Ellos nos han dicho cuanto les encargasteis nos hicieran saber con respecto a los cuatro artículos. Además, nos han mencionado los tres lugares de residencia y lo que nos concedía la nación española para atender a las necesidades de la vida, y cuya cantidad indicasteis para cada año, etc., etc. Todo esto lo hacéis por querer se lleve a cabo la reconciliación (armisticio) y la tranquilidad, puesto que habéis llegado a concebir, y tenéis por cierto, debido a las palabras de los detractores que os rodean, que el levantamiento de los indígenas contra vuestra nación se ha efectuado merced a nuestra intervención, y somos los que le alentamos a perseverar en el levantamiento.
En cuanto a los cuatro artículos que nos han citado dichos individuos, por orden vuestra, nos demuestran cuán poco nos consideráis, al propio tiempo que parecen sarcasmo y mofa. Estas palabras no deben proceder de vos, pues la mente de los inteligentes se abstienen de decir frivolidades. ¿Y cabe mayor frivolidad que ésta? Nos habláis cual si fuéramos prisioneros, cuando, gracias a Dios, nos hallamos firmes sobre nuestros pies y potentes para acudir con presteza de un lado a otro. Esto lo rechazaré con todas mis fuerzas, y de no ser así, la tierra de Dios es grande...
Además, somos personas de consideración e hijos de personas de alto linaje. ¿ Cómo puedo aceptar tal bajeza? Tened en cuenta que los lugares que habéis escogido para vivienda nuestra serían para mí, caso de aceptar, lugares de prisión, equivaldría a ser vuestro prisionero, y que la cantidad Que nos asigna la nación española es la suma de un pobre indigente, ni siquiera la de un prisionero (todo asunto está en manos de Dios: Él es todopoderoso).
...Sabed que los cuatro artículos a que hacéis referencia ya he contestado a ellos al principio de mí escrito, pintándolos de poco serio (de broma); así es que si deseáis que la sangre no se derrame por ambas partes, cumpliendo por vuestra parte a tenor de lo que prescribe el Islam y respetándolo, pues puede hacerse fácilmente siguiendo los tres artículos siguientes:
Primero. Volver a la relación política con vuestra nación, según se hizo anteriormente, a condición de que nos ayudéis, y para ello es preciso que me entreguéis primero lo que me debéis por los gastos que tuve en el ejército que tuve bajo mi dirección, por autorización vuestra. Además, nuestra hacienda, las de mi hermano y las de los que se relacionan con nosotros. En este caso nosotros os daremos facilidades en toda la zona, para lo cual, y sin que esto signifique orgullo, tengo medios. Vosotros resolveréis. Hemos citado este artículo debido a lo que dicen los detractores, y que ha llegado a considerarse por vos como cierto, no sea que España crea que yo no quiero trabajar con ella. Si esto se lleva a efecto, se esfumará la mentira y quedará de manifiesto la verdad.
Segundo. Permaneceremos residiendo en nuestra zauia de Tazarut y dejaréis de avanzar por todo Beni Aros quitando de ella las fuerzas para que quede respetado el lugar, debiendo ser el intermediario en esto nuestro, primo el Xerif el Jarraz y agregaréis para cuestión de gobierno a Den¡ Aros las cabilas colindantes con ella, que quedarán bajo la dirección del citado Xerif, ayudando nosotros en lo que nos concierne. Además, los notables fugitivos de las cabilas que se hallan conmigo, el que quiera gobernar de ellos, se les investirá con el cargo de caíd sobre los suyos, y quien prefiera seguir viviendo con nosotros en el Harm lo hará, percibiendo primero la indemnización de lo que haya perdido, y podrá dedicarse a labrar sus tierras. Como también se nos indemnizará a nosotros, según hemos dicho con anterioridad¡ y se nos dejará trabajar nuestras tierras en Arcila y fuera de ella, en cualquier lugar que estuviera de la zona.
Tercero. Si deseáis que salgamos de la zona para siempre, lo haremos después que se nos indemnice en absoluto, dejándonos el usufructo de nuestros terrenos, ya sea estando nosotros en ellos o fuera de ellos, y por medio de un representante. Además, indemnizar a nuestros hermanos y a los notables de las cabilas que se hallan con nosotros. Siendo así, no tenemos ningún inconveniente en irnos a Oriente con la familia, hermanos y todo el que desee seguirnos de nuestros primos (familiares) y próximos. Y os dejaremos Marruecos en absoluto, para bien de nuestra patria y delos pobres, que en ella habitan, ya que se dice somos los causantes de su infortunio. Ahora, pues, si vuestro propósito es el bien, he aquí que os hemos abierto sus puertas para que entre por la que prefiera. Pero si no es así y preferís vuestra fuerza contra los pobres e indigentes, haced entonces lo que queráis, pero teniendo en cuenta que Dios es la fuerza mayor que existe y más poderosa que vosotros.

En P 1 radica la fuerza y a Él nos encomendamos.
Fechada el 2 de Yumada en Tania de 1340.
Firma Ahmed er Raisuni, protéjale Dios.
Copia de la traducción hecha por el señor Tienda, .procurando traducir literalmente, aun en perjuicio de la sintaxis castellana.

Contestación a la carta del Raisuni.

El general Berenguer, alto comisario de España en Marruecos, al Xerif Sid Ahmed B. M. Berrisul, la salud sobre ti y después:

Llegó a mi poder tu carta; he leído y comprendido en toda su extensión su contenido. En ella me haces relación de tus motivos de resentimiento con la nación española, o sea, con los que ejercieron la intervención a su nombre, y aunque no era eso lo que yo esperaba de tu escrito, pues de tiempo me era conocido el error en que vives y los hechos y argumentos que siempre alegas, interpretándolos como Dios les hizo aparecer ante su vista, no he de dejar, en mi deseo de sacarte del error en que vives, y para provecho de los tuyos y de todos, de recoger y rebatir tus equivocados juicios, pero sólo en lo que a mí y a mi gestión se refiere, porque de las anteriores yo no soy dueño de juzgarlas, y únicamente puedo decirte que cuando yo vine a esta zona ya me encontré con que mi antecesor, el difunto general Jordana (q.e.p.d.) que en ti había fiado su política y el prestigio de su mando, ya había reconocido, puede decirse que a costa de su vida, porque aquellos disgustos le ocasionaron la muerte, que de tu labor no podía esperar nada bueno el Majzén ni la nación española que le interviene.
En esas condiciones vine yo. Y tú, que supiste mi llegada, como todo el mundo, no tuviste la atención de enviarme el menor saludo, estando como estabas a dos pasos de aquí en Dar ben Karrich. Fue preciso que mientras yo estaba en Melilla te advirtieran desde Tetuán el error y la descortesía en que estabas incurriendo para que me escribieras saludándome, a lo que contesté cortésmente, como procedo con todos, agradeciendo tu saludo e invitándote a venir a verme para hablar de lo que más conviniere a todos.
No quisiste seguir el camino que te indicaba, y, lejos de eso, los tuyos empezaron a cometer desmanes, y un día disparan sobre las fuerzas que regresaban de paseo a Laucien, y otro asesinan a dos acemileros en Quitzan y, en fin, te engolfas cada vez más en el camino del error, prescindiendo de la amistad que yo te brindaba y de los deberes que tu calidad de xerif te exigían para tus hermanos.
¿Para qué recordarte todo lo pasado, si tú lo sabes mejor que nadie y sólo en tu corazón están los móviles que a ello te impulsaban? Sabes que las cabilas nos recibían con los brazos abiertos, sólo por escapar de ti, y todos querían aproximarse al Majzen verdadero y sólo tú se lo impedías, prendiendo a los que buscaban nuestra amistad, como a Bu Uden, prisión de la que te protesté, y tú me contestaste en la forma que conoces, que era el rompimiento y la rebeldía.
Todo eso pasó, y de Ben Karrich, cuando envié allí los aeroplanos porque tus gentes atacaban a mis soldados, fuiste al Fondak de Ain Yedida, y de allí, cuando mis tropas iban a ocuparlo, marchaste a Tazarut, arrastrando contigo a los que persistían en el error, porque tus palabras envenenaban sus corazones o porque te temían; desde entonces no has cesado un momento en tus predicaciones en contra del Majzen, tratando de mantener a los ignorantes en el error, sin atender a los consejos de los buenos musulmanes que te instaban para no producir tanto mal a los tuyos, ni aprovechar las facilidades que yo constantemente te daba para que volvieras al camino de la legalidad. En ningún momento he dejado de tenderte el puente para que vinieras; pero tú siempre has escuchado más tus propios instintos y tu orgullo que el bien que se te ofrecía, que era el tuyo en primer término, y sobre todo el de tus hermanos, que no tenías derecho a rechazar.
Ahora, por última vez, y guiado más que por tu interés, pues sé no lo has de agradecer, por el interés de los ciegos que te siguen, y más principalmente por el de tu religión, que yo soy el primero en tener obligación de respetar, porque aquí estoy para ayudaros a respetarla y a guardarla, te vuelvo a dar salida a tu situación. Mis soldados están ya a las puertas del sagrado Harm. Mis columnas pesan sobre la noble cabila de Beni Aros, para la que yo quiero todos los respetos a que le da derecho su antiguo y claro linaje que todos los sultanes le han guardado. Y paso más de mis columnas, y nos vernos precisados a entrar en el sagrado lugar donde reposa el incomparable santo, Dios lo tenga en su gloria, y eso habrá sido por ti, porque ese lugar no puede ser refugio de bandidos m á rebeldes, y ya sabes que en la «fetua" que hice hacer entre los sabios musulmanes, me dijeron que, si de allí venía el mal, allí se podía entrar para extirparlo, y toda la responsabilidad y culpa estará en quien a ello obligaba.
... Sabes, pues, que el tiempo urge, y que las condiciones que te llevaron tus parientes son firmes, estando fijadas forzando la voluntad de mi nación en mí deseo de procurar el bien de todos, y las encuentran razonables los musulmanes, 'que pudieran ser más imparciales al juzgarlas. Si las aceptas, no habrá más que el bien y la paz; si las rechazas, Dios dirá lo que haya de ocurrir; pero ten en cuenta y no olvides, que el decir, juegas la suerte de tus hermanos, y que no tienes derecho, por un acto soberbio, a privar a tu hijo del puesto que le corresponde entre sus antepasados.
Las condiciones, aunque las conoces, te las repito:
Primero. Residir en la zona de Protectorado español, en la población que designaremos de mutuo acuerdo.
Segundo. Recibirás una asignación anual de 50.000 pesetas para tus gastos y casa.
Tercero. Conservarás los bienes que poseas en Tazarut.
Si prefieres marchar a Oriente, se te podrá dar una cantidad para tu instalación allí; pero sólo te podrán acompañar tus criados y más próximos parientes; es decir tu casa.
Respecto a los que están contigo y te siguieron en la rebeldía, yo me entenderé con ellos y sólo habrá el bien.
Si no aceptas estas condiciones, hablará la fuerza y Dios decidirá; pero ten en cuenta que Dios está conmigo,, Pues siempre está con los que quieren el bien, y al obrar no buscan para sus personas, sino para la Humanidad y por la ley que dio a cada cual.

12 de febrero de 1922.

General Berenguer: Campañas en el Rif y Yebala 1921 1922, págs. 257 261.

Expediente Picasso. Resumen del excmo. Sr. General de División D. Juan Picasso González Madrid, 18 de abril de 1922

Expediente Picasso
Resumen del excmo. Sr. General de División D. Juan Picasso González
Madrid, 18 de abril de 1922

RESUMEN DEL EXCMO. SR. GENERAL DE DIVISIÓN DON JUAN PICASSO GONZÁLEZ, referente al expediente instruído por él con motivo del abandono de posiciones en el territorio de Melilla en los meses de julio y agosto

Excmo. Sr.: 
Don Juan Picasso González, general de división, juez instructor de la presente información, tiene el honor de exponer a V.E., como resumen de las actuaciones, lo siguiente:


I

INTRODUCCIÓN

Orden de proceder.- Punto de partida de la información.- Dispuesta por Real Orden de 4 de agosto último la instrucción de la presente información de carácter gubernativo, dirigida a esclarecer las circunstancias que concurrieron en los sucesos de orden militar acaecidos en el territorio de la Comandancia General de Melilla en el mes de julio del año anterior, y facilitados por el Ministerio de la Guerra los antecedentes que como elemento inicial del juicio fueron estimados pertinentes, unos en copia y otros para examen, hubo este Juzgado de tomar como punto de partida prudencial de sus investigaciones aquel momento en que el Comandante General de territorio, propasando el límite racional de la capacidad de sus medios de acción, sin exacta apreciación de las circunstancias políticas regionales y distanciándose, a lo que puede juzgarse, de las miras del Alto Mando, en cuyos proyectos no entraba intensificar por entonces la acción por la parte de Melilla - telegrama de 13 de noviembre de 1920 -, se aventura en arriesgada incursión en la cábila de Tensamán, sobre la izquierda del río Amekran, raya virtual por entonces de la zona sometida, en demanda del áspero contrafuerte de cabo Kilates, con decidido propósito de alcanzar el río Neckor y la bahía de Alhucemas, y que en su primera etapa se traduce en efímera ocupación de monte Abarrán, sin preparación ni medios adecuados, prólogo de la catástrofe provocada en aquel territorio.

Proyectos existentes sobre Alhucemas.- No es de suponer, atento a su proceso, la entera aquiesciencia del Alto Mando a la ejecución perentoria de tales designios. Es cierto que existía un plan de operaciones encaminadas a dicho objetivo, como se alude en diferentes comunicaciones, y el cual entraba en el concierto de operaciones posibles para el pasado año, y aun fue tratado en la conferencia que en aguas de aquella bahía celebraron los dos generales en los primeros días de abril. Mas, aparte de otras razones esenciales que a su tiempo podrán colegirse, hallábase a la sazón el Alto Comisario empeñado en la ardua empresa de dominar a los Beni Aros, en Yebala, para que formal y simultáneamente entrara en sus proyectos el que se emprendieran operaciones de desconocido alcance en Tensaman, en parte refractaria a nuestra acción y alentada e impulsada su resistencia por la harka de Beni Urriaguel, establecida en Iguelman - planos folios 452 y 1.166 -, que todas las confidencias hacían suponer numerosa y bien armada, amenazando a los tensamanis y tratando de arrastrar a los bocoyas, "pero que todo hace creer que estás aislados en su intransigencia" - carta de 27 de marzo de 1921 -; por más que del examen hecho del problema de la ocupación de la bahía, en la precitada conferencia, cual expresa el Alto Comisario en carta de 17 de abril, no se había considerado empresa de gran monta en su aspecto militar.

Operaciones sobre la izquierda del Amekran.- Conoce este Juzgado por los documentos indicados librados a su examen, que el Comandante General de Melilla había sido autorizado - carta referida del 17 de abril - para realizar una pequeña operación para pasar a la otra orilla del río Amekran y ocupar también en la cabecera de este río, en contacto con Beni-Tuzin, un par de posiciones, a fin de colocarse en situación ventajosa para acciones futuras; pero que en la antedicha fecha se desconocía si el Comandante General seguiría en la misma idea, pues que, alterado el equilibrio entonces existente con Beni Urriaguel, era muy posible que algunos contingentes hubiesen penetrado en la fracción refractaria de Tensaman-Trugut para tomar posiciones contra dicho avance en el contrafuerte de sus montes, en que era de esperar que hiciesen resistencia a nuestras tropas si la labor política no conseguía apartarlos de dicha dirección, labor que, por lo demás, no se consideraba haber progresado lo suficiente en dicha región.

Es por tanto de inferir, por natural deducción que dicha autorización estuviese condicionada a la discreción de coyunturas favorables que se ofreciesen en el desenvolvimiento de la acción política. Mas de cualquier modo era concesión peligrosa para una voluntad tan resuelta en sus determinaciones como la del Comandante General, obsesionado con el decidido empeño de llegar a todo trance a Alhucemas, como se reflejaba en sus manifestaciones, de que las declaraciones se hacen eco.

Peticiones de antecedentes.- Fue, pues, primer cuidado de este Juzgado tratar de inquirir a base de los planes en principio concertados, el margen de tales autorizaciones y las iniciativas que hubiesen conducido a las fracasadas operaciones de la izquierda del Amekran en el territorio de Tensaman, fronterizo a Annual, dirigiendo, al efecto, al Alto Comisario de Marruecos la comunicación de 15 de agosto, que se inserta en el folio 194, en demanda de su autorizado juicio y comentario para auxiliar la acción investigadora encomendada; así como se dirigió al Ministerio de la Guerra, en igual fecha, con la que figura al folio 193, en petición de documentos que, examinados con anterioridad, se consideraban del mayor interés aportar al actuado para esclarecer la génesis de los sucesos.

Órdenes dictadas para regular la actuación.- No fueron contestadas estas pretensiones sino de manera indirecta por la Real Orden de 24 de agosto expresado - folio 411 -, en la que se resuelve que la información encomendada a este Juzgado no debía extenderse a los acuerdos, planes o disposiciones del Alto Mando, sino circunscribirse a los hechos concretos realizados por los jefes, oficiales y tropa en las operaciones que dieron lugar a la rápida caída de las posiciones del territorio para deducir responsabilidades consiguientes en aquellos casos en que no se hubieran cumplido las obligaciones impuestas por las Ordenanzas militares; y como esta resolución, limitando el campo de acción del Juzgado, sustraía al conocimiento del mismo la investigación de las causas primordiales que estimaba habían conducido a la catástrofe en relación con la orden de proceder, hubo de expresarlo así en respetuosa representación al señor Ministro de la Guerra en su primera visita al territorio, que atendiendo favorablemente estas indicaciones, proveyó a que fuese dictada la Real Orden de 1 de septiembre - folio 525 - aclarando el justo alcance de la investigación judicial, despejando así, en lo estimado esencial, la atribución del Juzgado y precisando que aun cuando la información en nada debía relacionarse con los acuerdos y planes del Alto Comisario, general en jefe del Ejército de África, se contraería a los hechos realizados por el personal del mismo, sin excepción alguna, en los sucesos de referencia.

En este punto hace constar este Juzgado que, como quiera que los informes confidenciales que solicitara, por haber sido puestos preliminarmente a su disposición y examen y considerarlos de interés principal a los fines de su actuación, por dar razón más íntima de los hechos acaecidos y de su preparación, así como explican la situación política y militar del momento en que sucedieron, han tenido publicidad en la prensa periódica - "Heraldo de Madrid" del 22 de octubre - y en el Parlamento - "Extracto oficial de las sesiones del Congreso de los Diputados" del 21 y 25 de octubre -, se cree por ello autorizado a hacer uso de dichos antecedentes, aun cuando de un modo oficial no le hayan sido facilitados, para que le guíen en el camino de sus investigaciones.

Finalmente, por Real Orden telegráfica de 6 de septiembre - folio 688 - se dispone que tan luego los hechos producidos con ocasión de la defensa de las posiciones y operaciones militares que dieron por resultado la evacuación del territorio y pérdida del personal y material de este Ejército, aparezcan definidos con caracteres de "delito", se sometieran seguidamente a instrucción judicial, formándose tantos procesos como hechos pudiesen ser deslindados por la solidaridad de su acción. Así lo ha hecho el Juzgado, aunque interpretando dicha soberana disposición extensivamente; con respecto a todos los hechos originarios de responsabilidad, armonizándola con la del 4 de agosto; y por considerarlo de estricta justicia, amplió en concepto a los actos laudables que conocidos del Juzgado, estimó no debieran quedar sin recomendación de sus merecimientos; dando, en suma, cuenta de todos ellas al general en jefe del Ejército, con testimonio de lo pertinente, en ejecución de dicho mandato, precedido en cada caso de razonada exposición particular, estimada necesaria para recapitular los hechos una vez que el estado de actuación del expediente no permitiera unir la parte del resumen final correspondiente, no ejecutado hasta el presente momento por no estar concluso el procedimiento.

Por su parte, el general en jefe, en orden telegráfica del 20 de agosto - folio 277 -, previene al Comandante General del territorio que todos los prisioneros rescatados y cuantos se presenten en la plaza procedentes del campo enemigo comparezcan inmediatamente, antes de conversar con persona alguna, ante el Juzgado a hacer las consiguientes manifestaciones de sus vicisitudes. En la imposibilidad material de recibir declaración inmediata en conformidad con lo que se prevería a tan crecido número de individuos, entorpeciendo la marcha regular de las actuaciones, en diligencia de 21 del precitado mes de agosto, del folio 174, hubo de habilitarse al teniente coronel de Estado Mayor D. Vicente Calero Ortega, ayudante del inspector, para que les recibiese información preventiva, y cuando por la importancia de sus deposiciones se consideraban de interés a los fines del procedimiento, se formalizaban en declaración jurada. Dichos atestados se unen en cuerda floja a este actuado.

Dificultades de la actuación.- Dificultades de otro orden encontró también este Juzgado en el desenvolvimiento de su actuación. Caído el territorio, desaparecidas, prisioneras o muertas guarniciones y columnas y unidades enteras, librado de la catástrofe contado personal, que en el curso del procedimiento ha ido aumentando con las representaciones sucesivas de libertados, no se ha contado en todos los casos con medios directos o autorizados de información, ni todos los testigos llamados a declarar por otra parte, lo han hecho con la espontaneidad, sinceridad e independencia de juicio que de desear hubiera sido. Parcos, unos, en sus manifestaciones por invocados respetos; otros, más atentos a poner de relieve su intervención en los sucesos, relevando el mérito que pretender haber contraído; y los más tendiendo a cohonestar su actuación con relatos que encubrieran o velaran las abstenciones u omisiones, la responsabilidad o ineptitud del proceder que el hecho colectivo hacía difícil, cuando no imposible, personalizar.

Todo ello ha entorpecido la labor de investigación con prolijidad innecesaria; porque como era obligado, debía reservarse a los testigos el derecho de dictar sus manifestaciones a tenor de los artículos 454 y 455 del Código de Justicia Militar, aun procurando fuesen ceñidas al marco de lo esencial. Y algunos testigos han llevado su circunspección al punto de que para obtener de ellos alguna declaración explícita sobre determinado hecho o juicio personal sobre cierto extremo, han querido ampararse en la formación de una pregunta concreta a fin de que no se entendiera como opinión espontáneamente emitida, en el curso de sus manifestaciones o relatos, sino forzada por el apremio ineludible de la pregunta.

Se ha seguido el criterio, cuando han existido medios directos de información, de llamar a declarar a aquellos testigos que por su intervención principal en los sucesos se han considerado más capacitados para dar razón de ellos y por su autoridad o grado tuvieron participación más inmediata en su desarrollo, sin perjuicio de contrastar sus aseveraciones con otros informes de calidad, siguiendo en orden descendente el examen de los testigos disponibles de cualquier categoría, e incluso funcionarios civiles en los contados casos que ello ha sido posible, y paisanos vecinos de los poblados y cantineros de los campamentos que pudieran dar noticias, siquiera episódicamente, de los acontecimientos que presenciaran; y compulsando referencias, noticias, episodios y comentarios sueltos, manifestaciones libres de su sentir, tratar de asentar el juicio, cosa no siempre lograda en el grado de precisión que hubiese sido de desear y requería el esclarecimiento de hechos tan trascendentales; aun en casos no ha sido dable obtener noticia fidedigna alguna, desaparecidos todos los autores o no presentado ninguno hasta el presente, en lo ignorado de sus vicisitudes.

Antecedentes aportados.- Interesado este Juzgado en allegar cuantos antecedentes y medios indirectos de información pudiese recoger para guiar su indagación, trajo a manos del mismo el celo familiar los antecedentes que ha estimado oportuno incorporar al expediente, y obran unidos a los folios 229 a 241, instructivos por extremo para el conocimiento de la situación que precediera al desgraciado suceso de Abarrán, y que, por figurar en autos, será obligado referirse a ellos. Dichos antecedentes proceden del malogrado coronel de Estado Mayor D. Gabriel Morales Mendigutia, jefe que fue de la Oficina Central de Asuntos Indígenas y de las tropas de Policía del territorio de Melilla, y que han tenido muy posteriormente parcial publicación en el Congreso de los Diputados (sesión del 24 de noviembre).

Informe del 16 de febrero de 1921: Necesidad de consolidar los avances.- Límite de eslasticidad de las fuerzas de la Comandancia.- Con referencia al informe del 16 de febrero de 1921, puede decirse que el expresado coronel, con clara visión del problema, se anticipa a los sucesos, sin que sus predicciones adelantaran, sin embargo, cosa alguna en el ánimo del Mando territorial. Con conocimiento palpable de la realidad, entendía dicho jefe - y este sentir, por lo demás, se refleja en las declaraciones de muchos testigos - que la rapidez de los avances realizados en el territorio a fines del año 1920 y comienzos del anterior de 1921, que habían conducido a la ocupación de las cábilas de Beni-Said y Beni-Ulixek, asentado nuestro frente ofensivo en la zona fronteriza de la de Tensaman, exigía consolidación. Manteníase aún en esta irreductible y refractaria la fracción de Trugut, en contacto con los beniurriagueles, que sostenían el foco de la resistencia, y aquella cábila, con Beni-Tuzin, constituían a la sazón el objetivo inmediato de nuestra atención y acción progresiva; y prevista la ocupación de Sidi Dris - efectuada en el mes de marzo - y extendida entonces nuestra línea desde el mar, desde aquella posición por Annual e Izumar hasta Azrú, en el Midar, consideraba "que se había llegado al límite de elasticidad de las fuerzas" de que el Mando disponía, señalando aquel punto de la costa la base de los futuros avances en Tensaman para abordar en Neckor.

Da esto indicio de las dificultades materiales que se apreciaban en el escabroso territorio fronterizo a nuestra línea, falto de caminos, no solo en el Yebel Iferm, en Beni-Tuzin, a que se alude en el informe, sino en todo el macizo montañoso que se desprende hacia Kilates; aparte de la carencia de medios proporcionales al esfuerzo, como más adelante corrobora al esbozar los intentos preliminares que debían realizarse cerca de dicha cábila de Beni-Tuzin para el necesario aseguramiento de nuestro flanco izquierdo contra la amenaza que constituía el entrante de su territorio, que pudiera ser motivo de inquietud en el proyectado avance sobre la bahía de Alhucemas.

Criterio del Comandante General sobre este punto.- Fecha probable de entrar en Beni-Urriaguel.- Y que se había llegado al límite de extensión de fuerzas lo acredita la propia manifestación de Comandante General en su carta de 15 de julio último - folio 574 - aunque haciendo esta declaración bastante a destiempo y como invocación de sus presentimientos ante la eventualidad de un "hecho desgraciado"; hecho que, por lo demás, nada le obligaba a cometer en la persuasión de dicha falta de medios. Pero es de advertir que, a tenor de la declaración del capitán de la 13° mía de la Policía, Fortea - folio 471 vuelto - no estaba el Comandante General muy persuadido de dicha insuficiencia de medios, por lo menos, relativamente a fuerzas; antes bien, reputaba aquellos sobrados, a falta solo de material y otros elementos, que decía no le eran enviados, al objetar las prudentes observaciones del expresado capitán ante el alcance de los proyectos que le explanara, en relación con las dificultades materiales que apreciaba, puesta, en suma, la garantía del éxito en "no será abandonado por su estrella".

Y es que, como oportunamente apunta el coronel Morales en su informe antes citado, las fáciles operaciones que habían conducido a la sumisión de Beni-Said y Beni-Ulixek, determinando la de Tensaman, con excepción de la fracción disidente de Trugut, y el ambiente de paz que se disfrutaba en la zona, pudieron hacer confiar en que las marchas hasta las proximidades del Neckor se realizarían asímismo sin formal resistencia; versión que igualmente recoge el coronel de artillería Masaller - folio 975 -, reconociendo que la facilidad de los anteriores avances realizados, casi sin resistencia, podía explicar se rebasasen los límites de la prudencia y se extendiese la ocupación a adelantados territorios sin prevención de medios adecuados, no pareciendo sino que el enemigo - por su abdicación más que por su vencimiento - dejaba de serlo al hacer sumisión, entregándose resignado a nuestro dominio. Mas, con toda esa apariencia favorable de domisión, continuando la glosa del informe del coronel de la Policía Morales, calculaba dicho jefe que la sola ocupación pacífica, políticamente preparada, de las dos cábilas de Tensamán y Beni-Tuzin, ocuparía todo el verano, y aun verificada en dichos probables términos, no creía pudiese estar concluida hasta agosto, cuando menos, en que se llegaría entonces a entrar en contacto con Beni-Urriaguel, y fecha en la cual no consideraba pudiera todavía pensarse en transpasar el Neckor.

Afianzamiento previo de la situación a retaguardia.- Estimaba indispensable consolidar la situación establecida por nuestros rápidos avances para que se pudiera "pensar, sin riesgos de hallarse con una sorpresa desagradable en dejar desguarnecido todo el territorio ocupado, y llevar las fuerzas a vanguardia al emprender las operaciones, y esta consideración ha de imponerse con mucha fuerza al tratarse de Tensaman y de Beni-Tuzin. Es seguro que en ninguna de esas cábilas ocurriría nada al encontrarse las fuerzas más allá del Neckor mientras las cosas marchasen bien; pero, si hubiera algún combate, no digamos desgraciado, sino duro, que nos obligase a hacer un alto, pudieran las cosas variar."

Fecha presumible de llegada al Neckor.- Para no ser prolijos no se citan sino aquellos lugares principales; pero no puede menos de llamarse la atención sobre las consideraciones que se siguen en dicho informe para comprender que el Mando se hallaba asistido de órganos que tenían una percepción clara del alcance de la empresa planteada, condensado su juicio en la conclusión razonable de que no convendría "aun en el caso más favorable, pasar el Neckor antes del próximo otoño, si queremos fiar el éxito más a la prudencia que a la audacia", afirmándose, finalmente, en el criterio de considerar como límite, entonces, de elasticidad de las fuerzas del territorio, el asentamiento en la raya de Tensaman con la ocupación de Sidi-Dris y una posición intermedia entre ésta y Dar-Buimeyan.

Existencias de harkas y su actitud en el territorio fronterizo.- Planteada en estos términos materiales la solución racional del problema, en minuta de carta política de 29 de mayo último, comprendida en los antecedentes que se comentan, al folio 238, se traza por voz del Comandante General el estado político del territorio, señalándose la inquietud que suscita con respecto a la zona ocupada, la secta Alauita, y en cuanto a las cábilas de Tensaman y Beni-Urriaguel la presencia, manejos y propósitos de Si Mohand Abd el-Krim que, a juicio de aquella autoridad, "acrecienta notablemente las dificultades de una actuación armada y dificulta en grado sumo la política." Señala la existencia de harkas enemigas en Yub el-Kama - en el paso al Neckor de la estribación de Kilates -, con guardias avanzadas en el frontero Azrú Yibal - al SO de Arrabán - y Sidi Chaib, ejerciendo directa amenaza sobre Tensaman, influyendo en su vacilación, y aun con propósito de ocupar el monte Abarrán, cosa que, "de lograrlo, haría más difícil la situación de la cábila y podría aumentar las comunicaciones entre Dar Buimeyan y Sidi-Dris", y, aparte la indecisión de los Beni-Tuzin del Norte, acusa el refuerzo de la harka de lyarmaguas, condiciones en las cuales "hay que pensarlo mucho - dice - antes de efectuar un avance, y por eso he mandado al comandante Villar a Dar Buymeyan para que sobre el terreno trate con los jefes de Tensaman; y si logramos la seguridad de su franco y decidido apoyo, operaré por aquella zona; en caso contrario, lo pensaré, porque tendríamos una serie de combates sangrientos, muy distintos de los que hasta ahora hemos sostenido en este territorio" ...

Harka de Azilaf.- Se hace también mención en la misma carta de la harka de Azilaf, en Guednaya, y de su propósito de dirigir hacia Midar-Beni-Tuzin sus primeros movimientos como preparación de las fuerzas y aseguramiento de la situación en el frente ofensivo; indicación que se recoge para acreditar la existencia de los diversos núcleos enemigos levantados en armas e inteligencia de las alusiones que incidentalmente a ellos se hacen en algunas declaraciones con respecto a las operaciones en dicha marcha dirección de Midar, y que no pudieran ser realizadas por la precipitación de los sucesos.

Consulta al Alto Comisario.- Sentados estos preliminares, considerados como preparación necesaria, sea permitido insistir en este lugar acerca de los términos de la comunicación que este Juzgado dirigiera al Alto Comisario en 15 de agosto pasado, folio 194. En este escrito, con la presunción de los designios que guiarán las acciones emprendidas en el sector de Buimeyan, se solicitaba a dicha autoridad, por estimarlo de mayor interés a los fines del expediente, como atento a la trascendencia que dicha malograda operación inicial de Abarrán ejerciera en el proceso de los sucesos del territorio, se sirviera deslindar las iniciativas que tales operaciones habían propulsado y la amplitud de la autorización que por su parte hubiese concedido al Comandante General para llevarlas a ejecución, con el parecer autorizado que los sucesos le hubiesen sugerido.

Como a esta comunicación no se ha dado contestación, bajo la reserva de las Reales Órdenes citadas de 24 de agosto y 1 de septiembre último, se ha visto compelido el Juzgado a entrar en el terreno de las inducciones, falto de tan valioso auxilio, y explique por ello, por lo tanto, los errores de apreciación en que incurra en su mejor deseo de ahondar en la génesis de los sucesos.

Plan preconcebido sobre Alhucemas.- Existía, en resolución, en el ánimo del Mando el plan preconcebido de la ocupación de la bahía de Alhucemas, aunque supeditado a la espera de la reunión de elementos materiales necesarios, como de sazón y oportunidad, y con relación a los antecedentes conocidos del Juzgado y de que queda hecha referencia - carta política de 27 de marzo -, la ocupación llevada a cabo en las cábilas de Beni-Said y Beni-Ulixek, permitiendo asentar nuestro frente ofensivo en los bordes de la de Tensaman, y con la posesión de la playa de Sidi-Dris, se estimaba tener en nuestro poder "el dominio de la llave de comunicaciones exterior de la cábila de Tensaman, y coloca, con la posición de Annual, en condiciones de abordar la única divisoria que separan nuestras tropas de las márgenes del Neckor, y por lo tanto, de las playas de Alhucemas", camino que consideraba el más fácil; como de otra parte no constituir la ocupación del contrafuerte divisorio serio obstáculo, debido en mucho a la situación ventajosa adquirida en los límites de Tensaman - carta de 17 de abril - que, de mantenerse en la actitud que observaba, aseguraría las comunicaciones por tierra; por más que se reconocía que el momento oportuno para el avance no había llegado por dificultades de diversos órdenes, y requería una previa labor política intensa para allanarla y la preparación de una comunicación más fácil que la entonces existente entre Dar Drius y Annual.

Términos inmediatos del problema.- Se resumía, en conclusión, el problema entablado en la ocupación de pequeños puestos en Tensaman y Beni-Tuzin para dar mayor apoyo a la operación sobre Alhucemas, actuaciones que podrían tener lugar en breve plazo, y, por último, la ocupación de dicha bahía, que se realizaría, aser posible, marchando por tierra a través de Tensaman, y solo en caso necesario auxiliada por un desembarco; programa halagüeño, parte del plan de operaciones del año, que se creía poder dejar cumplido para el pasado verano - carta del 27 de marzo.

Situación general del territorio en vísperas de Abarrán.- Finalmente, en carta de 30 de mayo, se manifiesta que el Comandante General de Melilla no realizó al fin las operaciones sobre el valle del Amekrán, para que había sido autorizado, y que la situación seguía lo mismo; esto es, la mayor parte de Tensaman y Beni-Tuzin en actitud amigable; los Beni-Urriagueles, rebeldes, neutralizando las buenas disposiciones de los del poblado de Axdir, a los que impedían comunicar con la plaza, aunque la rebeldía no fuese agresiva, lo que se consideraba buen síntoma, y los bocoyas, en su actitud amigable de siempre los de la costa, pero no así los del interior, propicios a la propaganda de Beni-Urriaguel.

Tal es el cuadro de la situación, juzgado por las autoridades del territorio, como introducción a los sucesos declarados en el mismo.

II

ABARRAN

Situación en vísperas de Abarran.- Necesidad de consolidar lo ocupado.- Era impresión general, y la recoge y consigna el Alto Comisario en su carta del 17 de abril, que la situación política en la región de Melilla en la época que precediera a los inesperados sucesos era francamente buena, tanto en las cábilas desde largo tiempo sometidas como en la que recientemente habían hecho sumisión, y abundando en esta creencia, dice el teniente coronel de Estado Mayor Dávila, jefe que era de la Sección de Campaña de la Comandancia General, en su declaración del folio 1284, que apreciada en sus términos generales la situación política del territorio ocupado, hasta el día de la operación de Abarrán tenía que considerarse buena y como de franca sumisión, , juzgando por la tranquilidad que venía observándose una vez realizadas las operaciones sobre Beni Said y Beni Ulixech, y dado, además, que en la zona ocupada, inmediata a la línea de contacto, se mantenían relaciones amistosas con las fracciones de Fetacha, Ulad Hedra y Ulad Dris en Metalza, con las de Beni Buyari y Beni Melul en Beni Tuzin y en la cábila de Tensanan, con cuatro de sus cinco fracciones de Beni Margnin, Beni Buidir, Beni Taaban y Rebaa el Fokani, manteniéndose solo apartada la de Trugut, en la que estacionaba la harka de Beni Urriaguel, y que esta favorable situación política se reflejaba en la militar, la cual desenvolvía todos sus servicios en completa tranquilidad, no obstante lo cual, se tenía expuesto al Mando la inteligencia de no ser suficientes las fuerzas y elementos de que disponía para proseguir la acción militar; que, antes bien, requería dedicar la atención a consolidar y afirmar el dominio de la extensa zona ocupada, y precisaba, además, asegurar la libertad de movimiento mediante la habilitación de caminos y aprestar de consumo los elementos consiguientes de fortificación, campamento, transporte y telecomunicación; aparte otras consideraciones de orden político, todo lo cual imponía parsimonia.

Proyectos del Mando en orden a Alhucemas.- Explica dicha declaración que abrigaba el Mando el proyecto de ir extendiendo la zona de dominio hasta situarse en condiciones de ejercer acción sobre el territorio de Alhucemas, formulándose en consecuencia el plan que fue sometido al Alto Comisario y del cual trataran ambas autoridades en la entrevista que celebraran en aguas de aquella isla, cual se desprende del cambio de comunicaciones habido, y algunas se recogen en lo actuado. Para la explanación de tales designios procedióse al estudio de un plan que condujera en sucesivas etapas a la ocupación del áspero contrafuerte terminal de Kilates y dominio de la margen derecha del curos inferior del río Neckor, siguiendo la línea de penetración determinada por el camino del zoco El Telatza de Beni Buidir, en Tensaman, y el Tisi Takariest. El desarrollo de este plan se iniciaba con una operación en la que tomarían parte tres columnas, siendo el objetivo ocupar las colinas de Tamarabat, en las que se establecerían posiciones sobre Abarrán -525 metros de altitud- y Taurit Imedlen -575-, más la ocupación del zoco El Jemis de Rebaa el Fokani, si las circunstancias fueren propicias para esto último.

Operaciones preliminares en Beni Tuzin.- Nada se resolvió sobre este plan, dirigiendo por de pronto el Mando sus miras a adelantar la línea de contacto por la parte del Midar, a fin de dejar dentro de la zona de ocupación los poblados adictos de Beni Buyari y Beni Melul. Tales propósitos son los que indica el Comandante General en su carta al Alto Comisario de 29 de mayo - folio 238 -, con el fin de ir adiestrando los reclutas, afirmar Beni Tuzin y fortalecer el flanco izquierdo, asegurándolo de cualquier incursión de la harka con nuevos avances hacia Axdir; operación a que hace referencia la declaración del folio 658 vuelto, y que había de verificarse en los primeros días del mes de junio con el concierto de tres columnas.

Y cuando por todo esto parecía apartada por el momento la atención de la zona del Amekrán, es inesperadamente convertida de nuevo hacia ella y acordada la inmediata y perentoria ocupación del Abarrán; en mérito de lo cual, en los últimos dias de mayo -siguiendo la relación de hechos de la declaración del folio 1284 - se presentó en la Sección de Campaña de la Comandancia General del comandante Villar, jefe del sector de Policía del Kert, en demanda de las instrucciones y elementos que fueran consiguientes para llevar a cabo la ocupación de dicho monte mediante una operación de Policía que había sido resuelta la mañana del mismo día, en entrevista con el Comandante General, siendo ésta la primera noticia que de ello recibiera la referida Sección de Campaña.

Estudio previo de la operación de Abarrán.- Por el informe de fecha 25 de abril, que se une al folio 1797, se viene en conocimiento del estudio preliminar de esta operación, verificado por el expresado comandante de la Policía en virtud de la orden que en cabeza figura haber sido dada por el coronel jefe de la Subinspección de Tropas y Asuntos indígenas de territorio, cifrado dicho estudio en tres operaciones en Tensaman, para establecer posiciones en Axdir, Monte Abarrán, y otra intermedia entre esta última y la divisoria de Cabo Kilates.

Situación del territorio aledaño.- Descansa el informe en el examen de la situación política del territorio, considerando como "zona sometida", aunque no ocupada, todas las fracciones de Tensaman, con la excepción de la conocida de Trugut, y como insometida la que empezaba en la divisoria de los valles del Amekrán y del Neckor, deduciendo de su razonamiento considerarse favorable a nuestras miras la política de la zona sometida, y con respecto a la refractaria, entender limitados nuestros movimientos, tanto en dirección de Yub-el-Kama - en Tizi-Yub, paso al valle del Neckor - como hacia Ras Sid Chaib - O. de Cabo Kilates -, a través de las farcciones de Beni-Taaban y de Beni-Buidir.

Comunicaciones.- Orden de las operaciones.- Examinando las comunicaciones más ventajosas, tanto desde el punto de vista topográfico, como político, y atento a la estructura del macizo de Abarrán, cuyo acceso más suave es por Uad Sidi Hach Brahin, en tanto que lo reputaba punto menos que imposible desde el río Igerzanen, que corre por el zoco El Telatza, de Beni-Buidir, resume su parecer en que las operaciones pudieran efectuarse en el orden de Abarrán, zoco El Telatza y Axdir; que consideraba que esta última operación pudiera quizá realizarse sin fuego; pero que también fuera posible que al darse cuenta la harka del avance hacia Iyarmagua, se corriese por los montes de Beni-Tuzin, de modo análogo a como lo había hecho en Azrú Bidar - sobre Tizi-Yub - y divisoria de Kilates. Por tanto, efectuando antes el avance sobre Abarrán y el zoco El Telatza se amenazaría el flanco derecho de la harka, pues Azrú Yidal quedaría bajo el cañón de Abarrán, y entendía no fuera fácil se aventurara a extender el flanco, y en consecuencia de ello, y haciendo activa labor política cerca de los Beni-Acqui y Beni-Belaiz, para efectuar la subida a dichas fracciones de Beni-Tuzin, consideraba posible se atravesase fácilmente Yub-el-Kama, cosa que por aquellos momentos no podía esperarse.

Dirección más favorable.- Finalmente, proponía que la ocupación de Monte Abarrán y de zoco El Telatza se hiciese remontando el valle de Sidi Hach Brahin, mientras que otra columna simulase el ataque hacia Beni-bu-Yacub.

La distancia de Dar Buy Meyan, última posición ocupada en la zona avanzada, al zoco El Telatza, pasando por Buydinar, se calculaba en dos horas, y por Sidi Hach Brahin, en tres y media.

Existencia de la harka de Beni-Urriaguel.- Entorpecimientos de la acción política.- Del curso de esta exposición se comprueba que la harka de Beni-Urriaguel se había mantenido estacionaria hasta entonces en Yub-el-Kama, cubriendo el paso de Takariest, el más directo y transitable que guiaba a las márgenes del Neckor; pero revuelta dicha cábila contra los pensionados que hicieron acto de presentación en Alhucemas ante el ALto Comisario en su visita a la plaza, imponiéndoles multas y cometiendo algunos desmanes y violencias, como el atractivo de las depredaciones a que prometieran librarse, determinaron, de consumo, el incremento de la harka, destacando entonces guardias o avanzadas al inmediato Arzu Yudal, cuya loma fortificaron, y otra a las proximidades del Suani, poblado del caid Al-Lal-de-Trugut, y aún llegó a adelantar otra a la Zauia de Beni-bu-Yacub, todo lo cual limitaba nuestro campo de acción, cual antes queda indicado, y es bueno hacer constar que el Comandante General, en sus manifestaciones confidenciales, abundaba en la idea de que dicha visita del Alto Comisario a Alhucemas había entorpecido y perjudicado sus trabajos de expansión, como de ello hace expreso comentario en su carta de 15 de julio - folio 574 -, al consignar que "perdida en aquella fecha ocasión tan favorable -de actuar en mayo anterior -, los elementos rebeldes de Beni-Urriaguel emperazon a moverse, comprendiendo que con la sumisión de Tensaman pronto se salvaría el promontorio de Kilates y extendería el Majzén su influencia por su terreno, comenzando por establecer guardia en Tizi Yub, y que podía casi asegurarse que el punto de partida del movimiento habido por parte de los Beni-Urriagueles había sido la visita hecha a la plaza de Alhucemas, pues la presencia de tres barcos de guerra, las salvas de honores y otras demostraciones soliviantaron los ánimos de los insumisos."

Labor política poco eficaz de la mía 15°.- Pérdida de la oportunidad.- Se da también el caso de que en dicha carta se lamenta el Comandante General de la labor poco eficaz del capitán Margallo, de la 15° mía de Policía, de Tensaman, que llevaba la gestión cerca de la cábila, dando ocasión a su relevo incidental, días antes de Abarrán, por el de igual clase Huelva; labor que - dice - hubo de contribuir al aumento de la harka, como asimismo - añade - el que los informes no fuesen tan exactos y veraces como debieran haber sido, unido esto a las dificultades del dialecto regional para la inteligencia de intérpretes y oficiales en posesión del árabe y la traición de la harka auxiliar, determinando todo la pérdida de aquella posesión. Pero, a su vez, dicho capitán Margallo, a tenor del interrogatorio del folio 1.210, atribuye al Comandante General la independencia con que obraba en casos de la Oficina Indígena, y aun en otros, con opuesto criterio, y tacha, por su parte, de falsas, según dice pudo comprobar, las confidencias que directamente aquél recogiera; pero, en síntesis, de las declaraciones del dicho capitán se deduce que favorablemente dispuestos, a lo que parece, los tensemanis, dos meses antes de sobrevenir los sucesos, a consentir la ocupación de Abarrán, y creyéndola él por su parte viable, siempre que se concertase con las de Tizza y Zaida, en Beni-Taban, para cerrar la costa a los Beni-Urriagueles, paró empero, la oportunidad de la ocupación pedida por los jefes de la cábila, sin que, según sus manifestaciones, por aquella fecha, presentara oposición Beni-Urriaguel.

Suscitó luego la visita del Alto Comisario a Alhucemas - a principios de abril - según las referencias que con reserva acoge, desavenencias entre los principales jefes como consecuencia de la presentación que ante él hicieron algunos jefes de Beni-Urriaguel, y anunciaron los tensamanis que si no se ocupaba inmediatamente la posición expresada de Abarrán y se les protegía se verían obligados, cediendo a la presión de los Beni-Urriagueles, a unirse a la harka; empeorando progresiva y rápidamente la situación, a tenor de la declaración, hasta juzgarse irrealizable la operación más tarde, amenazados ya los tensamanis de manera directa por la numerosa harka formada. No cree, en suma, el declarante, que se hubiera ofrecido circunstancia favorable para determinar la precipitada ocupación del monte referido llevada a cabo por el comandante Villar.

Juicio sobre la precipitada empresa de Abarrán.- Por su parte, el coronel de infantería Riquelme, actual jefe de la Subinspección de Tropas y Asuntos Indígenas, y conocedor del terreno, en su declaración al folio 1.775, manifiesta paladinamente, en orden a los planes del Mando sobre la divisoria del Amekrán y el Neckor, su concepto pesimista del resultado si no se hacía con medios proporcionados y precedida de intensa acción política en Tensaman, que asegurando la neutralidad de los montañeses de ella permitiera batir la harka de Beni-Urriaguel, Beni-Tuzin y Bocoya reunida en Yub-el-Kama; harka que ya en abril pasaba de los tres mil hombres, y que si no hostilizaba intensamente a las posiciones de la orilla derecha del Amekran era debido al propósito indudable de organizarse, instruirse y aun fortificarse; temores que asimismo tuvo oportunidad de exponer al Alto Comisario en ocasión de su visita al territorio a mediados de abril, informándole de las noticias del campo y de los peligros de una sedición de los Beni-Ulisis en caso de un revés en Abarrán, dado lo poco consolidado de la acción política en el territorio ultimamente ocupado, como en esta misma cábila, cual acusaban varios síntomas reveladores de su desapego.

Y si en cuanto a los términos en que políticamente hubiera preparado la ocupación no tiene elemento de juicio, respecto a la forma en que la ocupación de llevó a cabo la juzga imprevisora, al cometerla a una reducida columna secundando la sola y directa gestión cerca de los jefes de la cábila realizada por el comandante Villar, jefe del sector, habiendo podido también contribuir a ello, a juicio del testigo, el equivocado concepto formado acerca de las informaciones recogidas por la Oficina Indígena de Alhucemas, a fines de mayo, sobre la importancia de la harka concentrada en Yub-el-Kama, su organización, mando único de Abd-el-Krim, los elementos acumulados y sus propósitos poco tranquilizadores para nuestra proyectada acción sobre el contrafuerte montañoso de Kilates, a que pudiera dar margen la frívola apostilla puesta a dichas informaciones por el comandante militar de aquella plaza al transmitirla a la Oficina Central, consignando que todo ello era pura fantasía por no existir tales gentes, ni el mando único que de atribuía al citado jefe rebelde - folio 1787.

Apremiante ocupación de Abarrán.- Desacierto, considera en rigor, fue emplear la pequeña columna al mando del comandante Villar, para la ocupación del ambicionado monte, a pesar de haber manifestado uno de los jefes de Tensaman, Fakir Mohamed-Ukarkach, de que se hace eco el declarante, en la reunión preparatoria para la ocupación, que había unos tres mil beniurriagueles en la harka cercana a Abarrán, aconsejando el empleo de tres fuertes columnas para asegurar el éxito de la operación, pues de lo contrario presumía un fracaso y se verían además en peligro los poblados de Tensaman, adictos a España; no obstante lo cual se hizo la operación bajo el apremio de la impaciencia del Mando, acordando la inmediata ocupación de Abarrán, sin duda fiado en seguridades de los adictos de dicha cábila, quizá abonadas, en orden a lo que declara el teniente coronel Dávila, al folio 1.284, por la presencia en los últimos días de mayo en la Oficina Indígena del mokaden de la Zaiua de Sidi-bu-Yacub, lo que induciría a pensar haber llegado la oportunidad apetecida, aun cuando merecería la confianza del coronel Morales, jefe de dicha oficina. Y agrega al folio 1.288 que Abarrán se encontraba a retaguardia de la casa del indígena Ukarkach, uno de los principales jefes de aquella zona, que en unión de Haddú Boaza y otros jefes fueron los que intervinieron en las gestiones y realizaron la ocupación.

Concertada la operación directa y personalmente por el Comandante General con el comandante Villar, y prisionero este jefe, recientemente muerto en el cautiverio, no ha sido dable conocer la labor política realizada que pudiera haber dado por resultado la decisión de ocupar la posición perentoriamente y "por sorpresa" sin comprobar la sinceridad de las disposiciones de los naturales que a ello indujeran, como tampoco discernir si el expresado jefe obraba confiado por las falaces promesas de la cábila y seducido por lograr un éxito o cediendo al deseo de secundar decididamente las instigaciones del Mando. De todos modos, bien apreciados los términos de ejecución material de la operación, dan vehementes indicios de que no obraba asistido de plena confianza a pesar de sus alardes.

El hecho es que dicho jefe, en telegrama urgente de 29 de mayo, atendiendo al deseo de los indígenas de que avanzase a Abarrán, solicita autorización para realizar el miércoles (1° de junio) la operación concertada, que considera conveniente, y entendiendo poder efectuarlo en la forma en principio convenida con la Sección de Campaña.

En su vista, se comunican en telegramas del 31 al jefe de la circunscripción de Annual las órdenes para que se facilitase al comandante Villar los elementos que designa para llevar a cabo "el cometido que le ha prevenido", sin expresal cual fuera, y correlativamente se da conocimiento al Alto Comisario en telegrama del mismo día 31, de que de acuerdo con el jefe de la fracción de Beni-Buidir - Tensaman -, al día siguiente, miércoles, sería efectuada una operación para ocupar el repetido monte Abarrán, precisando su situación en la divisoria de aguas del Iguerzauen y el Asgar, en territorio de aquella fracción, próximamente en la línea destinada por los poblados de Iguarzanen y Abeljas, el cual detalle me parece indicar no fuera localidad de antemano conocida en proyecto por el Alto Comisario. Se presenta la operación como de policía, a realizar por tres mías de dichas tropas reforzadas con regulares y otros elementos peninsulares.

También anuncia en dicho telegrama para el sábado 4 otra operación en territorio de Beni-Tuzin, zoco de Midar, con el propósito de ocupar Taurirt, Tameland, Kudia Afelun y Tizi Tamsich.

Realizada la operación bajo tal aspecto, aunque habiéndose adoptado algunas medidas, según expresa el teniente coronel Dávila, al folio 1.289, para la eventualidad de tener que intervenir militarmente, el Alto Comisario, en telegrama de 2 de junio, folio 1.500, manifiesta quedar enterado con satisfacción de la ocupación de referencia, y agrega que aun cuando las otras operaciones anunciadas, y a que se refiere el telegrama, suponía estuviesen comprendidas en el plan de que trataran en su última visita a Melilla, deseaba conocer, y por ello solicitaba ampliación de detalles y fecha de su proyectada realización,como advertido o prevenido por la inesperadamente puesta en ejecución.

Juicio sobre la operación.- De manera unánime se juzga en el conjunto de declaraciones la temeridad y falta de preparación de la operación llevada a cabo e influencia fatal en el curso de los sucesos a que dio origen: en vía de concretar las citas, resulta que emiten opinión desfavorable a ella el teniente coronel del Regimiento de África, Fernández Tamarit, como puede deducirse de sus bien fundadas consideraciones del folio 1206, al juzgar la empresa acometida y sus esperadas consecuencias; así como el comandante de Ingenieros Alzugaray, jefe del sector en las funciones inherentes al Cuerpo, folio 1.116, que ni aun tuvo noticia de la operación; el capitán de Ceriñola Catalán, folio 1002, y el capitán González Longoria, folio 492, de la 11° mía de Policía, mantenida en reserva en Annual durante la ejecución en el concierto de medidas adoptadas por parte de estas tropas para llevarla a cabo, de que da razón el parte del coronel Morales, jefe de ellas, que se une al folio 241, concertadamente con los movimientos de fuerzas realizados en consecuencia del fracaso de la operación y ocupación subsiguiente el 3 de junio de Kasba el Dar - Tililit-, y en general sería materia prolija recopilar los juicios adversos vertidos en el curso de las actuaciones que se resumen en los conceptos de que fue prematuro el intento por falta de aseguramiento de los territorios atrás ocupados, y de preparación política y material en la ejecución, y desmedido en su alcance, y que fue, en suma, desacierto, temeridad e impremeditación aventurar el avance a Abarrán, obrando con un exceso de arrojo o ciega confianza que sólo puede explicar el impaciente deseo, la obstinación de llegar a Alhucemas a toda costa, sin reparar en la forma; pues tiene motivo el Juzgado para inferir del sentido suspensivo del final de la declaración del teniente coronel Fernández Tamarit, folio 1207, que al enojo manifestado por el Comandante General por el aplazamiento del envío de los refuerzos que pedía hasta resolverse la ación entonces emprendida en Beni-Arós, en Yebala, respondía el íntimo y decidido propósito de ir con todo a Alhucemas.

Posesión precaria de Abarrán.- Por lo demás, la posesión de Abarrán, sin caminos, a distancia, sin factible auxilio, atendido a los medios de que el Mando podía disponer, quedaba a merced del enemigo desde el momento que se resolviera a mostrarse hostil amparado en la escabrosidad del territorio, pues no podía abastecerse ni socorrerse en caso de asedio, sino mediante combates empeñados, para los que carecía de elementos adecuados al esfuerzo, como el caso de Igueriben, posición mucho más cercana, con harta elocuencia pregona, y fiar en el concurso de los naturales adictos de la región de asentamiento, sólo cabía esperarlo en el caso de que nuestra propia fuerza hubiese podido asegurar su protección contra el peligro de la harka enemiga.

Y siendo, mejor dicho, prediciendo que fuera una posición eminentemente ofensiva, un apoyo adelantado con propósito de aproximación y amenaza al lomo divisorio de montes que resguardaba al Neckor, para ser eficaz hubiera tenido necesariamente que estar organizada activamente con fuerzas y medios, y no ser un puesto más, en la indefensa e interminable serie de posiciones sembradas en el territorio.

Abundando en análogo juicio, dice el teniente coronel Ros, del Regimiento de Ceriñola, en declaración del folio 1367, que por haber estado encargado accidentalmente del mando del Cuerpo y circunscripción a él asignada en ausencia del coronel Riquelme, con permiso en la península en aquel tiempo, se hallaba en Annual, que el 31 de mayo recibió la orden de aprontar al comandante Villar, a la sazón al frente de la posición de Buimeyan, los elementos de fuerza y medios que especifica, aunque sin indicarle el objeto determinado de su destino; que presentado dicho jefe en la tarde del mismo día, mandó prevenir la columna para la una de la madrugada del 1° de junio, indicando que proyectaba una operación sobre el monte Abarrán que intentaba realizar por sorpresa, pues si se enteraban los moros, el fracaso era seguro; y si se realizaba con éxito se tenía ganado el sesenta por ciento para dominar la había de Alhucemas, contando para ello con la cooperación de una harka auxiliar de Tensaman; mas entiende dicho teniente coronel que no hubo tal sorpresa, pues que a las once de la noche aparecieron hogueras en los montes, denunciando que los moros estaban advertidos y de hecho apercibidos.

Salió, con todo, la columna a la hora precisada, y a las seis ocupaba el monte sin resistencia. Agrega que como a las nueve de la mañana se presentó en Annual el Comandante general, y puesto al habla con el comandante Villar hubo éste de decirle que tenía muy cerca a la harka enemiga en actitud expectante y con la cual se insinuaba, textualmente, "te timaba".

A las doce, y visto el sesgo favorable de las cosas, el Comandante general se dispuso a regresar a la plaza, diciendo al salir al coronel Morales, de la Policía, que le propusiera, por el buen éxito logrado, al comandante Villar para recompensa, representando el coronel que confesaba su equivocación, pues no creía que la operación se hubiese desenvuelto así, y que deseaba en lo sucesivo incurrir en la misma equivocación siempre que se alcanzase el mismo éxito; deduciendo el testigo, por la forma reservaba de la expresión, que aquel jefe no estaba muy convencido de la operación, por lo menos ejecutada en aquella forma; como corrobora el capitán ayudante del Regimiento del Ceriñola más explícitamente al poner en boca de dicho coronel -en declaración al folio 1.002- la prudente objeción ante el aparente buen éxito "que aunque celebraría equivocarse ya se vería lo que pasaba después."

De igual extrañeza se hizo eco el aventurero Angelo Girelli, allí presente, sujeto sospechoso que en algunos lugares del actuado sale a colación, siempre como persona de dudosos antecedentes -folio 467.

Ejecución de la operación.- Con referencia a la ejecución material de la operación da cuenta de ella el parte del propio jefe de la columna, comandante Villar, y la información que con motivo del fracaso de la misma se instruyera y que en testimonio comprensivo de los principales lugares se incorpora al expediente -al folio 1.699-, así como la declaración complementaria del teniente coronel de Ceriñola D. Manuel Ros Sánchez, antes citada.

Orden de marcha.- Puestas a disposición del comandante Villar en la tarde del 31 de mayo las fuerzas ordenadas por el Comandante general, en la suma de elementos que indicaba, y todos los mulos de Ceriñola para el convoy afecto de municiones, víveres, agua y material de fortificación, organizó dicho jefe su columna en el orden que detalla, de tres mías de Policía en vanguardia, dos secciones de Regulares, dos compañías de ametralladoras de Ceriñola, dos compañías de Zapadores, dos baterías de montaña, cargas de municiones, ambulancia, compañía de Intendencia, sección de Regulares y dos compañías y un escuadrón de estas fuerzas; en total, 1.461 hombres y 485 cabezas de ganado, fuerza excesiva en verdad para un comandante.

Ejecución de la marcha.- En dicha disposición salió de Annual, a la una de la madrugada del día 1° de junio, con dirección al poblado de Kasba el Fokani; a las cuatro y media cruzaba el valle del Amekran, a ocultas de las guardias avanzadas del enemigo, siguiendo luego por su afluente Si el Hach Hrabin, y al kilómetro se empezó a remontar el macizo de Abarrán (525 metros), que se coronó a las cinco y media, y a las seis, allegados los materiales, se empezó a fortificar; trabajos que dice "terminados" a las diez y cuarenta y cinco, con capacidad para trece tiendas, emprendiendo a las "once" la retirada rectamente hacia Dar Buimeyan, cruzando el Amekran agua abajo de Budinar, por haber visto la situación de la harka amiga auxiliar de Kasba el Fokani, que con su colocación el morabo de Sidi Ismael impedía la bajada de la guardia de Azrú Yidal, habiéndose efectuado la marcha en los términos que el parte describe, venciendo las dificultades del terreno y de los malos pasos, realizada de noche y por pendientes en extremo duras, y efectuando un largo rodeo de quince kilómetros a la desfilada para abordar la cumbre por el sitio de más fácil acceso, pues atento a lo que depone el teniente de artillería D. Antonio Gómez López -folio 1.710 vuelto-, fue preciso marchar de a uno por la naturaleza del territorio y senderos, agregando el capitán González Longoria -folio 492- que, según sus referencias, la cola de la columna llegó a su destino dos horas después que la cabeza, lo cual da idea de su continente a poca resistencia que a su avance hubiera opuesto el enemigo.

Organización de la posición.- Si se atiende a la materialidad de la fortificación del monte, conforme a la declaración del Chif de Ifasien, de Tensaman, el Hach Hadur Boaxa, que se registra al folio 1.699 vuelto, al ser informado por el comandante Villar del propósito que se abrigaba de ocupar Abarrán, desaprobó el proyecto, por manifestar carecer de agua, ser terreno movido y sin piedras para hacer un buen parapeto y haber harka enemiga oculta en las cercanías, y corroborando esta impresión dice el teniente coronel Ros en su declaración del folio 1.367 que como no encontraron piedra se trató de hacer el parapeto con sacos, que como estaban podridos y se desfondaban, no puedo hacerse sino un frente y parte de otro.

Por su parte, el comandante Villar, en la declaración que prestara en dicha información, a raiz del suceso -folio 1.669-, dice que sobre un zócalo de piedra de 25 a 30 centímetros se colocaron sacos terreros en sentido del espesor hasta alcanzar la altura de metro treinta centímetros; pero el policía Kaddur Dreus Buayus -folio 1.700- manifiesta existir una sola hilada de sacos, y que la altura del parapeto llegaría al vientre de un hombre de regular estatura, y el teniente de Artillería antes citado, Gómez López, dice: Que al dejar la columna la posición -y él regresó con el ganado de la batería de montaña dejada en ella-, quedó el parapeto formado por su frente Oeste, correspondiente a la Artillería, por dos o tres hiladas de sacos, que alcanzarían aproximadamente hasta la altura de rodilleras de las piezas, y siendo más elevado por los frentes Norte y Este; y esto debe ser lo más aproximado a la realidad, por lo prematuro de la retirada de la columna de protección, que habría de dejar en curso de ejecución la obra, y sobrevenir el repentino ataque a la hora de haberse retirado aquélla.

Asentamiento de la posición y estructura.- El terreno de asentamiento, a tenor de la declaración del comandante Villar, era una cumbre o elevación en la parte más meridional del macizo de Abarrán, que se extiende en dirección Este-Oeste, ascendiendo suavemente en dicha dirección. Como a 800 ó 900 metros se halla dominada por una cima situada al Norte, que impuso estrechar el trazado para disminuir el espacio batido dentro de la posición, dándole una dimensión de 65 por 12 metros. Se colocó la batería en el frente Oeste, teniendo a vanguardia un collado todo él dominado por la batería. Por el frente Este descendía uniformemente el terreno para revolverse en llano, dominándose todo con fuego de fusil. El frente Norte daba a las barrancadas que abren en el macizo de Abarrán, y al Sur desciende en pendiente bastante fuerte, para después caer, en espacio muerto, en pendiente muy fuerte, constituyendo por sí misma una defensa.

Los sacos para el parapeto se llenaron de tierra del interior, para rebajar el relieve que afectaba, y por el frente Sur se dejó únicamente el basamento de piedra, pues a mayor altura que se hubiera dado al parapeto hubiera habido más espacio batido desde el terreno Norte exterior. Únicamente se pusieron sacos tereros en esa parte, a continuidad de la batería.

La alambrada se veía desde la posición, y estaba constituida, según el policía Kaddur, por solo dos filas de estacas clavadas en el terreno, muy suelto por algunas partes; agregando que el terreno que rodeaba a la posición en su cercanía era tan pendiente, que desde el frente de la artillería y el de retaguardia, o Sur, donde después se hizo una zanja trinchera, sólo se veía la alambrada que estaba colocada en el borde de la cima donde se asentó la posición. Entre alambrada y parapeto, como al exterior, había bastante maleza, jara y monte bajo, que permitía acercarse sin ser visto.

El teniente de Artillería Gómez dice que en el frente Oeste de la batería el espacio muerto era de unos 1.500 metros, no quedando espacio batido con espoleta a cero, por estar desenfilado el terreno a unos cincuenta metros del parapeto.

Curso de la operación.- Atento a la declaración del teniente coronel Ros, el Comandante general, que a las neve de la mañana había llegado a Annual, pretendió ir a Abarrán, del cual intento le disuadió el coronel Morales, de la Policía, aduciendo la distancia y desconocer él el camino; asegurando las confidencias que no atacó el enemigo cuando se establecía la posición, y se mantuvo a la espectativa para dar tiempo a que el general fuese a ella, cual tenía por costumbre en las ocupaciones, a fin de hacerle prisionero.

Retirada de la columna.- A las once, según el parte de la operación - folio 1.908 - emprendió la retirada la columna directamente sobre Buimeyan, efectuándolo prematura y precipitadamente, con poco orden y cohesión - folio 1.206 -, habiendo tenido ocasión el Juzgado de examinar fotografías del paso de ella por el valle del Amekran, con alargamiento de desunión, cuyo rastro, en la parte sorprendida, no da idea de fuerza organizada.

Según el teniente de Artillería, a las doce cuarenta y cinco, pasando la columna del río, se le advirtió que no era conveniente se detuviese a dar agua, por verse bajar bastante enemigo de los montes que domina el sitio de paso, antes bien que acelerase la marcha, y una hora más tarde se oyó el primer cañonazo de la posición, siguiendo sin interrupción el fuego hasta llegar a Annual; pudiendo seguir luego, el testigo de ésta, las distintas fases de la defensa hasta extinguirse el fuego y ver desaparecer la posición a las tres horas y media de haber sonado el primer disparo. Confirman el fuego el teniente coronel Ros - folio 1.367 -, el capitán Catalán - folio 1.002 - y el capitán González Longoria - folio 492 -, que observó la intensidad, la explosión de los proyectiles, que empezaron a unos mil metros, fueron acercándose al parapeto y acortando aquella distancia; y asimismo el soldado de Ceriñola Martín Gómez - folio 999 -.

Dice también el comandante Villar - folio 1.699 vuelto - que al retirarse de la posición y cerca del Amekran recibió un despacho del Comandante general ordenándole quedara en Abarrán, además de la Artillería, una compañía de ametralladoras, pero que esto ya no fue posible, porque se hallaban dichas unidades pasando el río. Que cruzado éste se oyó fuego de cañón contra la vertiente de derecha de Igerzanen, y al propio tiempo sonaron algunos disparos sueltos de fusil, hechos, a lo que parece, por la harka amiga de Casba el Fokani, apostada en Sidi Ismael, contra gente que bajara del monte.

Ataque a la posición.- El hecho es que, a poco de dejar la columna recién establecida la posición, se inició el ataque, y que cayó la posición en la escasa defensa que hiciera de la una a las cuatro y media o cinco de la tarde del mismo día 1° de junio, de ocupación, en condiciones que hacen suponer la deserción de la harka auxiliar o el abandono precipitado de su guarnición sin apurar la resistencia, cosa que no aclaran suficientemente las diligencia unidas. De la ocupación, como del ataque, dan cuenta circunstanciada los telegramas del Alto Comisario al Ministro de la Guerra de 1, 2 y 3 de junio - folios 7, 8 y 12 - y conferencia del día 5 - folios 17 y 21 -.

La columna de protección, en su apresurada retirada, no trató de acudir al reparo del ataque, advertida, sin embargo, por el fuego que oyera en el trayecto, llegando a Annual sus primeros elementos a las cuatro de la tarde.

Causas determinantes de la caída.- Realizóse, en conclusión, bajo tan desfavorables auspicios y términos de ejecución la operación con tanto ahínco como impremeditacón emprendida, "aprovechando rápidamente una circunstancia favorable que hiciera notar el jefe del sector, comandante Villar, brindada, a lo que parece, por los mismos cabileños de Tensaman. Por ello se organizó la sorpresa del monte Abarrán con auxilio de elementos locales, y cuya ocupación se realizó sin resistencia del enemigo", cual se dice en carta de 8 de junio al amanecer al Alto Comisario el epílogo de la fracasada operación, consignando que el repliegue se efectuó sin novedad, sin que nadie hiciera presentar la hostilidad del enemigo"; es de inferir que con referencia a los informes que le hubiesen sido presentados.

Como consecuencia inmediata de la caída de la posición, los cabileños de Tensaman, compelidos por los beniurriagueles, engrosaron las huestes de la harka enemiga.

A las once de la mañana del día 2 de junio se presentó de nuevo en Annual el Comandante general, según declara el teniente coronel Ros al folio 1.370; pero ni en aquel dia ni en el siguiente, dice, se pudo tomar la ofensiva, porque noticias que da por ciertas hacían subir el contingente de la harka a once mil hombres.

El Comandante general, ante el inesperado fracaso de Abarrán, se vió obligado a reformar sus propósitos, abandonando el plan de ocupación de Beni-Melul, que con tal confianza anunciara, disponiendo que la columna del teniente coronel Fernández Tamarit, de África, que debía cooperar a él - folio 1.206 - por Harrichen, se incorporase a Annual, creyendo el testigo que el desgraciado suceso determinó el que el enemigo cambiase de actitud, dejando la expectante que guardaba y adoptando la ofensiva, consciente de su fuerza, decidido a contrariar los intentos de nuestro avance hacia Alhucemas.

Ciertamente, crecido por el fácil triunfo que se le había preparado, y ante nuestra pasividad no dando rápida respuesta al descalabro, el enemigo se decide pasar el Amekran, a cuya izquierda hasta entonces habíase mantenido.

Y agrega el coronel Riquelme, en su declaración del folio 1.780, que desde el punto de vista militar el fracaso de Abarrán determinó el aumento de los contingentes rebeldes, adquiriendo éstos la convicción de sus fuerzas para expugnar nuestras posiciones y sistematizar sus procedimientos de ataque; y los más sensibles efectos fueron la paralización de la acción ofensiva en Tensaman y la necesidad de tener que organizar defensivamente el territorio de Beni-Ulixech, que estaba abocado al ataque inmediato de la harka.

Consecutivamente, el día 2, a las tres, el enemigo se echó sobre Sidi Dris, acometiéndola con ímpetu. Una columna - 1.370 - que se organizó en Annual para acudir en su socorro, al mando del teniente coronel del Grupo de Regulares, hubo de retroceder ante el crecido superior número de enemigos.

III

SITUACIÓN SUBSECUENTE A ABARRAN

Consecuencias del fracaso de Abarran.- El fracaso de Abarrán hubo de producir en el territorio, así en el campo enemigo como en la zona sometida, sus naturales e inmediatas consecuencias, que, aunque previstas y descontadas por cuantos fríamente consideraban lo deleznable de la situación creada, no pudo, empero, ser medida en toda la inmensa trascendencia que la realidad aparejara.

Varias opiniones personales atinentes al hecho.- Como reflejo de las impresiones predominantes en el territorio acerca de la situación y que prepararan para el conocimiento de los sucesos materia de esta información, pueden citarse las manifestaciones, entre otras, del teniente coronel de Artillería Gay - folio 1.086 vuelto -, en que declara que después de Abarrán todas las opiniones estaban de acuerdo en lo que fatalmente había de sobrevivir, dada la existencia de enemigos y las condiciones del camino y distancia del avance efectuado; que siempre creyó, y era parecer bastante extendido entre la oficialidad del territorio, que la organización era para "tiempo de paz", y que en guerra, con enemigo numeroso y enérgico, era de temer un desastre; mas como todas las operaciones presenciadas por el declarante habían sido coronadas hasta entonces por el mejor éxito, dándose el caso insólito de no haber ocurrido la menor agresión, tenía que creer eran infundadas sus alarmas. De todos modos, inmediatamente perdido Abarrán, y visto que, en realidad, había enemigo concentrado en los montes comarcanos, consideró imposible a todo punto volver a dicha posición.

Figura al folio 1.320 un fragmento de la carta del teniente de Artillería D. Ernesto Nougués, fechada en Annual el 12 de julio, que da también idea del estado de cosas alcanzado, por cuanto asevera que los avances demasiado rápidos, sin consolidar bien lo ocupado, habían determinado una situación bastante difícil, siendo raro el día que no tenían que tirar, y como existía delante una harka numerosa y hasta organizada, no creía posible dar un paso que no fuera en firme, pues otro desastre como el de Abarrán lo juzgaba horroroso. "Hemos atravesado por unos días tristísimos, de enorme depresión moral: se desconfiaba de las fuerzas indígenas, se hablaba de una insurrección del territorio; nos encontrábamos impotentes, faltos de elementos ...; sucedió lo que tenía que suceder: que mientras la cosa iba bien, nadie se preocupó de deficiencias; pero cuando han venido los palos, se ha visto que estábamos haciendo equilibrios, y eso no puede ser."

El capitán de las tropas de Policía González Longoria dice en su declaración - al folio 492 - que, si bien con respecto al campo enemigo, como actuación exterior a su cabila, no tenía noticias directas, sabe, entre otros particulares que consigna, que Tensaman no se manifestaba propicia a la ocupación, y Beni-Iluxech "estaba más bien ocupada que sometida"; y corroborando tan esencial para la existencia entonces de nuestro frente avanzado, dice el coronel Riquelme, jefe actual de la Subinspección de las Tropas y Asuntos indígenas del territorio - folio 1.778 vuelto -, en relación a sus temores, manifestados en cuanto al avance sobre el Neckor sin adecuada preparación, que eran de esperar los peligros de una rebelión de Beni-Ulixech , en la cual estaban las posiciones de Buymeyan - en terreno de Tensaman, Annual, Izumar y Yebel Uddia - "dada la poca consolidación de la acción política en la misma cabila de Beni-Ulixech, como se podía observar en la actitud de desvío de los habitantes que rodeaban a las posiciones allí enclavadas y los incidentes que surgían entre la Policía y los poblados, a la vez que algunos tiroteos nocturnos a Annual".

Propaganda sediciosa.- Síntomas precursores de la situación del campo.- Tal era el estado proponderante que de atrás venía formándose; el fracaso de Abarrán desencadenó los sucesos que se incubaban con despreocupación del Mando.

El capitán de Policía Alonso dice en el parte a la Oficina Central indígena de las operaciones de su mía - folio 867 - que desde la desgraciada expugnación por el enemigo de la posición precitada, se recrudeció grandemente la agitación en la zona no sometida, pregonándose constantemente la formación de harkas, compra de armamento y municiones, y que se preparaban para la lucha de las cabilas de Gueznaya y Beni-Tuzin, que estaban en relaciones con las sometidas de Midar, Tefersit, Beni-Ulixech y M´Talza. En declaración prestada por dicho capitán - folio 223 - ratifica dicha especie, agregando que después de la caída de Abarrán, Abd-el-Krim había escrito a los jefes de cabila de la zona no ocupada y de la ocupada antes enumerada, diciéndoles que se preparasen , que él atacaría a nuestras tropas y posiciones de frente, y que las demás las atacasen por retaguardia para cortar las comunicaciones.

Por su parte, el teniente coronel de Infantería Fernández Tamarit, merecedor de mejor crédito por su activa intervención en las operaciones de tiempo atrás realizadas, y conocedor del territorio, dice, en su declaración del folio 1.203, comentando las medidas que, a su tiempo hubiesen podido ser adoptadas en Drius, para contrarrestar la situación producida por la caída del frente, que tal vez hubieran variado el aspecto de las cosas, pero no remediado la inevitable consumación de los hechos ante el levantamiento de las cabilas, que, aunque se decían sometidas, conservaba, sin embargo, armamento en abundancia; agregando que "la actitud de las cabilas no ha sorprendido al declarante; lo que si ha llamado su atención es la simultaneidad en el alzamiento, que demuestra estaba preparado para cuando hubiera ocasión propicia". En los avances no se había consolidado nada: se vivía porque los moros de las cabilas lo toleraban, y además, los mismos moros que se decían recientemente sometidos, sabían de nuestra eficacia militar lo suficiente, ya que en todas las operaciones la política dejaba en tercer lugar a las fuerzas europeas, en el segundo a las indígenas auxiliares, y confiaba el puesto de vanguadia al "Banco de España".

Aún los moros a quienes realmente conviniera estar a nuestro lado, tenían que abandonarnos al vernos incapaces de defenderlos contra los otros, y el natural instinto de rapacidad de los indígenas bastaba por sí solo para determinar el que los de Nador y Sengangan, por ejemplo, saquearan estas poblaciones en evitación de que luego llegaran los demás y lo hicieran en su provecho ...", circunstancia que puede explicar la rápida propagación del movimiento insurreccional de tiempo abrigado. Si bien en en contraste de opiniones por algunos se pretende no existía tal acuerdo clandestino, del relato de hechos sueltos, desligados, insignificantes en sí, y al parecer inconexos, referidos por numerosos testigos avecindados en el país, colonos, empleados, religiosos de la Misión y otros, se aprecia bien que existía un estado latente de inquietud, un aire de revuelta, fruto indudable de la secreta inteligencia de los naturales de la zona sometida con los de la rebelde, si bien en el momento de su explosión hubiese de determinarlo la oportunidad, y el mismo derrumbamiento de nuestras líneas y puestos de la moral de las tropas, y su huída, como resorte impulsivo, lo precipitase y extendiese a límites de gravedad no medidos por los más pesimistas en el juicio de la inseguridad y compromiso de nuestra situación.

Actividad de la propaganda insurgente.- "Activa propaganda - dice el coronel Riquelme al folio 1.780, al informar sobre los motivos de la hostilidad de las cabilas - indudablemente venían realizando los elementos rebeldes de fuera, apoyados en un núcleo de fanáticos y descontentos; propaganda que se mantenía oculta en espera de un éxito de la harka sobre nuestra línea avanzada, en donde se acumulaba una gran parte de elementos de guerra, favorecida, por lo demás, por la poca estabilidad de nuestra influencia en los mayores avances de diciembre de 1920 - Beni Said - y meses sucesivos - Beni Ulixech y parte fronteriza de Tensaman- en las cábilas últimamente ocupadas, verdaderamente prendida con alfileres - sic - que hacía tenerlos como un valor de amenaza, en vez de constituir un apoyo; siendo natural que la menor síntoma desfavorable trataran de ayudar a los de fuera para librarse de nosotros", como agrega más adelante - folio 1.783 - en cuanto a la inducción a la rebeldía, que los indígenas de la zona ocupada venían siendo ya objeto de propaganda por parte de agentes de la harka, utilizando cartas y recados de los jefes rebeldes, incitándoles a agruparse para efectuar un levantamiento cuando la harka lograse un triunfo militar sobre las tropas; siendo incentivo favorable de tales inducciones en los cabileños la perspectiva de un rico botín y de apoderarse de numerosas armas, que tanto les atrae; aparte de la idiosincrasia musulmana que conserva siempre la esperanza de librar su país de la dominación extraña; que si bien tiene el aspecto de Protectorado, le resulta en la práctica una conquista; por más que otras, no participantes de este espíritu, como Kebadna y Sidi-Sicar, luego de la evacuación, y viéndose abandonadas de nuestra protección efectiva, hubieran de sumarse al levantamiento.

Dice asimismo el capitán de Policía Fortea, con percepción de estos síntomas sediciosos, al folio 469 vuelto, que encontrándose en Dar-Buimeyan prestando eventualmente servicio, recibió orden de trasladarse con la fuerza de su 13° mía a la cabecera de Dar Mizian - en Beni Ulixech - para normalizar el estado de las cábilas, que parecía estaba en relaciones, así como la de Beni Said, con las del territorio no ocupado ..., que como el declarante no conocía bien aún su demarcación, lo primero que hizo al llegar fue orientarse, averiguando que, en efecto, existían relaciones con la zona no ocupada, y que de ella habían pasado cartas, así a su cabila como a Beni Said, y aunque el ambiente era más bien de desconfianza, el testigo lo atribuyó a ser territorio de reciente ocupación.

A su vez, el coronel jefe de Estado Mayor de la Comandancia general, Sánchez Monge, reconoce - folio 266 vuelto - que la propaganda hecha por Abd-el-Krim, con el mayor secreto, cerca de las cabilas sometidas creó un ambiente muy apto para que se desarrollara la hostilidad ante un fracaso de nuestras armas, y que la pérdida de Abarrán fue el preludio de esa declaración de hostilidad, que culminó con la pérdida de Igueriben y la evacuación de Annual.

Límite de elasticidad atribuído a nuestros recursos militares.- Indicado queda que, de manera general, se había considerado como límite razonable de capacidad de nuestros recursos militares por entonces la ocupación alcanzada en el confín de Tensaman del frente defensivo de Sidi Dris-Talilit-Buimeyan-Annual-Izubar, como la necesidad de afirmar dicha situación sin aventurarse en nuevos intentos a expensas y riesgo del desguarnecimiento del inseguro territorio de retaguardia; que, como expresa el coronel de Estado Mayor Sánchez Monge, al folio 276, la desproporción existente entre las fuerzas de la Comandancia general y la gran extensión del territorio ocupado, hacía que la dominación por las armas no fuese efectiva; mas tales prudentes observaciones no parecían entrar en la consideración del Mando, firme, a su pesar, en el propósito de expansión.

Repercusión política del suceso de Abarrán.- El descalabro de Abarrán, en conformidad a lo depuesto por el coronel Riquelme - folio 1.779 vuelto -, tuvo, en el aspecto político, una repercusión muy desfavorable para nuestro prestigio, que determinó, ciertamente, el incremento de la fuerza moral de los elementos rebeldes y condujo al aumento de su contingente, y a ganar terreno en la zona a que la acción política por entonces alcanzaba, con la depresión moral consiguiente en el partido adicto, incapaz, desde ese momento, de continuar laborando por nuestra causa; aparte de la serie de castigos que sufrieron los tildados de adhesión a España, así como en el territorio ocupado, seguramente alentó la esperanza de liberación y produjo una percepción clara del decaimiento de nuestra fuerza como consecuencia de la pérdida total de una posición con artillería, cosa que era la primera vez que ocurría en el territorio, revés que, cual indicado queda, hubo de paralizar la acción ofensiva en Tensaman y aprestar la defensiva apresuradamente en Beni Ulixech.

Núcleos rebeldes preexistentes.- Incremento de la harka enemiga.- Reconoce el teniente coronel de Estado Mayor Dávila - folio 1.285 - que en todo tiempo había habido núcleos de harkas que, constituidos por indígenas de las cabilas inmediatas a la línea de contacto, situaban a la inmediación de ella, no siendo por ello de extrañar la existencia de la de Beni Urriaguel, que, apostada en Trugut, al ocuparse Sidi Dris - marzo de 1921 -, no llegó a hacer acto de presencia, manteniéndose en la parte occidental de los montes de Tensaman, asentada en Yebel Uisses, al sur de Tizi Yub. Esta harka aumentó de importancia a consecuencia de la propaganda y excitaciones de Mohan Abd el-Krim, y muy singularmente con la defección del partido español que hacía años habíase organizado en Axdir, en la zona costera de Alhucemas, sin que, no obstante aquel aumento, llegara a rebasar el Amekran hasta después del hecho de Abarrán.

Consecuencias de orden militar de la caída de Abarrán.- Mas el intento fracasado de esta ocupación reconoce que hubo de crear una situación delicada por sus inevitables derivaciones en orden a la actitud de las cabilas y excitación del movimiento insurreccional a instigación del foco mantenedor de la rebeldía, aduciendo a este respecto el coronel de Artillería Massaller - folio 975-, abundando en la activa preparación de los elementos insurgentes, que el hecho de Abarrán, como otros posteriores, igualmente lamentables, puso de manifiesto la existencia de un enemigo numeroso y bien armado, que se supo, y aún se veía que se estaba educando a la europea, como también que había aparecido un caudillo inteligente y conocedor de nuestro Ejército y de nuestros recursos; "todo no fue momentáneo, y sabe el declarante que, naturalmente, se apercibió el Alto Mando, sin que por ello se atreviese a retroceder en su avance ..."

Enemigo a cuyo continente no se concedió, con efecto, la atención debida, y de cuyo cambio de táctica y procedimientos de combate, entre otros, da fe el teniente coronel Nuñez de Prado, del Grupo de Regulares, al reconocer - folio 399 - que operaba de manera más compacta y subordinada que la que hasta entonces había visto emplear al moro: hasta el extremo de atacar en núcleos disciplinados y empleando frecuentemente el fuego por descargas; así como - folio 396 vuelto - pudo observar gran gasto de municiones y que empleaba el arbata, como denominan los indígenas al fusil Lebel.

Dice también a este respecto el capitán de Policía González Longoria - folio 493 - que tras los primeros intentos de harka fué ésta engrosando, según se decía, hasta alcanzar un contingente de 18.000 hombres bien armados de Mauser y Lebel y municiones.

El comandante de Estado Mayor Fernández - folio 812 vuelto - asienta que después de la caída de Abarrán, posición que no se intentó recuperar, el enemigo cobró ascendiente, y aunque con la lentitud con que suele producir sus concentraciones, fue paulatinamente creando en el sector de Annual una situación de vez en vez más peligrosa, que condujo a renunciar el restablecimiento con la debida energía de la preponderancia de nuestras fuerzas; como a raíz de Abarrán se había renunciado a hacer convoy algunos días a Sidi Dris, como se dejó en manos del enemigo, más adelante, la loma de los árboles, y sucesivamente dió lugar a otras renunciaciones ante la actitud resuelta del mismo; conjunto de sumisiones a su voluntad que entiende condujo a quebrantar totalmente la moral de las tropas a partir del contratiempo inicial de Abarrán. Después de este suceso, la harka estableció su asiento en Amesauro, y, a su juicio, tanto en este caso como en todos los análogos, hubiera sido preciso batirla para restablecer la situación.

Todos estos síntomas, todos estos hechos que se apuntan, que no fueron inopinados ni casuales, sino que traían una larga elaboración, debieron y pudieron ser conocidos por el Mando para servirle de saludable advertencia, para amoldar su conjunto a las circunstancias y no precipitar los sucesos; pues, como comenta el teniente médico D´Harcourt - folio 1.106 vuelto -, con referencia a una expansión íntima del coronel Morales, de la Policía, la crítica ocasión del momento que atravesaban, y a que se contrae el testigo, bien ... "acreditaba la parsimonia con que debía precederse en asuntos de moros, y no con la rapidez que quería el Comandante general".

Confidencias acerca de las concentraciones e intentos del enemigo.- No podía ciertamente pasar inadvertido el estado de efervescencia del campo fronterizo y las concentraciones que se efectuaban, y para acreditarlo bastaría entresacar algunas de las confidencias que figuran a los folios 552 y siguientes, a partir de la fecha desde que se recogen antecedentes, pero que denotan anterior ilación:

mes de junio, número 7. El Hach el Mohadden-Ahmed el Nuari manifiesta que aumenta la propaganda en el Yub, Beni Said y Beni Ulixech para aumentar los contingentes rebeldes ... Recomienda que se fortifiquen las posiciones de dicha cabila (7 de junio).

núm. 8. Telegrama del capitán de la 9° mía, manifestando que Abd el-Krim trabaja para lograr reunir bajo su mando Iyarmaua, Beni Tuzin, Beni Urriaguel y varias de Guernaya (7 de junio).

número 10. Telegrama del capitán de la 9° mía, manifestando se intensifica la propaganda en contra nuestra, cerca de las cabilas de M´Talza, Beni Ulixech y Beni Said. Recomienda se vigile a los Kelatchas y Ulad Icho.

núm. 19. El general segundo jefe comunica desde Annual que Abd el-Krim gestiona y fomenta deserciones en la Policía (17 junio).

Número 34. Confidencia indígenas manifiestan que la harka está indecisa entre avanzar por Tizi-Aza a Beni Tuzin, o internarse en las cábilas de Beni Ulixech y Beni Said, a las que animan por medio de numerosas cartas ...

mes de julio, número 2. Dicen que continúan la propaganda cerca de la Policía y Regulares; que la harka se propone impedir los convoyes a Buimeyan e Igueriben para obligar a abandonarlas por hambre y sed.

Núm. 5. Un confidente de Beni Said dice que hay relaciones entre los de esta cabila y Beni Ulixech con la harka para traicionarnos.

Núm. 17. Alhucemas manifiesta que siguen los trabajos para aumentar los efectivos de las harkas, no obstante asegurar se han reunido ya todos los hombres útiles de Beni Urriaguel, Bocoya, Tensaman y Beni Tuzin, asegurando unas confidencias que dicha reunión es para tomar acuerdos pacíficos y otras para oponerse a un probable avance de nuestras tropas (16 julio).

Recapitulando, y de acuerdo con lo que consigna en su declaración el coronel Jefe de Estado Mayor Sanchez Monge - folio 267 vuelto -, la pérdida de Abarrán y, consiguientemente, del material de guerra y demás en la posición acumulado, originó ciertamente una gran agitación en la cabilas insumisas.

El botín, recorriendo los zocos, reavicó el instinto de rapiña, innato en el moro, y la esperanza de otro más copioso hizo engrosar los núcleos rebeldes, que, aumentando de día en día ante Annual, presentáronse al fin compactos y organizados. Corroborando la cual penosa impresión, dice el teniente coronel de Estado Mayor Dávila - folio 1.289 vuelto - que el fracaso de su ocupación se juzgó en el acto, que creaba una muy delicada situación, que provocaría la defección de las cabilas, previéndose complicaciones así en el orden público como en el militar, que hubieron de aconsejar la adopción de determinadas medidas en este último sentido, como serán objeto de oportuno examen.

Primera manifestación del Comandante general.- La inmediata impresión que en el ánimo del Comandante general sugiere el duro descalabro de Abarrán, en orden a sus impacientes miras, es lamentarse, en primer término, en el telegrama que en 4 de junio dirige al Alto Comisario - folio 559 -, de que la pérdida de dicha posición "contraría de momento la prosecución del plan a realizar sobre Kilates ..."; pero que, dando origen a una situación delicada, había procedido a hacer frente a ella sin perder momento, dando por de pronto orden de suspender la operación en planta sobre Beni-Melul y adelantar fuerzas a Annual. Este despacho no llega a manos de aquella autoridad hasta el regreso de la conferencia que se celebra con el Comandante general en aguas de Sidi Dris, según manifiesta en su carta de 8 de junio.

Efectos inmediatos del fracaso de Abarrán.- Desde luego, el suceso, repercutiendo en la comarca, había decidido la expectante y cautelosa vacilación de las cabilas, determinando la adhesión de Beni Tuzin a Beni Urriaguel y la completa defección del Tensaman; como era de esperar, el probable arrastre de la de Beni Ulixech, y debía estarse a la expectativa de la actitud que adoptase la de Beni Said, causa que obligaba a no distraer por el momento fuerzas de las adscritas a sus órdenes; dando todo fe de los acertados vaticinios del coronel de Policía Morales, en su informe tantas veces citado de 16 de febrero, de que un combate simplemente reñido, que dificultase nuestra acción, pondría en riesgo la seguridad de nuestros avances.

Ataque consecutivo a Sidi Dris.- Al ataque de Abarrán había seguido, en la madrugada del día 2, el dirigido contra Sidi Dris, que, aunque de larga duración, no parece fuera de gran intensidad, o sus buenas condiciones de defensa en si lo pararan, a juzgar por el número de bajas sufridas y el que no quedara interrumpida la comunicación con el mar, fácil de cortar si el enemigo se lo hubiera propuesto, como confirmara, desgraciadamente, el segundo de que más adelante fuera objeto. Esta es, al menos, la impresión que el Alto Comisario transmite transmite en su carta política de 8 de junio.

Medidas adoptadas por el Mando.- La resistencia de dicha posición, de una parte, como las medidas que fueron adoptadas para hacer frente a las consecuencias inmediatas que pudieran derivarse de los referidos sucesos, algo contribuyó a aquietar los ánimos vacilantes de las cabilas no arrastradas en el movimiento sedicioso, como en el mismo telegrama del 4 se da cuenta; contraidas las expresadas medidas, a más de la suspensión indicada de la proyectada operación sobre Beni Melul y a la aproximación de fuerzas al sector amenazado de Annual, a la ocupación del 3 de junio de Kasba el-Dar-Talilit, con la mira de enlazar aquella posición con la de Sidi Dris e intermedias "A" y "B", entre Tzayudart, Yebel Uddia e Izumar, con el fin de asegurar más la difícil comunicación de Dar Drius-Ben Tieb con Annual y la línea de posiciones de dicho tramo del frente.

Actitud adoptada por el enemigo en consecuencia.- Las expresadas medidas, a tenor del precitado telegrama, hubieron de desconcertar al enemigo, que fue a concentrarse en los montes de Tensaman, y muy visiblemente en Abarrán, sin que durante su avance, estancia en Talilit y repliegue se separase de su estación; contribuyendo todo ello a desvanecer los recelos despertados y haciendo reaccionar a la cabila de Beni Ulixech, que recobró su tranquilidad, quedando mantenidos en adhesión los poblados de Tensaman situados en la margen derecha y curso inferior del Amekrán; a partir de Annual, sujeto de la posición ocupada; contando por lo demás con la sumisión de Beni Said, que permitiría disponer de fuerzas de las asignadas a su demarcación. Mas reconócese en el mismo despacho que el auxilio indirecto intentado dirigir a Sidi Dris en la ocasión de su ataque no pudo pasar del amago, advertida como fue la presencia de fuertes núcleos de las harkas en las estribaciones septentrional y occidental de Talilit.

En resumen de cuentas, el Comandante general consideraba, en su conjunto, mejorada la situación, aunque juzgándola todavía delicada, a causa de la oposición de Beni Tuzin y desafección de Tensaman, y, en consecuencia, conceptuaba necesario proceder pausadamente al desarrollo de toda la acción.

Rémora en el parte de los sucesos.- Pero no fue tarea fácil adquirir detalles de los desgraciados sucesos de Abarrán, atento al cambio de comunicaciones mediadas.

En telegrama de 1° de junio - folio 7 - da cuenta al Ministerio el Alto Comisario del recibo dicho día del que le hubiera dirigido el Comandante general el 31 de mayo, anunciando la ocupación que proyectaba de Abarrán para el siguiente día, cuya realización satisfactoria la participaba y conocía dicha autoridad a la hora de su despacho: 21:30 horas. El Alto Comisario, en el telegrama conocido de fecha 2 - folio 1.500 -, expresa al Comandante general su complacencia por el hecho, y a la vez inquiere los pormenores de que se ha hecho mención relativos a las operaciones ulteriores a realizar en Beni Melul.

En telegrama del día 2 - folio 18 -, que el Alto Comisario recibe y transmite a las 22:15, el Comandante general comunica la pérdida consecutiva de Abarrán, en término que la falta de comprobación le impide formar aún juicio.

En telegrama de la 01:30 del 3 de junio - folio 11-, el Alto Comisario dice al Ministerio que el Comandante general aún no le ha comunicado detalle del suceso de Abarrán, si bien anuncia dicha ampliación en el momento de la transmisión al comunicar novedades del día, consistentes en la agresión a la posición de Sidi Dris. Al fin, en telegrama de las 11:35 del 3 - folio 12 -, el Alto Comisario da cuenta del asalto en regla dirigido contra Abarrán, con el método y concierto reveladores de una acertada dirección, como del cambio de procedimiento y preparación denunciado en antecedentes declaraciones.

En el entretanto, el Ministro de la Guerra carecía de noticias precisas de los sucesos ocurridos en el territorio, y que dice en telegrama del 4 - folios 13 y 14 - que llegando a la Corte por diversos conductos sin confirmación o réplica alarmaban a la opinión y mantenían al Gobierno en la natural inquietud, reclamando por ello del Comandante general pormenores directos de las acciones desarrolladas y derivaciones que pudieran tener los hechos acaecidos. De ellos da noticia el Alto Comisario en telegrama de las cuatro del 4 - folio 15 -, pero con referencia a las que le facilitaba el comandante del cañonero "Laya", apostado en Sidi Dris, del ataque a las posición en la madrugada del día 2, sin que aquella autoridad las hubiese podido lograr del Comandante general.

Al fin, en telegrama de las 12:30 del 4, recibido a las 13:15 del día 5 - folio 16 -, da cuenta el Alto Comisario de las ocupaciones de puestos de que antes queda hecha referencia y comunica detalles de la defensa vigorosa de Sidi Dris contra el prolongado ataque de que fuera objeto, anunciando su propósito de salir para aguas de dicha posición con objeto de conferenciar con el Comandante general, a fin de recibir sus impresiones directas.

En conferencia telegráfica entre el Ministro y el general segundo jefe de Melilla de las 12:15 del día 5 - folio 17 -, se inquieren reiteradamente noticias, que aún no son conocidas y sin que al término de aquella hubiesen tampoco llegado.

En telegrama de las 13:25 del día 5 - folio 18 - acusa el Comandante general recibo del telegrama del Ministro, y dice que acaba de celebrar conferencia con el Alto Comisario: éste transmitiría las noticias reclamadas.

Nuevamente reclama el Ministro, en telegrama del día 6 - folio 20 -, los detalles pertinentes a Abarrán, en orden a la manifestación anterior de que le sería dado por aquel regular conducto, al que da respuesta el Alto Comisario en el suyo a las 22:30 del mismo día 6, sin agregar particularidad nueva alguna a los manifestado por el general segundo jefe en su conferencia telegráfica, a no ser las pérdidas materiales sufridas.

Por último, en telegrama del 7 - folio 23 - el Alto Comisario transmite a Guerra el del Comandante general, participando que aun cuando las manifestaciones de la mayor parte de los fugitivos de Abarrán coincidían en que la pérdida de la posición debióse a la defección de la harka auxiliar, no podía emitir opinión más concreta respecto a dicho extremo hasta terminar la información que había mandado instruir en averiguación de las causas, hechos y circunstancias que concurrieran en la caída de la posición.

Restablecimiento de la situación a juicio de la autoridades.- Como resultado de la antes dicha entrevista de Sidi Dris, en telegrama de las 19:50 del día 5 - folio 19 - dice el Alto Comisario al Ministro de la Guerra que el Comandante general, despues de los sucesos referidos, "consideraba la situación restablecida en el frente de Tensaman"; pero que esta cabila está en total defección; que la situación está algo oscura en Beni Taaban, de Beni Tuzin, como en Tafersit, por donde amaga la harka de Azilazen, empezando a mostrar desvíos Beni Tuzin; Tensaman, rebelde por completo; pero que Beni Ulixech parecía seguir afecta, y permanecía adicta Beni Said, estando las comunicaciones con el frente aseguradas y sin que el golpe de Abarrán parezca haber repercutido en el interior, salvo en Quelatcha.

En conjunto, la situación, a juicio del Comandante general, "es delicada y requiere adoptar precauciones y proceder con cautela". Por su parte, el Alto Comisario advierte "que no ve por el momento en la situación nada alarmante". Esta misma impresión la recoge dicha autoridad en su telegrama del 6 a las 12:45 - folio 22 -, en que participa su regreso a Tetuán, y expresa que "como noticias Prensa y particulares, por su exageración, han podido causar inquietud, confirmando impresiones optimistas comuniqué ayer a V.E., estimo puede considerarse situación casi restablecida y que actualmente nada ofrece que pueda considerar la menor alarma ni inquietud"; y según confidencialmente agrega en carta de 8 de junio, por la impresión recogida de conversaciones mantenidas con el Comandante general, lo ocurrido "constituye un lamentable contratiempo"; pero que el acierto de las medidas tomadas por el general Silvestre esperan que aseguran la zona sometida a la muy probable reacción del enemigo envalentonado.

Cubiertos los frentes de Tensaman y de Beni Tuzin, como habían quedado, no creía hubiese de temerse nada en él, y que había sido asegurada Beni Ulixech, que pareció vacilar en los primeros momentos; siempre contando como seguro, y las noticias del día - agrega - lo confirman, que el enemigo concentraría fuerza en la zona fronteriza de Tensaman habiendo acudido gente de Beni Iter, de Bocoya, de las fracciones de Beni Abd-Allah y Beni Halifa, de Beni Urriaguel, hasta entonces expectante, como de los poblados próximos a la playa de Alhucemas.

Planes del Comandante general ante la situación producida.- Queda consignado anteriormente el criterio manifestado por el Comandante general en su telegrama del 4 de junio al Alto Comisario - folio 561 - de conceptuar necesario de cualquier modo, como impresión de la situación provocada, proceder pausadamente al desarrollo de nuestra accción. No se sabe cómo interpretar, aún con la más favorable disposición, el sentido de esta pausa o parsimonia, por cuanto con abstracción de todo lo acaecido, de las lecciones de la realidad y de la fuerza y traza del enemigo, obligado a conocer por el servicio de información, o con confianza descomedida en los propios medios, es el caso que para encauzar dicha acción, merced a poder disponer de la columna de Quebdani, dirige la mira a ir ocupando sucesivamente posiciones, que en relación con el frente entonces existente, domínanse Ardir y el zoco El Jemis (Tensaman), así como otras para enlazar Sidi Dris y que situadas en el sector de la margen izquierda, determinado por los rios Amekran y Brahim, domínase los poblados de Tiza y Zaida envolviendo Abarrán y al Zoco el-Telatza, de Beni-Buidir; completando la acción de estas dos lineas con la ocupación de la meseta existente en la orilla izquierda del Amekran, desde la que se ejercía dominación sobre el valle del Uxcharen, Sidi-bu-Yacub y Abarrán; todo ello sin perjuicio de atender al frente de Yebel Uddia, Tarfesit y Midar, para impedir la acción que los Beni Tuzin pretendieran desarrollar por esta zona.

Criterio restrictivo del Alto Comisario.- Estos propósitos sobre la izquierda del Amekran iban guiados, como se infiere bien, al objetivo persistente de extenderse en dirección de Kilates, que aunque supeditados a la recepción de elementos que en el telegrama de referencia se estimaban necesarios, en medida no proporcionada al esfuerzo pretendido, apreciado en su verdadero alcance, debieron ser considerados inoportunos por el Alto Mando, una vez que, concretándolos, dice el Alto Comisario en su carta precitada de 8 de junio que "en el telegrama indicado - el de 4 de junio - habla el general SIlvestre de operar sobre la orilla izquierda del Amekran y en dirección al cabo Kilates; pero, aparte condicionarlo con la recepción de elementos que enumera, en nuestras conversaciones no se refirió a ello, coincidiendo más bien en que en estos momentos de elevación moral y fuertes contingentes del enemigo cualquier movimiento sobre la izquierda del Amekran sería muy costoso, por lo que le aconsejo que, para dar alguna sensación de movimiento que distraiga las tropas de la impresión recibida, elija con preferencia el frente de Midar y territorio de M´Talza, por donde puede ir ganando a los Beni Tuzin", entendiendo que en aquellos momentos en que el enemigo se encontraba fuerte por su número y por el ascendiente cobrado, cualquier intento en demanda de Alhucemas había de ser muy costoso, y por más que impusiera esto un obligado retraso en los planes con respecto a dicha costa, no debía considerarse de trascendencia en la obra general de pacificación, y ofrecería, en cambio, la ventaja de acometer la empresa en tiempo en que, más adelantadas las fuerzas de la zona occidental del territorio, permitiría la conjunción de esfuerzos hacer sentir más enérgicamente la presión sobre la indómita cabila de Beni Urriaguel, alma y centro de la resistencia.

Ocupación de Igueriben: su objeto y condiciones.- A pesar de la circunspección impuesta por las circunstancias del territorio, dice el teniente coronel de Estado Mayor Dávila, al folio 1.290 de su declaración, que, como quiera que Beni Tuzin habíase unido a Beni Urriaguel y la harka que con intenciones ambiguas tenía establecida en Iyarnaguass, que reforzaron, implicaba un peligro para nuestra línea de comunicación con Annual en su último recorrido, decidió el Comandante general ocupar la posición de Kudia Igueriben, así como situó luego - 11 de junio - en Cheif una columna de cuatro compañías de fusiles y una de ametralladoras que pudo retirar de Beni Said, agregando el coronel de Estado Mayor Sánchez Monge - folio 268 -, que contribuía dicha posición de Igueriben a hacer más efectiva nuestra acción en Beni Tuzin, contrapuesta a la actitud hostil adoptada por esta cabila desde la caída de Abarrán, contribuyendo con efecto a garantir la expresada línea de comunicación con Izumar contra la posible incursión de la harka. Satisfacía, en su concepto, las condiciones de una buena situación militar, y conjugaba su acción con las de Izumar, Annual y Buimeyan.

A vanguardia y próximo a la posición - dice el citado teniente coronel Dávila -, situaba el poblado de Beni Asa, que era adicto.

Adelantada a nuestra línea en el estrecho entre Annual e Izumar, situada en uno de los contrafuertes que descienden de las cumbres de Yebel Uddia, paralelamente al expresado frente; posición en sí de buenas condiciones naturales de defensa, y en conexión con al estratégica Loma de los Árboles, o de Sidi Brahin, descubría y batía los barrancos que cortaban el frente de Annual y atalayaba el valle del Amekran o Kebir, pero dilataba aún más la zona de ocupación y adelantaba la amenaza de nuestro frente ofensivo en la cuenca de dicho río, con comunicaciones cuya dificultad se reconocerá a su tiempo.

Actitud observada por la harka enemiga.- La ocupación fue realizada el 7 de junio en los términos de que da cuenta el telegrama del día 8, del folio 24, con la posición solo, durante los trabajos de fortificación, de un ligero tiroteo sostenido por la Policía con grupos destacados de la harka enemiga; los cuales grupos fueron dos fuertes núcleos que se limitaron a dicho acto de presencia; consignando el teniente coronel Dávila al folio 1.290 vuelto en corroboración, que, aun cuando luego del pasajero desaliento de la harka ante su fracaso en Sidi Dris y la acumulación de refuerzos en Annual, volvió a engrosar con nuevos contingentes del interior, alentados por Abd el-Krim, no por ello adoptó en los primeros días actitud francamente agresiva; pues ni llegó todavía a rebasar el Amekran ni mostró decisión de entablar combate el día de la referida ocupación, a pesar de los refuerzos recibidos y haberse reunido en Iyamaguas crecido número de gente y en ocasión de celebrarse zoco en aquel punto por ser martes dicho día.

Órdenes coercitivas del Alto Comisario.- No es fácil establecer, si coincidente con este hecho, en vista del programa expuesto en el telegrama de 4 de junio, o, previsoramente, el Alto Comisario dirige al Comandante general en 8 de junio telegrama - folio 642 - en que, partiendo de las noticias recibidas del campo, indicando la concentración en Tensaman de elementos rebeldes de Bocoya, Beni Urriaguel Beni Itef, le advierte "la conveniencia de abstenerse de todo movimiento sobre la línea del Amekran, y muy principalmente sobre su margen izquierda"; y que si pasadas aquellas circunstancias se presentase ocasión favorable, debería someter sus proyectos a su previa aprobación, teniendo siempre en cuenta - cual recomendaba - que en el desarrollo de nuestra acción no había nada que apremiase ni obligase a forzar los avances, que sólo debían intentarse cuando su preparación política y los elementos materiales y efectivos de tropas garantizasen las mayores probabilidades de éxito, con la mínima ocasión de desgaste; acertada y acaso algo tardía advertencia, cuya previsión no era ociosa; pues era claro que si el Comandante general no se consideraba en medida de operar cuando demandaba elementos, la prudencia aconsejaba una discreta abstención; y justificaba la restricción que imponía a sus iniciativas el hecho mismo de que en el telegrama citado del 4 de junio expresabadicha autoridad, no obstante la falta de elementos cuya necesidad encarecía, que como la inactividad en aquellos momentos la consideraba perjudicial, aprovecharía, si se le autorizaba para ello, cuantas coyunturas se presentasen para ir desarrollando el plan; en tanto, cuanto permitiesen los elementos de que disponía, cuyo rendimiento intensificaría ...; siendo así que habíase reconocido habían llegado a su máximo de elasticidad.

Aún considera necesario insistir el Alto Comisario en sus precedentes advertencias, y en telegrama de 17 de junio - folio 643 -, al darse por enterado de la agresión a la descubierta de Buimeyan el día anterior, y solicitar aclaración del hecho, reitera que mientras subsista la concentración adicional del enemigo en todo su auge, considera "será expuesto a combates violentos todo intento o servicio a vanguardia de las posiciones".

Concentraciones y aprestos del enemigo.- Cual queda apuntado por las confidencias resumidas y confirman otras, todas las recogidas por las oficinas indígenas de información desde principios de junio, fecha de los antecedentes aportados al expediente - folio 552 y siguientes - convenían con el estado de alarma e inquietud provocado en el territorio consecutivamente a la caída de Abarrán, los trabajos de instigación que se venía ejerciendo sobre las cabilas sometidas, el incremento de la harka de Tensaman, merced a los preparativos y activa propaganda de Abd el-Krim y sus manejos para la absorción del Mando, así como los propósitos declarados de obrar activamente sobre las posiciones avanzadas y líneas nuestras; de igual modo que las concentraciones de otros núcleos rebeldes en Tafersit, Tizi Aza y Metalza, denotadores de la extensión y generalidad de la agitación.

No era ya discreto abrigar, bajo tal aspecto de la situación, la confianza que en su optimismo reflejaba el informe de 16 de febrero - folio 233 - de lucharse con un enemigo carente de organización y dirección, atendido a defender con el tesón que sus recursos le permitían la integridad de su territorio, sin tomar la ofensiva sino para agresiones aisladas y sin continuidad, cual acreditaran hasta entonces las harkas de Cheif, Tafersit, Tauarda, Afilaz y Beni Urriaguel. Su acometividad se había manifestado a la sazón de manera resuelta y decidida como la abundante provisión de sus recursos, la mejora de su armamento y el cambio de sus procedimientos de acción, según lo había acreditado en los asaltos dirigidos a Abarrán y Sidi Dris.

Juicio del Comandante general acerca de los sucesos.- Mas todas estas manifestaciones que estaban a la vista, todos no debieron abrirse paso en la reflexión del Comandante general, sino tardía y penosamente, cuando el telegrama del 9 de junio - folio 561 -, dentro de considerar la situación "algo delicada" limitaba su importancia a atribuir el carácter de hechos aislados al fracaso de Abarrán, cuya causa primordial atribuye a una equivocación política, siempre reconvenible en su ánimo - carta del 15 de julio, folio 375 - a la que en intrínseca de la intervención poco afortunada de la Policía, como en su lugar quedó señalado, y no a la esencial del error de dirección que a dicha política imprimía. En este concepto sintetiza el coronel de Infantería Salcedo, al folio 662 vuelto, la causa de los sucesos, imputándolos "toda una equivocación política y militar unida a una desorganización, o por lo enos mala organización militar y política", como reconoce igualmente el teniente coronel Fernández Tamarit - folio 1.199 -que el desastre militar acaecido en el territorio constituye el fracaso completo de los métodos y procedimientos aquí empleados, cuyas causas eficientes, a su juicio, señala, como en su lugar serán recogidas.

Propósitos que le animan.- Así es que en dicho ánimo, el Comandante general, prosigue en el expresado telegrama de 9 de junio, que el mérito a que las operaciones hasta entonces efectuadas había sido complemento y resultado de la preparación política, sin que se produjera alarma en el campo indígena, suficiente a provocar la reunión de fuertes harkas, no acertaba a explicar la causa determinante de la formación de la levantada; ante la realidad, a cuya existencia se veía, no obstante, obligado a preparar todos los elementos de que disponía para aprovechar oportunidad de infligirla duro castigo o rechazarla, caso de ataque, reiterando con este motivo la petición de elementos que enumera, no muy proporcionado a los alarmantes síntomas de la situación.

Impresión favorable que resume el Comandante general acerca de la situación.- En la carta que antes se cita, y al folio 577, perdura el Comandante general de la favorable apreciación de la situación, manifestando que "permite ésta afirmar, dentro de las naturales reservas y seguridades que cabe aventurar, tratándose de carácter tan versátil, impresionable e independiente, cual es el de los indígenas de esta zona - ha desaparecido la efervescencia producida en la zona sometida, y de expectación en algunas cabilas sometidas, y la delicada situación a que diera lugar la pérdida de Abarrán y la defección de Tensaman, considerando, además, como suficientemente asegurada y fuerte nuestra línea de contacto con la zona insometida para detener cualquier ataque o conato de penetración en toda la harka enemiga ...".

Reiteración de sus propósitos con miras a Kilates.- Y en esta predisposición de espíritu, conforme a las indicaciones verbales, como a las órdenes expresas recibidas del Alto Comisario, le significaba, al propio tiempo, que se abstenía de proponerle operación alguna con miras a dar un golpe a la harkasituada en Tensaman, ni a extenderse por aquella parte; si bien, y a pesar de todo, le sometía la conveniencia de preparar la acción sobre dicha levantada cabila para dirigirla en tiempo oportuno sobre la zona costanera de Kilates asegurando de antemanoel flanco izquierdo del sector de Beni Ulixech, y afirmando la dominación del valle de Uad el-Kebiro-Amekran, con sus poblados, mediante pequeñas operaciones sucesivas que permitieran ir ocupando los cinco contrafuertes principales, que partiendo de la divisoria de Yebel Uddia descienden hacia Igueriben paralelamente al que era nuestro fuerte, y por los que discurren los caminos del zoco El Jemis, Amesauro, Axdir e Iyarmaguas, que por la parte de Uddia abren comunicación a las cabilas de Tafersit y Beni Tuzin, a través de Tizi (paso) Maaret, Tizi Alma y Tizi Asa, las cuales comunicaciones utilizaba el enemigo para trasladarse de un lado a otro de nuestro frente.

Resultados que se prometía de sus operaciones en bosquejo.- Bien pensado estaba el plan de estas operaciones, como acertado era en su finalidad, pero fuera por completo de oportunidad y noción de realidad y por la ocasión en que se proponía revelaba una confianza desmedida en el propio obrar o el desconocimiento efectivo de la situación. Presumía aún el Mando que de este modo fuera fácil conseguir poco a poco el desalojamiento de la harka al otro lado del río; harka que calculaba fuerte, de unos 1.500 fusiles, la consideraba a la sazón repartida en grupo entre Tizi Asa, Asgut, Amesauro, Axdir, Beni-bu-Yacub, Tizza, etcétera, con guardias avanzadas a su frente; apreciaciones muy lejos de la efectividad de los contingentes, como luego los hechos demostraron.

Prosiguiendo en sus ilusorios proyectos, agregaba en la misma carta - folio 578 - que dominado el valle del Kebir y sus poblados y asegurada fuertemente esta línea, si la situación política con los Beni-Urriagueles no hubiese variado con respecto a la entonces existente, se podía en tal caso estudiar una operación militar a fondo para recuperar el fatídico Abarrán y tomar el Zoco el Telatza de Beni Buidir, y el Tizi Takariest para caer sobre la fracción de Trugut, combinada esta última parte con la escuadra para distraer al enemigo por el lado de la costa ...

Aún llegaba el optimismo a suponer - folio 577 - que la falta de ocasiones en que poder realizar tal harka un golpe de mano, el agotamiento de recursos para subsistir sobre el país en que estaba asentada y singularmente, las exacciones y vejaciones que venía cometiendo en Tensaman, provocase cansancio y escisiones entre unos y otros que diesen por resultado fueran esfumándose los contingentes, pero que de todos modos, no favorecía mucho a nuestra actuación permanecer inactivo de manera constante, pues a la pérdida de prestigio en que supondría ante los sometidos, vendría a unirse la zozobra que sentirían las cabilas lindantes con la harka, ante el temor de no verse suficientemente garantizadas; creyendo por ello de necesidad ir preparando la actuación para iniciarla en momento preciso, en los términos que antes quedan relatados.

Los hechos habían en breve de sacarle de su ofuscación.

Antes de cerrar la carta puede recoger en su postdata la persecución de los redoblados ataques a la harka - folio 579 - reconociendo que la situación "vuelve" a ser delicada e indicando la necesidad de prevenir ciertas medidas y elementos ya formulada su petición del telegrama del 13 - folio 25 -.

Renovación de las hostilidades por la harka.- La ocupación de Igueriben, dependiente o enlazada con las anteriores consideraciones, había producido sus naturales efectos a tenor de lo que expresa el Alto Comisario en telegrama de 16 de junio - folio 26 - en que participa que creyendo la harka enemiga que nuestras tropas hubieran de proseguir el avance en dirección al zoco El Jemis de Tensaman, había mostrado gran actividad avanzando nutridos núcleos de ella por la margen derecha del Amekran, en el intervalo comprendido entre las posiciones de Igueriben y Dar Buimeyan, hostilizándolas fuertemente el 14 de junio, siendo batido por el fuego combinado de dichas posiciones. Agrega que la harka incendió el poblado de Amesauro, distante algo más de cuatro kilómetros de Igueriben, retirándose hacia Sidi-bu-Yacub, e insinuando la presunción infundada de que empezó a marchar su gente, que consta de crecido contingente a cuyo frente estaba Abd el-Krim.

Preparativos y allegamientos de contingentes a la harka.- Atento a lo que declara el teniente médico Vázquez Bernabeu, de la 12° mía de Policía - Bu Hafora -, y eventualmente destacado en Buimeyan - folio 1.067 - desde el mes de junio, hacia su cometido, ya se notaba anormalidad en el campo enemigo, al que llegaban numerosos contingentes, viéndose un día una fuerza a pie en dirección a Mesauro que desfilaba de a uno, ocupando próximamente una extensión de cuatro kilómetros.

Un día impreciso, anterior al al salir el declarante con el servicio de descubierta y protección de aguada, que se establecía en la loma de Sidi Brahin, vulgarmente llamada de los Árboles, tuvo ocasión de ver en unos poblados al pie de la misma, las fuerzas que supone fueron llegadas el día anterior y a que se ha referido, las cuales estaban ordenadamente formadas en tres agrupaciones como columna de compañía, que hacían salvas y que, según se supo después por confidencias, se habían reunido para prestar juramento.

Combate del 16 de junio.- Manifiesta que, recibiéndose aviso el 15 de junio de que una fuerte concentración enemiga, realizada en el morabo de Sidi Brahin, intentaba oponerse a que se establecieran los servicios en aquella loma ya en resuelta actitud de hostilidad. Daba cuenta de esta novedad al general segundo jefe, que se encontraba en Annual, consultando, en su vista, si se suprimía el servicio; como hubiera de manifestar que no, a la madrugada siguiente, para tratar preparatoriamente de dejar el bosque, se abrió fuego de cañón, el cual fue mandado suspender de orden de dicho general, según el testigo tiene entendido, obedeciendo al criterio de que para los servicios de descubierta no se debían emplear tales medios.

Salieron, en consecuencia, a establecer el servicio todas las fuerzas indígenas de la posición. Pudieron llegar sin ser hostilizadas, dando un rodeo para tranquear la loma, hasta su cumbre, donde, adelantándose hasta unos doscientos o trescientos metros de los Árboles, fueron recibidos con nutrido fuego del enemigo; reseña el testigo las fases subsiguientes del combate, por resultas del cual, la Policía, que por tres veces intentara retroceder abandonando el puesto, siendo contenida por los oficiales, que hubieron de apelar para ello al último rigor, al cuarto intento de dispersar, sin poder ser reducida, consiguiéndose al cabo recogerla en una loma a retaguardia y replegarla luego a otra más próxima a la posición de Buimeyan, apoyadas en esta situación las fuerzas por otras Regulares, con una batería de montaña salida en auxilio de Annual, pudiendo sostenerse hasta las dieciocho y efectuar la retirada de Buimeyan.

En esta última posición, dice, ya el enemigo cubría con sus fuerzas todo el frente, desde Igueriben a Buimeyan, por delante de Annual; desde este día, el servicio normal, agrega, dejó de establecerse en la loma de los Árboles, montándose, restringidamente, en otra próxima, a unos 500 metros de la posición, en el camino de Annual, y quedando aquella en manos del enemigo, dedicóse a fortificarla, estorbando nuestra iniciativa.

Comentarios de este combate.- Con relación a este combate, dice el teniente coronel Fernández Tamarit - folio 1.201 -, el cual se encontraba en Annual con la columna de Telatza, de su mando desde el 3 de julio, que la Policía, falta de apoyo oportuno, retrocedió en desorden; los Regulares no llegaron a la línea de fuego de la Policía, y el combate fue de nuestra parte una amenaza de ataque, que no se realizó, seguido de una retirada ordenada, y por parte del enemigo, un ataque enérgico, a pesar del intenso fuego de las cuatro baterías de montaña y la ligera de Annual, más las de las posiciones de Igueriben, Izumar y Buimeyan; y que aquella noche el enemigo continuó tiroteando con violencia el campamento de Annual, como da cuenta por lo demás el telegrama de fecha 19 - folio 29 -.

Se da noticia del anterior combate al Alto Comisario en telegrama del día 16 - folio 563 -, explicando la retirada sin que el enemigo pudiera "predominar", y se transmite por aquel al Ministerio en el día 17 - folio 28 -, expresando sin que pudiese "presionar fuego sostenido", en cuya vaguedad se oculta el grave contratiempo sufrido.

Consecuencias del combate.- En dicho telegrama del 16 se hace notar que la harka cuenta con fuertes contingentes de las cabilas del Rif, por lo que el Comandante general vuelve a considerar la situación delicada, y demanda algunos nuevos elementos auxiliares. Como entre dichos contingentes figuran Sidi Hamido con su gente, considera necesario actuar políticamente para, bien de un modo directo, ya procurando escisión en su cabila, lograr su retirada, proponiendo para este efecto al Alto Comisario el ofrecimiento que le hace el oficioso Angelo Girelli, a que alude el capitán Fortea en su declaración al folio 461 y algún otro testigo, de trasladarse al Peñón para realizar trabajos en dicho sentido, de acuerdo con el comandante de esta plaza, gestión que desautoriza el Alto Comisario en telegrama del 17 de junio - folio 643 -.

Agresiones posteriores.- Según el diario de operaciones de la Comandancia general, el 16 - folio 600 -, grupos enemigos empezaron a quemar los poblados inmediatos a Talilit, rompiendo esta posición contra ellos fuego de artillería y ametralladoras.

Conforme a dicho diario, parte del 17 - folio 601 -, durante la noche anterior, fueron hostilizadas frecuentemente Buimeyan, Igueriben y Annual; el 21 - folio 605 - hostilizaba ligeramente la descubierta de Buimeyan; el 25 - folio 609 - se combate con fuego de cañón de Annual las defensas por el enemigo construidas en la loma de los Árboles, y el 27 - folio 611 - insístese sobre dichas obras y aún se ofrece necesidad de efectuar cañoneo combinado sobre Amesauro por las posiciones de Igueriben, Annual y Buimeyan.

Después de estos repetidos actos de agresión al enemigo, parece cesar en su hostilidad, que, tras una intermisión sospechosa, que hubiera debido imponer al Mando el mayor recelo y cuidado, se verá renovar a poco con mayor brío y decisión.

Resumen de la situación a raíz de estos sucesos.- La restricción impuesta a la descubierta de Buimeyan por consecuencia de los repetidos y último rudo ataque de que había sido objeto, y en evitación de estériles choques; el haber dejado al enemigo en posesión de la loma de los Árboles, donde se hiciera fuerte, flanqueando de ese modo nuestro frente y comprometiendo la aguada de aquella posición; el crecimiento inesperado de la pujanza del enemigo y acometividad desplegada; la situación difícil creada con tal hostilidad en los puestos avanzados, ligados por precarias vías de comunicación, de difícil tránsito, así material como militarmente consideradas, cual se supone de manifiesto en repetidas declaraciones y en que se destrozaba el material de transporte - carta del 15 de julio, folio 575 - dificultando el abastecimiento y evacuación del frente defensivo alejado de la plaza, en Annual, 92 kilómetros en parte del mal camino, con falta de medios de transporte para realizar aquellos servicios capitales; la distensión de las ocupaciones territoriales desproporcionadas a los medios para su aseguramiento, y las consecuencias arrastradas del suceso de Abarrán, son hechos todos que por medio elocuente acreditan que la situación de las cosas había cambiado, limitando la iniciativa de nuestra acción, que había de quedar condicionada a las exigencias y requerimientos de las circunstancias.

Juicio de las operaciones acometidas.- Iniciáronse ciertamente, de manera aventurada e inconveniente, los intentos de adelantar intempestivamente nuestra acción sobre la izquierda del Amekran, y no fueron previstas las funestas consecuencias de su futuro fracaso.

Claras aparecen las causas generadoras de los sucesos del territorio, así como se pone de manifiesto lo arriesgado y peligroso de los derroteros emprendidos a destiempo y que fueron parte a rectificar las prudentes restricciones del Alto Mando ni las enseñanzas de los hechos como la conciencia de los propios medios; pues, aun dentro del cumplimiento de la orden telegráfica del 8 de junio, se advierte la renuncia con que se acoge y la pertinencia del propósito al insistir en la carta del 15 de julio - folio 577 -, cual antes queda dicho, que conforme con las indicaciones recibidas, se abstenía de proponer operación alguna "con miras a dar un golpe a la harka, situada en Tensaman, ni a ir expansionándonos por aquella parte", denotando con ello la persistencia de la intención.

Apreciación de las peticiones de elementos formuladas por el Comandante general.- Es exacto que el Comandante general se lamentaba de que no le fuesen prestado los elementos y recursos que consideraba necesarios, siempre con la mira puesta en la realización de sus proyectos, cual acreditan su telegrama del 4 de junio y carta del 15 de julio, peticiones que en cierta medida apoyaba el Alto Comisario cerca del Ministerio; porque dentro del criterio de restricción que había impuesto a las operaciones últimamente, hubo de expresar confidencialmente a dicho Centro, en carta de 8 de junio, que, cuanto a la creación solicitada del nuevo Grupo de Regulares de Alhucemas, debía esperarse a la acción por entonces emprendida contra los Beni Arós, en Yebala, que quizá le permitiera desprenderse de parte de sus fuerzas indígenas; que en todo caso, de llevarse a cabo la organización, debería compensarse con la desmovilización de algunas mías de frontera, y que por el momento, y con más razón no abordándose por entonces el problema de Alhucemas, estimaba que Melilla tenía fuerzas suficientes, tanto europeas como indígenas: asunto que en resumidas cuentas el Minsitro deja a la resolución del Alto Comisario en su telegrama del 14 de junio, como a su tacto y buen juicio el compás que debería llevarse en las operaciones de cada Comandancia general, sin dejarse alucinar por seductores objetivos fijados en Alhucemas u otros puntos, anteponiendo la seguridad de los avances en evitación de contratiempos.

Y a mayor abundamiento: si reconocía el Comandante general en la carta de 15 de julio, en apoyo de sus demandas, que sus fuerzas habían llegado al límite prudencial de elasticidad, era manifiesta contradicción o insigne temeridad insistir en el telegrama repetidamente citado de 4 de junio, en que para salir de la inactividad forzosa a que se veía reducido "y que consideraba perjudicial, aprovecharía cuantas ocasiones se le presentaran para desarrollar sus planes en cuanto diesen de sí los elementos disponibles, cuyo rendimiento desarrollaría" - folio 561 -; pues se deja bien entender que sería a costa de su intensidad y eficacia desguarnecido el territorio de retaguardia y extremando el razonable esfuerzo de dichos elementos en relación con una extensión de territorio de más de 4.000 kilómetros cuadrados y una línea de operaciones desprovista de apoyo de 92 kilómetros, como se deja dicho, hasta Annual, y un frente ofensivo de 80 kilómetros desde Sidi Dris hasta Tasarut Usai, a través de los variados accidentes del territorio.

Con razón, pues, el teniente coronel de Estado Mayor Dávila reconocía y había significado al Mando, según su declaración - folio 1.265 - no ser suficientes las fuerzas y elementos de que disponía en el territorio para proseguir la acción militar, fijando el límite razonable de la expansión territorial con las ocupaciones realizadas en Beni Ulixech y Beni Said, cuya posesión, como la de toda la zona sometida, era obligado afirmar y consolidar.

Incertidumbre que provocara la ocupación de Annual.- La ocupación de Annual había abierto una nueva fase de desconocido alcance y fuera de la ordinaria previsión, considerada como base para abordar Alhucemas, alargando peligrosamente la línea de operaciones por territorio impracticable, falto de caminos que hubiera hecho preciso el apoyo de bases secundarias en la costa y arbitrar los medios adecuados para la magnitud de la empresa, aun cuando otra cosa el Mando creyera. Falto de tales medios, que toda previsión imponía, la situación creada, aventurándose en tales incertidumbres, era francamente temeraria, y todo aconsejaba no pensar en otra cosa que en asegurar la posesión de lo ocupado; aún más: perdida ya de nuestra parte la iniciativa y libertad de acción, fuera preciso aprestarse a la defensa adoptando algún partido como mal menor, aprovechando la tregua que la harka puso a su actividad desde los últimos días de junio hasta la segunda quincena de julio, como conciencia de la realidad de la situación; suspensión de armas que el enemigo aprovechara para allegar mayor suma de elementos y dar intensidad redoblada a su acción, iniciando la segunda y resolutiva fase de los acontecimientos.

Indicada reacción del frente.- Apunta oportunamente a este respecto la Memoria unida del regimiento de Ceriñola que, después de los sucesos que en este capítulo se analizan, parecía natural pensar que la línea de Annual a Sidi Dris estaba comprometida; tanto más cuanto que la retirada de Annual a Beni-Tieb podía ser cortada con facilidad, bien por el enemigo declarado como los Beni-Ulixis, enemigo encubierto, en cuyas manos estaba. Una retirada, coronando las alturas que dominan el valle con posiciones adecuadas, con otras en lugares indicados para asegurar la vía de abastecimiento, hubiese probablemente salvado la situación. "Quizá el Mando, no creyendo en aquellos momentos ceder terreno por el efecto moral que esto hubiese producido, confesando nuestra debilidad; suposición falsa, puesto que nuestra debilidad había quedado al descubierto no habiendo tomado la ofensiva al día siguiente del desastre de Abarrán y después para socorrer Sidi Dris."

IV

ESTADO ORGÁNICO DEL TERRITORIO

Sistema defensivo del territorio.- El sistema defensivo del territorio ocupado estaba constituído en la fecha de los sucesos de autos, en su sección Norte, por una línea de posiciones que apoyándose en la costa en Sidi Dris, asentada en la margen izquierda del río Amekrán, bordeaba las cabilas de Tensaman, Tafersit y Beni Tuzin en sus límites con las de Beni Said y Beni Ulixech, corriendo por Talilit, Dar Buimeyan, Annual, Igueriben, Izumar, Intermedia "B", Yebel Uddia, Intermedia "A", Tzayudait, Buhafora, Hamuda, Azru, Izen Lasen y Azib de Midar hasta el Kert y boquete de Midar en una extensión de 40 kilómetros, pasando por toda suerte de accidentes a través del abrupto territorio de su trazado, culminando en el Yebel Uddia, a 1.100 metros de altitud; haciéndose observar que en materia de cifras, no existiendo completa conformidad en los datos compulsados, se aceptan los contenidos en la carta provisional de la zona oriental del mapa militar de Marruecos, publicado por el Depósito de la Guerra recientemente.

El 20 de julio fue establecida otra posición complementaria entre Annual e Izumar, que fue denominada "C", para asegurar más el camino de aquella posición, y aún el 22 fue proyectada y empezada a construir entre "B" y Yebel Uddia para cubrir el portillo de Beni Asa, que la precipitación de los sucesos y caída del frente dejó en sus comienzos.

En Izen Lasen la línea se replegaba hacia el interior siguiendo hasta Cheif la dirección y margen del Kert, en extensión de unos diez kilómetros y cruzando este río se internaba en Metalatza, siguiendo en su sección Sur por el pie oriental de los montes Busfedaquen, por Ain Kert, Carramidar, dejando a su espalda Tamasusin y Ahesor, Haf, Tixera y Arreyen Lao hasta Zoco El Telatza de Ulad Bubker, para seguir por delante de los montes de Ben Hildur hasta Tazarut Uzai en el llano de Fetacha y proximidad de la zona francesa, en extensión de otros 32 kilómetros: en su totalidad 82, desde el origen de la costa.

Sectores que se delimitan en el frente ofensivo.- Por la estructura topográfica del territorio quedaban determinados en este frente tres sectores, cuales eran Annual, Drius y Telatza, punto de donde tomando nombre radicaban las cabeceras de sus respectivas demarcaciones, constituyendo los centros de apoyo de aquella y de estacionamiento de las columnas móviles de los expresados trozos.

Circusncripciones militares y adscripción.- En Cheif estacionaba además otra columna avanzada, cuya situación céntrica permitía su traslación en el territorio de Beni Said, a retaguardia de la sección Norte, radicaba otra columna móvil que primitivamente estacionaba en Isafen sobre la línea del Kert y luego fue trasladaba a Kandussi, en la otra sorilla del mismo río; en relación con la cual delimitación de zonas el territorio estaba dividido en cinco circusncripciones militares, asignadas a los cinco Cuerpos de Infantería de la guarnición, correspondientes en el orden de sus números la de Dríus al de San Fernando, la de Annual al de Ceriñola, la de Kandussi al de Melilla, la de Telatza al de África y la quinta de Nador a la Brigada disciplinaria y los jefes de los cuales Cuerpos ejercían el mando territorial de las demarcaciones de referencia.

Al folio 197 se une la comunicación de la Comandancia general del territorio de 16 de agosto pasado, a la que se acompaña:

El estado de las posiciones en toda la región, mantenidas el día 28 de julio, ya por guarniciones del Ejército, ya por puestos de Policía.

Croquis complementario de la zona ocupada el expresado día con la situación de las posiciones enclavadas en la misma y límite de las circusncripciones en que se hallaba dividida.

Croquis de la distribución de las mías de la Policía en el territorio y límites de las cabilas en que ejercían jurisdicción.

Reséñase en dicho escrito la línea de posiciones que constituía el frente avanzado en conformidad con lo que antes se deja expuesto, así como las de apoyo y seguridad de las diferentes demarcaciones territoriales, detallando en el cuadro del folio 199 su distribución por circunscripciones y designando, por último, las comunicaciones que relacionaban los puestos de la región.

Con vista de su catálogo y plano anejo de la situación se forma idea de las posiciones que complementaban el sistema defensivo, concurriendo el apoyo de los sectores de contacto a asegurar el terreno de retaguardia y cubrir las comunicaciones indicada, protección más nominal que efectiva en la época de los sucesos, por su desguarnecimiento, según habrá ocasión de hacer observar, debido al llamamiento de las fuerzas a la línea avanzada distendidas por la misma desproporción de los avances.

Estado de fuerza y de situación de las tropas de la Comandancia.- Dicho conjunto de posiciones estaba guarnecido en los días críticos de los sucesos en la forma que acredita el estado de distribución de fuerzas del folio 329 con las aclaraciones de que hace mención el escrito de la Comandancia general de 24 de agosto, con que se remite.

El simple examen de la situación de posiciones con referencia al plano del territorio pone desde luego de manifiesto la defectuosa disposición de los centros que se califican de apoyo, colocados en la misma línea defensiva y enlazados transversalmente a lo largo y proximidad del mismo frente con la línea general de las operaciones, en vez de ocupar posiciones céntricas para no quedar de otro modo paralizadas y estar en medida de acudir a los puntos amenazados.

Línea de comunicación.- Abordaba la línea general de comunicación al frente en su centro, en Dríus, sobre la izquierda del Kert, y estaba constituída por una carretera que por Nador, Zeluán, Monte Arrui y Batel, llegaba a aquel punto, con recorrido de 67 kilómetros, según el estado del folio 1.063. Este camino estaba doblado por un ferrocarril de vía estrecha hasta Tistutin, cuyo término quedaban por consecuencia, a 22 kilómetros de Dríus.

Desde este punto hacia el Norte podía hacerse el recorrido por camiones en Ben Tieb, desde donde últimamente era ya posible seguir a Annual y Buimeyan, pero sólo los ligeros de dos y medos toneladas - folio 1.451 vuelto -y media carga por pista, o sea camino carretero sin afirmar. A Talilit y Sidi Drís e Igueriben sólo había los caminos naturales del país, de herradura, cuyas malas condiciones en el curso de este resumen habrá ocasión de apuntar; por más que en la última posición citada hubiese sido llevada una batería de artillería ligera venciendo grandes dificultades, Sidi Dris, al extremo de este ramal, prácticamente era atendida por vía marítima, por ser difícil el expresado sendero de comunicación.

El camino de Annual, una vez pasado Ben Tieb y dejado el llano de Sepsa, se interna en los montes y desde el morabo de Sidi Mohamed se enfosca en las fragosidades del terreno, encajándose en un estrecho y largo barranco por cuyo fondo discurre tres kilómetros, dominado por ásperas laderas remontando con duras pendientes hasta los altos de Izumar - 750 metros - para descender en lazos luego a Annual - 496 - y siguiendo también la estrechura de un barranco hasta recaer al entrellano. Al folio 450 se unen la descripción de este camino y la del de Annual a Igueriben y sus condiciones de tránsito, con los planos correspondientes, y el del frente ofensivo, y completan su conocimiento con el de la demás comunicaciones del territorio, las declaraciones del comandante de Ingenieros Pozo - folio 1.159 - director del servicio de Telegrafía y encargado de la conservación de caminos de territorio, con el plano de ellas unido - folio 1.162 -, y la del comandante del mismo Cuerpo Fernández Mulero - folio 1.451 -, inspector de los servicios dependientes del Centro Electrotécnico, entre ellos el de automóviles.

Desde Dríus podían también transitar los camiones a Cheif, Buhafora y Azib Midar, así como al zoco de Telatza por Haman, Tamasusin y la cañada de Tizi Lao a lo largo del frente. Todos estos caminos, clasificados como pistas y que constituían el medio más general de comunicación, 480 kilómetros en total, se entretenían en el estado que consentían la estación y el terreno, quedando intransitables para aquella clase de vehículos, en caso de temporal de lluvias - folio 1.293 -.

Las posiciones de Metalza tenían comunicación desde Batel por pista, que por el Tizi Uidor, Sidi Yagú y Teniat el Hamara salían al Guerruao a la altura de Mesaita y por Loma Redonda conducía al zoco. Este camino pasado Tizi Uidor, tiene un ramal que por la cañada de Quetacha lleva a Haf. También desde Batel puede seguirse el camino que por Ich Usuga enlaza con la carretera de Ergada y por el Ankel Yemel - paso del camello - llema a Afsó.

Una carretera, no terminada a la sazón, arrancando del kilómetro 9 de la de Arruit a Tistutin, uníanse a dicho paso, y continuada por pista, seguía a Afsó y salía al Guerruao para enlazar hacia Loma Redonda con la comunicación a Teniat el Hamara. Desde Monte Arruí, siguiendo una pista antigua, se puede enlazar con la carretera anterior.

De Batel un camino carretero afirmado conduce a Kandussi y Tisingart, y desde este punto por pista, conducía a las posiciones del Mauro, guiando por Chermorra a Quebdani. La carretera de la plaza a Haddur y puente del Kert se prolongaba por camino afirmado a Kandussi y desde este punto había pista a Dríus por Sidi Aisa Brusada y Dar Azugaj.

En Beni Sidel existe la carretera Atlaten a Is Hafen, y en Benibu Gafar la de la plaza de Samma y pista desde esta posición a Ishafen.

La zona de Ulat Setut comunica con el Haraig por la carretera, por Mujey Rechif al Zaio.

Medios de transporte.- En declaración del comandante Fernández Mulero - folio 1.451 vuelto - se da noticia del régimen del servicio de transporte, y se viene en conocimiento por ello de que con el destacamento de camiones pesados establecido en Dríus se atendía al de Batel a Ben Tieb, y desde este punto, con los más ligeros, con carga reducida a tonelada y media escasa, se continuaba aquél a Annual. Conjuntamente concurrían al mismo las compañías de transporte a loma de Intendencia y los convoyes de camellos contratados a elevado precio en el país.

Capacidad de tráfico de las comunicaciones.- Con respecto a la capacidad de tráfico de las comunicaciones, manifiesta dicho jefe que sus vehículos, como los similares de Artillería e Intendencia, que todos cooperaban a las exigencias recíprocas de los servicios y a las evacuaciones del frente, estaban en frecuente reparación por consecuencia del rudo trabajo a que estaban sometidos, puesto que además de rodar con frecuencia sobre caminos militares sin firme y con grandes y largas pendientes, que llegaban al "12 por cien" en el de Annual y aun Teniat-el Hamara, hacían un trabajo tan constante, que no daba lugar a acudir con oportunidad a las reparaciones; entendiendo que para haber podido satisfacer cumplidamente las necesidades circunstanciales del Ejército hubiera sido indispensable un número cinco veces mayor de camiones; lo cual da la medida de las necesidades de esta índole de alargar desmedidamente, cual se pretendía, la línea de operaciones sin preparación conveniente.

Pero mejor que estos datos dará idea de las dificultades materiales del territorio la declaración del teniente de Artillería Gómez López - folio 831 -, exponiendo que, si bien habían subido a Annual, Talilit e Igueriben baterías ligeras, siempre había sido venciendo grandes trabajos y enganchando hasta siete parejas; lo que explica, en su concepto, que no se intentase retirar el material de la segunda ligera destacada en Annual al efectuar el abandono de este campamento, cuyo camino reconoce recorría trayectos muy escabrosos bajo la constante amenaza de las dominaciones le demandaban desde donde el enemigo era fácil batirlo y cortarlo. Desde Izumar al Morabo, muy especialmente, iba el camino encajonado en el fondo del profundo y áspero barranco que se ha dicho, cortado además por otros y por caseríos que militarmente dificultaban su tránsito - folio 459 vuelto -. AL folio 1.299 se une un cróquis de la parte del camino a su paso por las proximidades de Izumar.

Desde Annual a Talilit el camino era también de difícil tránsito rodado, por los barrancos que le cortaban; hasta el punto, según manifestaciones del precitado teniente Gómez López, de que la batería ligera que concurriera a la ocupación tuviera necesidad de rodearlos; en uno de los cuales barrancos, aun enganchando siete rejas y pasando las piezas una a una, estuvo aquella detenida tres horas, sola completamente, entregada a sus propios elementos, no pudiendo por ello llegar a tomar materialmente parte en la operación, que por lo demás se hizo sin resistencia. De Talilit al mar, el camino era francamente intransitable, como continuación militar de cuenta.

Confirma el teniente coronel jefe de la Comandancia de Intendencia, Fontán, al folio 955 vuelto, que el servicio de suministro encomendado a sus unidades de Ben Tieb a Annual se efectuaba, en parte, a lomo, por las malas condiciones del camino y fuertes pendientes del mismo, siendo aún peor, bajo este aspecto, en el tramo de Izumar a Annual, por lo que el servicio de la compañía montada de Ben Tieb era penosísimo, habiendo que llevar tirante para ayudar a brazos a los carruajes, a fin de impedir que se despeñasen, por lo que cada convoy rodado era a costa de esfuerzos extraordinarios.

Posiciones de sostén de la línea principal de comunicación.- Sostenían la línea general de comunicación y única con la sección Norte del frente; mejor se dijera, debían haberla sostenido las posiciones que la jalonaban, si estas posiciones hubiesen estado guarnecidas, abastecidas y preparadas para su función en los días críticos de los sucesos. Mas, a tenor de la comunicación de la Comandancia general - folio 382 -, no existían órdenes en previsión de repliegue o de forzoso abandono de posiciones, como eventualidad no prevista, aduciendo en apoyo la cita de los hechos que precedieron a la evacuación de Igueriben y Annual; y, como dice el teniente coronel de Estado Mayor Dávila, al folio 1.295, aun cuando existían sobre las líneas de comunicaciones posiciones que las vigilaban, fueron reduciéndose al mínimo posible, en relación con el estado de tranquilidad y confianza que iba mereciendo el territorio; confirmando con ello el desguarnecimiento al límite que podrá ser apreciado.

En resolución: la línea general de comunicación se apoyaba en los puestos más o menos afirmados, sobre ella situados, de Nador, Zeluán, Monte Arruí, Tistutin y Batel, con el frontón dominante de Usuga y Dar Dríus, flanqueada en su último trayecto, a la derecha, por Busaga y de Azugaj, y a la izquierda por Uestia Haman.

Cabilas aledañas a la línea de comunicación.- Sobre la derecha de esta comunicación se asentaban las cabilas de Beni-Buifrur y Beni-Sidel, y al final de su recorrido, las de Beni Said y Beni Ulixech, con el sistema de posiciones que cubrían su quebrado territorio del lado allá del Kert, y sobre la izquierda se extendían la cabilas de Quebdana, Ulad Setud y Beni Buyani, con la llanura de El Garet y Metalza, dilatada al Sur por el llano del Guerrauao.

Posiciones que protegían la red de comunicaciones.- El camino de Annual, discurriendo entre los abruptos montes de Beni Ulixech, estaba asegurado por la posición de Ben Tieb y protegido por su flanco externo por las constitutivas del propio frente, intermedia "A", Yebel Uddia, intermedia "B", Izumar e Igueriben, y por su parte interior por Dar Mizian, cabecera de la 13° mía de Policía, Yamma de Nador, con su avanzada de Halaud, Morabo de Sidi Mohamed y Mehayast, en la cima culminante de los comarcanos, a 1.150 metros de altitud. En dirección al Amekran adelantaba su acción Buimeyan.

El camino de Midar estaba protegido por las posiciones de Cheif, Azid de Midar e Ifen Lasen.

El de Batel al zoco el Telatza, por los puestos de Policía de Sidi Yagut, Teniat el Hamara y Mesaita y posiciones de Loma Redonda, Sdi Ali y Ben Hidur; la carretera de Ergada estaba vigilada por los puestos de Policía de Ich Usuga, Ergada, Arned y Afsó; el camino de Arruí a El Haraig, protegido por las posiciones de Arrof y su avanzada de Trigotrin y Sidi-el Bachir; la de Reyen por los puestos de la Policia de Nebs, Sidi Sadik, Karn Sba y Hasi Berhan, y la de Zaio por el de Muley Rechid.

La carretera del puente del Kert estaba custodiada por los puestos de Policía de Tauriart Hamed, cabecera de la 5° mía, Kaddur y el del mismo puente; la de Ishafen, cubierta por su cabecera por esta posición, y la de Sammar, atendida por este fuerte de su nombre, y el puesto de Policía de Yazanen y algún otro, ya más adentro, en la península de Tres Forcas.

Elección y asentamiento de las posiciones.- Examinando en conjunto la situación de las posiciones del territorio, dice el comandante de Ingenieros Alzugaray - folio 1.122 vuelto -, que por punto general, las establecidas del Kert en adelante no respondían a necesidades militares verdaderas, ni estaban elegidas por la Comisión que marcan los Reglamentos, sino que respondían sólo a meras consideraciones políticas, y reducidas, como regla común, a todas ellas a un abastecimiento precario de agua. Considera que las posiciones de retaguardia carecían de elementos para constituir puntos fuertes de apoyo, sin víveres, municiones ni fuerzas proporcionadas, no estando preparadas, por tanto, para cumplir su misión.

El coronel comandante principal del precitado Cuerpo, López Pozas, dice, al folio 1.130, confirmando lo antes manifestado, en cuanto a la elección arbitraria de las posiciones, que la Policía era la que aconsejaba su situación y, en casos, determinaba su precisa colocación y dentro de estos obligados factores procuraban las tropas de Ingenieros acomodar las posiciones a las posibles condiciones defensivas. Así ocurrió con las posiciones de Annual, Uddia y Mehayast, que fueron las primeras ocupadas en los límites de Beni Ulixech, con el exclusivo fin de incorporar, dice esta cabila al territorio sometido, aproximándonos a Alhucemas, sin reparar en las dificultades naturales del terreno y, consiguientemente, en lo precario y peligroso de las comunicaciones, y que una vez traspasado dicho límite se encontraba la difícil barrera de los montes de Tensaman, separándonos de la cuenca del Neckor; omitiendo dicho jefe otra circunstancia esencial, y es que como las posiciones se elegían, cual dice, en la mayoría de los casos, con objeto de proteger puntos de algún interés particular, resultaban algunas dominadas dentro del alcance eficaz de tiro, y esto obligaba a ocupar otros puestos accesorios para garantía de su seguridad interior o para relacionarlos ópticamente - Talilit -, multiplicando así las posiciones y la disgregación de las fuerzas, sin reparar en lo precario de la situación de los destacamentos.

Intrínsicamente consideradas las posiciones, las juzgaba lo suficientemente defendidas contra el enemigo que hasta entonces pudiera atacarlas, consistiendo su debilidad mayor en el alejamiento y dificultad de la aguada en casi todas ellas. Explica que las posiciones careciesen de aljibes, porque no existiendo en ellas edificaciones con cubierta que pudiesen recoger las aguas en condiciones de limpieza, no era conveniente recibir las procedentes del suelo. A esto debe hacerse observar que, según resulta de las declaraciones atinentes, allí donde había dichos aljibes, como eran Samar y Karn Ziacha, que se recuerdan por ser construcciones de fábrica, el agua de ellos era impotable, seguramente debido al descuido de su entretenimiento y limpieza.

Así es que las posiciones, aparte de su escaso valor intrínseco, obligadas indefectiblemente a ser abastecidas de agua o a surtirse de ella en las aguadas habilitadas para ello, sin preocupación de distancias ni situación, facilidad ni posibilidad contingente de efectuarla, tenían que caer ineludiblemente en cuanto el enemigo se lo propusiera. Aisladas algunas en alturas incomprensibles, sin repuestos suficientes, sin esperanza de auxilio exterior, constituidas prisioneras, por así decirlo, de los naturales, hubieron de caer cuando les faltaron los ordinarios recursos y el enemigo, hecho cargo de su debilidad, las asediara, atacándolas en el punto más vulnerable, de la privación de agua, con la interceptación de toda comunicación exterior. Se ha seguido respecto a este punto el criterio sistemático de hacer preceder el examen de las vicisitudes de cada posición la reseña de su asentamiento, constitución defensiva y estructura, de sus repuestos y recursos ordinarios y el alejamiento, situación y posibilidad práctica de sus aguadas, y podrá comprobarse que desde medio a treinta y ocho kilómetros - zoco el Telatza - se apreciará toda la escala inverosímil de distancias, y aun situadas algunas en la dirección del mismo terreno enemigo y a merced, por tanto, de su arbitrio; con la circunstancia, cual dice el teniente coronel Fernández Tamarit - folio 1.200 -, con respecto al Zoco, que a esta posición se traía agua de los pozos de Ermila, a la expresada distancia, en dos autoaljibes de 2.000 litros, que en verano podían hacer dos vaijes, pero en invierno sólo hacían uno, y del Zoco había luego que suministrar 21 posiciones dependientes, algunas como Haf y Tasarut Usai, distantes 15 kilómetros de dicha cabecera a las que se enviaba agua cada día en camellos, que solían llegar con las cubas mediadas.

Como algún testigo ha indicado, y si no fuera paradógico, pudiera repetirse por lo gráfico, todo el sistema defensivo del territorio estaba dispuesto y preparado para la "paz".

Negligencias reveladas y juicios del sistema defensivo del territorio.- El Mando, ya se ha dicho, y lo corroboran otras declaraciones que es ocioso aducir, se consideró siempre desatendido de la observancia de prescripciones reglamentarias en cuanto a la asistencia de informes técnicos llamados particularmente a asesorarle, en cuanto suponían trabas; y la confianza, rayana en la ofuscación y el descuido de aquellas medidas de natural previsión, ya que no aconsejadas por principios elementales de técnica militar, a no ser guardadas u observadas, daba fundado motivo a esperar los funestos resultados de su omisión.

Dice el comandante de Estado Mayor señor Fernández - folio 813 - que, en su concepto, en la organización militar del territorio se había eliminado toda previsión de un levantamiento de las cabilas; pues, para hacer frente a la situación que produjera una insurrección, era menester que cada posición hubiese estado organizada de una manera más adecuada para resistir; es decir, dotada de algibe, que no había en ninguna, y depósito de víveres y municiones, proporcionando a la resistencia que hubiera de rendir; además de una guarnición adecuada en número, que no en todas había. De haber contado con semejante organización, la tarea de las fuerzas móviles con que en un plazo más o menos largo se hubiera contado hubiera hecho relativamente fácil el restablecimiento de la situación. Las fuerzas móviles de que se disponía en el territorio para socorrer las posiciones estaban en su casi totalidad concentradas en Annual, y al ser éstas dispersadas, faltó uno de los dos elementos en que se debe basar la ocupación del territorio y que complementa el sistema de puestos fijos.

Cabría agregar a las anteriores consideraciones, entre paréntesis, para no adelantar los acontecimientos, que las dos columnas móviles que aún quedaban en el territorio, la de Kandussi-Kebdani y la de Telatza, se redujeron a la impotencia en presencia del movimiento insurreccional en circunstancias que a su tiempo podrán ser apreciadas. Y si faltaron las fuerzas móviles, faltó con mayor razón la reserva general, de que se carecía; faltó apoyo, cuando todo fue arrollado en Annual en la primera línea.

Por su parte, el coronel Riquelme, jefe de las tropas de Policía, dice al folio 1.784 vuelto, que desde la campaña de 1909 hasta el pasado desastre del mes de julio último, se ha seguido en las tres zonas del territorio del Protectorado el mismo sistema de ocupación: gran número de posiciones diseminadas, bien en el llano, bien en las lomas y puestos en las montañas; quedándonos el dominio militar de las cabilas, se creía asegurar la adhesión de ellas y la seguridad de los movimientos de nuestras fuerzas en el territorio, así como el desenvolvimiento de intereses comerciales y agrícolas al amparo de dicho dominio. Además existían columnas más o menos fuertes en lugares apropiados y céntricos para acudir adonde fuera necesario; pero, desde luego, de efectivos muy desproporcionados con la gran extensión del territorio, que iba adquiriéndola cada vez más merced a los avances rápidos y extensos y a la multiplicidad de posiciones, secuela de los avances.

En cuanto a la seguridad intrínseca, puede afirmarse, dice, que si bien había bastantes que reunían aceptables condiciones defensivas ante un enemigo sin artillería, otras eran francamente malas desde el punto de vista de su asentamiento y débiles defensas en relación con la simplicidad de su estructira, como con amplitud analiza.

Respecto a las conexiones y enlaces, continúa, las posiciones del territorio de Melilla, especialmente las de la línea avanzada, estaban algunas dispuestas para protegerse mutuamente con el fuego de la artillería o infantería en algunos casos; pero la gran extensión del frente hacía que se dejasen soluciones de continuidad, que aprovechaba el enemigo para producir ataques o agruparse para hostilizar los convoyes que fatalmente tenían que pasar por puntos precisos y cuya defensa hubiera sido imposible, por lo numeroso de los lugares favorables para el acecho del enemigo.

la pobreza de medios de transporte tenía por efecto natural que repercutir en el abastecimiento de las numerosas posiciones, especialmente en lo que al agua se refiere, determinando el que su provisión emplease gran número de hombres; y esto tenía que hacerse todos los días, por la falta de aljibes o depósitopara contener una reserva de agua.

Asímismo resume estas condiciones de aislamiento de las posiciones y la falta o penuria de medios materiales de vida el teniente coronel de Regulares Nuñez de Prado, al folio 392; y el teniente coronel del regimiento de Melilla, Vera, relacionando la acción de las fuerzas de su Cuerpo con la situación particular de las posiciones para explicar cómo se hubiesen comportado frente a los sucesos, dice - folio 892 vuelto - que el proceder y conducta observados por la oficialidad y tropa del regimiento han sido los impuestos por las circunstancias, debido a la gran extensión del territorio encomendado a la custodia del mismo, y carecer las posiciones de víveres y de agua para una resistencia prolongada; como la de Ras Tikermín, que tenía que hacer la aguada diaria en Tauriart Haman, distante seis kilómetros; el suministro de Intendencia, en Ishafen, a ocho y los demás comestibles, en la cabecera de la compañía en Teberdin, situada también a ocho kilómetros. En las cuales condiciones, que no constituyen excepción, procedieron, a su juicio, conforme manifiesta, como correspondía.

Agrega el coronel Riquelme más adelante en su declaración - folio 1.786 - que no se crearon núcleos de resistencia en lugares previstos de antemano; antes bien, fueron debilitándose los puestos de apoyo que formasen líneas sucesivas de defensa, para en caso de repliegue de la avanzada, por el casi desguarnecimiento de los mismos y por la creación a sus inmediaciones de poblados, centros comerciales y agrícolas, construidos sin guardar restricciones militares, y cuya extensión y mala disposición imposibilitaban en grado extraordinario su defensa. Esto ocurría en Nador, Zeluán, Monte Arruí, Zoco de Arbaa, etc.

Las reservas móviles no pudieron emplearse porque sólo se pudo atender, por los reducidos efectivos y extensión del territorio ocupado, a tener reservas parciales de sector; eso venían a ser las débiles columnas situadas en los campamentos de Zoco el Telatza, Kedbani, Annual y Dríus; pero la gran distancia que las separaba, mayor de una jornada de infantería, hacía ilusoria su cooperación, ya que se oponían entre estos centros de reserva abruptas montañas, pasos de ríos y largas distancias de largos caminos.

Abunda en esta misma opinión el teniente de Artillería Gómez López, al folio 380, al comentar que la caída de Igueriben hacía pensar que la misma suerte correrían las demás posiciones, por su escasez de medios de resistencia y su situación aislada, así como por la dificultad de auxiliarse las unas a las otras y estando concentradas todas las fuerzas móviles disponibles en Annual.

Insistiendo en estas fundadas apreciaciones, dice el capitán de Policía Fortea, al folio 484, que, salvando todos los respetos, su opinión personal es que han contribuido a la incapacidad de la defensa del territorio apreciables causas, entre las que puede citarse la rapidez de los avances efectuados, que no ha dado lugar al afianzamiento y consolidación de la ocupación; por otra parte, que las fuerzas disponibles no estaban en relación con el territorio ocupado, habiendo obligado esto a reducir y desguarnecer algunas posiciones de retaguardia para reforzar las más avanzadas, sin llegar a conseguirlo, porque la primera línea se consideraba débil y constituida por posiciones que, debido a lo abrupto del terreno, penuria de comunicaciones y distancias, estaban reducidas a un aislamiento peligroso - faltaba el apoyo de una segunda línea, como el de las columnas móviles para acudir en su auxilio en caso necesario -. Presintiéndose en tal situación, por todos los oficiales, que por la manera imprevisora de operar del Comandante general ocurriría algún serio contratiempo, y en este caso, la falta de una segunda línea no permitía prever las consecuencias de un revés ... El suministro de las posiciones era difícil, porque en muchas había de hacerse por sus propios destacamentos; se carecía de repuesto de agua, estando las aguadas en algunas ocasiones a grandes distancias; todo esto constituía un estado de defensa precaria de las posiciones que determinaba una anormalidad que compadecía mal con la precipitación impresa a las operaciones que se pretendía llegar a fin de verano en Alhucemas.

Síntesis de la situación.- En suma: de todas las anteriores reflexiones se adquiere la impresión de que deshecha cual quedara la resistencia del núcleo principal de fuerzas concentradas en Annual, y cundiendo rápidamente la insurrección por todos los ámbitos de la región; inmovilizadas las agrupaciones activas restantes en su inacción o impotencia, como las guarniciones de los puestos fijos, y paralizada la frágil organización del territorio, quedaron ipso facto interrumpidos los precarios servicios de todas las posiciones, con cesación de los suministros y aguadas, diarios o imprescindibles, y como carecían de medios propios para prolongar la resistencia, faltando absolutamente el Mando y los elementos que hubieranpodido restablecer de momento la situación, en la desorganización y abandono preexistente, sobrevino lo que de modo inevitable tenía que suceder, y las posiciones todas, privadas por completo de auxilio exterior, se vieron en la necesidad de someterse al apremio de la situación, unas, haciendo abandono de los puestos; otras, mediante capitulación con el enemigo, que en todos los casos faltó alevosamente a ella; las menos, tratando de abrise paso por la fuerza, y sucumbiendo todas de igual modo, aunque estas últimas respondiendo honrosamente a los dictados de honor militar.

Dice el teniente coronel de Infantería Fernández Tamarit, al folio 1.205, haciendo un rápido examen de la situación moral y material del territorio, que la pobreza de medios era grande; en Annual, base futura de un avance, no había hospital de campaña, sino dos malas tiendas-tortugas. El día 16 de junio hubo numerosas bajas, y para su transporte tuvo el declarante que prestar todas las camillas del 3° de África y 180 hombres que las llevaran a Izumar; muchos días faltaba leña y había que comer ranchos en frío; otros días escaseaba el pan o las raciones del ganado, y los elementos sanitarios eran deficientísimos en Annual; y en alguna posición que otra, nulos.

En resumen: hemos sido, como de costumbre, víctimas de nuestra falta de preparación, de nuestro afán de improvisarlo todo y no prever nada y de nuestro exceso de confianza; y todo ello constituye, a juicio del declarante, una grave irresponsabilidad, que el país tiene derecho a exigir a todos; porque si es cierto que autoridades e incluso ex Ministros han visitado el territorio y encontrado todo perfectamente, y que el Mando ha felicitado por los resultados alcanzados, que después se desplomaron como un castillo de naipes, no lo es menos, por desgracia, que la oficialidad, en su misión de preparar el instrumento que ha de usarse para comnatir, ha olvidado que cuando por medios que podrán tener excusa, pero que eran graves, obtuvo ventajas materiales, prometió solemnemente dedicar todos sus esfuerzos, en primer término, a mejorar la condición del soldado y la capacidad del Ejército, y ha dejado incumplida esta promesa, en perjuicio de la Patria, que necesita, no un Ejército que se sacrifique, sino un Ejército que triunfe, preparándose en los periodos de paz, porque en la guerra no se aprende nada.

Todo este cuadro lamentable de falta de medios y preparación al resumir, cuyos pedidos de elementos la Comandancia general los subraya y realza con tinta roja - folios 561 y siguientes -, y que en otras circunscripciones sería de hacer notar su desatención, prueban a contrario sensu, en opinión de este Juzgado, cuanta temeridad no encerraba, a conciencia de su falta, comprometerse en aventurada empresa sin justificado apremio de su realización en el juicio del Alto Mando.

Desempeño de las funciones de mando en el territorio.- Indicado queda que el territorio se hallaba repartido en cinco circunscripciones asignadas, respectivamente, a cada uno de los cinco Cuerpos de Infantería de la guarnición, y cuyo mando asumían nominalmente los jefes principales de ellos; y se dice nominalmente porque en la práctica no lo ejercían, sino por modo eventual, y en el momento crítico de los sucesos, salvo algún caso de excepción, que habrá ocasión de acreditar, ninguno de aquellos jefes se hallaba al frente de su demarcación ni al mando de sus tropas. Se ha dicho repetidamente en diferentes lugares, porque la idea es la misma, y fuerza es aquí recapitularla una vez más, lo expuesto con este motivo al Ministerio de la Guerra en 21 de octubre - folio 1.403 vuelto -, al Alto Comisario en 3 de noviembre siguiente - folio 1.540 -, y en algún otro lugar al resumir las conclusiones de este expediente.

Existía una orden de la Comandancia general de 2 de mayo de 1920 dictada a raíz de la incorporación a filas del reemplazo de aquel año en que, con ocasión del periodo de actividad que imponía la instrucción de los reclutas, se establecía la obligación de los coroneles jefes de circunscripción de residir en ellas veinte días de cada mes, pudiendo bajas a la plaza los diez restantes, previa autorización competente para el despacho de los asuntos interiores del Cuerpo, si bien esa orden no se cumpliese exactamente por tolerancia y con anuencia del propio Comandante general, por cuanto al conceder dicha autorización, sin guardar por su parte el precepto, tácitamente asentía a la estancia más frecuente en la plaza sin sujeción estricta a la norma por él marcada. Mas se deja entender bien que esta orden, dictada para un periodo de cierta actividad, que consintiese alguna benignidad en épocas normales, en el ambiente de paz disfrutado no debía ni podía inobservarse en los periodos de anormalidad; con todo, se ha pretendido cohonestar la abstención, como atestiguan las declaraciones de los jefes interesados, alegando la circunstancialidad de dicha orden y en relación con las exigencias inherentes al gobierno interior de los Cuerpos.

Rota, pues, la normalidad en el campo desde la caída de Abarrán - repitiendo los argumentos -; registradas frecuentes agresiones en el frente ofensivo; dispuestos movimientos y concentraciones de fuerza hacia la línea avanzada, a tenor de lo que resulta de los diarios de operaciones - folios 585 y siguientes -; acordado por el Comandante general que se constituyesen en Annual, alternando por quincenas los coroneles de los regimientos de Caballería y mixto de Artillería, ausente con licencia en la Península el de Ceriñola, a quien correspondía el mando de la circunscripción - dando con ello claro indicio de que las circunstancias aconsejaban la observación puntual de la medida -, y declarado en franca y enérgica hostilidad el enemigo con intermitencias desde primeros de junio con sus ataques a la línea avanzada de posiciones de Buimeyan a Annual e Igueriben, sin poderse prever las repercusiones que en otros puntos del territorio tuvieran sus intentos, de hecho había quedado un estado excepcional de guerra en el territorio para interrumpir las prácticas consentidas en el de paz, y poderoso, a juicio de este Juzgado, para determinar la presencia de los coroneles en sus circunscripciones ante la contingencia de los sucesos, ya que no por prevención expresa del Mando, sin otro requerimiento que la gravedad de las circunstancias y el natural estímulo de estar en el campo la totalidad de las fuerzas disponibles de las unidades, como puede verse por el cuadro de situación. Atento a ello, el coronel de Infantería Riquelme, al folio 1.775 de su declaración, luego de enumerar las reglas a que los jefes habían de ajustarse en el mando de la circunscripción, y por más que comprende las atenciones peculiares del jefe de cuerpo y que las posiciones se consideraban como "destacamentos", reconoce que, dentro de la facultad discrecional que concediera el Comandante general en junta de jefes, en la observancia de la orden al principio dictada, de modo que los coroneles estuviesen sin sujección a días, bien en el campo, bien en la plaza, según las necesidades lo exigieran, sienta que "con ella tenía el jefe la libertad de atender en todo momento al cometido más urgente, permaneciendo en los puntos en que su presencia era necesaria, como responsable de la buena marcha de su regimiento"; y es obvio que en campaña, sin género ninguna de duda, el puesto del coronel es con la fuerza en operaciones, máxime hallándose todas las del Cuerpo, como estaban, empleadas en funciones de guerra, sin que debiera estorbar tal misión en dichos momentos el detalle del interior gobierno.

Lejos de esto, los coroneles no se consideraron ni oficial ni moralmente obligados a ponerse al frente o en contacto con sus tropas, compartir con ellas los compromisos de la situación o levantar su moral hasta que expresamente le fue mandado, y en tan corta medida ejecutado, que no acreditan el mejor espíritu, como del curso de los sucesos o de sus declaraciones mismas se desprende.

Así, el coronel del regimiento de Melilla D. Silverio Araujo Torres, se presenta en Kandussi el mismo 21 de julio, noche, para tomar el mando de la columna que en la madrugada del 22 debía salir de Kebdani para la desembocadura del río Salar - folio 540 -.

El coronel del regimiento de África [D. Francisco Jiménez y Arroyo, no citado en el original] recibe el 23, de madrugada, orden de dirigirse a Batel, donde debía esperar al general Navarro para recibir instrucciones - folio 312 -. Llega a dicho punto; se limita a comunicar telefónicamente con dicho general, en Dríus y con el zoco El Telatza, cabecera de su circunscripción, y sin aguardar al expresado general ni a las fuerzas de su Cuerpo en retirada, regresa a la plaza pretextando motivo de enfermedad, según declara.

El coronel del regimiento de San Fernando, D. Enrique de Salcedo Molinero, conforme a su declaración, se encontraba enfermo en aquellos días - folio 654 -.

El teniente coronel de la brigada disciplinaria, D. Francisco Pardo Audín, se incorpora a Nador en la mañana del 23 - folio 512 -, pues tampoco residía en la circunscripción.

El teniente coronel de las tropas de Ingenieros, D. Luis Ugarte Sainz, sale para inspeccionarlas, según declaración del folio 1.362, en la mañana del 23, y atento a ella, no pudo pasar de Batel, por manifestarle estar interceptado el camino por el enemigo; y en el propio caso se encuentra el teniente coronel jefe accidental del regimiento de Ceriñola, D. Manuel Ros Sánchez - folio 1.367 -.

De todo lo referente a la conducta de estos jefes, quedan librados y remitidos al General en jefe del Ejército en África los oportunos testimonios, como figuran a los folios 1.548, 1.590, 1.629, 1.879 y 1.941.

El coronel de Ceriñola, D. José Riquelme y López Bayo, estaba ausente en la Península, cual queda consignado.

Y descendiendo en la escala del mando, hubo asimismo de exponer el Juzgado a dicha autoridad, entre otros escritos, en los de 12 de enero último - folios 2.120 y 2.124 - que, aceptando el hecho de sistema de turno de mandos establecido como norma por la Comandancia general y la composición arbitraria de la columnas con campañas tomadas de los diversos batallones de cada regimiento, en virtud de los cuales inorgánicos principios, el mando no se ejercía por los jefes naturales en casi ningún caso, prescindiendo de la continuidad conveniente de su función, sino que se desempeñaba temporal y alternativamente, puede explicarse, ya que no justificarse, el hecho anómalo de que, estando la totalidad de las fuerzas de los Cuerpos en el campo, permanecieran los jefes fuera de turno - en descanso en la plaza - cuando desde 1° de junio se estaba en periodo activo de operaciones en el territorio, considerándose desintegrados de sus mandos propios una vez cumplidas sus temporales acciones; pues que tampoco se consideraba obligado, ni por principio orgánico, ni como asistencia al mando, asignar a las columnas importantes segundo jefe.

Dice el teniente coronel Fernández Tamarit acerca de esta práctica viciosa - folio 1.204 -: "Tal vez pueda tener influencia en el estado de las fuerzas el sistema que se seguía para el mando. En un regimiento, por ejemplo, un par de batallones estaban repartidos en destacamentos de compañía y de sección; el otro, en columna; los coroneles permanecían en la plaza; cuando se iba a efectuar alguna operación subían a tomar el mando de sus columnas, y terminada la operación regresaban a la plaza. Los tenientes coroneles y comandantes alternaban cada diez o quince días en el mando de las fuerzas de la columna, a veces sin llevar segundo jefe, con lo que los capitanes y oficiales de la columna o posición pedían y obtenían permisos, que daba lugar a que de ordinario hubiera dos subalternos o un capitán y un subalterno por compañía de la columna o posición destacada, con perjuicio evidente de la instrucción y espíritu. El declarante hizo cuanto pudo, al ser destinado al tercer batallón , para permanecer siempre con él, en el campo, con su segundo jefe, y no pudo lograrlo oficialmente, porque a ello se opuso el Comandante general; pero particularmente logró estar el mayor tiempo posible, y desde luego, en las ocasiones en que por ausencia de su coronel ha interinado el mando del regimiento, lo ha hecho siempre desde el campo, por creer que así convenía al servicio y al espíritu de las tropas, ya que el ejemplo es el principal instrumento del Mando. Lo propio ocurría con las demás Armas y Cuerpos; las baterías de posición tenían un solo oficial, y en Tasarut-Ussai hubo a veces un sargento; los jefes de Estado Mayor de las columnas se nombraban las vísperas de salir éstas, y era dificilísimo que en dos operaciones distintas fuera con la misma columna el mismo jefe."

Y esto que se dice más determinante de las fuerzas de Infantería, se aplica de igual modo a las otras Armas y Cuerpos, cual se pone de manifiesto en las comunicaciones insertas en el expediente, en relación con las atenciones personales observadas. En artillería de campaña, los jefes de grupos orgánicos turnaban en el mando de los agrupaciones incidentales de unidades de esta Arma; en la de las posiciones no había sectores delimitados para su mando; en Ingenieros, la ejecución técnica de los trabajos estaba repartida bajo la dirección de los comandantes de grupos de Zapadores, en dos sectores denominados del Kert y del Mulaya; pero cuando todas las unidades de este instituto se concentraron en Annual, por las necesidades derivadas del curso de los sucesos y aun actuaban estas tropas como meras fuerzas combatientes, se acudió también al cómodo y socorrido turno de mando, y así en lo demás, atento al pormenor de detalles que se recogen en el expediente y sería prolijo compilar; pero se hace observar que en las declaraciones se ha procurado dejar consignado el personal de oficiales ausentes de las posiciones y columnas en los momentos culminantes de los sucesos, por cuyo medio y otros antecedentes, hanse fijado hasta el límite de lo posible, dada la escasa asistencia de los jefes de los Cuerpos para este esclarecimiento, las abstenciones observadas en la oficialidad y que se resumen en las comunicaciones dirigidas al General en jefe del Ejército, insertas en la pieza décima de este actuado, especificadas por Cuerpos - folios 2.120, 2.124, 2.129, 2.132, 2.136, 2.137, 2.138, 2.141, 2.143, 2.145, 2.156 y 2.162 -.

Era natural y consiguiente que las abstenciones observadas en los jefes trascendiesen a las escalas inferiores con la aquiescencia y tolerancia de los mismos. Cuidado fue, pues, de este Juzgado informarse de las causas de no haber salido de operaciones el personal que los días críticos hubiese permanecido en la plaza, y con presencia de los informes dados por los Cuerpos, analizarlas y consignar su juicio crítico, y hacer observar el estado decadente de salud apreciado dichos días, como se recoge en las precitadas comunicaciones, hecha la debida selección de motivos, al pasar los tantos correspondientes al General en jefe del Ejército en conformidad con la Real orden telegráfica de 6 de septiembre último, para la resolución estimada procedente.

Por lo demás, había amplia tolerancia en los permisos que se concedían al personal destacado en posiciones,y de ello da idea somera, en los días apremiantes de Igueriben, la declaración del capitán del regimiento de Ceriñola D. Fernando Correo Cañedo - folio 896 vuelto -, al salir a incorporarse a cu compañía en virtud de la orden urgente de su Cuerpo, que exhibe, en unión de varios oficiales de las fuerzas que combatían en primera línea en la madrugada del 18 de julio en dos camionetas, como caso de orden naturalmente admitido; aun reconociendo dicho capitán hizo cuanto debió para llegar hasta su compañía, resolución sólo en raros casos observada en circunstancias análogas, como puede inferirse por el pormenor de las aludidas abstenciones.

Y sirve de acabado complemento a este estado verbal del Comandante general para autorizar discrecionalmente a residir en la plaza a los jefes que tuviesen familia o hijos en educación - folio 551 vuelto -.

A más de la situación general de las fuerzas del territorio en los días precisos de los sucesos, consignada en el estado antes citado del folio 330, resumidamente se agrupan los móviles en el telegrama del 20 de julio del Comandante general, unido al folio 551, evacuando la demanda del Alto Comisario en telegrama del mismo día - folio 1.987 -. Como aditamento, debe mencionarse que ante la angustiosa demanda de refuerzos que reclamaba el frente amenazado, se recurrió al expediente extremo de constituir en los Cuerpos de Infantería, apresuradamente el 19 de julio, compañías improvisadas, denominadas provisionales, con destino de plaza y Cuerpo, incidencias y aun gente en instrucción para que relevando en sus puestos a las fuerzas móviles para aumentar sus contingentes, la intervención de las cuales incoherentes agrupaciones habrá lugar de señalar.

Abastecimientos.- El sistema de suministros de Intendencia establecido en el territorio se acomodaba reglamentariamente a los datos que se consignan al folio 416, al que acompaña el plano general de distribución del servicio con arreglo al gráfico anexo; pero con sujeción a las necesidades ulteriormente creadas fue moficiado y ajustado desde 1° de abril del año anterior a la norma de tres jefaturas del Cuerpo situadas en la plaza, Tistutin y Dar Dríus, con depósitos subalternos; los dependientes de la primera en Nador, Zeluán, Arruí, Avanzamiento, Ishafen, Hasi Berkan y Zaio; de la segunda, en Tistutin, Kandussi, Quebdani, Telatza y Afsó, y de la tercera, en Dríus, Ben Tieb, Annual y Sidi Dris.

Ulteriormente, con motivo de la concentración de fuerzas en Annual y planes consiguientes al adelantamiento de futuras operaciones, con fecha 3 de junio se constituyeron en depósito de acumulación los de Tistutin, Dríus y Annual, implantándose desde luego los servicios bajo esta norma a reserva de su aprobación superior.

Desde los depósitos enumerados se proveía al abastecimiento de las posiciones y puestos de ellos dependientes; mas no era la Intendencia la encargada de estos suministros particulares, salvo caso excepcional en que así se dispusiera, sino que de manera general eran los puestos los que son sus medios propios tenían que acudir a hacer la provisión en los depósitos a distancias variables y casos largas, como en la reseña de las posiciones, en las declaraciones que a ellas hacen relación, se consigna en cada caso particular y puede verse, y como a más del surtido de Intendencia contraído bajo la clasificación de depósitos, almacenes y repuestos a artículos determinados que especifica la declaración del folio 1.804, existían los propios y directos en los Cuerpos, que había que recoger en las cabeceras respectivas de la unidad, resultaba una distrcción de fuerzas, consumidas en el servicio económico de los dos suministros y aguada, siempre desproporcionada en mucho con relación a las guarniciones integrantes, como puede bien apreciarse en las declaraciones concernientes a cada posición; sistema de abasto que podía sustituir en periodos de normalidad, pero impracticable de hecho, como la experiencia ha demostrado desde el momento que rota aquella y alterada la paz del territorio, quedaron interceptadas las comunicaciones por la hostilidad declarada del país y tener que ejecutarse el servicio venciendo la resistencia del enemigo, siempre recayente en el mismo tema de la falta de fuerzas móviles, que fuera garantía del dominio de las comunicaciones, base de existencia de los puestos aislados.

Para formar una idea de la ejecución de los servicios administrativos a cargo de Intendencia, pueden citarse, a más de la declaración antes mencionada, la del teniente del Cuerpo Nieto, del destacamento de Batel, de la compañía automóvil de la Comandancia de tropas - folio 963 -, y la del teniente del mismo Guerras - folio 1.526 -, encargado del depósito de Ben Tieb.

De la declaración del primera, resulta que desde mediados de julio se interrumpió el servicio normal a cargo de la unidad, dedicando todo el material al suministro de Annual y evacuaciones de este sector del frente; así como que el último servicio a Kandussi se hizo el día 23 sin novedad, y el enviado a media mañana del mismo día para Telatza no pudo llegar a su destino, regresando desde poco antes de Sidi Yagú. Y de la declaración del segundo se viene en conocimiento de que el 21 envió un convoy de 200 camellos a Annual, que en su mayoría no pudieron pasar Izumar, regresando a Ben Tieb, y el 22 otro de 400, que encontrando ya las fuerzas de Annual en desorganizada retirada, solo regresaron a Ben Tieb unos 60, dispersándose los demás.

Las anomalías del servicio de suministro se tradujeron en irregularidad de los abastecimientos acostumbrados o prevenidos, pues aun cuando en 4 de julio la Comandancia general ordena alas circunscripciones de Telatza, Dríus y Annual - folio 418 - que en lo sucesivo todas las posiciones dependientes de ella contasen con un repuesto de víveres para ocho días, en lugar de los cuatro que estaban establecidos, previniéndose se realizase la medida en el más breve plazo, bajo la responsabilidad de los jefes de aquella, entre las manifestaciones en este sentido hechas por los testigos, puede citarse la del teniente de Artillería Vidal Cuadras, jefe accidental de la posición de Cheif - folio 1.400 -, que expresa iban a Dríus a suministrar diariamente, sin que con las cantidades que se traían pudiese constituirse el repuesto para ocho días que estaba prevenido y puede asegurarse que era ésta la norma general.

En comunicación de la Comandnacia general del 26 de agosto, unida al folio 416, se remite estado de las existencias de víveres en los depósitos del territorio - folio 417 -, en los días de julio que se expresan, y en otra de 27 - folio 422 - remite el estado de dichas existencias referidas al 1° de junio, haciendo observar, de la comparación con el anterior, que en los depósitos de Dríus y Telatza se había aumentado considerablemente el repuesto de bastimentos como consecuencia de las operaciones en proyecto en aquel entonces sobre Beni Melul.

En este epígrafe de subsistencia debe mencionarse la transgresión cometida por el auxiliar de Intendencia D. Julio Lompart César, fallecido, realizando durante el asedio de Zeluán la venta de dinero, a soldados como a unidades, de los artículos del depósito de víveres a su cargo, hecho del que se ha librado testimonio pertinente - folio 2.046 vuelto -, dirigiéndolo al General en jefe del Ejército en 30 de diciembre último, y del cual se hará comentario en su lugar.

Municionamiento.- Al folio 420 y con comunicación de la Comandancia general de 26 de agosto, se une el estado general de municiones en almacenes, depósitos y posiciones.

En rigor, en la mayoría de las posiciones, como quiera que fueron mandadas evacuar, o fueron abandonadas prematuramente y no consumieron su repuesto de municiones, quedaron existencias que en la mayoría de los casos se dice fueron inutilizadas; en otras, en cambio, y Annual puede consignarse como nota saliente, eran escasas, y se dispuso por este motivo remesa urgente de ellas, que en la misma mañana del 22 de julio, como resulta de las declaraciones del capitán de Estado Mayor Dolz - folio 321 -, a beneficio de toda clase de medios extraordinarios de transporte, medida que no llegó a remediar la necesidad, pues que, precipitada la evacuación del campamento, fue mandado retroceder el convoy por el comandante de Artillería Martínez Vivas, que se encontraba en Izumar, en vista del giro de los sucesos, a tenor de su declaración del folio 1.156, a fin de dejar expedito el camino y por creerlo ya innecesario, atendido a la situación.

Tampoco se contaba con existencias proporcionadas en el zoco el Telatza, en razón a cuanto expone el capitán Alonso, de la 9° mía de Policía, en su parte del folio 867.

También escaseaban en Quebdani cuando improvisadamente fue mandada detener en dicha posición la columna de Kandussi, de tránsito en aquella posición, en la misma madrugada del 22 de julio, imponiendo la ejecución de un convoy apremiante en la noche de dicho día, para aportar de Kandussi cuantas municiones y víveres se pudieran, conforme a los términos de la declaración del comandante de Infantería Sanz Gracia - folio 1.356 -, para no citar más casos que los principales inherentes a los centros de columnas móviles de circunscripción.

No debe dejarse de consignar en este ramo de servicio las manifestaciones que hace el alférez de Infantería Reig, jefe de la posición y sección destacada en Hamuda Tafersit - al folio 1.809 vuelto -, de que para prevenir la defensa de su referida posición colocó a su gente en el parapeto, y al p´e de ella repartió la caja de municiones de repuesto, que por ser de fabricación del año 12, quiso cerciorarse de su estado, probando un cargador, del que sólo obtuvo un disparo, por lo que recomendó a su gente economizase las municiones de dotación.

Al folio 1.606 se incluye, con comunicación de la Comandancia de Artillería de la plaza, de 5 de noviembre, estado del material, municiones y artificios perdidos en las posiciones y depósitos del territorio con ocasión de los sucesos de autos, el remitido a ellos en los últimos días de su existencia y las piezas correspondientes a la batería ligera eventual organizada en el regimiento mixto por disposición del Comandante general - folio 284 vuelto -, facilitadas por el Parque de la Comandancia y que considera como de posición; estado de pérdidas que con respecto al Parque móvil - aparte otros efectos pertenecientes al Cuerpo - completa el estado del folio 1.766.

V

ESTADO Y CONDICIÓN DE LAS TROPAS

Estado de preparación de las tropas del territorio.- Muchas y complejas causas han influido en la calidad y disposición de las tropas del territorio, y por más que preguntados sus jefes en el interrogatorio a que eran sometidos acerca del particular estado de las suyas, las considerasen aptas para todos los servicios, pretendiendo acreditar su buen espíritu al enumerar luego las visicitudes a que de ordinario estaban sujetas en su preparación y empleo, hay que reconocer que la realidad, las circunstancias como desenvolvieron su ación, no podían menos de atenuar el aserto y evacuar sus deficiencias en consonancia con el hecho incontestable del fracaso de su actuación. Podrán haberse comportado éstas en condiciones del todo adversas en razón al desmesurado esfuerzo a que se las sometía, pero es inconcluso que les ha faltado energía, firmeza y disciplina.

Reservación del empleo de las tropas peninsulares y estado de su moral.- Dice inicialmente el teniente coronel de Estado Mayor Dávila, al folio 1.296 de su declaración, que cuantas operaciones se realizaron durante su estancia en el territorio -y en otro lugar consigna que se ausentó enfermo del mismo el 9 de julio - procuróse desarrollarlas en forma de restringir cuanto fuse posible las bajas de las unidades peninsulares, sin perjuicio de alcanzar los objetivos presupuestados, y en cuantas ocasiones intervinieron nuestras tropas en el combate, como en cuantos ataques y agresiones hubieron de rechazar, se comportaron cual incumbía a su deber, sin desmayo alguno y con elevado espíritu.

Esto sienta ya la premisa dl restringido empleo de dichas tropas y supone referirse dicho comportamiento a épocas en que fueron realizadas las operaciones en discreta medida y en proporción con los medios disponibles.

Por su parte, el comandante de Estado Mayor Fernández - folio 812 - cree que el territorio había fuerzas suficientes para ocuparle y para mantener organizada una fuerza móvil que acudiera a deshacer cualquier resistencia; pero a condición de que esta fuerza estuviera decididamente dispuesta a ser empleada de un modo enérgico; conclusión que conduce a reconocer implícitamente carecieran aquella de la necesaria decisión en los momentos en que fueron llamadas a intervenir.

Deficiencias de la instrucción y mermas de los efectivos.- Si se atiende al contexto de las declaraciones, fuerza es reconocer que de manera general la instrucción doctrinal de las tropas estaba siempre apremiada por las necesidades mismas del servicio que prematura y apresuradamente se las imponía. La de tiro, muy especialmente, por la forma incompleta en que la recibían, no podía ser, no ya suficiente, pero ni rudimental para las necesidades más apremiantes del servicio cualquiera que fuese el empleño en ello puesto por los jefes. Luego, acabado el periodo normal o acelerado de instrucción, la cantidad de posiciones existentes obligaba diseminar la fuerza de los Cuerpos en términos que incapacitaba para continuar dicha instrucción con algún provecho; en cuanto ala de tiro no se practicaba de ningún modo; porque si bien existían órdenes para que así se hiciese a la inmediación de las posiciones, de hecho no se efectuaba por dificultades de localidad, temor de perjudicar a los naturales o restricciones impuestas por la Policía.

La fuerza de los Cuerpos estaba sujeta, como se verá en detalle más adelante, a mermas considerables por los numerosos destinos a que proveían de plaza y Cuerpo y de otras unidades que no se nutrían de reemplazo, en casos, antes de completar los individuos la instrucción contra todo lo mandado; los auxilios que habían de prestar al Cuerpo de Ingenieros para los trabajos de carreteras, reforma y mejoramiento de posiciones y otros, con arreglo a las prevenciones de la orden general de la Comandancia de 2 de mayo de 1920 - folio 319 -, trabajos, que, si necesarios, consumían la energía del soldado, como las prestaciones para obras que nada tenían que ver con la munitoria y tantas otras distracciones de su contingente que habían de redundar en detrimento, en primer término, de la instrucción y adecuada preparación, solidez, cohesión y actitud de la tropa para sus fines sensciales y disminuía en mucho el pie de su fuerza eficiente.

Causas deprimentes de su espíritu.- Si se atiende, por otra parte, a la situación particular de las tropas, a su grado de fraccionamiento en guarnición de las numerosas posiciones del territorio, en las condiciones que acredita lo hasta aquí expuesto; consumiendo su actividad en dichos aislados puestos y enervadas por las atenciones ordinarias del económico servicio, descuidada forzosamente la instrucción, aflojada la tensión del Mando en la pasividad de los destacamentos, y con mayor motivo en el largo periodo de tranquilidad que se venía disfrutando en la región, no es de dudar careciesen del necesario espíritu, preparación y continente para afrontar la grave situación que preparan los sucesos.

Ya en 20 de junio último - folio 390 - se consideró el Mando en la necesidad de recomendar a los jefes de circunscripción de primera línea se acudiese al remedio de los descuidos que en los servicios, como en el estado de conservación de las obras, producía "la sensación de tranquilidad que llevara al ánimo de las fuerzas destacadas en posiciones transcurrir el tiempo sin verse en el caso de rechazar o hacer frente a agresiones"; encareciendo por ello vigilasen y excitasen el celo de los comandantes de las posiciones dependientes "para que en todo momento pueda afirmarse prestaran las fuerzas a su órdenes sus servicios con la exactitud y desvelo que sin pretexto alguno ha de exigírsela", aconsejando otras medidas para acudir al reparo y refuerzo de las posiciones; dando ello la impresión de que se reconocía la deficiencia intrínseca de éstas; como la flojedad del nervio de las tropas.

Empleo de las fuerzas.- Esto como instrumento armado; pues en cuanto a aplicación del mismo se hacía de las tropas peninsulares un empleo erróneo, ya esbozado antes, perjudicial y contraproducente. La orden general que antes se cita, en su regla 21°, ya advierte que las tropas de Policía pondrán en conocimiento de los jefes de posición la forma en que cubran sus fuerzas los servicios encomendados de descubierta, vigilancia y protección.

En su regla 10° previene que, al tener los jefes de circunscripción noticia de ser atacada una posición y que necesita refuerzos, dispondrán acudan en su auxilio las tropas de Policía y de Regulares más inmediata, reforzando, si preciso fuera, la acción de éstas con el empleo adecuado de la columna, y en otra orden anterior, de 9 de marzo - folio 383, regla 15°, se establece como norma que las fuerzas de Regulares se empleen como núcleos avanzados de tropas de asalto, determinado todo esto un estado de inferioridad para las nuestras a los ojos del indígena.

El empleo preferente y sistemático de dichas fuerzas indígenas como de choque en las operaciones, restringiendo el de las peninsulares, reduciéndolas al papel de reservas expectantes, sin entrar sino en rarísimo caso en contacto con el enemigo, a fin de que no sufriesen bajas que el orden político parecía consagrado a evitar, deprimía el espíritu de nuestras tropas, había de influir en el concepto que de las indígenas formaba nuestro soldado, daba a éstas altiva idea de su propio valer y en los naturales infundía menosprecio de las nuestras, con las que nunca se medía. Explicable es, por consiguiente, que acostumbrado el soldado a la protección de las fuerzas indígenas, al faltarle su apoyo, desafectas y volviendo tiros a él, se sintiera desamparado y abdicase de su moral, que no ayudaran a levantar ciertamente ni las circunstancias ni el escaso ascendiente puesto en juego por la oficialidad, también decaída en su espíritu.

Así es que si los fáciles avances afortunados, el modo de empleo de las fuerzas pudo responder bien al propósito, en los adversos, en los casos en que las indígenas llegasen a flaquear o fracasar, no había detrás nada que restableciera la situación y contuviera el retroceso, no preparado el espíritu de las tropas nuestras para afrontar el contratiempo en el hábito de su ordinaria inhibición.

Atestaciones comprobantes.- Todo este trasunto de la realidad que abreviadamente se hace necesita su formal atestación con referencia al juicio de los testigos llamados al expediente, y por ello es, a saber:

Coronel Morales.- Dice el coronel del regimiento de Ceriñola, don Ángel Morales Reinoso, al folio 996 vuelto de su declaración, que al ser baja el pasado año anterior en el territorio a causa de su ascenso, pudo apreciar que, si bien la ocupación de las posiciones hasta aquel entonces se hacía con columnas nutridas y dotadas de elementos suficientes, y las posiciones se guarnecían proporcionalmente con los debidos efectivos, al extenderse el territorio casi en doble de lo que antes fuera, forzosamente quedaban débiles todas estas posiciones, toda vez que con las fuerzas que existían se hizo dicha ampliación. El espíritu que animaba a las tropas fue siempre muy elevado, causándole verdadera extrañeza todos los hechos ocurridos, siendo preciso hacer notar que en la mayor parte de las operaciones realizadas las fuerzas del Ejército no tomaban una parte activa, misión que desempeñaban únicamente las de Regulares y Policía, constituyendo este sistema quizá la falta de práctica de combatir, principalmente en esta guerra irregular. Reducido su cometido a guranecer las posiciones, olvidándose del cumplimiento de sus deberes para la guerra, en la confianza de no ser jamás empleadas, ocurriendo desgraciadamente, ante lo inesperado del caso, sucesos como los que hay que lamentar.

Coronel Salcedo.- Dice el coronel del regimiento de Infantería de San Fernando, don Enrique Salcedo, al folio 654 vuelto de su declaración, informando sobre el grado de preparación y eficiencia de su Cuerpo para los servicios de guerra del territorio, que al hacerse cargo del mando del mismo pudo observar y exponer a la Superioridad que lo consideraba bastante deficiente, explicándose esto por muchas causas, entre ellas la falta de instrucción bastante y el apremio y rapidez con que se instruían los contingentes de reclutas, hasta el extremo de que en el año anterior de 1921, los jefes de Cuerpo recibieron orden de que en poco más de un mes (sic) estuviesen los reclutas en disposición de incorporarse a sus columnas y destacamentos, habiéndose considerado en deber del testigo de hacer observar que el Reglamento táctico previene, cuando menos, para el primer periodo, tres meses, y que en dicho primer mes tienen lugar las vacunaciones contra la viruela y las cuatro semanas contra el tifus. Si esto se une el fraccionamiento de los destacamentos de pequeñas unidades con reducido efectivo, con el que tenía que atenderse a los servicios, convoyes, aguadas, etc., etc., se comprende que no quedase núcleo de fuerza para que en los destacamentos y posiciones se cumplimentasen las órdenes que estaban dadas, ni los horarios de instrucción por mañana y tarde para que se completase ésta en lo posible.

Por lo que se refiere al tiro, la instrucción era del todo deficiente, pues a las razones expuestas hay que agregar que los regimientos del territorio recibían contingentes de reclutas de cerca de mil hombres; todos se han instruido en Melilla con un solo y deficiente campo de tiro, por lo cual se asignó a su regimiento, como a todos los demás, un solo día a la semana para tirar; de manera, que como comprendían los peridos de instrucción de reclutas, de ordinario, aproximadamente, dos meses, eran ocho o nueve días los asignados al tiro; pero si en estos días caía una fiesta, llovía (cosa muy frecuente en esa época), les cogía el día de vacuna antitífica o el siguiente, se ha observado que de los días que correspondían a cada Cuerpo siempre se perdían los menos tres o cuatro, quedando sólo cuatro o cinco para hacer ejercicio de tiro, y en esta forma salían los reclutas al campo; donde, no obstante haberse pedido más de una vez, de oficio, que se señalasen campos de tiro o medios para completar esta instrucción, nunca se ha concedido en ninguno de los campamentos y posiciones del territorio; unas veces porque el terreno no lo permitía, y otra por razones políticas, según ha podido comprobar por manifestaciones de los oficiales de la Policía.

El efectivo del Cuerpo estaba muy reducido, puesto que los regimientos de Infantería atendían a todos los servicios y necesidades oficiales, particulares, personales, de construcción y ornato público y de vigilancia de la población, y daban además fuerzas y destinos, así como empleos y oficios de todas clases a la Policía indígena y a las fuerzas regulares; asistentes, ordenanzas y escribientes para la Brigada disciplinaria; oficios de todo género para Ingenieros; telegrafistas, mecánicos; obras del Casino Militar y de la Capilla Castrense; Policía gubernativa y, por último, dispusieron que la compañía de la columna, entre ellas la de Voluntarios, que constituían el núcleo y la base de dichas columnas y de su fuerza combatiente, diese cincuenta soldados por compañía para los trabajos de pistas y carreteras, que quedaban agregados para todos los efectos a las compañías de Ingenieros, a muchos kilómetros de sus jefes y oficiales, que no sabían de ellos ni los veían, obligando al testigo esta falta de efectivo a disolver dos compañías de voluntarios, nutriendo las disueltas con individuos del reemplazo a prorrateo entre las demás compañías, con lo que se mermaba el efectivo de éstas; esta medida no obstante, al salir las compañías del regimiento para Annual el 19 de julio, tuvieron que unirse las dos únicas de voluntarios que restaban para formar con ellas una sola; aún así, con el corto efectivo componente de ochenta fusiles.

Análogas declaraciones hace cuanto al armamento y ametralladoras, que dice se hallaban en el peor estado por su prolongado uso, y si con respecto a material y ganado se consideraba bien dotado, consigna que carecía de carros reglamentarios y de cocina de campaña.

Capitán Araujo.- El capitán ayudante del regimiento de Melilla, Araujo, confirma, al folio 538, con respecto a su Cuerpo, la falta de medios de instrucción, atendido a que las compañías de las posiciones, ninguna completa en la demarcación del regimiento, por tener todas una sección destacada, por el servicio nocturno, protecciones de aguadas, convoyes y correo, no podían dedicarse a la instrucción, que a lo sumo practicaba una escuadra, y que en cuanto a la de tiro, ni dichas compañías destacadas ni las de la columna lo verificaban en absoluto en la circunscripción de referencia.

Teniente coronel Vera.- Dice también a este propósito el teniente coronel Vera, jefe accidental del precitado regimiento, que las tropas del mismo, una vez instruidos los reclutas, marchaban a las posiciones, no pudiendo continuar la instrucción de tiro en el campo por lo diseminadas que se hallaban las posiciones y el servicio que se veían precisadas aquellas a prestar, pues únicamente la columna destacada en Ishafen (trasladada después a Kandussi) disponía de un campo de tiro de malas condiciones al pie del monte Milón, y la fuerza de Batel (situada luego en Cheif), de otro al pie del monte Usuga; pero aclara el capitán Araujo, al folio 545, que las fuerzas de la columna de Kandussi no realizaban el expresado ejercicio, a pesar de la orden general que así lo disponía por mandato expreso de la Comandancia general, que le fue transmitida al testigo como ayudante del Cuerpo, acordándose mandar un croquis del terreno donde habría de efectuarse el ejercicio para estudiarlo o no, según las condiciones del lugar.

Teniente Valmaseda.- Estas condiciones, que eran las generales, pueden explicar la manifestación - folio 1.444 - del teniente Valmaseda, comandante de la sección destacada e el Zaio, de la segunda compañía provisional del regimiento de Ceriñola, que al ser requerida en retirada por el zoco El Arbaa de Arkeman y la Restinga sobre la plaza, ante la amenaza del enemigo que se le echaba encima, si respondía de su tropa, hubo de contestar que podía hacerlo de doce o trece hombres, mas no del resto, alguno de los cuales no sabía ni cargar ...; y no por la modestia de la clase que lo emite debe recusarse el testimonio del cabo de Artillería Antonio Padró, del puesto de Samma - folio 855 -, que dice "había - en el expresado fuerte - una sección escasa del regimiento de Melila, formada con los destinos; por lo que muchos de sus hombres no conocían el manejo del arma, no habían salido nunca al campo, según sus propias manifestaciones, ni hecho práctica de fuego".

Coronel Massayer.- El coronel de la Comandancia de Artillería, Massayer, dice - folio 790 vuelto -, atento a la instrucción de las tropas de su mando, que ésta era la posible, compatible con sus múltiples servicios, singularmente los de parque, que prestaban gente en grado considerable, y compatible también con la falta de escuelas prácticas en el territorio, a pesar de haberlo solicitado repetidas veces a las autoridades, las que se resistían, indicando razones de evitar alarmas y reparos políticos; así, casi siempre se daba el caso de que la primera vez que los artilleros hacían fuego era en acción de guerra. A pesar de todo, en los numerosísimos casos en que las baterías de las posiciones hicieron fuego, dice, lo hicieron bien y acertadamente, lo cual no es de extrañar, ya que con harta frecuencia se solía hacer fuego a grandes distancias y con hostilidad muy débil, y que este fuego podía considerarse como una escuela práctica o un ejercicio preparatorio.

Continente de las tropas.-

Teniente coronel Fernández Tamarit.- En otro orden de consideraciones, expone el teniente coronel Fernández Tamarit - folio 1.200 vuelto - que el espíritu de las tropas peninsulares podría ser excelente; pero su preparación para el combate, en las de Infantería al menos, era deficientísima. Desde el año 19 los soldados españoles asistían a las operaciones en calidad de espectadores, y aun, según sus noticias, ya ocurría antes lo propio. Con ello, el moro enemigo tenía triste idea de la tropas españolas, que no saban medirse con él; las fuerzas indígenas auxiliares, el propio desfavorable concepto de los que se limitaban a ver cómo se combatía, y los soldados nuestros, la idea de que Regulares y Policía eran la fuerza escogida e invencible; nada de particular tiene, pues, que en el momento en que estas fuerzas sufrieran quebranto, las demás tuvieran ya la moral perdida. La pérdida de Abarrán, añade, produjo una profunda impresión deprimente en nuestros soldados; el combate del 16 de junio acentuó esta depresión, porque en él, aparte de las bajas sufridas, la Policía retrocedió en desorden.

Los sucesos posteriores acaecidos en los convoyes a Igueriben y el presenciar a cuatro kilómetros de Annual, con el Comandante general presente y acumulando allí todas las fuerzas disponibles, el trágico fin y sacrificio de aquella guarnición; la impotencia para socorrerla, precisamente por la merecida reputación de bravura del Comandante general, concluyeron con la moral de las fuerzas que en Annual había, y que hasta entonces habían combatido serena y valerosamente.

Teniente coronel Vera.- Y, por su parte, confirma el teniente coronel Vera, antes citado - folio 893 -, al juzgar las causas determinantes de la falta de vigor desplegado por la tropas, que de manera general cree se debe a la rapidez con que se sucedieron los acontecimientos en Annual, a las infructuosas tentativas del convoy a Igueriben y al fracaso de Abarrán, asó como a la no intervención de las fuerzas peninsulares, como sistema, en la anguardia de las columnas, siempre que se emprendía algún movimiento de avance; relegándola a servir de escolta a las fuerzas indígenas, obligándolas a permanecer constantemente tras los parapetos desde la puesta de sol, no permitiéndole nunca practicar el servicio de emboscada no ningún otro nocturno, lo cual, a su juicio, deprimía el espíritu de las mismas.

Teniente coronel Núñez del Prado.- De igual modo reconoce el teniente coronel de Regulares Núñez del Prado - folio 397 - que el decaimiento de la moral de las tropas ha podido reconocer por causa la inmovilización en posiciones aisladas, algunas de ellas sin enlace ni medios materiales de subsistir, y la escasa intervención en los combates, determinando la falta de entrenamiento y su falta de vigor en consecuencia de las órdenes que tenían los jefes de columnas de evitar a todo trance bajas peninsulares. Por contra, reconoce que el empleo excesivo de las fuerzas indígenas ha podido producir alguna vez su agotamiento por cansancio y desgaste.

Coronel Riquelme.- Asímismo, el coronel Riquelme, exponiendo su juicio acerca de las circunstacias que influyeran de manera tan desfavorable, como general en la moral y firmeza de las tropas, con las consecuencias lamentables de ellos derivadas, dice, al folio 1.782, que han concurrido, a su parecer, en su desastroso decaimiento el constituir la fuerza de las columnas y las guarniciones de las posiciones en gran parte con reclutas dados de alta a últimos de mayo del pasado año, faltos de toda preparación; el estar poco habituados a combatir el resto de las tropas veteranas; pues si bien tomaban parte en las operaciones de avance, lo hacían siempre a gran distancia de las fuerzas indígenas, únicas fuerzas de choque empleadas, con lo que el espíritu de las peninsulares y su moral dejaban mucho que desear, como asimismo el concepto que el elemento indígena tenía de ellas, no viéndolas combatir, reducidas siempre a segunda línea, con gran quebranto del prestigio de nuestras armas, consideración esta última tan generalizada en el juicio de los testigos, que sería prolijo seguir su enumeración.

Fuerzas regulares indígenas.- Por lo que respecta a las fuerzas indígenas, sea efecto del natural desgaste de su continuada y activa intervención en las operaciones, sea cansancio en ellas, producido a tenor de los que anteriormente consigna su jefe, o el resultado de la propaganda rebelde de que sean objeto, el hecho es que llegaron a desmerecer de su confianza - folio 832 -, que luego vinieron a justificar los hechos; pues, como dice el teniente de Artillería Gómez López a este propósito, al salir de Melilla para Dríus con su batería reforzada - la pérdida de Abarrán -, llevaban cierta preocupación por haber sido testigos de la caída de esta posición, debida a la falta de auxilio, y del ataque a Sidi Dris, donde tampoco se mandara; en la cual escasa confianza en las precitadas fuerzas indígenas se les achacaba la culpa de la pérdida de Abarrán por no haberse sostenido allí.

Dice el antedicho jefe de ellas el teniente coronel Núñez de Prado, al folio 392 vuelto, que su tropa, salvo excepciones propias y características del modo de ser de los indígenas, se han comportado bien, siendo una de las pocas fuerzas que llegaron organizadas a sus alojamientos, habiendo conservado todo su armamento y salvando todo el tren de ametralladoras, llegó a la plaza; agregando más adelante - folio 398 - que hubieron de batirse bien, como lo prueba el gran número de bajas, cerca de 300, que tuvieron en los combates de las inmediaciones de Annual desde el día 17 hasta el 22, efectuando su retirada organizadamente. Cierto que los Regulares, luego de participar con varia suerte y tesón en los combates en torno a Annual, efectuaron la retirada en mano de sus oficiales, llegando hasta sus acantonamientos; pero tampoco lo es menos que, envueltos en el ambiente de sedición del país, desertaron tan luego como se encontraron como se encontraron cerca de sus hogares, no acudiendo la Infantería de Nador a la lista para que, luego de recogerle el armamento, cual costumbre, se le citara en la tarde del 23 de julio, y haciendo abierta defección la Caballería en Zeluán el 24, con armas y caballos - folios 1.754 y 1.921 -, y aun volviendo armas contra la Alcazaba - folio 398 -, como habrá ocasión de referir en su lugar, aunque pudiera influir en su espíritu -folio 393 - la necesidad de defender a sus familas, repartidas en distintas cabilas, ante la sublevación del territorio.

Policía.- En cuanto a la Policía, hay que distinguir su participación militante en los sucesos y como institución de seguridad del país.

Desde el primer punto de vista, por las mismas causas atribuidas a los Regulares, efecto de su inadecuado empleo como fuerzas armadas, de choque, sufrió en mayor escala el quebranto de su moral y de su firmeza, siendo unánimes y numerosas las manifestaciones recogidas en el expediente en cuanto a sus actos de deserción y desleal proceder, haciendo causa común inmediata con el enemigo, volviendo descaradamente sus armas contra nuestras tropas y tomando parte en las depredaciones y atropellos cometidos en el territorio, como en el curso de este resumen habrá ocasión de consignar. Y en cuanto al empleo sistemático en primera línea de estas tropas, fuerza es reconocer, de acuerdo con lo que expone entre otros el coronel de Infantería Riquelme - folio 1.780 vuelto -, que tal cometido, apartándola de sus particulares funciones en las cabilas, determinó el abandono de su misión inspectora y de gobierno cerca de ellas, y de estar al tanto de la sorda propaganda sediciosa que venía haciéndose en el país; y el teniente coronel Núñez de Prado ratifica al folio 394 vuelto, que la Policía, abandonando frecuentemente sus cabilas para atender a las misiones combatientes que se le encomendaban, tenía que perder el contacto con la gente del país y su labor política; no siendo apropiadas por lo demás dichas fuerzas para aquella misión eminentemente marcial que se les daba. Bajo otro aspecto, dice que no existía el justo acuerdo entre el mando de la Comandancia general y el de la Policía, según pudo apreciar por las quejas del general en esta sentido.

Corroborándolas y abundando en las anteriores opiniones, dice el capitán de estas tropas Fortea - folio 484 -, que otras de las causas a que él atribuye el desastre ha sido, a su juicio, el emplear la Policía como fuerza combatiente, apartándola de su territorio, donde, perdido el contacto con la población, quedaba interrumpida la labor política.

La acción particular de las expresadas fuerzas será deducida del curso de este resumen, pues que en este lugar sólo se refleja el concepto abstracto de su intervención; si bien sea del caso mencionar que, como quiera que de la actuación del Juzgado no haya sido posible adquirir antecedentes concretos de la suerte que corrieran la mayor parte de los puestos que mantenía la Policía en el territorio, en los hechos aislados de su desempeño, en la idea de que por la Subinspección de las tropas y Asuntos Indígenas, de que eran dependientes, hubiese podido ser completada dicha información por sus medios directos a dicha oficina, hubo de dirigirse al Juzgado en demanda de datos, sin que por el deficiente informe que ha remitido y se inserta al folio 1.815, se aclaren y vengan en conocimiento de los términos de la caída, abandono su ocupación de los referidos puestos, viéndose, por tanto, reducido a consignar los datos que le ha sido dado recoger por sí.

La Policía como instrumento de Gobierno.- Juzgando el comportamiento de la Policía como institución de Gobierno, dice el coronel Riquelme, al mismo folio antes citado, que ha podido también contribuir a la hostilidad de las cabilas el descontento de la gestión, falta de preparación de noveles oficiales encargados de la administración y régimen de ellas, circunstancias que influirían en gentes de tan diferente mentalidad y psicología de la nuestra; aparte de los abusos y atropellos que forzosamente habrán de haber ocurrido por falta de dicha preparación y el no tener los indígenas medios de exteriorizar sus quejas o disgustos ante autoridad superior al capitán de la mía; estado de opinión que, según manifiesta, se le hizo presente en terreno amistoso por algunos indígenas, y que, por su parte, se apresuró a transmitir al Comandante general y al jefe de la Oficina indígena; pues, como declara más adelante - folio 1.788 vuelto -, obedecieron dichas manifestaciones a las extensas atribuciones que se concedieron a dichos capitanes, contrariamente a lo que venían haciéndose antes, mantenidas sus facultades en prudenciales límites; pues las cortapisas que se pusieron a los naturales para recurrir en queja a la Superioridad cuando se considerasen agraviados, que habían de hacer necesariamente con la autorización del capitán de la mía, contra que muchas veces era la queja, les cohibía en su libertad de acción.

Insistió en este particular punto de vista, dice también el teniente coronel Fernández Tamarit - folio 1.204 - que tal vez hayan podido producir irritación en los naturales hechos realizados por agentes de Policía que, contando con excelentes elementos, tenía oficiales desconocedores del idioma y costumbres indígenas y además poco expertos en su calidad de oficiales noveles, aunque dignos y animosos, pero incapacitados para realizar misión a ella confiada, tan difícil como la de administrar justicia, a que se veían obligados en los destacamentos aislados o en su cabecera, en ausencia de otros oficiales por permisos, enfermedades u otras causas.

Es público y notorio, agrega, que en determinadas cabilas hubo manifestaciones de disgusto por actos realizados por el capitán Pomes, hoy retirado, y como cualquier falta cometida por oficiales que desempeñan esta difícil misión tiene mayor relieve y consecuencia, obliga esto a que los oficiales que hayan de desempeñarla se escojan con todo género de cuidado. Bajo la cual recomendación, y por le hecho de aludir a un oficial ya separado de su función por causas notorias, se deja comprender la existencia de abusos de parte de dichos administradores del territorio, que la discreción del testigo le hace reservar; que corren válidos que son del común dominio de la opinión, pero que al Juzgado no le sido dado recoger por no haber contado con la existencia de testigos que, en su rectitud de juicio, los denunciaron para satisfacción de la vindicta pública y en propio prestigio de la institución. Sólo por medios indirectos ha podido corroborar su juicio en dicho sentido.

Implantación del Protectorado en la Zona.- A este respecto, apunta muy discretamente el coronel Riquelme, folio 1.787 vuelto -, y que por razón de su conocimiento del territorio se consideran autorizadas sus apreciaciones, que otra de las causas a que atribuya la poca eficacia de nuestra acción en el territorio reside en no haber implantado de tiempo el régimen efectivo del Protectorado en las cabilas de retaguardia con funciones y autoridades indígenas que dieran al país marroquí la sensación de nuestras favorables disposiciones a su establecimiento.

Por el contrario, el gobierno y administración de las cabilas sometidas continuó entregado de un modo directo y efectivo a nuestras Oficinas indígenas, no siempre regentadas por oficiales expertos y realmente capacitados para misión tan delicada y difícil, que forzosamente tenían que cometer errores, cuando abusos en el ejercicio de sus cargos, reiteración e insistente afirmación que pregonan su comisión, ocasionando hondas repercusiones en algunas cabilas y cierto malestar latente e espera de exteriorización al menor quebranto de nuestras armas. Y agrega, precavidamente, que es muy posible que habiendo estado el Gobierno en manos del personal indígena afecto a España, aunque fiscalizado hábilmente por nuestras oficinas territoriales, no hubieran creado rencores a nuestra nación las decisiones de tales ministrantes, aún cuando hubieran sido injustas, y en cambio, nuestro papel de mediadores hubiera sido más grato a la población indígena; sentido en el cual manifiesta haber informado al Mando en las ocasiones que mereció ser consultado su parecer, y hasta hubo de explanar las líneas generales para la implantación del Protectorado en la zona oriental, informando de la necesidad apremiante que preveía de llegar a él, si había de consolidarse la ocupación del territorio, presintiendo complicaciones contingentes, de otro modo, en el desarrollo de nuestras acciones futuras. Termina diciendo que no se creería llegada la oportunidad de adoptar dicho partido, cuando no se realizó la reforma y se continuó, por el contrario, con el régimen y administración directo, ejercido por personal falto de preparación, en la mayor parte de los casos; elementos con lo cuales mal se podía contrarrestar la intensa propaganda que los rebeldes realizaban en las cabilas sometidas y hasta en las fuerzas indígenas, en las que existía un terreno abonado por efecto de las mismas causas enumeradas.

Juicios sobre la actuación de la Policía.- Confirmando la acción subrepticia que se ejercía en las cabilas sometidas, dice el padre Alfonso Rey, superior de la Misión católica de Padres Franciscanos de Nador - folio 403 -, que mes y medio antes de los sucesos corrían entre los indígenas rumeores de un próximo levantamiento, habiendo oído decir el testigo, reservadamente, que se habían impuesto una contribución de cien duros a cada jefe de cabila, entre otros, los de Segangan y San Juan de las Minas, sin poder precisar la razón de esta imposición, y después de referir otros síntomas, que delataban la agitación del territorio, contestando a pregunta de este Juzgado, atento al punto de examen, dice - folio 405 - que la Policía estaba algo abandonada, dejando bastante que desear en la relación de los jefes con los policías, así en lo referente al trato, como al abono de sus devengos; que la relación con la población mora era mejor, aunque había algún caso de maltrato a los naturales por los oficiales de la mía y de abusar éstos de las mujeres indígenas, así como de no administrar rectamente la justicia que les estaba encomendada en las cuestiones indígenas, que solían resolver con parcialidad; considerando que estos abusos no ocurrían con las fuerzas de Regulares, que estaban más disciplinadas y con mejor espíritu.

En atestado de folio 1.584, asevera el teniente de Policía Rucova que al ser herido en Izem Lasen, su asistente y el ordenanza moro le condujeron a la casa de Amar Haddamar, diciéndole "no temiese mucho, por haberles tratado siempre bien y no tener líos con las mujeres de la cabila".

El paisano Verdú, vecino del poblado de Arruí, declara, al folio 1.719 vuelto, que la Policía ejercía autoridad abusiva en el territorio, incluso tomando artículos de consumo en los comercios, que no pagaba, a veces, y, sobre todo, le sorprendía al testigo el derroche inusitado de municiones que hacían sus individuos con cualquiera ocasión de fiesta y aun respondiendo simplemente en el campo al canto de las segadoras, oues se les dejaba las armas al ir a sus poblados y cabilas con permiso, sin pedirles cuenta del gasto de municiones; cosa que el testigo extrañaba mucho por haber observado en su larga permanencia en Argelia que a los majzenes o policías sólo se les dejaba llevar armas para actos de servicio. Manifiesta que hizo sus observaciones a los oficiales que conocía, que le dijeron que eran costumbres inveteradas que ellos, por su parte, no podían remediar. En los zocos, los policías registraban a las mujeres indígenas, con gran escándalo de los moros, por romper esto contra sus costumbres. En la imposición de multas estima que se cometían extralimitaciones, aduciendo el caso concreto de un moro empleado suyo; habiendo observado siempre el temor del moro a la Policía por sus extralimitaciones, particularizando que algunos oficiales de mías se han distinguido por su celo e integridad, siendo bienquisto por los europeos e indígenas - de donde, en contraposición, se debe deducir que otros lo fueran -. Entiende que los abusos que se han cometido con las moran han sido provocados, generalmente, por la miseria reinante entre los naturales, que hacían prostituirse a las mujeres. Significa, por último, la nota desfavorable que tenía en el poblado por su codicia el sargento policía Yemani, que entiende se ha hecho rico abusivamente con unos y con otros, y que hoy es de los desertados, con el fruto de sus rapiñas, a pesar de sus protestas de amistad a España.

El paisano Landaluce, que, indistintamente, residía en Batel, Arruí y Zeluán, por razón de sus negocios, dice, al folio 1.716, que en la Policía había oficiales dignos y correctos por completo; pero que otros no guardaban la misma conducta en su trato, ni en la rectitud de su proceder, usando formas inconvenientes con los moros y con los europeos, habiendo llegado a oidos del testigo algunas lamentaciones referentes a la imposición de multas a los indígenas, en ocasiones, desconsideradas. Este proceder se observaba principalmente en el general Carrasco - muerto en Zeluán -, que era malquisto de todos; mientras que otros, como el teniente Fernández, disfrutaban por su conducta del aprecio general, habiéndosele ofrecido, poco antes de los sucesos, un banquete en Zeluán, en testimonio de gratitud por su acertada actuación.

El oficial segundo de Telégrafos Llinás, con destino en la estación de dicho poblado, al folio 1.601 vuelto, confirma el buen concepto que al poblado merecía el susodicho teniente Fernández; pero que tiene entendido que no en todos los lugares del territorio reinaba la misma cordialidad de relaciones entre moradores, europeos e indígenas y oficiales de la Policía, sin poder hacer afirmaciones más concretas.

Fray José Antona, fraile franciscano de la Misión establecida en Nador, dice, al folio 489 vuelto, que pudo observar una gran desmoralización, una familiaridad inconveniente por parte de la oficialidad con los naturales; abusos por la misma de las mujeres indígenas, cosa de los moros sufren gran agravio; depravaciones, imposición de contribuciones injustas y otros sucesos semejantes, y que la administración de las unidades entendía que era buena.

El paisano Falcó, vecino de Nador, dice al folio 1.735, entre otros particulares menos atinentes al caso, que estima que el principal motivo de la catástrofe del territorio es imputable a la Policía, por falta de información y defectos en el gobierno de europeos e indígenas y por la amplitud de facultades que tenía concedidas, y que sus jefes aplicaban con criterio personal y arbitrario; aduciendo en queja de su intervención ciertas diferencias en asuntos de orden privado del testigo, que dice haberle originado perjuicios con la morosidad de la gestión administrativa en materia de una compra de tierras concertada con un moro, y la falta de reintegro de un préstamo hecho al capitán de la Policía local para atender complementariamente a las obras de construcción de un zoco hecho en Nador por suscripción entre el vecindario, y aun la ocupación, con dicho objeto, de alguna piedra que el interesado tenía acopiada para una obra particular; de los cuales extremos se ha deducido el testimonio pertinente que ha sido dirigido al General en jefe del Ejército, según diligencia del folio 1.914.

Administración interior de las tropas de Policía.- El capitán Fortea, de la 13° mía de Policía, al folio 468, dice que al encargarse del mando de ella en el mes de junio último le dijeron que el capitán anterior, Huelva, llevaba en su maleta la documentación de la unidad, y en su cartera, los fondos de la misma, y que ambas cosas se habían perdido en Abarrán, donde aquél fue muerto; que preguntó a los policías por las reclamaciones que tuvieran que hacer, formulando, en consecuencia, numerosas sobre haberes y vestuarios, por existir algunos que tenían pendientes de cobro quincenas de enero y estar una mitad de ellos descalzos y con las ropas viejas. Formada una relación de estas reclamaciones, se atendió a ellas con los fondos que facilitó el coronel jefe de las tropas; lo que puso término a la anormal situación de la mía, que en 9 de junio quedó regularizada del todo.

Informa asimismo este capitán en materia de permisos que fuera costumbre o regla conceder, manifestando se daban a un cuarto o un quinto de la fuerza, para que, devengando haber, marcharse cuatro o cinco días a sus casas, llevándose un turno para estas concesiones, pudiendo los montados llevar su caballo, cuyo pienso se les daba.

Acerca de la imposición de musltas a los askaris, expone que era el castigo más eficaz, dada la condición avarienta del moro, no habiéndolas impuesto el testigo superiores a diez pesetas por las faltas de retraso en la incorporación después de los permisos disfrutados, la falta de cartuchos, por la que llegó a imponer, en algunos casos, hasta cinco pesetas por cartucho perdido, como atención muy interesante. De estas multas se hacía anotación en las listas de pagos y abonos a caja al liquidar mensualmente. En cuanto a las multas a las cabilas, tenía el capitán facultades para imponerlas hasta 25 pesetas, dand cuenta a sus jefes, y de esta cantidad en adelante, requería la aprobación del jefe, al que se daba cuenta de la falta y se proponía la cuantía de la multa. Las faltas que la motivaban eran de orden interior de la cabila, como riñas, desavenencias o no concurrir a una citación del jefe de "mía", etc., de las cuales multas se daba siempre recibo a los interesados.

Es de suponer que esta administración fuese llevaba con la escrupulosidad y vigor que su índole demandaba.

Conducta de la oficialidad.- Al analizar serenamente los hechos objeto de esta investigación a la luz del comportamiento observado por las tropas, en su conjunto, en los pasados lamentables sucesos del territorio, recapacitando sobre los mismos, recogiendo impresiones de los testigos y alusiones más o menos veladas o francos reproches vertidos en el curso de las declaraciones, sensible es, pero debido confesar que se derivan graves cargos contra la oficialidad y que, en general, su conducta no ha respondido a lo que de ella debía esperarse en la crisis suprema de aquellas circunstancias, sin que esto quiera decir que no se hayan registrado actos aislados de abnegado proceder, aun cuando estas manifestaciones, en casos llevadas al sacrificio, no hayan bastado a impedir la consumación de la catástrofe por omisión del conjunto.

Causas determinantes de su actuación.- En trance de buscar explicación a este decaimiento de su moral, a esta quiebra de su honrosa tradición, expone a este propósito el teniente coronel de Regulares, Nuñez del Prado - folio 392 -, que si bien el espíritu de su oficialidad era bueno, por ser los destinos de dichas fuerzas por elección y estar penetrados sus adeptos de que su misión era la de ir en vanguardia, nunca era la afección como cuando existían recompensas, cuya falta de estímulo ha podido apreciar el testigo, por haber servido con anterioridad en las fuerzas de referencia; no obteniendo tampoco de la opinión, así civil como militar, tanto en el territorio como en la metrópoli, aquella satisfacción íntima de que les reconocieran el sacrificio que por su parte hacían, puesto que eran fuerzas de primera línea, mientras que las demás del territorio se mantenían en la mayoría de las veces a distancia en la línea de fuego, sin intervención más que en casos muy contados: decadencia - folio 398 vuelto - que con carácter general la observaba y puede que con mayor intensidad en los Cuerpos, en que no se hace selección de personal, cada vez más difícil por falta de aspirantes idóneos, pues se prefieren en general los muchos destinos sedentarios y sin riesgo ni grandes molestias que existen.

Falta, pues, la oficialidad del estímulo de la recompensa, como de ideales, que impulsaban a los más audaces, la generalidad se atuvo a la comodidad de los destinos sedentarios, puesto que disfrutaba en ellos de análogas subvenciones que en los activos. No ofrecía, por tanto, aliciente el territorio sino por los sobrecargados de atenciones familiares a quienes atraía el beneficio de la gratificación de residencia y otras ventajas locales, o para aquellos otros a quienes movía la indulgencia, muy generalizada, que amparaba la administración poco escrupulosa de las unidades con sus irregulares provechos.

A otros, en fin, el incentivo de dedicarse a negocios o ejercer profesiones lucrativas con distracción de sus deberes primordiales, que dio motivo a la Real orden de 12 de febrero de 1917 - folio 477 -, dirigida a remediar este estado de cosas y a las prevenciones para su cumplimiento en el territorio, dictadas por la Comandancia general en 28 del mismo y que parece no hayan surtido los efectos apetecidos, en prestigio del Ejército, a juzgar por las denuncias anónimas que en este sentido ha recibido este Juzgado y de que, por razón de su origen, no cree deber hacerse cargo.

Claro es que todo esto se ha de entender bajo un concepto general, pues oficiales hay que habrán ido al territorio por turno forzoso de destino y otros por decidida vocación, ya que puede guiarles otro interés que el de seguir sus honrosas ficciones.

Inmoralidades administrativas.- Que en la administración interior existían faltas y atrasos lo acreditan en su caso la declaración del propio teniente coronel Núñez del Prado - folio 393 vuelto -, en el sentido de que las deficiencias que respecto a este extremo hubo en su unidad fueron corregidas oportunamente, poniendo a sus autores las correspondientes notas, "no obstante el ambiente de indiferencia con que, en general, se apreciaban en el territorio estas hechos".

El coronel Salcedo, de San Fernando, dice, al folio 657, que, al hacerse cargo el declarante del mando, a fines del mes de enero del pasado año pudo observar pequeñas deficiencias y retrasos que corrigió con la mayor energía, mereciendo sus determinaciones la aprobación de la Superioridad; y del capitán Fortea, consignadas quedan sus explícitas manifestaciones.

Mas no era la norma acostumbrada usar de este temperamento en la benignidad con que se juzgaban, no tomándose determinaciones ostensibles sino en casos graves y muy extremos. Así se concibe que, preguntando este Juzgado sistemáticamente a todos los jefes principales sobre el comportamiento de la oficialidad en este orden, con rara excepción han depuesto que no se ha instruido en sus Cuerpos procedimiento alguno por malversación, desfalco, distracción de caudales o atrasos en el pago o liquidación de haberes, ni formándose tribunal de honor por hechos que afectan a la moral militar, siendo así que ha lugar a saber de separaciones del servicio a título de retiro o licencia absoluta, aunque instrigadas por dichas causas, como de ellas se hacen eco en sus declaraciones el coronel del regimiento de África y el del mixto de Artillería.

Pedido informe al Comandante general del territorio sobre estos extremos, en comunicación de 2 de sptiembre - folio 524 -, manifiesta que, ocupada de lleno su atención en el breve tiempo que se hallaba desempeñando el cargo, con la marcha de las operaciones militares y reorganización y circunstancias de la antigua guarnición del territorio, no había llegado, por consiguiente, a su conocimiento de un modo concreto otro estado de conducta de ella que el puramente oficial, sin que por su índole requiriera la substanciación de procedimientos de la naturaleza inquirida; que sólo había recogido rumores del mal efecto que producía la tolerancia del juego y los disgustos de él derivados, originando éstos las peticiones de separación del Ejército de algunos oficiales.

En atención a lo que se deja expresado, este Juzgado, insistiendo en su gestión, en comunicación de 15 de octubre - folio 1.348 vuelto - interesó de la expresada autoridad la remisión, con referencia a los antecedentes obrantes en la Fiscalía jurídico militar, de relación de todos los procedimientos incoados contra jefes y oficiales desde 1° de enero de 1920 a 31 de julio de 1921, por delitos o faltas contra la propiedad y el honor militar, indebido empleo o apropiación de caudales y otras de índole semejante, remitiendo en este sentido el estado que se une al folio 1.532, bastante parco por cierto en su contenido, para lo que era voz popular en el territorio.

Resumen de la actuación.- La poca escrupulosidad en la administración, la facilidad de las costumbres, disimuladas con la mayor indulgencia, como el ambiente local consentía; el aflojamiento de los resortes de la disciplina, por tan diversos modos relajada, y la negligencia determinada en los servicios y deberes profesionales, contribuyeron al estado de la oficialidad, que, denotando en general escaso espíritu en la grave crisis que hubo de arrostrar, no supo, o no pudo, sobreponerse a los sucesos en el cúmulo de circunstancias adversas que las corruptelas, los errores, los defectos de organización acarrearon en todos los órdenes del territorio, como de las declaraciones podrá deducirse, o juzgando, en otro caso, por las consecuencias tangibles de los hechos que se analizan.

Los graves cargos que contra ella se formulen o deriven en el curso de las declaraciones, serán resumidos en el lugar correspondiente de la relación, a fin de que conserven la impresión del momento en que los hechos de su referencia se produjeran.

En resumen: cabe decir que ya que la tropa, quebrantada su moral, deprimido el espíritu y extenuada por la fatiga y por las privaciones, la sed y el calor abrasador de aquellos días abrumadores de julio, se mostrase desalentada e incapaz de rehacer su ánimo, es lo cierto que la oficialidad, no sobreponiéndose por honor a tales contratiempos, arrastrada por el común desmayo, no ha procurado levantar su moral y cobrar el necesario ascendiente sobre su tropa para reducirla a su deber en los momentos decisivos en que le iba su propia salvación y existencia; pues es constante que en contados casos en que una voluntad decidida se ha impuesto, aquella ha respondido en la medida que lo angustioso de la situación consintiera. Algunos hechos de esta naturaleza se han registrado, tanto más de estimar y de revelar su mérito en la adversidad de los destinos de dicho ejército, por cuanto el sacrificio hecho no podía contribuir a salvar la situación, mas sí respondía a los dictados del deber y del honor.

Contrasentido de su resumida acción.- Contrasta con la escasa fortaleza, en general demostrada, y que como resultante de tantas abdicaciones determinó el derrumbamiento instantáneo del territorio, presa del pánico, cuales quiera que fueran los motivos que le prepararan, y sorprende a la vez el ánimo, por el contrasentido que envuelve, el excesivo aprecio que se hace por parte de cierta oficialidad, y aún de clases, del propio mérito en el cumplimiento de los deberes que la Ordenanza impone de suyo elementales, al considerar la inaudita repetición con que estimándose por los interesados haber hecho "acción de señalada conducta o valor en las funciones de guerra", de que habla el artículo 17 de las Ordenes generales para oficiales, y cuya apreciación comete aquel texto al jefe inmediato y testigo de la acón, con acertadas prevenciones, a fin de que "los militares de cualquier clase no aleguen por servicio distinguido el regular desempeño de su obligación", sorprende, se repite, la insistencia con que se producen peticiones de apertura de juicios contradictorios para optar a la cruz de San Fernando, denunciando ello la desmoralización del sentimiento del deber por la sola satisfacción íntima y persuasiva de cumplirlo; pues si tanto creen haberse comportado tan esforzadamente, no se comprende entonces la consumación de la catástrofe en las condiciones que los hechos relatan. 


V

ESTADO Y CONDICIÓN DE LAS TROPAS

Estado de preparación de las tropas del territorio.- Muchas y complejas causas han influido en la calidad y disposición de las tropas del territorio, y por más que preguntados sus jefes en el interrogatorio a que eran sometidos acerca del particular estado de las suyas, las considerasen aptas para todos los servicios, pretendiendo acreditar su buen espíritu al enumerar luego las visicitudes a que de ordinario estaban sujetas en su preparación y empleo, hay que reconocer que la realidad, las circunstancias como desenvolvieron su ación, no podían menos de atenuar el aserto y evacuar sus deficiencias en consonancia con el hecho incontestable del fracaso de su actuación. Podrán haberse comportado éstas en condiciones del todo adversas en razón al desmesurado esfuerzo a que se las sometía, pero es inconcluso que les ha faltado energía, firmeza y disciplina.

Reservación del empleo de las tropas peninsulares y estado de su moral.- Dice inicialmente el teniente coronel de Estado Mayor Dávila, al folio 1.296 de su declaración, que cuantas operaciones se realizaron durante su estancia en el territorio -y en otro lugar consigna que se ausentó enfermo del mismo el 9 de julio - procuróse desarrollarlas en forma de restringir cuanto fuse posible las bajas de las unidades peninsulares, sin perjuicio de alcanzar los objetivos presupuestados, y en cuantas ocasiones intervinieron nuestras tropas en el combate, como en cuantos ataques y agresiones hubieron de rechazar, se comportaron cual incumbía a su deber, sin desmayo alguno y con elevado espíritu.

Esto sienta ya la premisa dl restringido empleo de dichas tropas y supone referirse dicho comportamiento a épocas en que fueron realizadas las operaciones en discreta medida y en proporción con los medios disponibles.

Por su parte, el comandante de Estado Mayor Fernández - folio 812 - cree que el territorio había fuerzas suficientes para ocuparle y para mantener organizada una fuerza móvil que acudiera a deshacer cualquier resistencia; pero a condición de que esta fuerza estuviera decididamente dispuesta a ser empleada de un modo enérgico; conclusión que conduce a reconocer implícitamente carecieran aquella de la necesaria decisión en los momentos en que fueron llamadas a intervenir.

Deficiencias de la instrucción y mermas de los efectivos.- Si se atiende al contexto de las declaraciones, fuerza es reconocer que de manera general la instrucción doctrinal de las tropas estaba siempre apremiada por las necesidades mismas del servicio que prematura y apresuradamente se las imponía. La de tiro, muy especialmente, por la forma incompleta en que la recibían, no podía ser, no ya suficiente, pero ni rudimental para las necesidades más apremiantes del servicio cualquiera que fuese el empleño en ello puesto por los jefes. Luego, acabado el periodo normal o acelerado de instrucción, la cantidad de posiciones existentes obligaba diseminar la fuerza de los Cuerpos en términos que incapacitaba para continuar dicha instrucción con algún provecho; en cuanto ala de tiro no se practicaba de ningún modo; porque si bien existían órdenes para que así se hiciese a la inmediación de las posiciones, de hecho no se efectuaba por dificultades de localidad, temor de perjudicar a los naturales o restricciones impuestas por la Policía.

La fuerza de los Cuerpos estaba sujeta, como se verá en detalle más adelante, a mermas considerables por los numerosos destinos a que proveían de plaza y Cuerpo y de otras unidades que no se nutrían de reemplazo, en casos, antes de completar los individuos la instrucción contra todo lo mandado; los auxilios que habían de prestar al Cuerpo de Ingenieros para los trabajos de carreteras, reforma y mejoramiento de posiciones y otros, con arreglo a las prevenciones de la orden general de la Comandancia de 2 de mayo de 1920 - folio 319 -, trabajos, que, si necesarios, consumían la energía del soldado, como las prestaciones para obras que nada tenían que ver con la munitoria y tantas otras distracciones de su contingente que habían de redundar en detrimento, en primer término, de la instrucción y adecuada preparación, solidez, cohesión y actitud de la tropa para sus fines sensciales y disminuía en mucho el pie de su fuerza eficiente.

Causas deprimentes de su espíritu.- Si se atiende, por otra parte, a la situación particular de las tropas, a su grado de fraccionamiento en guarnición de las numerosas posiciones del territorio, en las condiciones que acredita lo hasta aquí expuesto; consumiendo su actividad en dichos aislados puestos y enervadas por las atenciones ordinarias del económico servicio, descuidada forzosamente la instrucción, aflojada la tensión del Mando en la pasividad de los destacamentos, y con mayor motivo en el largo periodo de tranquilidad que se venía disfrutando en la región, no es de dudar careciesen del necesario espíritu, preparación y continente para afrontar la grave situación que preparan los sucesos.

Ya en 20 de junio último - folio 390 - se consideró el Mando en la necesidad de recomendar a los jefes de circunscripción de primera línea se acudiese al remedio de los descuidos que en los servicios, como en el estado de conservación de las obras, producía "la sensación de tranquilidad que llevara al ánimo de las fuerzas destacadas en posiciones transcurrir el tiempo sin verse en el caso de rechazar o hacer frente a agresiones"; encareciendo por ello vigilasen y excitasen el celo de los comandantes de las posiciones dependientes "para que en todo momento pueda afirmarse prestaran las fuerzas a su órdenes sus servicios con la exactitud y desvelo que sin pretexto alguno ha de exigírsela", aconsejando otras medidas para acudir al reparo y refuerzo de las posiciones; dando ello la impresión de que se reconocía la deficiencia intrínseca de éstas; como la flojedad del nervio de las tropas.

Empleo de las fuerzas.- Esto como instrumento armado; pues en cuanto a aplicación del mismo se hacía de las tropas peninsulares un empleo erróneo, ya esbozado antes, perjudicial y contraproducente. La orden general que antes se cita, en su regla 21°, ya advierte que las tropas de Policía pondrán en conocimiento de los jefes de posición la forma en que cubran sus fuerzas los servicios encomendados de descubierta, vigilancia y protección.

En su regla 10° previene que, al tener los jefes de circunscripción noticia de ser atacada una posición y que necesita refuerzos, dispondrán acudan en su auxilio las tropas de Policía y de Regulares más inmediata, reforzando, si preciso fuera, la acción de éstas con el empleo adecuado de la columna, y en otra orden anterior, de 9 de marzo - folio 383, regla 15°, se establece como norma que las fuerzas de Regulares se empleen como núcleos avanzados de tropas de asalto, determinado todo esto un estado de inferioridad para las nuestras a los ojos del indígena.

El empleo preferente y sistemático de dichas fuerzas indígenas como de choque en las operaciones, restringiendo el de las peninsulares, reduciéndolas al papel de reservas expectantes, sin entrar sino en rarísimo caso en contacto con el enemigo, a fin de que no sufriesen bajas que el orden político parecía consagrado a evitar, deprimía el espíritu de nuestras tropas, había de influir en el concepto que de las indígenas formaba nuestro soldado, daba a éstas altiva idea de su propio valer y en los naturales infundía menosprecio de las nuestras, con las que nunca se medía. Explicable es, por consiguiente, que acostumbrado el soldado a la protección de las fuerzas indígenas, al faltarle su apoyo, desafectas y volviendo tiros a él, se sintiera desamparado y abdicase de su moral, que no ayudaran a levantar ciertamente ni las circunstancias ni el escaso ascendiente puesto en juego por la oficialidad, también decaída en su espíritu.

Así es que si los fáciles avances afortunados, el modo de empleo de las fuerzas pudo responder bien al propósito, en los adversos, en los casos en que las indígenas llegasen a flaquear o fracasar, no había detrás nada que restableciera la situación y contuviera el retroceso, no preparado el espíritu de las tropas nuestras para afrontar el contratiempo en el hábito de su ordinaria inhibición.

Atestaciones comprobantes.- Todo este trasunto de la realidad que abreviadamente se hace necesita su formal atestación con referencia al juicio de los testigos llamados al expediente, y por ello es, a saber:

Coronel Morales.- Dice el coronel del regimiento de Ceriñola, don Ángel Morales Reinoso, al folio 996 vuelto de su declaración, que al ser baja el pasado año anterior en el territorio a causa de su ascenso, pudo apreciar que, si bien la ocupación de las posiciones hasta aquel entonces se hacía con columnas nutridas y dotadas de elementos suficientes, y las posiciones se guarnecían proporcionalmente con los debidos efectivos, al extenderse el territorio casi en doble de lo que antes fuera, forzosamente quedaban débiles todas estas posiciones, toda vez que con las fuerzas que existían se hizo dicha ampliación. El espíritu que animaba a las tropas fue siempre muy elevado, causándole verdadera extrañeza todos los hechos ocurridos, siendo preciso hacer notar que en la mayor parte de las operaciones realizadas las fuerzas del Ejército no tomaban una parte activa, misión que desempeñaban únicamente las de Regulares y Policía, constituyendo este sistema quizá la falta de práctica de combatir, principalmente en esta guerra irregular. Reducido su cometido a guranecer las posiciones, olvidándose del cumplimiento de sus deberes para la guerra, en la confianza de no ser jamás empleadas, ocurriendo desgraciadamente, ante lo inesperado del caso, sucesos como los que hay que lamentar.

Coronel Salcedo.- Dice el coronel del regimiento de Infantería de San Fernando, don Enrique Salcedo, al folio 654 vuelto de su declaración, informando sobre el grado de preparación y eficiencia de su Cuerpo para los servicios de guerra del territorio, que al hacerse cargo del mando del mismo pudo observar y exponer a la Superioridad que lo consideraba bastante deficiente, explicándose esto por muchas causas, entre ellas la falta de instrucción bastante y el apremio y rapidez con que se instruían los contingentes de reclutas, hasta el extremo de que en el año anterior de 1921, los jefes de Cuerpo recibieron orden de que en poco más de un mes (sic) estuviesen los reclutas en disposición de incorporarse a sus columnas y destacamentos, habiéndose considerado en deber del testigo de hacer observar que el Reglamento táctico previene, cuando menos, para el primer periodo, tres meses, y que en dicho primer mes tienen lugar las vacunaciones contra la viruela y las cuatro semanas contra el tifus. Si esto se une el fraccionamiento de los destacamentos de pequeñas unidades con reducido efectivo, con el que tenía que atenderse a los servicios, convoyes, aguadas, etc., etc., se comprende que no quedase núcleo de fuerza para que en los destacamentos y posiciones se cumplimentasen las órdenes que estaban dadas, ni los horarios de instrucción por mañana y tarde para que se completase ésta en lo posible.

Por lo que se refiere al tiro, la instrucción era del todo deficiente, pues a las razones expuestas hay que agregar que los regimientos del territorio recibían contingentes de reclutas de cerca de mil hombres; todos se han instruido en Melilla con un solo y deficiente campo de tiro, por lo cual se asignó a su regimiento, como a todos los demás, un solo día a la semana para tirar; de manera, que como comprendían los peridos de instrucción de reclutas, de ordinario, aproximadamente, dos meses, eran ocho o nueve días los asignados al tiro; pero si en estos días caía una fiesta, llovía (cosa muy frecuente en esa época), les cogía el día de vacuna antitífica o el siguiente, se ha observado que de los días que correspondían a cada Cuerpo siempre se perdían los menos tres o cuatro, quedando sólo cuatro o cinco para hacer ejercicio de tiro, y en esta forma salían los reclutas al campo; donde, no obstante haberse pedido más de una vez, de oficio, que se señalasen campos de tiro o medios para completar esta instrucción, nunca se ha concedido en ninguno de los campamentos y posiciones del territorio; unas veces porque el terreno no lo permitía, y otra por razones políticas, según ha podido comprobar por manifestaciones de los oficiales de la Policía.

El efectivo del Cuerpo estaba muy reducido, puesto que los regimientos de Infantería atendían a todos los servicios y necesidades oficiales, particulares, personales, de construcción y ornato público y de vigilancia de la población, y daban además fuerzas y destinos, así como empleos y oficios de todas clases a la Policía indígena y a las fuerzas regulares; asistentes, ordenanzas y escribientes para la Brigada disciplinaria; oficios de todo género para Ingenieros; telegrafistas, mecánicos; obras del Casino Militar y de la Capilla Castrense; Policía gubernativa y, por último, dispusieron que la compañía de la columna, entre ellas la de Voluntarios, que constituían el núcleo y la base de dichas columnas y de su fuerza combatiente, diese cincuenta soldados por compañía para los trabajos de pistas y carreteras, que quedaban agregados para todos los efectos a las compañías de Ingenieros, a muchos kilómetros de sus jefes y oficiales, que no sabían de ellos ni los veían, obligando al testigo esta falta de efectivo a disolver dos compañías de voluntarios, nutriendo las disueltas con individuos del reemplazo a prorrateo entre las demás compañías, con lo que se mermaba el efectivo de éstas; esta medida no obstante, al salir las compañías del regimiento para Annual el 19 de julio, tuvieron que unirse las dos únicas de voluntarios que restaban para formar con ellas una sola; aún así, con el corto efectivo componente de ochenta fusiles.

Análogas declaraciones hace cuanto al armamento y ametralladoras, que dice se hallaban en el peor estado por su prolongado uso, y si con respecto a material y ganado se consideraba bien dotado, consigna que carecía de carros reglamentarios y de cocina de campaña.

Capitán Araujo.- El capitán ayudante del regimiento de Melilla, Araujo, confirma, al folio 538, con respecto a su Cuerpo, la falta de medios de instrucción, atendido a que las compañías de las posiciones, ninguna completa en la demarcación del regimiento, por tener todas una sección destacada, por el servicio nocturno, protecciones de aguadas, convoyes y correo, no podían dedicarse a la instrucción, que a lo sumo practicaba una escuadra, y que en cuanto a la de tiro, ni dichas compañías destacadas ni las de la columna lo verificaban en absoluto en la circunscripción de referencia.

Teniente coronel Vera.- Dice también a este propósito el teniente coronel Vera, jefe accidental del precitado regimiento, que las tropas del mismo, una vez instruidos los reclutas, marchaban a las posiciones, no pudiendo continuar la instrucción de tiro en el campo por lo diseminadas que se hallaban las posiciones y el servicio que se veían precisadas aquellas a prestar, pues únicamente la columna destacada en Ishafen (trasladada después a Kandussi) disponía de un campo de tiro de malas condiciones al pie del monte Milón, y la fuerza de Batel (situada luego en Cheif), de otro al pie del monte Usuga; pero aclara el capitán Araujo, al folio 545, que las fuerzas de la columna de Kandussi no realizaban el expresado ejercicio, a pesar de la orden general que así lo disponía por mandato expreso de la Comandancia general, que le fue transmitida al testigo como ayudante del Cuerpo, acordándose mandar un croquis del terreno donde habría de efectuarse el ejercicio para estudiarlo o no, según las condiciones del lugar.

Teniente Valmaseda.- Estas condiciones, que eran las generales, pueden explicar la manifestación - folio 1.444 - del teniente Valmaseda, comandante de la sección destacada e el Zaio, de la segunda compañía provisional del regimiento de Ceriñola, que al ser requerida en retirada por el zoco El Arbaa de Arkeman y la Restinga sobre la plaza, ante la amenaza del enemigo que se le echaba encima, si respondía de su tropa, hubo de contestar que podía hacerlo de doce o trece hombres, mas no del resto, alguno de los cuales no sabía ni cargar ...; y no por la modestia de la clase que lo emite debe recusarse el testimonio del cabo de Artillería Antonio Padró, del puesto de Samma - folio 855 -, que dice "había - en el expresado fuerte - una sección escasa del regimiento de Melila, formada con los destinos; por lo que muchos de sus hombres no conocían el manejo del arma, no habían salido nunca al campo, según sus propias manifestaciones, ni hecho práctica de fuego".

Coronel Massayer.- El coronel de la Comandancia de Artillería, Massayer, dice - folio 790 vuelto -, atento a la instrucción de las tropas de su mando, que ésta era la posible, compatible con sus múltiples servicios, singularmente los de parque, que prestaban gente en grado considerable, y compatible también con la falta de escuelas prácticas en el territorio, a pesar de haberlo solicitado repetidas veces a las autoridades, las que se resistían, indicando razones de evitar alarmas y reparos políticos; así, casi siempre se daba el caso de que la primera vez que los artilleros hacían fuego era en acción de guerra. A pesar de todo, en los numerosísimos casos en que las baterías de las posiciones hicieron fuego, dice, lo hicieron bien y acertadamente, lo cual no es de extrañar, ya que con harta frecuencia se solía hacer fuego a grandes distancias y con hostilidad muy débil, y que este fuego podía considerarse como una escuela práctica o un ejercicio preparatorio.

Continente de las tropas.-

Teniente coronel Fernández Tamarit.- En otro orden de consideraciones, expone el teniente coronel Fernández Tamarit - folio 1.200 vuelto - que el espíritu de las tropas peninsulares podría ser excelente; pero su preparación para el combate, en las de Infantería al menos, era deficientísima. Desde el año 19 los soldados españoles asistían a las operaciones en calidad de espectadores, y aun, según sus noticias, ya ocurría antes lo propio. Con ello, el moro enemigo tenía triste idea de la tropas españolas, que no saban medirse con él; las fuerzas indígenas auxiliares, el propio desfavorable concepto de los que se limitaban a ver cómo se combatía, y los soldados nuestros, la idea de que Regulares y Policía eran la fuerza escogida e invencible; nada de particular tiene, pues, que en el momento en que estas fuerzas sufrieran quebranto, las demás tuvieran ya la moral perdida. La pérdida de Abarrán, añade, produjo una profunda impresión deprimente en nuestros soldados; el combate del 16 de junio acentuó esta depresión, porque en él, aparte de las bajas sufridas, la Policía retrocedió en desorden.

Los sucesos posteriores acaecidos en los convoyes a Igueriben y el presenciar a cuatro kilómetros de Annual, con el Comandante general presente y acumulando allí todas las fuerzas disponibles, el trágico fin y sacrificio de aquella guarnición; la impotencia para socorrerla, precisamente por la merecida reputación de bravura del Comandante general, concluyeron con la moral de las fuerzas que en Annual había, y que hasta entonces habían combatido serena y valerosamente.

Teniente coronel Vera.- Y, por su parte, confirma el teniente coronel Vera, antes citado - folio 893 -, al juzgar las causas determinantes de la falta de vigor desplegado por la tropas, que de manera general cree se debe a la rapidez con que se sucedieron los acontecimientos en Annual, a las infructuosas tentativas del convoy a Igueriben y al fracaso de Abarrán, asó como a la no intervención de las fuerzas peninsulares, como sistema, en la anguardia de las columnas, siempre que se emprendía algún movimiento de avance; relegándola a servir de escolta a las fuerzas indígenas, obligándolas a permanecer constantemente tras los parapetos desde la puesta de sol, no permitiéndole nunca practicar el servicio de emboscada no ningún otro nocturno, lo cual, a su juicio, deprimía el espíritu de las mismas.

Teniente coronel Núñez del Prado.- De igual modo reconoce el teniente coronel de Regulares Núñez del Prado - folio 397 - que el decaimiento de la moral de las tropas ha podido reconocer por causa la inmovilización en posiciones aisladas, algunas de ellas sin enlace ni medios materiales de subsistir, y la escasa intervención en los combates, determinando la falta de entrenamiento y su falta de vigor en consecuencia de las órdenes que tenían los jefes de columnas de evitar a todo trance bajas peninsulares. Por contra, reconoce que el empleo excesivo de las fuerzas indígenas ha podido producir alguna vez su agotamiento por cansancio y desgaste.

Coronel Riquelme.- Asímismo, el coronel Riquelme, exponiendo su juicio acerca de las circunstacias que influyeran de manera tan desfavorable, como general en la moral y firmeza de las tropas, con las consecuencias lamentables de ellos derivadas, dice, al folio 1.782, que han concurrido, a su parecer, en su desastroso decaimiento el constituir la fuerza de las columnas y las guarniciones de las posiciones en gran parte con reclutas dados de alta a últimos de mayo del pasado año, faltos de toda preparación; el estar poco habituados a combatir el resto de las tropas veteranas; pues si bien tomaban parte en las operaciones de avance, lo hacían siempre a gran distancia de las fuerzas indígenas, únicas fuerzas de choque empleadas, con lo que el espíritu de las peninsulares y su moral dejaban mucho que desear, como asimismo el concepto que el elemento indígena tenía de ellas, no viéndolas combatir, reducidas siempre a segunda línea, con gran quebranto del prestigio de nuestras armas, consideración esta última tan generalizada en el juicio de los testigos, que sería prolijo seguir su enumeración.

Fuerzas regulares indígenas.- Por lo que respecta a las fuerzas indígenas, sea efecto del natural desgaste de su continuada y activa intervención en las operaciones, sea cansancio en ellas, producido a tenor de los que anteriormente consigna su jefe, o el resultado de la propaganda rebelde de que sean objeto, el hecho es que llegaron a desmerecer de su confianza - folio 832 -, que luego vinieron a justificar los hechos; pues, como dice el teniente de Artillería Gómez López a este propósito, al salir de Melilla para Dríus con su batería reforzada - la pérdida de Abarrán -, llevaban cierta preocupación por haber sido testigos de la caída de esta posición, debida a la falta de auxilio, y del ataque a Sidi Dris, donde tampoco se mandara; en la cual escasa confianza en las precitadas fuerzas indígenas se les achacaba la culpa de la pérdida de Abarrán por no haberse sostenido allí.

Dice el antedicho jefe de ellas el teniente coronel Núñez de Prado, al folio 392 vuelto, que su tropa, salvo excepciones propias y características del modo de ser de los indígenas, se han comportado bien, siendo una de las pocas fuerzas que llegaron organizadas a sus alojamientos, habiendo conservado todo su armamento y salvando todo el tren de ametralladoras, llegó a la plaza; agregando más adelante - folio 398 - que hubieron de batirse bien, como lo prueba el gran número de bajas, cerca de 300, que tuvieron en los combates de las inmediaciones de Annual desde el día 17 hasta el 22, efectuando su retirada organizadamente. Cierto que los Regulares, luego de participar con varia suerte y tesón en los combates en torno a Annual, efectuaron la retirada en mano de sus oficiales, llegando hasta sus acantonamientos; pero tampoco lo es menos que, envueltos en el ambiente de sedición del país, desertaron tan luego como se encontraron como se encontraron cerca de sus hogares, no acudiendo la Infantería de Nador a la lista para que, luego de recogerle el armamento, cual costumbre, se le citara en la tarde del 23 de julio, y haciendo abierta defección la Caballería en Zeluán el 24, con armas y caballos - folios 1.754 y 1.921 -, y aun volviendo armas contra la Alcazaba - folio 398 -, como habrá ocasión de referir en su lugar, aunque pudiera influir en su espíritu -folio 393 - la necesidad de defender a sus familas, repartidas en distintas cabilas, ante la sublevación del territorio.

Policía.- En cuanto a la Policía, hay que distinguir su participación militante en los sucesos y como institución de seguridad del país.

Desde el primer punto de vista, por las mismas causas atribuidas a los Regulares, efecto de su inadecuado empleo como fuerzas armadas, de choque, sufrió en mayor escala el quebranto de su moral y de su firmeza, siendo unánimes y numerosas las manifestaciones recogidas en el expediente en cuanto a sus actos de deserción y desleal proceder, haciendo causa común inmediata con el enemigo, volviendo descaradamente sus armas contra nuestras tropas y tomando parte en las depredaciones y atropellos cometidos en el territorio, como en el curso de este resumen habrá ocasión de consignar. Y en cuanto al empleo sistemático en primera línea de estas tropas, fuerza es reconocer, de acuerdo con lo que expone entre otros el coronel de Infantería Riquelme - folio 1.780 vuelto -, que tal cometido, apartándola de sus particulares funciones en las cabilas, determinó el abandono de su misión inspectora y de gobierno cerca de ellas, y de estar al tanto de la sorda propaganda sediciosa que venía haciéndose en el país; y el teniente coronel Núñez de Prado ratifica al folio 394 vuelto, que la Policía, abandonando frecuentemente sus cabilas para atender a las misiones combatientes que se le encomendaban, tenía que perder el contacto con la gente del país y su labor política; no siendo apropiadas por lo demás dichas fuerzas para aquella misión eminentemente marcial que se les daba. Bajo otro aspecto, dice que no existía el justo acuerdo entre el mando de la Comandancia general y el de la Policía, según pudo apreciar por las quejas del general en esta sentido.

Corroborándolas y abundando en las anteriores opiniones, dice el capitán de estas tropas Fortea - folio 484 -, que otras de las causas a que él atribuye el desastre ha sido, a su juicio, el emplear la Policía como fuerza combatiente, apartándola de su territorio, donde, perdido el contacto con la población, quedaba interrumpida la labor política.

La acción particular de las expresadas fuerzas será deducida del curso de este resumen, pues que en este lugar sólo se refleja el concepto abstracto de su intervención; si bien sea del caso mencionar que, como quiera que de la actuación del Juzgado no haya sido posible adquirir antecedentes concretos de la suerte que corrieran la mayor parte de los puestos que mantenía la Policía en el territorio, en los hechos aislados de su desempeño, en la idea de que por la Subinspección de las tropas y Asuntos Indígenas, de que eran dependientes, hubiese podido ser completada dicha información por sus medios directos a dicha oficina, hubo de dirigirse al Juzgado en demanda de datos, sin que por el deficiente informe que ha remitido y se inserta al folio 1.815, se aclaren y vengan en conocimiento de los términos de la caída, abandono su ocupación de los referidos puestos, viéndose, por tanto, reducido a consignar los datos que le ha sido dado recoger por sí.

La Policía como instrumento de Gobierno.- Juzgando el comportamiento de la Policía como institución de Gobierno, dice el coronel Riquelme, al mismo folio antes citado, que ha podido también contribuir a la hostilidad de las cabilas el descontento de la gestión, falta de preparación de noveles oficiales encargados de la administración y régimen de ellas, circunstancias que influirían en gentes de tan diferente mentalidad y psicología de la nuestra; aparte de los abusos y atropellos que forzosamente habrán de haber ocurrido por falta de dicha preparación y el no tener los indígenas medios de exteriorizar sus quejas o disgustos ante autoridad superior al capitán de la mía; estado de opinión que, según manifiesta, se le hizo presente en terreno amistoso por algunos indígenas, y que, por su parte, se apresuró a transmitir al Comandante general y al jefe de la Oficina indígena; pues, como declara más adelante - folio 1.788 vuelto -, obedecieron dichas manifestaciones a las extensas atribuciones que se concedieron a dichos capitanes, contrariamente a lo que venían haciéndose antes, mantenidas sus facultades en prudenciales límites; pues las cortapisas que se pusieron a los naturales para recurrir en queja a la Superioridad cuando se considerasen agraviados, que habían de hacer necesariamente con la autorización del capitán de la mía, contra que muchas veces era la queja, les cohibía en su libertad de acción.

Insistió en este particular punto de vista, dice también el teniente coronel Fernández Tamarit - folio 1.204 - que tal vez hayan podido producir irritación en los naturales hechos realizados por agentes de Policía que, contando con excelentes elementos, tenía oficiales desconocedores del idioma y costumbres indígenas y además poco expertos en su calidad de oficiales noveles, aunque dignos y animosos, pero incapacitados para realizar misión a ella confiada, tan difícil como la de administrar justicia, a que se veían obligados en los destacamentos aislados o en su cabecera, en ausencia de otros oficiales por permisos, enfermedades u otras causas.

Es público y notorio, agrega, que en determinadas cabilas hubo manifestaciones de disgusto por actos realizados por el capitán Pomes, hoy retirado, y como cualquier falta cometida por oficiales que desempeñan esta difícil misión tiene mayor relieve y consecuencia, obliga esto a que los oficiales que hayan de desempeñarla se escojan con todo género de cuidado. Bajo la cual recomendación, y por le hecho de aludir a un oficial ya separado de su función por causas notorias, se deja comprender la existencia de abusos de parte de dichos administradores del territorio, que la discreción del testigo le hace reservar; que corren válidos que son del común dominio de la opinión, pero que al Juzgado no le sido dado recoger por no haber contado con la existencia de testigos que, en su rectitud de juicio, los denunciaron para satisfacción de la vindicta pública y en propio prestigio de la institución. Sólo por medios indirectos ha podido corroborar su juicio en dicho sentido.

Implantación del Protectorado en la Zona.- A este respecto, apunta muy discretamente el coronel Riquelme, folio 1.787 vuelto -, y que por razón de su conocimiento del territorio se consideran autorizadas sus apreciaciones, que otra de las causas a que atribuya la poca eficacia de nuestra acción en el territorio reside en no haber implantado de tiempo el régimen efectivo del Protectorado en las cabilas de retaguardia con funciones y autoridades indígenas que dieran al país marroquí la sensación de nuestras favorables disposiciones a su establecimiento.

Por el contrario, el gobierno y administración de las cabilas sometidas continuó entregado de un modo directo y efectivo a nuestras Oficinas indígenas, no siempre regentadas por oficiales expertos y realmente capacitados para misión tan delicada y difícil, que forzosamente tenían que cometer errores, cuando abusos en el ejercicio de sus cargos, reiteración e insistente afirmación que pregonan su comisión, ocasionando hondas repercusiones en algunas cabilas y cierto malestar latente e espera de exteriorización al menor quebranto de nuestras armas. Y agrega, precavidamente, que es muy posible que habiendo estado el Gobierno en manos del personal indígena afecto a España, aunque fiscalizado hábilmente por nuestras oficinas territoriales, no hubieran creado rencores a nuestra nación las decisiones de tales ministrantes, aún cuando hubieran sido injustas, y en cambio, nuestro papel de mediadores hubiera sido más grato a la población indígena; sentido en el cual manifiesta haber informado al Mando en las ocasiones que mereció ser consultado su parecer, y hasta hubo de explanar las líneas generales para la implantación del Protectorado en la zona oriental, informando de la necesidad apremiante que preveía de llegar a él, si había de consolidarse la ocupación del territorio, presintiendo complicaciones contingentes, de otro modo, en el desarrollo de nuestras acciones futuras. Termina diciendo que no se creería llegada la oportunidad de adoptar dicho partido, cuando no se realizó la reforma y se continuó, por el contrario, con el régimen y administración directo, ejercido por personal falto de preparación, en la mayor parte de los casos; elementos con lo cuales mal se podía contrarrestar la intensa propaganda que los rebeldes realizaban en las cabilas sometidas y hasta en las fuerzas indígenas, en las que existía un terreno abonado por efecto de las mismas causas enumeradas.

Juicios sobre la actuación de la Policía.- Confirmando la acción subrepticia que se ejercía en las cabilas sometidas, dice el padre Alfonso Rey, superior de la Misión católica de Padres Franciscanos de Nador - folio 403 -, que mes y medio antes de los sucesos corrían entre los indígenas rumeores de un próximo levantamiento, habiendo oído decir el testigo, reservadamente, que se habían impuesto una contribución de cien duros a cada jefe de cabila, entre otros, los de Segangan y San Juan de las Minas, sin poder precisar la razón de esta imposición, y después de referir otros síntomas, que delataban la agitación del territorio, contestando a pregunta de este Juzgado, atento al punto de examen, dice - folio 405 - que la Policía estaba algo abandonada, dejando bastante que desear en la relación de los jefes con los policías, así en lo referente al trato, como al abono de sus devengos; que la relación con la población mora era mejor, aunque había algún caso de maltrato a los naturales por los oficiales de la mía y de abusar éstos de las mujeres indígenas, así como de no administrar rectamente la justicia que les estaba encomendada en las cuestiones indígenas, que solían resolver con parcialidad; considerando que estos abusos no ocurrían con las fuerzas de Regulares, que estaban más disciplinadas y con mejor espíritu.

En atestado de folio 1.584, asevera el teniente de Policía Rucova que al ser herido en Izem Lasen, su asistente y el ordenanza moro le condujeron a la casa de Amar Haddamar, diciéndole "no temiese mucho, por haberles tratado siempre bien y no tener líos con las mujeres de la cabila".

El paisano Verdú, vecino del poblado de Arruí, declara, al folio 1.719 vuelto, que la Policía ejercía autoridad abusiva en el territorio, incluso tomando artículos de consumo en los comercios, que no pagaba, a veces, y, sobre todo, le sorprendía al testigo el derroche inusitado de municiones que hacían sus individuos con cualquiera ocasión de fiesta y aun respondiendo simplemente en el campo al canto de las segadoras, oues se les dejaba las armas al ir a sus poblados y cabilas con permiso, sin pedirles cuenta del gasto de municiones; cosa que el testigo extrañaba mucho por haber observado en su larga permanencia en Argelia que a los majzenes o policías sólo se les dejaba llevar armas para actos de servicio. Manifiesta que hizo sus observaciones a los oficiales que conocía, que le dijeron que eran costumbres inveteradas que ellos, por su parte, no podían remediar. En los zocos, los policías registraban a las mujeres indígenas, con gran escándalo de los moros, por romper esto contra sus costumbres. En la imposición de multas estima que se cometían extralimitaciones, aduciendo el caso concreto de un moro empleado suyo; habiendo observado siempre el temor del moro a la Policía por sus extralimitaciones, particularizando que algunos oficiales de mías se han distinguido por su celo e integridad, siendo bienquisto por los europeos e indígenas - de donde, en contraposición, se debe deducir que otros lo fueran -. Entiende que los abusos que se han cometido con las moran han sido provocados, generalmente, por la miseria reinante entre los naturales, que hacían prostituirse a las mujeres. Significa, por último, la nota desfavorable que tenía en el poblado por su codicia el sargento policía Yemani, que entiende se ha hecho rico abusivamente con unos y con otros, y que hoy es de los desertados, con el fruto de sus rapiñas, a pesar de sus protestas de amistad a España.

El paisano Landaluce, que, indistintamente, residía en Batel, Arruí y Zeluán, por razón de sus negocios, dice, al folio 1.716, que en la Policía había oficiales dignos y correctos por completo; pero que otros no guardaban la misma conducta en su trato, ni en la rectitud de su proceder, usando formas inconvenientes con los moros y con los europeos, habiendo llegado a oidos del testigo algunas lamentaciones referentes a la imposición de multas a los indígenas, en ocasiones, desconsideradas. Este proceder se observaba principalmente en el general Carrasco - muerto en Zeluán -, que era malquisto de todos; mientras que otros, como el teniente Fernández, disfrutaban por su conducta del aprecio general, habiéndosele ofrecido, poco antes de los sucesos, un banquete en Zeluán, en testimonio de gratitud por su acertada actuación.

El oficial segundo de Telégrafos Llinás, con destino en la estación de dicho poblado, al folio 1.601 vuelto, confirma el buen concepto que al poblado merecía el susodicho teniente Fernández; pero que tiene entendido que no en todos los lugares del territorio reinaba la misma cordialidad de relaciones entre moradores, europeos e indígenas y oficiales de la Policía, sin poder hacer afirmaciones más concretas.

Fray José Antona, fraile franciscano de la Misión establecida en Nador, dice, al folio 489 vuelto, que pudo observar una gran desmoralización, una familiaridad inconveniente por parte de la oficialidad con los naturales; abusos por la misma de las mujeres indígenas, cosa de los moros sufren gran agravio; depravaciones, imposición de contribuciones injustas y otros sucesos semejantes, y que la administración de las unidades entendía que era buena.

El paisano Falcó, vecino de Nador, dice al folio 1.735, entre otros particulares menos atinentes al caso, que estima que el principal motivo de la catástrofe del territorio es imputable a la Policía, por falta de información y defectos en el gobierno de europeos e indígenas y por la amplitud de facultades que tenía concedidas, y que sus jefes aplicaban con criterio personal y arbitrario; aduciendo en queja de su intervención ciertas diferencias en asuntos de orden privado del testigo, que dice haberle originado perjuicios con la morosidad de la gestión administrativa en materia de una compra de tierras concertada con un moro, y la falta de reintegro de un préstamo hecho al capitán de la Policía local para atender complementariamente a las obras de construcción de un zoco hecho en Nador por suscripción entre el vecindario, y aun la ocupación, con dicho objeto, de alguna piedra que el interesado tenía acopiada para una obra particular; de los cuales extremos se ha deducido el testimonio pertinente que ha sido dirigido al General en jefe del Ejército, según diligencia del folio 1.914.

Administración interior de las tropas de Policía.- El capitán Fortea, de la 13° mía de Policía, al folio 468, dice que al encargarse del mando de ella en el mes de junio último le dijeron que el capitán anterior, Huelva, llevaba en su maleta la documentación de la unidad, y en su cartera, los fondos de la misma, y que ambas cosas se habían perdido en Abarrán, donde aquél fue muerto; que preguntó a los policías por las reclamaciones que tuvieran que hacer, formulando, en consecuencia, numerosas sobre haberes y vestuarios, por existir algunos que tenían pendientes de cobro quincenas de enero y estar una mitad de ellos descalzos y con las ropas viejas. Formada una relación de estas reclamaciones, se atendió a ellas con los fondos que facilitó el coronel jefe de las tropas; lo que puso término a la anormal situación de la mía, que en 9 de junio quedó regularizada del todo.

Informa asimismo este capitán en materia de permisos que fuera costumbre o regla conceder, manifestando se daban a un cuarto o un quinto de la fuerza, para que, devengando haber, marcharse cuatro o cinco días a sus casas, llevándose un turno para estas concesiones, pudiendo los montados llevar su caballo, cuyo pienso se les daba.

Acerca de la imposición de musltas a los askaris, expone que era el castigo más eficaz, dada la condición avarienta del moro, no habiéndolas impuesto el testigo superiores a diez pesetas por las faltas de retraso en la incorporación después de los permisos disfrutados, la falta de cartuchos, por la que llegó a imponer, en algunos casos, hasta cinco pesetas por cartucho perdido, como atención muy interesante. De estas multas se hacía anotación en las listas de pagos y abonos a caja al liquidar mensualmente. En cuanto a las multas a las cabilas, tenía el capitán facultades para imponerlas hasta 25 pesetas, dand cuenta a sus jefes, y de esta cantidad en adelante, requería la aprobación del jefe, al que se daba cuenta de la falta y se proponía la cuantía de la multa. Las faltas que la motivaban eran de orden interior de la cabila, como riñas, desavenencias o no concurrir a una citación del jefe de "mía", etc., de las cuales multas se daba siempre recibo a los interesados.

Es de suponer que esta administración fuese llevaba con la escrupulosidad y vigor que su índole demandaba.

Conducta de la oficialidad.- Al analizar serenamente los hechos objeto de esta investigación a la luz del comportamiento observado por las tropas, en su conjunto, en los pasados lamentables sucesos del territorio, recapacitando sobre los mismos, recogiendo impresiones de los testigos y alusiones más o menos veladas o francos reproches vertidos en el curso de las declaraciones, sensible es, pero debido confesar que se derivan graves cargos contra la oficialidad y que, en general, su conducta no ha respondido a lo que de ella debía esperarse en la crisis suprema de aquellas circunstancias, sin que esto quiera decir que no se hayan registrado actos aislados de abnegado proceder, aun cuando estas manifestaciones, en casos llevadas al sacrificio, no hayan bastado a impedir la consumación de la catástrofe por omisión del conjunto.

Causas determinantes de su actuación.- En trance de buscar explicación a este decaimiento de su moral, a esta quiebra de su honrosa tradición, expone a este propósito el teniente coronel de Regulares, Nuñez del Prado - folio 392 -, que si bien el espíritu de su oficialidad era bueno, por ser los destinos de dichas fuerzas por elección y estar penetrados sus adeptos de que su misión era la de ir en vanguardia, nunca era la afección como cuando existían recompensas, cuya falta de estímulo ha podido apreciar el testigo, por haber servido con anterioridad en las fuerzas de referencia; no obteniendo tampoco de la opinión, así civil como militar, tanto en el territorio como en la metrópoli, aquella satisfacción íntima de que les reconocieran el sacrificio que por su parte hacían, puesto que eran fuerzas de primera línea, mientras que las demás del territorio se mantenían en la mayoría de las veces a distancia en la línea de fuego, sin intervención más que en casos muy contados: decadencia - folio 398 vuelto - que con carácter general la observaba y puede que con mayor intensidad en los Cuerpos, en que no se hace selección de personal, cada vez más difícil por falta de aspirantes idóneos, pues se prefieren en general los muchos destinos sedentarios y sin riesgo ni grandes molestias que existen.

Falta, pues, la oficialidad del estímulo de la recompensa, como de ideales, que impulsaban a los más audaces, la generalidad se atuvo a la comodidad de los destinos sedentarios, puesto que disfrutaba en ellos de análogas subvenciones que en los activos. No ofrecía, por tanto, aliciente el territorio sino por los sobrecargados de atenciones familiares a quienes atraía el beneficio de la gratificación de residencia y otras ventajas locales, o para aquellos otros a quienes movía la indulgencia, muy generalizada, que amparaba la administración poco escrupulosa de las unidades con sus irregulares provechos.

A otros, en fin, el incentivo de dedicarse a negocios o ejercer profesiones lucrativas con distracción de sus deberes primordiales, que dio motivo a la Real orden de 12 de febrero de 1917 - folio 477 -, dirigida a remediar este estado de cosas y a las prevenciones para su cumplimiento en el territorio, dictadas por la Comandancia general en 28 del mismo y que parece no hayan surtido los efectos apetecidos, en prestigio del Ejército, a juzgar por las denuncias anónimas que en este sentido ha recibido este Juzgado y de que, por razón de su origen, no cree deber hacerse cargo.

Claro es que todo esto se ha de entender bajo un concepto general, pues oficiales hay que habrán ido al territorio por turno forzoso de destino y otros por decidida vocación, ya que puede guiarles otro interés que el de seguir sus honrosas ficciones.

Inmoralidades administrativas.- Que en la administración interior existían faltas y atrasos lo acreditan en su caso la declaración del propio teniente coronel Núñez del Prado - folio 393 vuelto -, en el sentido de que las deficiencias que respecto a este extremo hubo en su unidad fueron corregidas oportunamente, poniendo a sus autores las correspondientes notas, "no obstante el ambiente de indiferencia con que, en general, se apreciaban en el territorio estas hechos".

El coronel Salcedo, de San Fernando, dice, al folio 657, que, al hacerse cargo el declarante del mando, a fines del mes de enero del pasado año pudo observar pequeñas deficiencias y retrasos que corrigió con la mayor energía, mereciendo sus determinaciones la aprobación de la Superioridad; y del capitán Fortea, consignadas quedan sus explícitas manifestaciones.

Mas no era la norma acostumbrada usar de este temperamento en la benignidad con que se juzgaban, no tomándose determinaciones ostensibles sino en casos graves y muy extremos. Así se concibe que, preguntando este Juzgado sistemáticamente a todos los jefes principales sobre el comportamiento de la oficialidad en este orden, con rara excepción han depuesto que no se ha instruido en sus Cuerpos procedimiento alguno por malversación, desfalco, distracción de caudales o atrasos en el pago o liquidación de haberes, ni formándose tribunal de honor por hechos que afectan a la moral militar, siendo así que ha lugar a saber de separaciones del servicio a título de retiro o licencia absoluta, aunque instrigadas por dichas causas, como de ellas se hacen eco en sus declaraciones el coronel del regimiento de África y el del mixto de Artillería.

Pedido informe al Comandante general del territorio sobre estos extremos, en comunicación de 2 de sptiembre - folio 524 -, manifiesta que, ocupada de lleno su atención en el breve tiempo que se hallaba desempeñando el cargo, con la marcha de las operaciones militares y reorganización y circunstancias de la antigua guarnición del territorio, no había llegado, por consiguiente, a su conocimiento de un modo concreto otro estado de conducta de ella que el puramente oficial, sin que por su índole requiriera la substanciación de procedimientos de la naturaleza inquirida; que sólo había recogido rumores del mal efecto que producía la tolerancia del juego y los disgustos de él derivados, originando éstos las peticiones de separación del Ejército de algunos oficiales.

En atención a lo que se deja expresado, este Juzgado, insistiendo en su gestión, en comunicación de 15 de octubre - folio 1.348 vuelto - interesó de la expresada autoridad la remisión, con referencia a los antecedentes obrantes en la Fiscalía jurídico militar, de relación de todos los procedimientos incoados contra jefes y oficiales desde 1° de enero de 1920 a 31 de julio de 1921, por delitos o faltas contra la propiedad y el honor militar, indebido empleo o apropiación de caudales y otras de índole semejante, remitiendo en este sentido el estado que se une al folio 1.532, bastante parco por cierto en su contenido, para lo que era voz popular en el territorio.

Resumen de la actuación.- La poca escrupulosidad en la administración, la facilidad de las costumbres, disimuladas con la mayor indulgencia, como el ambiente local consentía; el aflojamiento de los resortes de la disciplina, por tan diversos modos relajada, y la negligencia determinada en los servicios y deberes profesionales, contribuyeron al estado de la oficialidad, que, denotando en general escaso espíritu en la grave crisis que hubo de arrostrar, no supo, o no pudo, sobreponerse a los sucesos en el cúmulo de circunstancias adversas que las corruptelas, los errores, los defectos de organización acarrearon en todos los órdenes del territorio, como de las declaraciones podrá deducirse, o juzgando, en otro caso, por las consecuencias tangibles de los hechos que se analizan.

Los graves cargos que contra ella se formulen o deriven en el curso de las declaraciones, serán resumidos en el lugar correspondiente de la relación, a fin de que conserven la impresión del momento en que los hechos de su referencia se produjeran.

En resumen: cabe decir que ya que la tropa, quebrantada su moral, deprimido el espíritu y extenuada por la fatiga y por las privaciones, la sed y el calor abrasador de aquellos días abrumadores de julio, se mostrase desalentada e incapaz de rehacer su ánimo, es lo cierto que la oficialidad, no sobreponiéndose por honor a tales contratiempos, arrastrada por el común desmayo, no ha procurado levantar su moral y cobrar el necesario ascendiente sobre su tropa para reducirla a su deber en los momentos decisivos en que le iba su propia salvación y existencia; pues es constante que en contados casos en que una voluntad decidida se ha impuesto, aquella ha respondido en la medida que lo angustioso de la situación consintiera. Algunos hechos de esta naturaleza se han registrado, tanto más de estimar y de revelar su mérito en la adversidad de los destinos de dicho ejército, por cuanto el sacrificio hecho no podía contribuir a salvar la situación, mas sí respondía a los dictados del deber y del honor.

Contrasentido de su resumida acción.- Contrasta con la escasa fortaleza, en general demostrada, y que como resultante de tantas abdicaciones determinó el derrumbamiento instantáneo del territorio, presa del pánico, cuales quiera que fueran los motivos que le prepararan, y sorprende a la vez el ánimo, por el contrasentido que envuelve, el excesivo aprecio que se hace por parte de cierta oficialidad, y aún de clases, del propio mérito en el cumplimiento de los deberes que la Ordenanza impone de suyo elementales, al considerar la inaudita repetición con que estimándose por los interesados haber hecho "acción de señalada conducta o valor en las funciones de guerra", de que habla el artículo 17 de las Ordenes generales para oficiales, y cuya apreciación comete aquel texto al jefe inmediato y testigo de la acón, con acertadas prevenciones, a fin de que "los militares de cualquier clase no aleguen por servicio distinguido el regular desempeño de su obligación", sorprende, se repite, la insistencia con que se producen peticiones de apertura de juicios contradictorios para optar a la cruz de San Fernando, denunciando ello la desmoralización del sentimiento del deber por la sola satisfacción íntima y persuasiva de cumplirlo; pues si tanto creen haberse comportado tan esforzadamente, no se comprende entonces la consumación de la catástrofe en las condiciones que los hechos relatan. 


VI

IGUERIBEN

Posición de Annual: su desarrollo y misión asignada.- A raíz del suceso de Abarrán, dice el teniente coronel de Estado Mayor Dávila, al folio 1.294 de su declaración, que la posición de Annual fue reforzada, ejecutándose obras de defensa para que a su amparo acampasen las fuerzas agrupadas eb aquel sector; para las cuales obras, dice, dictó instrucciones personalmente el Comandante general al teniente coronel del regimiento de Infantería de África, Fernández Tamarit; entendiendo el testigo, por su parte, que reunían las necesarias condiciones para cumplir el cometido a que respondía su establecimiento; añadiendo el coronel Sánchez Monge - folio 269 - que las obras fueron dirigidas por el precitado jefe y el comandante de Ingenieros D. Emilio Alzugaray, jefe que era en su ramo del sector del Kert.

En la Memoria anexa del regimiento de Ceriñola se detalla el proceso y desarrollo de la posición: que habiendo comenzado por un puesto de policía, fue progresivamente ampliándose hasta constituirse, en virtud de la orden de la Comandancia general de 1° de febrero del año anterior, en asiento de la columna del expresado Cuerpo, al asignarle la demarcación de que quedó formando cabecera con las posiciones dependientes y sucesivamente ocupadas de Afrau, Sidi Dris, Talilit, Dar Buimeyan, Izumar, Igueriben y posiciones "B" y "C" intermedias, cobrando importancia como base en idea de los futuros avances.

Camino de acceso.- DE igual modo indica dicha Memoria las etapas de habilitación del camino a través del escabroso territorio, que como carretera estaba a punto de ser terminado en su último tramo de las revueltas descendencias de Izumar, denominado característicamente el "Tobogán", al sobrevenir el inesperado abandono del campamento de Annual, y cuya inseguridad y condiciones, bajo el aspecto militar, ya queda analizada.

Valor estratégico de Annual.- Desde el punto de vista estratégico, la posición de Annual se reconocía, y ya preliminarmente algo queda indicado en este sentido, carecer de condiciones para servir de base de las futuras operaciones, por su situación en el cerrado valle de asentamiento, circundado de montañas y falto de caminos para dirigir aquellas, como para guardar enlace con el territorio de retaguardia; dificultad ésta que impusiera multiplicar las posiciones para la necesaria protección ante los insistentes propósitos del enemigo de cortarlo, según denunciaban las confidencias y denotaban sus intentos, bien penetrado de ser la única línea de comunicación del frente.

Dice el coronel, comandante principal de Ingenieros, López Pozas - folio 1.131 -, que militarmente considerada, la posición de Annual era de malas condiciones, por poderse llegar a las alambradas en espacio muerto; que algo se mejoró de consumo con el aumento de guarnición y como situación, estaba retrasada con respecto al valle del Amekran, que no dominaba, siendo en este concepto más conveniente Buimeyán, tres kilómetros más avanzada, y que descubría dicho valle.

Mejora posible del frente ofensivo.- Agrega que el Comandante general apreció las dificultades de la posición, que calificaba de 2callejón sin salida", faltándole decisión, sin embargo, para rectificarla, tal vez confiando en que su energía superaría las dificultades.

El comandante de Ingenieros, Alzugaray - folio 1.116 - expresa su opinión de que el frente era débil y mal elegido; y en cuanto a la posición en sí, estaba dominada por todas partes y con espacios muertos tran grandes por cualquier frente, que no se podía descubrir al enemigo hasta estar en las alambradas. La aguada, a 400 metros, en el barranco a vanguardia, esba batida desde el campo enemigo. A su parecer, hubiera sido línea más fuerte y conveniente la de Sidi Dris - Talilit - Beni Margani - Buimeyan - Loma de los Árboles - Igueriben y Tizi Aza.

El comandante de Artillería Écija - folio 1.142 - abunda en la idea de que sí se hubiera quedado en mejores condiciones, y aun indica que así pensóse hacerlo, porque oyó decir al Comandante general que se iba a ocupar; pero que quedó en poder del enemigo, según se ha visto, el 16 de junio.

El coronel Jiménez Arroyo, al folio 316, refiere que, después de lo de Abarrán, el Comandnate general le manifestó que tenía en proyecto una operación con el fin de rectificar el frente y emprender algún avance, con el fin de abandonar la posición de Annual, que ofrecía muy malas condiciones. A lo que parece, se abrigaba el propósito de adelantar la posición a Buimeyan, asentando el campamento de los Regulares en la loma de la derecha del camino que conducía a ella, y que la dominaba, y la Policía a la izquierda, en la Loma de los Árboles. No se realizó esto, y como Buimeyan era algo grande para la guarnición que se conservó, hubo que reducir su perímetro.

El teniente coronel Nuñez del Prado expresa también su parecer, al folio 397, de que la línea avanzada pudo haber sido constituida en las alturas de Izumar, intermedia "A", y Yebel Uddia, que eran posiciones dominantes y más fácil hacerse fuerte en ellas, y al mismo tiempo hubiese contenido a la cabila de Beni Ulixech, la cual hubiera quedado dominada por estas posiciones, que mandaban mucho sobre su comarca; en último caso, desde aquellas eminencias se podía efectuar la retirada por la línea de alturas por escalones, apoyada en las posiciones que en ella existían, en lugar de hacerla por el camino, que estaba dominado; de no haberse hecho cuando las cabilas estaban en situación pacífica, el establecimiento de una línea muy fuerte de Sidi Dris a Tizi Aza, línea muy corta y de fácil comunicación al mar, que hubiese asegurado su abastecimiento. Esto, completado con el desarme general de todos los territorios dejados a retaguardia, cree el declarante que hubiese evitado el desastre.

Defectos sensibles del frente operatorio.- Todas estas consideraciones, coincidentes en el fondo, vienen a demostrar la defectuosa situación del frente. Y es que, como dice el teniente coronel de Estado Mayor Dávila - folio 1.295 -, la capacidad de resistencia atribuida de la línea de contacto, refuerzo que se la diera en relación con los medios disponibles, como la confianza en la situación del territorio y la actitud, - hasta entonces - de la zona no ocupada, no podían provocar el temor de que llegara el caso de tener que evacuar aquella, y aumentada la protección del camino de Ben Tieb con las posiciones que sucesivamente fueron establecidas, de llegar dicho imprevisto caso, se estimaba poder efectuar el repliegue al apoyo de la línea Yebel Uddia, Izumar y Montes, al Norte de esta última sobre la margen izquierda del río Salah - Yebel Azrú - Mehayast, cubriendo la línea natural de retirada. Los hechos, empero, sobrevinieron y se desarrollaron en forma tal, que no dieron lugar a adoptar disposición algiuna que obedeciera a principios de previsión.

Pero era claro que entrando en la idea y propósitos del Comandante general el avance decidido sobre la estribación de Kilates, la línea adoptada, aunque frágil, adelantaba sus miras sobre los pasos de aquellos montes con el designio siempre puesto en la bahía de Alhucemas, en cuyo concepto, dice el coronel de Artillería Argüelles - folio 288 vuelto -, que bajo el expresado aspecto estratégico la posición de Annual "pudiera ser punto de partida para ulteriores avances sobre el contrafuerte de Kilates, mas sin entrar en el análisis de sus condiciones intrínsecas".

Organización táctica de Annual.- La posición en sí estaba ... [...]

Discurso de Alfonso XIII (7 de junio de 1922)

Discurso de Alfonso XIII (7 de junio de 1922)


Todos habéis sentido la impresión desagradable de decir la papeleta en un examen ante un tribunal. Yo siento en estos momentos la misma impresión aumentada por las dificultades de decir, en pocas palabras, cuál debe ser ahora la orientación del Ejército español, cuál debe ser la adhesión de este Ejército a su rey y cuál la actuación de todos nosotros. Esto, señores, es sumamente difícil, porque para ello tendremos que olvidar los movimientos populares que en época reciente apasionaron el ánimo de todos.
Todos sabemos que el Ejército español, por su situación especial no tenemos más que repasar la historia de estos cien años , ha sido sometido a una serie de pruebas y dificultades mayores, quizá, que los de los demás países. Ponemos, por ejemplo, al Ejército alemán, ese ejército que hoy no existe y que, sin embargo, yo aconsejaré a mis oficiales tomen como modelo. Extrañará a algunos que yo aconseje lo contrarío de lo que generalmente se hace, que es tomar como modelo a los ejércitos vencedores. Si yo aconsejo a ustedes que admiren al Ejército alemán, a pesar de ser un ejército derrotado, es porque este ejército tenía un contenido ideal, en el que debemos inspiramos todos. En Jena prendió el ideal del Ejército alemán; vino luego el triunfo de Waterloo, y después de las maniobras do Dinamarca y de la campaña del 66, ve que sus fusiles no son bastante buenos y los cambia lanzándose a la Campaña del 70. Consecuencia de este triunfo fue la unión de los Estados alemanes, que vino enseguida.
El Ejército español era un ejército que se había formado con un espíritu heredado de quienes tenían que batirse continuamente. Era la campaña contra los árabes, era nuestra Reconquista después; el Ejército se convirtió, comenzando verdaderamente a hacerlo en los tercios de Flandes, y creando para España el imperio en que el sol no se pone nunca. Fuimos a América, conquistándola, y a pesar de que luego han venido momentos tristes para nosotros, preciso es reconocer que hemos dejado allí nuestros ideales, nuestra sangre y nuestros nombres; y como si esto no fuera bastante, aún puede verse que en muchos países de América se conserva no sólo nuestro idioma, sino nuestros usos y costumbres. En Argentina, el regimiento de San Martín viste la casaquilla corta, nuestra casaquilla del siglo xix. Y es precisamente esto el timbre de gloria del Ejército argentino. Eso prueba que se conserva grato recuerdo de nosotros, porque, a pesar de ser conquistadores, fuimos generosos. Nuestro Ejército gastó sus energías en estas gloriosas empresas, quedando en un estado de desorientación y mal preparado para el día en que la Patria los necesitara.
Vinieron después trastornos revolucionarios que dejaron al Ejército desorganizado, desparramado, motivando luego lo que podemos llamar nuestros desastres militares. Todo esto nos enseña que si el que manda no da ejemplo del cumplimiento del deber, del orden y de la disciplina, un ejército no es capaz de acometer grandes empresas, y en vez de ser el ejército una fuerza de orden, es una guardia pretoriana que se atrae el odio del país.
La guerra colonial hizo que se cargasen al Ejército culpas que eran de todos y que eran el producto de muchos errores. Pero el Ejército, comprendiendo la magnitud del desastre, bajó la cabeza, dando pruebas de disciplina y de amor a la Patria. No tardó mucho el Ejército en sentir la necesidad de reorganizarse para con, quistar su antiguo poderío. Se manifestaron ansias de mejoras que, por qué no decirlo, no fueron bien acogidas; estas aspiraciones parecían difusas, y difusas fueron, por consiguiente, las soluciones que hubo que dárseles. Parecía, a veces, que el ejército se dividía, en familias. El principio que a todos guiaba no podía ser más noble: el engrandecimiento del Ejército. Pero al agruparse la oficialidad en distintos sectores, al separarse en diversas familias ingenieros artilleros, infantes y jinetes , actuando como movidos por sacudidas histéricas, sólo lograron el desprestigio de la colectividad.
Celebro mucho ponerme en contacto ahora con la guarnición de Barcelona. No quiero entrar a examinar la situación actual. Respecto de ella sólo os repetiré lo que os dije ayer en el Círculo Militar, o sea, que yo he jurado la misma bandera que vosotros y he ratificado ese juramento ante la más alta representación de la Patria, que son las Cortes, con la mano puesta sobre los Evangelios. Este juramento no tendría ningún valor si yo no lo hubiera. hecho como delegado vuestro. Ese juramento nos liga a todos, no puede dejar de obligarnos en ningún momento. Además, vosotros tenéis unos reales despachos recibidos de mis manos, que son como un contrato que hay que cumplir, y cuando yo juraba, lo hacía en, nombre de vosotros y por el honor de todos. Cuando se nos trae y' se nos lleva, cuando se nos cree capaces de adoptar tal o cual actitud, se nos ofende a todos, pero todos tenemos la culpa, y yo el primero, por no haber cumplido nuestro deber protestando contra esas insinuaciones. Yo os ruego que os acordéis siempre que no tenéis más compromiso que el juramento prestado a vuestra Patria y a vuestro rey. Este compromiso lo habéis adquirido voluntariamente. Yo, en cambio, no; porque nadie me preguntó antes de nacer si quería ser rey; pero me considero tan obligado como vosotros y he jurado cumplir con nuestro deber.
Estoy convencido de ello. No os pido más que os acordéis de que todos somos oficiales del Ejército español, y tenemos unas Ordenanzas que estamos obligados a cumplir y una disciplina que observar.

Las Planas, 7 de junio de 1922

El rey habla a los militares en Las Planas (Barcelona) señalando el peligro de la división en sus filas (ABC, 8 de junio de 1922)

El rey habla a los militares en Las Planas (Barcelona) señalando el peligro de la división en sus filas.

El banquete

Don Alfonso se sentó a la mesa, teniendo a su derecha al señor Sánchez Guerra, al marqués de Castelflorite, marqués de la Torrecilla, general Arlegui y otros generales. A su izquierda se sentaban el capitán general, el general Miláns del Bosch, el general Martínez Anido, el alcalde, etc.
El banquete habla sido organizado por la Cooperativa Militar de Casas Baratas y asistieron, efectivamente, jefes y oficiales del Ejército en gran número, las autoridades y un reducido número de periodistas.
Cuando hubo terminado la comida, el rey salió a una terraza del restaurante, adonde pronto le siguieron todos los concurrentes, que formaron grupos alrededor de él.

Discurso del capitán general

Entonces, el capitán general, marqués de Estella, dirigiéndose al rey, le dijo que en nombre de toda la guarnición, de Cataluña, y aprovechando la presencia del jefe del Gobierno, señor Sánchez Guerra, como representante del Poder civil, y del alcalde de la ciudad, como representante del pueblo, ofrecía nuevamente la adhesión al rey y a la Patria, sin diferencias de clase ni familias, de toda la guarnición de Barcelona.

El general Primo de Rivera añadió que se sentía verdaderamente orgulloso en este momento representante de una fracción del Ejército tan importante como la de la cuarta región, para hacer una manifestación rotunda de adhesión al monarca.

En seguida, en auxilio de la mayor expectación, se levantó a hablar S. M. el rey.

El discurso del rey

«Todos habéis sentido la impresión desagradable de decir la papeleta en un examen ante un tribunal. (Risas.) Yo siento en estos momentos la misma impresión aumentada por la dificultad de decir, en pocas palabras, cuál debe ser ahora la orientación del ejército español, cuál debe ser la adhesión de este Ejército a su rey y cuál la actuación de todos nosotros. Esto, señores, es sumamente difícil, porque para ello tendremos que olvidar los movimientos populares que en
época reciente apasionaron el ánimo de todos. (Muy bien.)
Todos sabemos que el Ejército español, por su situación especial no tenemos más que repasar la historia de estos cien años ha sido sometido a una serie de pruebas y dificultades mayores quizá que los de los demás países. Ponemos por ejemplo al Ejército alemán, ese Ejército, que hoy no existe, y que, sin embargo, yo aconsejaré a mis oficiales tomen como modelo. (Aplausos.) Extrañará a algunos que yo aconseje lo contrario, de lo que generalmente se hace, que es tomar como modelo a los Ejércitos vencedores. Si yo aconsejo a ustedes que admiren al Ejército alemán, a pesar de ser un Ejército derrotado, es porque este Ejército tenía un contenido ideal, en el que debemos inspirarnos nosotros. En Jena prendió el ideal del Ejército alemán; vino luego el triunfo de Waterloo, y después de las maniobras de Dinamarca y de la campaña del 66, ve que sus fusiles no son bastante buenos y los cambia, lanzándose a la campaña del 70. Consecuencia de este triunfo fue la unión de los Estados alemanes, que vino en seguida.
El Ejército español era un Ejército que se había formado con el espíritu heredado de quienes tenían que batirse continuamente. Era la campaña contra los árabes, era nuestra Reconquista después: el Ejército se convirtió, comenzando a hacerlo verdaderamente en los tercios de Flandes, y creando para España el imperio en que el sol no se pone nunca.. Fuimos a América, conquistándola, y a pesar de que luego han venido momentos tristes para nosotros, preciso es reconocer que hemos dejado allí nuestros ideales, nuestra sangre y nuestros nombres; y como si esto no fuera bastante, aún puede verse que en muchos países de América se conserva no sólo nuestro idioma sino nuestros usos y costumbres. En la Argentina, el regimiento de San Martín viste la casaquilla corta, nuestra casaquilla del siglo xix. Y es precisamente esto el timbre de gloria del Ejército argentino. Eso prueba que se conserva recuerdo grato de nosotros, porque, a pesar de ser conquistadores, fuimos generosos. Nuestro Ejército gastó sus energías en estas gloriosas empresas, quedando en un estado de desorientación y mal preparado para el día en que la Patria los necesitara.
Vinieron después trastornos revolucionarios, que dejaron al Ejército desorganizado, desparramado, motivando luego lo que podemos llamar nuestros desastres militares. Todo esto nos enseña que si el que manda no da el ejemplo del cumplimiento del deber, del orden y de la disciplina, un Ejército no es capaz de acometer grandes empresas, y en vez de ser el Ejército una fuerza de orden, es una guardia pretoriana que se atrae el odio del país. (Ovación. Voces: ¡Viva el rey!)
La guerra colonial hizo que se cargasen al Ejército culpas que eran de todos y que eran el producto de muchos errores. Pero el Ejército, comprendiendo la magnitud del desastre, bajó la cabeza, dando pruebas de disciplina y de amor a la Patria. No tardó mucho el Ejército en sentir la necesidad de reorganizarse para conquistar su antiguo poderío. Se manifestaron ansias de mejoras que, por qué no decirlo, no fueron bien recogidas; estas aspiraciones parecían difusas, y difusas fueron, por consiguiente, las soluciones que hubo que dárseles. Parecía, a veces, que el Ejército se dividía en familias. En principio, el ideal que a todos guiaba no podía ser más noble: el engrandecimiento del Ejército. Pero al agruparse la oficialidad en distintos sectores, al separarse en diversas familias ingenieros, artilleros, infantes y jinetes , actuando como movidos por sacudidas histéricas, sólo lograban el desprestigio de la colectividad. (Aplausos, ovación; vivas al rey.)
Celebro mucho ponerme en contacto ahora con la guarnición de Barcelona. No quiero entrar a examinar la situación actual. Respecto de ella sólo repetiré lo que os dije ayer en el Círculo Militar, o sea, que yo he jurado la misma bandera que vosotros y he ratificado este, juramento ante la más alta representación de la Patria, que son las Cortes, con la mano puesta sobre los Evangelios. Este, juramento no tendría ningún valor si yo no lo hubiese, hecho como delegado vuestro. (Ovación.) Este, juramento nos liga a todos, no puede dejar de obligarnos en ningún momento. (Aplausos.) Además, vosotros tenéis unos reales despachos recibidos de mis manos, que son como un contrato que hay que cumplir, y cuando yo juraba, lo hacía en nombre de vosotros y por el honor de todos. (Ovación. Vivas al rey sabio.) Cuando se nos trae y se nos lleva, cuando se nos cree capaces de adoptar tal o cual actitud, se nos ofende a todos, pero todos tenemos la culpa, y yo el primero, por no haber cumplido nuestro deber protestando contra esas insinuaciones. Yo os ruego que os acordéis siempre de que no tenéis más compromiso que, el juramento prestado a vuestra Patria y a vuestro rey. Este compromiso lo habéis adquirido voluntariamente. Yo, en cambio, no; porque nadie me preguntó antes de nacer si quería ser rey; pero me considero tan obligado como vosotros y he jurado cumplir con nuestro deber. (Una voz: ¡Y lo juramos de corazón! Aplausos.) (El rey, sonriente.) Estoy convencido de ello. No os pido más que os acordéis de que todos nosotros somos oficiales del Ejército español, y tenemos unas Ordenanzas que estamos obligados a cumplir y una disciplina que observar.» (Los aplausos y vítores impiden oír las últimas palabras del rey, cuyo sentido es que parta de la ciudad de Barcelona la chispa eléctrica que ha de producir una conmoción en el Ejército, señalándole los verdaderos caminos que han de llevarle hacia su ideal.)

ABC, 8 de junio de 1922, pág. 7.

Los prisioneros españoles son rescatados tras penosos regateos con los moros (ABC, 1 de febrero de 1923)

Los prisioneros españoles son rescatados tras penosos regateos con los moros.

En primer lugar, no estaban en la playa cuando llegó el Antonio López,
No se advertía ha dicho el señor Echevarrieta la menor señal, de que nos esperarán para cumplir lo pactado.
Entonces el señor Echevarrieta tuvo un rasgo que, "!in duda, fue decisivo: Hizo arriar un bote y desembarcó en la playa. Al verle llegar comenzaron a afluir los cabileños y, en grupos, aparecieron los prisioneros ante cuya presencia el señor Echevarrieta confiesa que hubo de hacer un gran esfuerzo para conservar su entereza frente a los moros.
Éstos, después de cerciorarse de que el barco traía los cuatro millones, mitad en duros, exigieron la entrega de los trescientos presos moros de Melilla y Ceuta. No había más que unos treinta, y amenazaron con romper el trato.
El señor Echevarrieta apeló a Abd el Krim, que permanecía y permaneció todo el día oculto en su casa, y se convino en embarcar una parte de los prisioneros.
Se aprovechó el momento y se embarcó a 142. Era más de lo «proporcional», y los moros protestaron y adoptaron tal actitud, que todo parecía deshecho.
Tenían ya en sus manos un millón de pesetas... y la. perspectiva de quedarse con el resto de los prisioneros y, por supuesto, con el general Navarro. La mala fe, lo siniestro del propósito, saltaba a la vista, y el señor Echevarrieta, con exacta visión del peligro se mantuvo enérgico y fue cuando se ofreció a quedar allí, en Axdir, personalmente, en garantía de que serían llevados los restantes presos moros.
Comprendieron los bandoleros de Abd el Krim, que no prosperaba la maniobra y se reanudó el embarco, previa entrega de otro millón.
Más tarde, al salir el tercer falucho, llegaron los otros dos millones, en billetes, y los moros, recelosos, hicieron que se abriesen las cajas para verlos y contarlos.
Ya parecía todo orillado y apareció nuestro «amigo» el famoso «Pajarito» con una lista de gastos, gratificaciones, comisiones y otras añadiduras, con un total de 200.000 pesetas; todo ello pura estafa; basta decir que un renglón dice: por manutención de los prisioneros, 28.000 pesetas (¡¡!!)
Y todavía el señor Echevarrieta tuvo que apelar a toda su energía para rechazar nuevos ardides, porque ya con los cuatro millones en su poder los moros no desistían ladinamente de retener al general Navarro y al coronel Araujo. Hubo de arrancarlos, puede decirse, de manos de sus verdugos.

ABC, 1 de febrero de 1923.

Reacción indignada de ABC (ABC, 3 de febrero de 1923)

Reacción indignada de ABC

«Esperamos pues lo contrario no sólo resultaría altamente censurable, sino incomprensible que el Gobierno, recogiendo los anhelos de toda la nación y dándoles suelta de realidad efectiva, se apresure a castigar a las hordas de Abd el Krim, que durante dieciocho meses han inferido abominables ultrajes y crueles martirios a infelices niños, desgraciadas mujeres y hombres indefensos.
Sí el Gobierno no impusiese severa sanción a esos malvados no merecería representar a España. Si la nación consintiera que quedasen impunes tamañas ofensas y que se pactase la paz con Abd el Krim, de hoy en adelante constituiría un baldón el llamarse español.
El Ejército y la Armada, cuya primordial misión es la defensa del honor de la Patria, que es el de todos y cada uno de los españoles, está en el caso de manifestar respetuosa, pero resueltamente, el propósito de, cumplir con su deber. De lo contrario, tengan por cierto que el país se divorciará de los institutos armados y llegará a considerarlos como algo inútil que debe desaparecer.
Es necesario que el Gobierno, impuesto como está de cuanto sucede y sabiendo,, como se sabe, que tiene incondicionalmente a su lado al Ejército y la Armada, realice inmediatamente en el territorio de Axdir las operaciones militares que demandan las circunstancias. Y ya que, contra la voluntad del Ejército, no fuimos oportunamente por tierra a Alhucemas, como debimos ir, es necesario que los cañones de la escuadra bombardeen la costa y los aeroplanos no dejen piedra sobre piedra en aquellos campos de barbarie, sembrando la desolación y la muerte donde mujeres inermes y soldados sin armas fueron vilmente ofendidos y atropellados.»

ABC. 3 de febrero de 1923.

Martínez Campos denuncia en el Congreso las anormalidades administrativas del Ejército (5 de julio de 1923)

Martínez Campos denuncia en el Congreso las anormalidades administrativas del Ejército

El señor Martínez de Campos: Por las razones que ha dicho el señor Rodés voy a ser brevísimo, pero deseo hacer algunas preguntas al Gobierno.
Creo sinceramente que estamos perdiendo el,tiempo y voy a demostrarlo. No soy hombre de leyes, pero he tenido la curiosidad de ver el artículo 86 del Códígo de Justicia Militar. Con arreglo al número Lo de la segunda parte de este artículo, el Consejo Supremo de Guerra y Marina está facultado para juzgar a los ministros militares, y con arreglo al párrafo cuarto¡ para juzgar a los ministros que no sean militares. (Rumores.) Pero, señores diputados, hay lino diferencia entre lo dispuesto en el artículo 86 del Código de Justicia Militar y el 289 del Código Penal, que es sin limitación en cuanto corresponde a la jurisdicción de guerra.
El Código de Justicia Militar dispone también, en otro de sus artículos, que el Senado sólo es competente para juzgar a las personas enumeradas en el artículo 14 en su número, LO, que se detallan en los artículos 5.º 6.º y 10 del mismo Código; y la pregunta que voy a dirigir al Gobierno es sencillísima, lo que ha ocurrido en Annual ha sido una catástrofe militar. Puede haber sido originada tal vez por faltas y delitos. Así lo cree el Consejo Supremo de Guerra, que ha pedido autorización para procesar al alto comisario y la ha obtenido. Mas ahora puede ocurrir que el alta comisario preste una declaración y diga que algunos de sus actos que se consideran punibles obedecieron a un acuerdo del Consejo, de Ministros, y que, en tal caso, el Consejo Supremo envíe suplicatorios para procesar a algunos de aquellos ministros. Y yo digo, señores diputados, si aquí no se hace rápidamente una acusación o no se resuelve este problema y llegan esos suplicatorios del Consejo, ¿cuál va a ser la contestación? ¿ El Gobierno opina que deben concederse?
Yo tengo que afirmar con toda sinceridad algo más. Estoy plenamente convencido de que el Consejo Supremo de Guerra va a enviar esos suplicatorios, estoy plenamente convencido de que estamos en momentos relativamente graves, ésta es una realidad, ésta es una verdad; hay una jactancia que se oye por todas partes, que se masca, que se respira; hay una animosidad grande contra todos nosotros. Quizá los que estáis sólo metidos en los corros políticos no estéis enterados de ello, porque vivís completamente aislados del mundo; pero los que estamos uno y otro día en la calle y hablamos con todos y tenemos relaciones en muchísimos sectores muy significativos de la opinión española, podemos afirmar, debemos afirmar, y yo tengo la obligación de decirlo en la Cámara, que hay un centro revolucionario en estos momentos; que antes se conspiraba más allá de las fronteras, pero ahora se conspira en pleno Madrid; que se tiene hasta formado el nuevo Gobierno, e inclusive ultimada la lista de gobernadores. (Grandes rumores.)
El señor presidente ¡Orden! El señor diputado puede hablar con absoluta libertad.
El señor Martínez do Campos: Y yo puedo decir más, porque tengo en estos momentos quizá la desgracia, o la suerte, no lo sé, de hacer política en una provincia que está muy en relación con la cumbre de un alto centro que es hoy día la figura visible de la conspiración, y es Positivo, y lo dicen los amigos de una alta personalidad, que cuando sea Poder hará tal y cual; y se dice también que hay hombres civiles que tienen aceptados puestos en el futuro Gobierno, y yo quiero aquí que se ponga esto bien claro. Porque es evidente e indudable que basándose en la persona del actual presidente del Consejo Supremo de Guerra y Marina, que quiere encarnar el espíritu de la Justicia, que cuenta con una persona de la capacidad social que tiene el señor Burgos Mazo. (Rumores. El señor presidente agita la campanilla.) Y que tiene la esperanza de poder utilizar cuando llegue el caso, para el fomento de los intereses materiales, el concurso, de uno de los ministros del actual Gobierno, se quiere formar un gabinete, y yo quiero aquí que digan sinceramente, no el señor Burgos (que no puedo requerirle, porque es senador), pero sí el señor Gasset (Rumores), si él aceptaría una participación en ese Gobierno y si se hace solidario de lo que pueda hacer el día de mañana ese Gobierno. (Rumores.) Yo no vengo a hacer discursos, vengo a decir todo lo que oigo y creo que debe saber el Parlamento.
Quiero que de una vez se acaben los fantasmas y tengo el deber, la obligación de decir quiénes son los fantasmas y desenmascararlos; si puedo hacerlo. (Muy bien. Un señor diputado. Vengan nombres.)
Yo no sé, señores diputados, por qué habéis estado aquí quebrándoos la cabeza en busca de responsabilidades para mí no hay responsables y responsabilidades claras y definidas, y os lo voy a decir en dos palabras. Con arreglo a la Constitución, responden los ministros de la Guerra; esto es indudable, porque además, según la ley adicional a la Constitutiva del Ejército del año 1889, articulo, 4.º, es del ministro de la Guerra de quien depende la organización y administración de] Ejército. Por consiguiente, yo os digo: esta catástrofe de Annual y el epílogo de Monte Arruit que es el origen de todo este debate, ¿por qué ha ocurrido? Sencillamente, porque no había Ejército.
Vamos a hablar claro. En España no había Ejército. ¿ Y por qué no lo había? Por culpa de los que fue. ron ministros de la Guerra; porque no se puede echar la culpa sólo al señor vizconde de Eza; repasad vosotros la lista de los ex ministros de la Guerra, y veréis allí los nombres de aquellos a quienes acuso.
El año 1917 hubo un movimiento revolucionario en España, que fue el de las Juntas. Éstas, en sus manifiestos, dijeron que no había Ejército; todo el mundo lo aceptó como artículo de te y no se exigió responsabilidad. Y el Ejército español se ha destruido, mejor dicho, se destruyó por dos causas principales, y voy a decir los nombres de los dos principales destructores del Ejército; pero he de decir, en primer término, que el señor vizconde de Eza vino a recoger la cosecha de aquella mala siembra que él no supo corregir El Ejército español se destruyó porque hubo principalmente un ministro de la Guerra que fue el excelentísimo señor teniente general don Agustín de Luque y Coca, que cometió tal género de arbitrariedades, que ocasionaron aquella sedición que fue triunfante el año 1917; y, señores diputados, al frente del Ministerio de la Guerra estaba precisamente en el año 17 el que está hoy de presidente del Consejo Supremo de Guerra y Marina; y surgió la sedición y sin acuerdo ni consulta con el Consejo de Ministros, ordenó que fueran a un castillo los sediciosos con intención de fusilarlos, y después claudicó, y después fue residenciado y aceptó el castigo con verdadera resignación y mansedumbre. ¡Tenía que luchar contra los más fuertes, y no lo osó! (Rumores.) Desde aquel día el Ejército quedó sin cabeza, porque el mando había perdido la autoridad; y eso ha sido Annual, la resultancia de un Ejército acéfalo; porque habiendo triunfado la sedición, apoyadas por los ministros de las Juntas, desautorizados los generales, no había mando en el Ejército español. Y yo pregunto ahora al Congreso de mi país: el hombre que ante un movimiento sedicioso, provocado por una orden suya, justa o injusta, que no es ésta ocasión de examinarlo, claudicó; el hombre que no tuvo valor para reprimir esa sedición, incurriendo con ello en una pena señalada y castigada por un artículo del Código de Justicia Militar, ¿está capacitado para juzgar a quienes se retiraron ante los rebeldes? Tiene fuerza moral para poder llegar a erigirse en árbitro de la justicia?
Es ésta una pregunta que brindo a vuestra consideración, y os la brindo por lo primero que os dije: Porque sé que existe un movimiento revolucionario, y se trata de pedir varios suplicatorios; porque a voz en grito se discute si se ha de fusilar a dos o tres ex ministros, sin dar gran importancia al número.
Hay un hecho positivo que también voy a tratar en síntesis. Sobre esto podría decir infinidad de cosas; porque por varios ministros de la Guerra se han vulnerado con frecuencia las leyes, como por el general Tovar, Por ejemplo, que, por medio de un Real Decreto, llegó hasta a modificar lo dispuesto en un artículo del Código de Justicia Militar, y otras cosas parecidas. Y con todo eso decir que no hay figuras de delito. ¡No ha de haberlas! A montones os las podría citar yo; pero no quiero entretenerme más tiempo, y voy a terminar.
Insisto en que lo de Annual fue la resultancia de todo esto. Los generales no podían mandar la tropa porque los residenciaban; la tropa estaba desatendida porque había una enorme malversación. Yo he denunciado ante el Congreso español que, sólo por lo que afecta al suministro de cebada en África, había cuatro millones de pesetas que no se sabía en qué se empleaban. Esto lo he demostrado con cifras, con números y todo género de datos; pero no se me ha hecho caso. Luego vino lo de Larache.
Para que actúe esa flamante Comisión que va a nombrarse, yo me conformo con dos cosas: con que se traiga lo que tiene hecho el general Bazán, que debe ser poco, pero que dado lo inteligente y laborioso que es, será muy sustancioso, y con el expediente de Larache.
La malversación era pública y notoria, porque se veían surgir elementos que no tenían consignación en presupuestos, creándose puestos y dándose comisiones que no figuraban en ellos. Y yo pregunto: los ministros de la Guerra que han administrado el Ejército español que sabían que existía una continua malversación de fondos; que sabían que, últimamente, España gastaba cerca de quinientos millones de pesetas al año y no tenía Ejército,. ¿No están incursos en responsabilidad?
Como creo que es bien fácil demostrar que esas malversaciones han existido, no tengo inconveniente en presentar la proposición acusatoria, siempre que se me proporcionen siete firmas.
Y no digo más, señores diputados, porque no quiero entreteneros más tiempo.

Diario de las Sesiones de Cortes. Congreso. 5 de julio de 1923, t. 2.º, pág. 755.

El anarco-sindicalismo ante Marruecos (1923)

El anarco-sindicalismo ante Marruecos

Camaradas, amigos y ciudadanos todos: Antes que nada, permitidme una previa aclaración al acto que estamos celebrando: pueden estar tranquilos los señores de enfrente; pueden estar muy tranquilos porque no tenemos el propósito de quitar la clientela política a nadie. No pretendemos que vengan con nosotros los que con otros están. No. Venimos sencillamente a exponer nuestro pensamiento sobre el problema de Marruecos. Tampoco venimos a recoger palabras que hayan pronunciado o podido pronunciar elementos políticos más o menos influyentes en la vida pública del país. No.
Venimos a hablar del problema marroquí como fuerza organizada que tiene el deber de definir, de concretar su opinión ante todos los problemas que plantea la complicada vida nacional.
En España, ciudadanos, existe una crisis, que no es la crisis del régimen, como dijo antes el compañero Quiles, que es la crisis más horrenda que a un pueblo puede planteársele: es la crisis de hombres, la crisis de la fe, la crisis de la sinceridad.
No se habla con sinceridad, no se obra con sinceridad, no se tiene noción de la sinceridad al unir la palabra a los hechos.
Nosotros, sin vacilaciones, vamos a exponer nuestra opinión con la máxima sinceridad.
Han pasado catorce años; catorce años de aquella protesta que inicióse en Cataluña contra la guerra de Marruecos, que fue ahogada en sangre. Y hoy, después de catorce años, todos los sectores de la opinión pública vienen a consagrar el hecho que es para nosotros el blasón más honorable de nuestra larga historia social. Aquellos que hoy piden responsabilidades son los mismos que ayer llamaron chusma encanallada a ¡os que generosamente regaron con su sangre las calles de Barcelona para evitar la guerra de Marruecos, para evitar la aventura de Marruecos; de aquellos hombres generosos que pusieron su pecho frente a las bayonetas y que con ellos cometieron la injusticia de calificarlos de detritus social, de despreciables, sin tener noción histórica de lo que aquel movimiento significaba.
Y hoy es «A B C»; y hoy es Luca de Tena, y hoy es Maura, quienes exigen responsabilidades. Y hoy son estos los que, basándose en los mismos puntos de los que antes fueron calificados de chusma encanallada, piden la exigencia de responsabilidades para los autores de la rota de Melilla. (Bien, muy bien.)
¿Guerra de Marruecos? ¡Guerra de Marruecos! Si lo de menos es la guerra de Marruecos, si lo más interesante es lo que está detrás de esa aventura insensata.
Estamos en 1904, en aquellos momentos se ha liquidado todo el imperio colonial de España. Las plantillas del ejército español son exageradas y exorbitantes. La desaparición de las colonias implica a la monarquía española un pleito: la de restringir el ejército porque éste sobrepasa las necesidades nacionales. Pero esto no puede ser. La monarquía española, el factor de todas las desdichas, de todas las vergüenzas que España sufre, debe mantener una secta militarista que hace que el cuadro de generales sea superior al que tenía Alemania antes de la guerra europea. (Sensación.)
Situemos bien el problema. En 1904 se hacen los preliminares de la Conferencia de Algeciras; en 1916 se ajustan los hechos de esta obra que más tarde tiene que perjudicarnos en gran manera.
Y en representación de España va a la Conferencia de Algeciras el que actualmente es ministro de la Gobernación. En la Conferencia se ventila un pleito que aún no ha tenido solución entre Francia e Inglaterra. Francia quería colocarse a la otra orilla del Estrecho para obtener la posición estratégica que le diera compensaciones en la forma más ventajosa para ella. Inglaterra quería evitar que Francia obtuviera la posesión de las costas africanas por saber las ambiciones de expansión imperialista que determinan la posesión del Estrecho para todo el tráfico en el Mediterráneo. Es entonces que Inglaterra ofrece a España el protectorado de la zona norteña de África para evitar que Francia obtenga esa enorme ventaja.
De forma que nosotros no estamos allí por un imperativo de nuestro derecho, ni siquiera por un pleito de proximidad geográfica. Estamos para evitar una enojosa no solución en un pleito entre Francia e Inglaterra la que impone a España como a un esclavo que le represente en las costas del África norteña.
Este pleito no se ha ventilado aún. Por eso España ante tales o cuales derechos se entrega y con ella entrega la sangre de sus hijos.
Vamos sinceramente a enfocar el problema y digamos serenamente, desapasionadamente, que todos cuantos intereses vayamos a depositar en las costas del Riff es dinero inútil, porque ningún provecho nos ha de producir; es dinero robado a la economía nacional. Levantaremos en aquellas tierras intereses, e intereses que se destruirán porque nada nos pueden aportar.
Sin Tánger el protectorado no tiene ningún objetivo y la posesión del puerto de Tánger nos habría de llenar, más tarde o más temprano, nos colocaría frente a frente con Francia. Y, ¿sabéis qué representa colocarnos frente a frente con el país vecino? Representa la guerra. Y la guerra, nunca.
Pleito complicado, enorme, porque nosotros no hacemos nada más que, a Inglaterra unas veces, a Francia otras, interesa, perdiendo ahí la sangre mora y el valor de nuestra economía.
En dos años se han gastado en Marruecos cuatro mil ochocientos millones de pesetas. España tiene 54.000 hectáreas de tierra y sólo un tercio de ella está cultivada. Restan 20.000 hectáreas sin cultivo.
España ve con dolor cómo hay una invasión en las ciudades de gente del campo que huyen de la tierra en busca de los altos salarios. Esto hace que falten las materias primas que son sacadas de la tierra por la falta de brazos. Esto es competencia. Y faltan hombres, faltan hombres, otra de las crisis españolas, para resolver estos arduos problemas nacionales.
¿Responsabilidades? ¿A quién? ¿Y para qué?
Las peñas militaristas de España, en los núcleos políticos de España, no es un secreto para nadie que los elementos militaristas piden las cabezas de los generales Berenguer y Navarro; la responsabilidad civil de los señores Vizconde de Eza y La Cierva y la colocación en la frontera antes de seis, meses de la más alta representación del Estado. Yo no sé si llegará a realizarse esto último; yo no sé si tendrá valor para continuar exigiendo lo primero; lo que sí sé es que aquí no se entiende nadie. No nos dejemos» engañar. Quizás en el momento en que vean abierto el abismo a sus pies se junten para salvarse. Porque ahora se dan cuenta de que han ido más allá de lo que sus intereses y clientela política necesitaba al pedir las responsabilidades públicas. Porque las responsabilidades, como las palabras y como cerezas, se enzarzan y se ven cogidos en ellas no solamente los hombres de 1921, sino que también los del 20, los del 17, los del 11 y los del 9.
Pero no, esto no es más que diluir el sentido de la responsabilidad. Esto sería hacer imposible la exigencia de las responsabilidades. Hay que exigirlas a los que en 1921 usufructuaban el Poder, porque ellos son los condensadores de todas las políticas seguidas sobre un mismo sistema.
No ha sido el general Berenguer ni el general Navarro, el primero que no supo organizar estratégicamente la guerra y evitar la muerte de tantos hijos españoles; no ha sido el general Navarro, el que se rindió cobardemente en Monte Arruit, siendo pasados a cuchillo por su culpa más de cuatro mil soldados; no es responsable de la catástrofe el régimen, porque en el fondo la aventura marroquí no es más que la razón de su existencia; el culpable es la cobardía vuestra, la indiferencia vuestra, la cobardía del pueblo y la cobardía y la indiferencia de los intelectuales que nada han hecho para evitar esa gran tragedia del país... (Ovación que impide oír el final del orador y que dura largo rato. Se oyen voces de ¡bien! ¡eso! ¡eso! ¡Así se debe hablar!)
Estas cosas que se debaten, van tomando ya estado público. Nos congratulamos de ello. Estando, como estamos, convencidos de la ineficacia del Parlamento como instrumento de fiscalización, nos complace este deseo de estudiar esos problemas desde la calle.
Ahí están estas altas personalidades parlamentarias que pudieron hablar en el Congreso, con luz y taquígrafos, como diría Maura, y en vez de hacerlo desde su escaño se deciden a hacerlo provincia por provincia por creer que así tiene más eficacia su labor política. Los hechos, pues, nos dan la razón.
Nosotros no nos hemos reunido aquí nada más que para pronunciar unos discursos más. No. Si hubiera sido para esto hubiéramos perdido el tiempo, porque todo cuanto hemos dicho estaba en la conciencia de todos. Hemos venido para realizar una obra positiva, para llevar a cabo una obra eficaz. Hemos venido aquí para decirle al régimen, para decirle al país que el sindicalismo español, más fuerte que nunca, más pujante que nunca, se propone realizar una campaña interna y externa contra la guerra de Marruecos.
Exigiremos responsabilidades. ¡Sí!
Pero también pediremos el abandono de Marruecos. Y contestando a repetidas alusiones, unas veces directas, otras indirectas, diré a los socialistas que para una campaña abnegada y heroica contra la guerra de Marruecos podremos ir juntos. Jamás para representar una burda comedia política.
Levantaremos a España de su insomnio en esta cruzada para que sus hijos no vayan a sacrificar estérilmente su sangre en una empresa desdichada y fatal que llevaría al país al más profundo de los abismos. (Ovación.)


(Discurso de Salvador Seguí. Cf. La Guerra de Marruecos, págs. 8-15.).

El Ejército y Marruecos. 1924 (Francisco Franco, febrero 1924)

El Ejército y Marruecos. 1924

[…]
Pero Poco importa que conozcamos el valor de la maniobra (militar, en teoría) y que deseemos utilizarla, si no acertamos a ver en medio de la acción; para ello es preciso que la guerra nos sea familiar y sepamos sacar partido del terreno; situación enemiga y rendimiento de las armas, y esto, que desde lejos nos parece cosa sencilla, es en el combate la piedra de toque para el jefe. Muchos hombres acreditados en la práctica de la profesión y que en maniobras y simulacros fueron maestros, al parecer inteligentes y laboriosos, se vieron cortados ante la verdad de la guerra. Todos aquellos valores que ellos creían positivos se desvanecieron ante los factores reales de la acción y la indecisión y timidez y fueron el eco de su impresión moral. La maniobra requiere discurrir en el combate, y no todos los espíritus se forjaron para sentir el mando en los duros trances de la guerra. Preciso es que la práctica reemplace lo que la naturaleza nos brindó y, familiarizándonos con la campaña, busquemos en ella las enseñanzas y la práctica.
No basta sólo lo expuesto para poder mandar en el combate, preciso es que respondan la calidad de las tropas propias; que el mando tenga confianza en la calidad del soldado y éste fe en sus jefes, pues de otro modo habrá que buscar en la cohesión material la garantía del éxito, y todo padecerá la inercia de soldados bisoños o de oficiales poco preparados... Esto sin duda justificará a muchos, la diferencia entre aquellas operaciones de Xauen, Beni Lait y Beni Arós de 1921, en que la maniobra fue esencial, y aquellas otras de Melilla, posteriores a julio de 1921, en que la cohesión y el material tuvieron que ser la garantía del empeño.
Por ser la calidad del soldado tan necesaria en el combate, y fiel reflejo del jefe y cuadro de oficiales, es indispensable que éstos preparen al soldado para la misión combatiente, despertando en él los sentimientos dormidos, haciéndole diestro en el mejor servicio de sus armas, inspirándole gran confianza en ella y educándole para la guerra, no perdiendo ocasión ni momento para irle infiltrando el espíritu de acometividad y disciplina, a servirse del terreno, subir a las crestas, disparar con tranquilidad y orden y dominar el espíritu de conservación; procurando que su alma se eduque al relato de episodios guerreros de la campana que le sirvan de enseñanza y ejemplo. Sólo en el momento que el oficial tenga fe ciega con sus soldados y éstos en él, podremos decir que la calidad de la unidad triunfará en los duros embates de la guerra. Esta es la misión sagrada del oficial y éste debe ser el norte de las instrucciones de todo jefe.
Si el oficial no vive para el ejército, si no siente la grandeza del sacrificio por su patria y sólo ve en el trabajo y sufrimientos lo penoso de su profesión, si hurta a sus obligaciones militares la actividad y entusiasmo indispensables y participa de la hipocresía negativa que considera de buen tono el criticar al que trabaja, si no siente en presencia de sus soldados el cariño y confianza necesaria, y solamente busca en la profesión militar su granjería o bienestar, será la más pesada carga en el camino de la victoria y habrá faltado al sagrado juramento con su Patria.

Francisco Franco Bahamonde. Ceuta, febrero de 1924

(La maniobra (artículo), en «Revista de las Tropas Coloniales» núm. 2, febrero 1924.)

Ante la gravedad del problema africano Primo de Rivera es nombrado Alto Comisario en Marruecos sin dejar la jefatura del Gobierno (ABC, 17 de octubre de 1924)

Ante la gravedad del problema africano Primo de Rivera es nombrado Alto Comisario en Marruecos sin dejar la jefatura del Gobierno


Ayer mañana manifestó el marqués de Magaz, al salir de Palacio, que S. M. el Rey había firmado dos decretos: uno, aceptando la dimisión que ha presentado, por motivos de salud, de comisario superior y general en jefe del Ejército de África el general Aizpuru, y otro nombrando para dichos cargos al general Primo de Rivera, sin cesar en el desempeño de las funciones de jefe de Gobierno.
He aquí el texto del Real decreto por el que se nombra comisario superior al presidente del Directorio:
EXPOSICIÓN.—Señor: la gravedad que, en un momento dado, llegó a tener la situación en Marruecos impulsó al jefe del Gobierno a trasladarse a Tetuán, acompañado de tres generales del Directorio, para ejercer desde allí una inspección más eficaz y una vigilancia directa en las operaciones de guerra y en los servicios todos. Aunque el estado de aquella zona de Protectorado ha mejorado mucho, y aunque, en realidad, desde la llegada del presidente del Directorio la campaña se desarrolló según sus instrucciones y bajo su dirección, es aún absolutamente indispensable su permanencia en Marruecos y que su acción pueda ejercerse con toda la facilidad y las atribuciones del mando directo de las fuerzas que allí operan.
»Vacante, por otra parte, el cargo de alto comisario y general en jefe, por haber sido aceptada la dimisión que, por motivos de salud, presentó el general que venía desempeñándolos, procede confiar estos cargos al presidente del Directorio hasta completar la obra emprendida, y sin cesar, no obstante, en la Jefatura del Gobierno, aun cuando para ello sea preciso contrariar los deseos del señor presidente, opuesto a tal acumulación de cargos. En su consecuencia, el presidente interino del Directorio militar, de acuerdo con éste, somete a la aprobación de V. M. el siguiente decreto.—Madrid, etc.—Antonio Magaz y Pers.
»Decreto.—-De acuerdo con el Directorio militar, vengo en nombrar alto comisario del Protectorado de España en Marruecos y general en jefe del Ejército de operaciones en África al teniente general don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, marqués de Estella, jefe del Gobierno y presidente del Directorio militar, continuando en el desempeño de estos dos últimos cargos.
»Dado en Palacio a 16 de octubre de 1924.—ALFONSO.—El presidente interino del Directorio militar, Antonio Magaz y Pers.»

A B C, 17 de octubre de 1924

Justificación de la política de Marruecos (1925)

Justificación de la política de Marruecos. 1925

Conviene deshacer errores y aclarar equívocos que la prensa extranjera viene haciendo correr respecto a tratos de paz del Gobierno español con Abd el Krim. Este moro sagaz ha solicitado no una vez, sino varias, la presencia de un funcionario español en Aydir para tratar de la pacificación de la zona de Protectorado español de Marruecos; pero como en la primera entrevista demostró una incomprensión total del problema y de la situación, el alto comisario se ha negado a que se celebren otras, pedidas insistentemente por Abd el Krim desde Aydir por conducto del comandante militar de Alhucemas.
España, que militarmente, en definitiva, aun a raíz de las adversidades y contratiempos del 21, ha demostrado tener poder para avanzar o replegarse en Marruecos cuantas veces ha querido y según le ha convenido, no ha de poner su amor propio ni su empeño en otro problema, que siempre podrá resolver en su aspecto militar. La misión es otra: es llevar a Marruecos la paz precisa para que puedan desenvolverse allí las actividades peculiares de la civilización moderna. Para alcanzar esto, España, como Francia e Inglaterra en casos semejantes, propone o acepta sin desdoro los medios de obtener la sumisión de las tribus indígenas, entendiendo que éstas han de cesar en la rebeldía y aceptar la esencia del régimen de Protectorado.
Pero Abd el Krim, desvanecido por lo que él llama sus triunfos militares, que no le han permitido, sin embargo, ocupar más objetivos que los que España ha abandonado voluntariamente, en la fecha y forma que ha querido, obedeciendo a un plan político y económico, no a impotencia de sus armas, se permitió en la primera entrevista darse aires de vencedor, pidiendo que se le entregaran cierto número de armas y material de guerra, lo que, conocido por el alto comisario, determinó la orden fulminante de que se retirara el negociador, haciéndole saber a Abd el Krim que España, en ese terreno, no podía ni oír sus pretensiones, y que el plan determinado por el Gobierno se ejecutaría con su acuerdo. A nuevos e insistentes requerimientos se negó toda comparecencia de funcionarios españoles para tratar de esto.
No solamente por decoro de un Ejército que, corno todos y ante un problema militar difícil por el carácter de sus factores, ha tenido episodios parciales adversos, entre sin número de victorias, y que, en definitiva, ha realizado siempre sus objetivos, sino hasta por sentido común, España no puede tratar con ningún jefe rebelde de Marruecos, sino a base de la entrega de sus armas; porque si lo que se propone es pacificar su zona, no es comprensible que distribuya armas ni que se avenga a no recoger las que hoy poseen los rebeldes. Así está planteado el problema y así se realizará, Dios mediante.
Ya se han iniciado sumisiones y ya se ha impuesto esta condición, pues aunque una concesión en esto anticiparía la sensación de paz, ésta sería precaria y efímera, y el Directorio pone toda su voluntad en obtenerla duradera y definitiva.
No se sabe si habrá que ir o no a Alhucemas; pero si tal conviniera, se haría con seguridad de éxito, bastando para ello los elementos normales, pues cualquiera de los objetivos realizados ahora y antes bajo otros mandos no eran inferiores a éste en dificultades militares, y se han vencido. En personal y material, en técnica, en producción y organización tiene España potencialidad y espíritu para más arduas empresas.
Conviene también desvanecer las exageraciones que respecto a prisioneros se han hecho correr. El número de ellos no excede de 300 en Aydir y otros tantos en distintas cabilas de Yebala. En mayor número los tenemos nosotros del adversario. Ellos se rescatarán a su tiempo y por medios que no aumenten los recursos ni el prestigio del enemigo.
También se ha hablado de ríos de oro, de millones invertidos en facilitar el éxito de las operaciones militares. Esto es evidentemente exagerado. Esta guerra, como todas, impone gastos que tienen por objeto desmoralizar y corromper al adversario, introduciendo en él la desconfianza y la discordia, que no se han omitido en esta ocasión. Tales gastos se satisfacen con créditos del presupuesto llamados «Gastos políticos y reservados». A tal fin, el Directorio ha librado para la última campana un millón de pesetas para las zonas de Melilla, Ceuta y Larache, y de él quedan aún disponibles más de 600,000. Y de tales gastos, no obstante su denominación, se lleva y se da cuenta al Gobierno, por lo menos ahora, aunque, naturalmente, no se contabilizan en la misma forma que los ordinarios.
El Directorio, siguiendo su norma de enterar al país de lo que no constituye peligrosa indiscreción para gobernar, cuanto más seguro está de la confianza que inspira, se cree más obligado a tenerle al corriente de lo que los ciudadanos pueden y deben saber.
Lo positivo y consolador es que España sepa que su Alto Mando militar, sus oficiales y sus tropas (y hay que mencionar en justicia sus modestas clases), están preparados y capacitados para la misión que tienen que desempeñar, y que su Ejército y su Marina, sin espíritu imperialista, sin jactancias ni provocaciones, conscientes de su deber profesional y ciudadano, sin espíritu de casta, con exaltado patriotismo y amantes de la paz como supremo bien de los pueblos, se compenetran con el español, de cuya estirpe y virtudes se enorgullecen, y con él y para él ofrecen, contentos, los mayores sacrificios.

(Nota del Directorio. Cf. Ceballos Teresí, J. B.: o. e., V, págs. 340 342.)

España y Francia deciden un acuerdo militar para la campaña de Marruecos (ABC, 26 de julio de 1925)

España y Francia deciden un acuerdo militar para la campaña de Marruecos

La ejecución de los acuerdos
«Ha terminado la Conferencia —comenzó diciéndonos el general Gómez Jordana—. Queda ahora otra labor intensísima en la que desempeñan principal papel el general en jefe y alto comisario, general Primo de Rivera, y cuantos le secunden en su labor, porque ellos son los que han de poner en práctica, de acuerdo con el alto Mando francés, los convenios a que los dos Gobiernos han llegado como consecuencia de esta Conferencia.
»El viaje del mariscal Petain a Ceuta y Tetuán, que se realizará uno de estos días, es uno de los primeros actos de importancia reveladores de nuestra franca colaboración.»

El ideal de la Conferencia ha sido la paz.
«Sería deseo del Gobierno —continuó el general Jordana— poder dar a la publicidad todo lo concertado. No es posible hacerlo, sin embargo, por lo menos de momento, hasta llegar a un amistoso acuerdo entre los dos Gobiernos, respecto a lo que estimen deben darse a la publicidad, por no tener marcado carácter de reserva.
»Sin burlar estas protocolarias trabas, procuraré informar a ustedes, como presidente de la Comisión franco-española, en la forma más explícita posible.
>El solo enunciado de los asuntos que se trataron y se han concertado, demuestra su alcance y justifica la lentitud en el desarrollo de las negociaciones, mucho más si se tiene en cuenta que se han abarcado todos los detalles en forma tal, que los llamados a ejecutar los acuerdos lo hagan en un campo exento de toda complicación de orden diplomático; que bastantes escollos ofrece la realidad para dejar sin puntualizar lo que por previsto debe ser de antemano allanado.
»En la Conferencia se ha perseguido un solo ideal: llegar por todos los medios posibles a la paz, tan necesaria para la obra de protectorado a que uno y otro país nos comprometimos, así como para asegurar la tranquilidad de dos poderosos países, que no pueden seguir soportando una crónica perturbación de su vida interna, que tanto enerva y desgasta.
»Se ha llegado a ese ideal, procurando descartar exclusivismos y perjuicios, que, exagerados, hubieran imposibilitado una conjugación tan beneficiosa.»

La vigilancia marítima y la terrestre
»El primer acuerdo de la Conferencia está ya puesto en práctica. Es de beneficio positivo, pues al colaborar en un servicio que ya venía desempeñando nuestra Marina de manera eficiente y satisfactoria, la aparición de ambas banderas en ostensible conjunción es prueba fehaciente de nuestro estrecho acuerdo.
»Este convenio y el de contrabando terrestre persiguen un mismo fin: aislar la rebeldía ínterin ésta persista; privar al enemigo de todo recurso que facilite su acción guerrera; evitar que gentes rebeldes puedan contaminar zonas sumisas del Majzhen; impedir el espectáculo de que en cualquiera de los dos países amigos se pueda laborar contra el otro por gentes sospechosas.
»En este acuerdo se ha llegado incluso al establecimiento de oficinas de enlace de cada país en la zona de Protectorado vecina, a fin de que el servicio de vigilancia se desenvuelva en colaboración íntima, estrecha, indivisible. De este modo el enemigo se verá reducido a sus propios recursos y ello ha de contribuir poderosamente a que ceda en su pertinaz e inexplicable rebeldía.»

El problema de Tánger y su zona
«También se ha llegado en este convenio a un completo acuerdo en lo que se refiere a la vigilancia de Tánger, en forma de que la neutralidad prevista en el Estatuto sea un hecho. No se trata en este acuerdo de 1925 nada que pueda rozar siquiera a lo estatuido ni de difícil ejecución, sino de medidas previsoras para garantizar la seguridad de Tánger y evitar que siga siendo el cuartel general de la rebeldía. Esas previsoras medidas no interesan exclusivamente a España, sino a todos los países, dado el carácter internacional de dicha ciudad y su zona; por eso es de esperar que ninguna dificultad se oponga a la ejecución de esas medidas, que Francia y España juzgan necesarias, y que por no depender de ellas exclusivamente, para ponerlas en práctica es preciso gestionar las aquiescencias naturales.
»Es de advertir que a las autoridades locales de Tánger corresponde apreciar la oportunidad de las referidas medidas.
»El detalle de estos convenios se limita al desarrollo de esas ideas primordiales en cláusulas que reglamentan los servicios, las cuales han de ser aún desenvueltas por los mandos.»

La colaboración política y las bases para la paz
«El acuerdo de colaboración política establece bases de conducta para lograr la paz. Lo más fundamental de ese acuerdo es el compromiso de no concertar la paz separadamente, evitándose el juego a que por parte del enemigo se prestaría otra norma de conducta.
»Por lo demás, el establecimiento de las bases referidas no implica, como gratuitamente se supone, que Francia y España hayan ofrecido ni vayan a ofrecer a los rebeldes la paz, pues no había de ser de ellas la iniciativa. Al establecerse un acuerdo no podía quedar sin concertar punto tan esencial para el caso en que esas bases hubieran de ponerse en práctica. Acerca de ellas sólo puedo decir que se inspiran en un amplio espíritu; pero atendiendo a tres puntos esenciales: respeto a los Tratados internacionales, garantías en bien de todos para que esa paz, si a ella se llegase, no fuera efímera, y respeto también al decoro nacional a que tienen derecho países que tantos sacrificios han realizado, sin otro interés que llevar a Marruecos los beneficios indudables de la civilización.»


La colaboración militar. El derecho de persecución y el de sobrevuelo. La política del Directorio será respetada.
«Difícil es concertar una acción conjunta de los dos países para lograr la pacificación de una rebeldía tan pertinaz como la que, con asiento en el Rif, nos preocupa, sin pensar en la posibilidad, siquiera pudiera ser remota, de una colaboración militar, que no implica la tendencia imperialista que muchos suponen, y de la que el Directorio no puede ser sospechoso. A un país que, como Francia, lucha en la actualidad con una rebeldía que tiene su principal foco en nuestra zona, no puede ponérsele una barrera, tras la cual el enemigo se cobije impunemente; proceder así implicaría por nuestra parte un peligroso egoísmo, que nos resultaría también perjudicial. En el mismo caso pudiéramos encontrarnos nosotros con respecto a la zona francesa. De ahí la facultad de persecución y de sobrevuelo (sur vol), concedida con carácter de reciprocidad y con adopción, por una y otra parte, de garantías, para que esas acciones tengan un carácter completamente temporal, que excluya toda idea de posesión. Esto ha de resultar sumamente perjudicial para el enemigo, que de otro modo se encastillaría en una zona que, de hecho, resultaría neutral si a ella no llegábamos nosotros porque no nos convenía, ni Francia, porque no la dejábamos.
»En cuanto a la colaboración a que venimos refiriéndonos —si a ella fuera menester llegar—, sería estrecha, en cuanto se refiere a coordinación de esfuerzos, pero bien entendido que nuestras obligaciones no han de exceder del límite impuesto por la política del Directorio, que ni en lo más mínimo se desvirtúa con los acuerdos adoptados, ni en sacrificios ni en orientaciones. Todo se ha compaginado para que así resulte. De otro modo, no hubiéramos podido llegar con la felicidad que lo hemos hecho, a un convenio, cuya base de eficacia está, precisamente, en la coordinación de intereses, lo que evitará complicaciones de toda clase.
»El Directorio tenía su plan trazado; no lo varía; lo que hace es coordinarlo con el plan francés, con lo que sólo beneficios han de resultar para los dos países, en relación con la rebeldía, que es la única a quien perjudica el acuerdo.»

Un «modus vivendi» sobre las fronteras. Interpretación del Tratado del 12
«Indispensable para poder aplicar todos los acuerdos a que vengo haciendo referencia, es interpretar el Tratado de 1912, en lo que a fronteras entre las dos naciones se establece. El trazado de dichas fronteras, tal como en el Tratado se establece, resulta impreciso en extremo. Muchas veces se tocó este asunto, y yo mismo hube de intervenir en las varias discusiones sostenidas acerca de él, sin que se llegara a resolverlo. Ahora, en el momento en que necesariamente habían de precisarse tales límites, y ante la imposibilidad de hacerlo con carácter definitivo, por la escasa fijeza de los datos con que contamos uno y otro país se ha llegado a una especie de modus vivendi, basado en el Tratado del 12, que satisface todos los intereses, y permite poner en práctica los acuerdos adoptados con toda desenvoltura.»

Elogio de la Comisión. Que la eficacia corresponda al alto ideal de los dos países
»No he de terminar sin hacer un calurosísimo elogio de mis compañeros de Comisión, tanto los delegados y expertos franceses, que han llegado al límite máximo de competencia, corrección, tacto y actividad, como de los españoles, que han puesto su empeño y relevantísimas cualidades en la obra.
»El Gobierno francés y el Gobierno español han extremado sus desvelos por que la Conferencia fuera coronada, como lo ha sido por el más feliz éxito.
»Nada más puedo decirles, y ya es bastante.
»La Conferencia ha llenado perfectamente su objeto, y ambos países pueden estar satisfechos de haber llegado, sin merma de sus intereses, a un acuerdo tan estrecho en todo. Sólo así será posible resolver el problema de Marruecos con el menor esfuerzo, aunque sin poderse excluir dificultades ajenas a nuestra voluntad.
»Hagamos votos —terminó diciendo el general— porque la eficacia de los acuerdos adoptados corresponda a la buena fe con que se estipularon, y al elevadísimo ideal que a los dos países hermanos guía en bien de la civilización.»


Otras notas
Al terminar sus declaraciones, el general Gómez Jordana recibió enhorabuenas y felicitaciones de los periodistas que le escucharon.
Uno de aquellos le preguntó si se había acordado la fecha para establecimiento de la línea fronteriza, y el general contestó que ese era uno de los acuerdos reservados a que aludió en sus manifestaciones.
Inquirió otro si estaba ya determinada la fecha de la entrevista del mariscal Petain con el alto comisario, y el general dijo que se había recibido un telegrama anunciando la visita; pero que el día exacto estaba por señalar.
También se refirieron los informadores a las supuestas proposiciones de paz de Abd-el-Krim que han circulado por la Prensa francesa. El general Jordana las calificó de pura fantasía, sin que respondiesen a realidad de ninguna clase.
—¿Conoce ya Abd-el-Krim las bases para la paz concertadas por los dos países?
—No lo sé. Medios suficientes tiene el cabecilla para conocerlas; pero lo ignoro.
Los periodistas se despidieron del general Gómez Jordana, agradeciéndole sus atenciones durante el curso de la Conferencia, y mucho más su decisión de dar a la publicidad extremos muy interesantes de lo tratado y convenido.


(A B C, de 26 julio de 1925)

El Desembarco de Alhucemas prólogo al fin de la guerra de África (ABC, 9 de septiembre de 1925)

El desembarco de Alhucemas prólogo al fin de la guerra de África


La situación militar
En todas nuestras campañas militares de Marruecos, que han sido ya muchas, hasta constituir la mayor pesadumbre nacional, el país ha vuelto los ojos a la causa que esterilizaba tantos esfuerzos y perpetuaba el sacrificio. Sobre todo, en las adversidades de la lucha, que tampoco han sido escasas, la opinión de técnicos y profanos coincidía en la querella. «El Rif obstruye y malogrará siempre nuestra labor. En el Rif está el fracaso.» Aparte motivos de legítima vindicación y de justo desagravio, se ha reconocido siempre que sin la ocupación de Alhucemas nada eficaz haríamos en Marruecos. Había que ir, pero ¿cuándo y por dónde? ¿Era lo primero, o debía ser lo último de nuestra acción? ¿Por mar o por tierra? Desde 1911 se está discutiendo el asunto, y había impugnadores de todas las tesis, negros augurios para cualquiera de los planes. El debate histórico había creado una preocupación, y no en el vulgo solamente. Parecía que en una u otra forma, en una u otra fecha, el empeño era temeroso y arduo.
Ayer, en pocas horas, con la mayor facilidad, con insignificante número de bajas, los soldados españoles han desembarcado en la bahía de Alhucemas y han ocupado y fortificado posiciones estratégicas. Probablemente, cuando los lectores vean este número habrá más tropas españolas por algún otro lugar de aquella costa.
Esto no es aún el dominio de la bahía y de su hinterland, que requiere más jornadas, y ásperas algunas quizá; pero asegura plenamente la ocupación. Esta ocupación, ya inevitable, es decisiva en el éxito de los planes que se propone la colaboración hispano-francesa, y es para siempre fundamental garantía de orden: mejora considerablemente el porvenir de nuestro Protectorado. Toda esta importancia le concedemos.
El proyecto, cuidadosamente preparado, es anterior a la Conferencia de Madrid. Los españoles lo saben, aunque sus periódicos no hayan podido ni debido anticipar noticias y pormenores de la preparación, que constan desde hace meses en los periódicos extranjeros. Los moros lo saben también, y en toda la extensión de la bahía está patente la fecha del plan. El mérito de los que resueltamente proyectaron la operación está en haberla visto llana y segura, a pesar de los dictámenes que la obscurecían, y a pesar de ser ahora las circunstancias locales de la empresa —el enemigo, su poder y la preparación del terreno—, lo que no se pudo imaginar cuando tan medrosamente se discutía en otras fechas.
No hay que formular congratulaciones y alabanzas que surgen de la sencilla exposición de antecedentes. ABC tributa su aplauso fervoroso a los que han hecho memorable para su Patria el día de ayer.

Noticia» oficiales de África

El presidente interino del Directorio acudió ayer mañana a Palacio para despachar con S. M. el Rey.
Al salir a las once y media del Regio Alcázar, el marqués de Magaz dijo que no había recibido todavía noticias de Marruecos, y que el despacho con Su Majestad se había referido a asuntos corrientes y firma de decretos de escaso interés.

Estamos en la bahía de Alhucemas

A la Una de la tarde se reunieron los generales del Directorio en el despacho del marqués de Magaz para conocer el parte oficial de Marruecos, transmitido por radio desde Tetuán.
Un cuarto de hora después, uno de los reunidos, el general Navarro, salió del despacho, y, dirigiéndose a los periodistas, exclamó:
—¡Señores, ya estamos en tierra!
La animación en la Presidencia era grandísima, y con los reporters esperaban noticias algunas otras personas, deseosas de conocer el curso de los acontecimientos en Marruecos en el día de ayer.
El general Vallespinosa, que suele facilitar las referencias de lo tratado en los Consejo de Directorio, habló poco después con los periodistas, y, ante sus preguntas de si había noticias agradables, dijo:
—No sólo agradables, sino agradabilísimas. Estamos en la bahía; pueden ustedes comunicarlo así; dentro de pocos momentos será facilitado el texto íntegro del parte oficial de Marruecos.
El marqués de Magaz abandonó la Presidencia del Directorio a las dos de la tarde, y con relación a las operaciones del día en Marruecos dijo:
—En la puerta de Palacio alguien me preguntó esta mañana si sería el de hoy un día agradable, y puedo decir a ustedes que empezó muy bien y que está terminando espléndidamente. Facilitaremos el parte oficial íntegro y el telegrama que el Gobierno ha dirigido al presidente del Directorio.


MAR MEDITERRÁNEO

Croquis general de la bahía de Alhucemas, en cuyas proximidades se ha
verificado el desembarco. Una flecha indica en el gráfico la dirección de aquél
sobre la playa de Cebadilla.


Se ha desembarcado en la bahía de Cebadilla

La nota referente al parte oficial, transmitido por el presidente del Directorio, que fue facilitado a las dos y media de la tarde, dice:
«El general Primo de Rivera, a bordo del acorazado Alfonso XIII, dirige el siguiente radiograma a Su Majestad y al Gobierno:
«A las doce, las tropas han puesto pie en la bahía de Cebadilla. A las doce y treinta han coronado la posición, tras breve preparación de fuego y sin gran resistencia.»
»Las fuerzas que han desembarcado en la bahía de Cebadilla, situada en la península de Morro Nuevo (bahía de Alhucemas), son las mandadas por el general Saro.»
La operación de desembarco ha sido extraordinariamente afortunada
Con la natural impaciencia, los repórters políticos esperaron anoche las nuevas noticias sobre Marruecos, para trasladarlas a sus respectivos diarios. Al terminar el Consejo, cerca de las nueve y media, el general Mayandía se dirigió a los periodistas, y, con semblante que reflejaba gran alegría,
exclamó:
—¡Hay bonísimas noticias de África!
Y rodeado por los periodistas, relató lo que reflejaba el parte oficial.
—Ha desembarcado toda la columna del general Saro, compuesta de varios miles de hombres. Las fuerzas van provistas de toda clase de material. Hemos cogido a los moros dos cañones, varias ametralladoras, prisioneros, material de guerra... En suma, una operación afortunadísima, y con 50 bajas, todas ellas indígenas.
Poco después, el general Vallespinosa, al dar la referencia del Consejo, dijo que éste apenas se había ocupado de otra cosa que de la brillantísima operación de desembarco.
Se refirió al parte oficial, que había de ser facilitado inmediatamente, y que se acababa de recibir.
—Hoy —dijo— es un gran día para España, que es mi eterno tema: España, que está por encima de todo y de todos.
Anticipó que la columna desembarcada se hallaba sólidamente establecida, y aludió a la eficaz colaboración de la escuadra francesa.
Repitió los datos referentes a la toma de material a los moros, y, por último, hablando de la zona occidental, dijo que la situación en Beni Hozmar había mejorado.

El telegrama del general Primo de Rivera
La nota facilitada anoche en la Presidencia dice lo siguiente: «Aunque con alguna dificultad en las comunicaciones, por el enorme servicio que pesa sobre el acorazado Alfonso XIII, donde el general en jefe ha establecido su Cuartel general, lo que impide poseer mayores detalles de la afortunadísima operación llevada a cabo hoy, se ha recibido el siguiente parte, que amplía el primero facilitado este mediodía a la Prensa:
«General en jefe al presidente interino del Directorio.—Desembarcada totalmente columna Saro y firmemente establecida. Bajas no llegan a 50, más de la mitad de la harca. Se han cogido al enemigo dos cañones, siete ametralladoras, bastante material y prisioneros. Todo el mundo ha cumplido su deber; pero debo señalar la eficaz cooperación de la escuadra francesa, que ha tirado mucho y bien.
»La columna del general Saro, que es la formada en la región occidental, es de gran fortaleza, dotada de fuerzas escogidas y con todo género de elementos modernos.
»En la región occidental, las fuerzas encargadas de defender el frente siguen contrarrestando con gran bizarría los esfuerzos del enemigo, no logrados, para romper la línea.
»Son muchos los hechos distinguidos que en dicho frente pueden señalarse reveladores del elevadísimo espíritu de nuestro Ejército.
»En esta parte del frente hemos sufrido hoy muy pocas bajas, pues únicamente de madrugada tuvimos 10 en un puesto atacado, que se defendió con extraordinario denuedo, haciendo al enemigo varias, que dejó en la alambrada.
»Por el Lucus, fuerzas españolas y francesas operaron, haciendo una demostración, en la que no tuvimos novedad.
El Gobierno felicita al general Primo de Rivera
El Directorio ha dirigido al general Primo de Rivera el siguiente telegrama:
«El Gobierno, lleno de júbilo al conocer el desembarco feliz de nuestras tropas, con intensísima emoción de que participarán seguramente todos los buenos españoles, eleva a V. E. y al Ejército a sus órdenes la más calurosa y efusiva felicitación, pareciéndole escaso todo el encomio para V. E., que con sus elevadísimas dotes ha llevado al triunfo más señalado desde nuestra actuación en África a esas admirables fuerzas, que con V. E. honran a España. El Gobierno desea haga constar V. E. públicamente su saludo más cordial y su testimonio de cariño a esos bravos generales, jefes y oficiales, tropas y marinería del Ejército de mar, tierra y aire, que con tanta abnegación y patriotismo han contribuido al engrandecimiento de España, que sin excepción ha de admirarlos en esta fecha memorable.»

Telegrama a M. Painlevé
El general en jefe y presidente del Directorio militar dirigió ayer al presidente del Consejo, M. Painlevé, el siguiente telegrama, facilitado anoche en la Presidencia:
«Me complace muchísimo informar a V. E. del brillante y eficaz comportamiento de la escuadra del almirante Hallier, cuyo barco insignia, de nombre tan atractivo y glorioso, ha sido muy eficaz auxiliar en la operación que con éxito feliz se acaba de realizar. Reciba, señor presidente mi alta consideración.»
La noticia del desembarco en Tetuán
El delegado del Protectorado ha dirigido al presidente del Directorio militar el siguiente telegrama, facilitado anoche a la Prensa por la oficina de Informaciones de la Presidencia:
«Gran Visir, a quien acabo de comunicar la grata noticia, me ruega eleve a V. E. y al Directorio militar las más efusivas felicitaciones del Majzen y de todos los elementos musulmanes del Protectorado por la brillante ocupación de Alhucemas, asociándose de todo corazón al júbilo de la nación protectora, que tantos beneficios viene dispensándole. Tengo la honra de informar a V. E. que la victoria obtenida por nuestro Ejército y Marina de guerra, en colaboración con la Armada francesa, ha producido sensacional impresión entre la población musulmana de esta capital, así como que colonias españolas y hebreas comentan con grandioso entusiasmo los telegramas que he hecho publicar en la Prensa local y colocar en las tablillas de costumbre, con su traducción árabe; en todos los edificios públicos y en muchas casas particulares se han izado banderas y puesto colgaduras en los balcones, y Tetuán entero se apresta a tributar a su regreso al heroico caudillo un delirante recibimiento. Me permito rogar a V. E. se sirva elevar a S. M. el Rey las respetuosas felicitaciones del Majzen jalifiano.»

Cómo se realizó el desembarco
La facilidad con que se verificó el desembarco en la mañana de ayer sobre el punto elegido por el general en jefe de las fuerzas que operan en Marruecos ha constituido una gran sorpresa, porque desde hace mucho tiempo se anunciaron serias dificultades para la realización de la empresa.
El éxito de ésta ha sido debido, entre otros factores, a la excelente preparación militar del desembarco. Durante tres días —pues las tropas embarcaron en la mañana del domingo— los transportes militares y las dos escuadras han venido haciendo acto de presencia a todo lo largo de la costa mediterránea de Marruecos, con el fin de desorientar y distraer la atención del enemigo. En varias ocasiones se hicieron simulacros de desembarco, y fue tan obstinada y perseverante esta acción de amenaza sobre distintos puntos de la costa, que los moros, indecisos y distribuidos en diversos lugares, fueron sorprendidos en la playa de Cebadilla al ser lanzadas las primeras barcazas con las tropas de desembarco.
La columna del general Saro procedía de la zona occidental y había embarcado en Ceuta. La procedente de Melilla continuaba anoche a bordo de los transportes militares, pendiente de las órdenes del Mando.
Es de creer que los dos cañones cogidos al enemigo sean los que existían en la Punta de los Frailes, donde los moros tenían media batería, según había comprobado en varias ocasiones la Aviación.
La columna desembarcada posee completos elementos para su defensa, pues se halla provista de rollos de alambrada en cantidad suficiente, sacos terreros y todas clase de medios ofensivos. Se compone principalmente de fuerzas indígenas y del Tercio, aunque también forman parte de ella algunos batallones.
Entre los jefes desembarcados figura el coronel Franco, que está al frente de las banderas del Tercio, que ha tomado parte en la operación.

(A B C, 9 de septiembre de 1925.)

Convenio francoespañol sobre Marruecos (13 de Julio de 1926)

Convenio francoespañol sobre Marruecos. Julio 1926

«El presidente del Consejo de Ministros francés, señor Briand, y el presidente del Consejo de Ministros español, marqués de Estella, han firmado hoy el acuerdo de colaboración en Marruecos, que ya había sido firmado en París el 10 del actual por los representantes de ambos gobiernos.

Casi un mes se ha invertido en el estudio del programa trazado de antemano y minuciosa ha sido la discusión de las diversas cuestiones que abarca el acuerdo referido, que son las siguientes:
Primero. Delimitación de las dos zonas.
Segundo. Vigilancia marítima.
Tercero. Régimen de los confines.
Cuarto. Fecha de entrada en vigor y carácter del acuerdo y revisión y anulación de acuerdos anteriores.
Los beneficiosos resultados obtenidos por la cooperación francoespañola en Marruecos, regulada por los acuerdos de Madrid de junio y julio de 1925 y de 6 de febrero del año actual, que perseguían fines alcanzados casi en su totalidad, han inducido a los gobiernos francés y español a concertarse nuevamente, tanto para proseguir la pacificación en curso corno para garantizar la seguridad completa de los confines marroquíes en contacto con sus zonas respectivas y con la zona de Tánger.
Tan difícil ha sido la tarea por lo concienzuda, como fácil por el elevado espíritu en que se han inspirado los representantes de ambos gobiernos al cumplir las instrucciones recibidas. No podía ocurrir otra cosa persiguiendo un común y desinteresado ideal: la pacificación total de Marruecos, que permite el ejercicio del Protectorado y, como consecuencia, la prosperidad de ese país de situación privilegiada.
De los acuerdos firmados se da idea general a continuación:
Primero. Delimitación de las zonas. Especial cuidado se ha puesto al examinar este punto, del mismo modo que se puso el pasado año, al no modificar en lo más mínimo el Tratado francoespañol de 1912. Era, sin embargo, indispensable buscar una interpretación de él, ínterin la condición de límite establecido por dicho Tratado no resolviera algunos puntos dudosos. Así se ha hecho, armonizando la intangibilidad del Tratado con necesidades de orden político y militar, mediante una interpretación que asigna a cada zona provisionalmente aquello que más conviene a la pacificación total de Marruecos, y como es ideal de ambos países aclarar cuanto antes las dudas que pueda ofrecer el referido Tratado, se ha convenido en que la Comisión internacional de límites antes mencionada comience sin demora sus trabajos.
Segundo. Vigilancia marítima, Inspirándose en las disposiciones internacionales y en la legislación propia de cada zona, se ha convenido en ejercer, cada uno en su zona, una vigilancia activa de las costas, desde la frontera argelinomarroquí en el Mediterráneo, hasta la desembocadura del río Bu Sedra, en el Atlántico. Esta vigilancia se hará indistintamente por buques de guerra españoles o franceses desde la desembocadura del río Bu Sedra hasta la desembocadura del río Dra, redoblándose las precauciones para evitar todo acceso a Marruecos de armas, municiones y materiales de guerra que pueda fomentar de nuevo la rebeldía.
Tercero. Régimen de los confines. Muy minuciosa es la reglamentación de tan importante cuestión, y sería prolijo transmitir a esta nota detalles que sólo interesan a los que han de ponerla en práctica. En términos generales, se inspiran dichos preceptos en el deseo de que cada zona llegue a desenvolverse con completa independencia, mas sin que esto entorpezca la idea de unidad que constantemente debe darse ante los marroquíes. A este fin, las fuerzas de una y otra zona y su aviación pueden ejercer la facultad de persecución y sobrevuelo en la zona vecina cuando las circunstancias lo exijan, mas regulándose en forma que en ningún caso pueda implicar cambio territorial.
En el caso en que una de las zonas se viera seriamente amenazada, se concertarán ambos gobiernos, a instancia de uno de ellos, para resolver la situación de común acuerdo.
Se dan facilidades con la misma tendencia que antes se indica para la cooperación militar, a fin de que cada zona pueda mantener relaciones de buena vecindad con las fracciones de tribu aún no ocupadas ni influenciadas políticamente de modo directo por las autoridades de quienes dependan, y, por último, se establecen garantías para evitar que los disidentes de una zona puedan refugiarse en la vecina, laborando desde allí contra su territorio de origen.
Se dictan normas para que el enlace entre las autoridades de ambas zonas, de las más elevadas a las subalternas, sea completo.
Con respecto a la situación de Abd el Krim, los dos países han apreciado del mismo modo la necesidad ineludible de adoptar todas las medidas necesarias para evitar que jamás pueda ejercer la menor influencia en Marruecos, y aunque conformes también en apreciar los gravísimos males que a uno y otro país causó, generosos como no podía menos de ocurrir, dada su misión altamente civilizadora, han coincidido en adoptar desde luego aquellas medidas que, sin olvidar elementales sentimientos de humanidad, ofrezcan con todo género de garantías la seguridad absoluta de que ni Abd el Krim ni ninguno de sus secuaces han de volver a perturbar la tranquilidad de Marruecos.
En cuanto al castigo de sus culpas, bastante lo es su gran derrota y la vida alejada y severa que le espera.
Con arreglo a esos principios, se ha llegado también en ese punto a un acuerdo concreto.
Como se ve por lo expuesto, el resultado de estas conversaciones ha sido, como era de esperar, meritísimo para el fin que se persigue, estrechándose más aún, si cabe, los vínculos que unen a Francia y España, en su hermosa labor civilizadora en Marruecos, y regulándose, a la vez, la obra a ejecutar, de modo que los mandos superiores de ambas zonas de influencia pueden desenvolverse con la debida independencia, coordinando, a la vez, sus esfuerzos en forma que se sumen en vez de entorpecerse.
Los acuerdos que han sido objeto de revisión, alguno de los cuales se deroga, regularán la cooperación para sofocar la rebeldía; los que ahora se han concertado consolidarán la paz; los venideros habrán de referirse a una colaboración de orden político administrativo que favorezcan la prosperidad de las zonas, hasta llegar en ellas a la máxima perfección.

París, 13 de julio de 1926.»

(Cf. Ceballos Teresí, J. G.: Economía, Finanzas, Cambios, La Realidad económica..., Madrid, "El Financiero"., VI, págs. 422-423)

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